Padeció so el poder de Poncio de Aguirre

Padeció so el poder de Poncio de Aguirre · Fotografía: Escher Karoly
· Historia de la vida del Buscón, 10 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo II
«De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió»
Padeció so el poder de Poncio de Aguirre
Fotografía: Escher Károly

Entró el hombre tras mí y defendiome el maestro de que no me matase, asigurándole de castigarme. Y así luego (aunque señora le rogó por mí, movida de lo que yo la servía, no aprovechó), mandome desatacar,1 y, azotándome, decía tras cada azote:
—¿Diréis más Poncio Pilato?2
Yo respondía:
—No, señor.
Y respondilo veinte veces a otros tantos azotes que me dio. Quedé tan escarmentado de decir Poncio Pilato y con tal miedo, que mandándome el día siguiente decir, como solía, las oraciones a los otros, llegando al Credo3 (advierta vuestra merced la inocente malicia), al tiempo de decir «padeció so el poder de Poncio Pilato», acordándome que no había de decir más Pilatos, dije: «padeció so el poder de Poncio de Aguirre». Diole al maestro tanta risa de oír mi simplicidad y de ver el miedo que le había tenido, que me abrazó y dio una firma en que me perdonaba de azotes las dos primeras veces que los mereciese. Con esto fui yo muy contento.

1 desatacar: desatar los calzones, bajárselos o quitárselos.
2 Poncio Pilato: prefecto de la provincia romana de Judea en tiempos de Jesús de Nazareth, por lo que estuvo directamente relacionado con la Pasión narrada en el Nuevo Testamento, y forma con la que el protagonista se refiere a Poncio de Aguirre, que tenía fama de confeso.
3 Credo: oración de la liturgia católica en la que se menciona a Poncio Pilato.
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Jugaba con él y entreteníale siempre

Jugaba con él y entreteníale siempre · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Historia de la vida del Buscón, 9 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo II
«De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió»
Jugaba con él y entreteníale siempre
Fotografía: Francesc Català-Roca

En todo esto siempre me visitaba aquel hijo de don Alonso de Zúñiga,1 que se llamaba don Diego, porque me quería bien naturalmente, que yo trocaba con él los peones2 si eran mejores los míos, dábale de lo que almorzaba y no le pedía de lo que él comía, comprábale estampas, enseñábale a luchar, jugaba con él al toro y entreteníale siempre. Así que, los más días, sus padres del caballerito, viendo cuánto le regocijaba mi compañía, rogaban a los míos que me dejasen con él a comer y cenar, y aun a dormir los más días. Sucedió, pues, uno de los primeros que hubo escuela por Navidad, que viniendo por la calle un hombre que se llamaba Poncio de Aguirre, el cual tenía fama de confeso,3 que el don Dieguito me dijo:
—Hola, llámale Poncio Pilato4 y echa a correr.
Yo, por darle gusto a mi amigo, llamele Poncio Pilato. Corriose5 tanto el hombre, que dio a correr tras mí con un cuchillo desnudo para matarme, de suerte que fue forzoso meterme huyendo en casa de mi maestro, dando gritos.

1 Alonso de Zúñiga: mencionado anteriormente, en este mismo capítulo, como Alonso Coronel de Zúñiga.
2 peones: peonzas.
3 confeso: judío convertido, es decir, cristiano nuevo.
4 Poncio Pilato: prefecto de la provincia romana de Judea en tiempos de Jesús de Nazareth, por lo que estuvo directamente relacionado con la Pasión narrada en el Nuevo Testamento.
5 correrse: ofenderse por alguna cosa, pero también avergonzarse por otra.
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Teniendo tan principal amo en vuestra merced

Teniendo tan principal amo en vuestra merced · Fotografía: Dorothea Lange
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 68 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Teniendo tan principal amo en vuestra merced
Fotografía: Dorothea Lange

De esa manera —replicó Sancho Panza—, si yo fuese rey por algún milagro de los que vuestra merced dice, por lo menos Juana Gutiérrez,1 mi oíslo,2 vendría a ser reina, y mis hijos infantes.
—Pues ¿quién lo duda? —respondió don Quijote.
—Yo lo dudo —replicó Sancho Panza—, porque tengo para mí que, aunque lloviese Dios reinos sobre la tierra, ninguno asentaría bien sobre la cabeza de Mari Gutiérrez. Sepa, señor, que no vale dos maravedís3 para reina; condesa le caerá mejor, y aun Dios y ayuda.4
—Encomiéndalo tú a Dios, Sancho —respondió don Quijote—, que Él dará lo que más le convenga; pero no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentar con menos que con ser adelantado.5
—No haré, señor mío —respondió Sancho—, y más teniendo tan principal amo en vuestra merced, que me sabrá dar todo aquello que me esté bien y yo pueda llevar.

1 Juana Gutiérrez: nombre de la mujer de Sancho Panza, que unas líneas después es mencionada como Mari Gutiérrez y, más adelante, como Juana Panza. El autor salva estos equívocos en la segunda parte de la obra, cuando le da el nombre definitivo de Teresa Panza.
2 oíslo: persona querida y de confianza, principalmente la mujer respecto del marido.
3 maravedí: moneda antigua castellana, utilizada entre los siglos XII y XIX, empleada también como unidad de cuenta. En la época de Cervantes, 34 maravedíes equivalían a 1 real de plata y 16 reales de plata equivalían a 1 escudo de oro.
4 Dios y ayuda: expresión para encarecer la dificultad que algo entraña.
5 adelantado: antiguamente, gobernador con plenos poderes en un territorio recién conquistado o fronterizo. Si bien en el siglo XVII no era más que un título honorífico, Cervantes mantiene con el término las antiguas atribuciones descritas en los romances.
 Diccionario de Don Quijote

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Que me dijese si era hijo de mi padre

Que me dijese si era hijo de mi padre · Fotografía: Luciano D'Alessandro
· Historia de la vida del Buscón, 8 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo II
«De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió»
Que me dijese si era hijo de mi padre
Fotografía: Luciano D’Alessandro

Cuando yo oí esto, como siempre tuve altos pensamientos, volvime a ella y roguela me declarase si le podía desmentir con verdad u que me dijese si me había concebido a escote entre muchos u si era hijo de mi padre. Riose y dijo:
—¡Ah, noramaza!,1 ¿eso sabes decir? No serás bobo: gracia tienes. Muy bien hiciste en quebrarle la cabeza, que esas cosas, aunque sean verdad, no se han de decir.
Yo con esto quedé como muerto, y dime por novillo de legítimo matrimonio, determinado de coger lo que pudiese en breves días y salirme de en casa de mi padre: tanto pudo conmigo la vergüenza. Disimulé; fue mi padre, curó al muchacho, apaciguolo y volviome a la escuela, adonde el maestro me recibió con ira, hasta que oyendo la causa de la riña se le aplacó el enojo, considerando la razón que había tenido.

1 noramaza: en hora maza, es decir, en mala hora. Cervantes, en el capítulo V de El Quijote, utiliza la misma expresión con la forma «en hora maza».
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Acertó a tomar la misma derrota que la vez primera

Acertó a tomar la misma derrota que la vez primera · Fotografía: Bernd Walz
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 67 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Acertó a tomar la misma derrota que la vez primera
Fotografía: Bernd Walz

Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula1 que su amo le había prometido. Acertó don Quijote a tomar la misma derrota2 y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel,3 por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo4 los rayos del sol no les fatigaban. Dijo en esto Sancho Panza a su amo:
—Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que de la ínsula me tiene prometido, que yo la sabré gobernar por grande que sea.
A lo cual le respondió don Quijote:
—Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban, y yo tengo determinado de que por mí no falte tan agradecida usanza, antes pienso aventajarme en ella; porque ellos algunas veces, y quizá las más, esperaban a que sus escuderos fuesen viejos, y ya, después de hartos de seguir y de llevar malos días y peores noches, les daban algún título de conde, o por lo mucho de marqués, de algún valle o provincia de poco más a menos; pero si tú vives y yo vivo, bien podría ser que antes de seis días ganase yo tal reino, que tuviese otros a él adherentes que viniesen de molde5 para coronarte por rey de uno de ellos. Y no lo tengas a mucho, que cosas y casos acontecen a los tales caballeros por modos tan nunca vistos ni pensados, que con facilidad te podría dar aún más de lo que te prometo.

Cartografía del Quijote · Que comprende los parages por donde anduvo Don Quixote
Cartografía del Quijote
Que comprende los parages por donde anduvo Don Quixote

1 ínsula: forma culta de «isla» que aparece en los libros de caballerías.
2 derrota: rumbo, camino, derrotero.
3 campo de Montiel: zona geográfica de la Mancha, ubicada entre las actuales provincias de Ciudad Real y Albacete, que don Quijote recorre también en su primera salida.
4 soslayo: a soslayo o de soslayo, oblicuamente, de lado.
5 venir de molde: ser adecuado.
 Diccionario de Don Quijote

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No los hallarían aunque los buscasen

No los hallarían aunque los buscasen · Fotografía: Aleksandr Smirnov
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 66 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
No los hallarían aunque los buscasen
Fotografía: Aleksandr Smirnov

Dio luego don Quijote orden en buscar dineros, y, vendiendo una cosa y empeñando otra y malbaratándolas todas, llegó una razonable cantidad. Acomodóse asimismo de una rodela1 que pidió prestada a un su amigo, y, pertrechando su rota celada2 lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho del día y la hora que pensaba ponerse en camino, para que él se acomodase de lo que viese que más le era menester. Sobre todo, le encargó que llevase alforjas. Él dijo que sí llevaría y que asimismo pensaba llevar un asno que tenía muy bueno, porque él no estaba duecho a andar mucho a pie. En lo del asno reparó un poco don Quijote, imaginando si se le acordaba si algún caballero andante había traído escudero caballero asnalmente, pero nunca le vino alguno a la memoria; mas, con todo esto, determinó que le llevase, con presupuesto de acomodarle de más honrada caballería en habiendo ocasión para ello, quitándole el caballo al primer descortés caballero que topase. Proveyóse de camisas y de las demás cosas que él pudo, conforme al consejo que el ventero3 le había dado; todo lo cual hecho y cumplido, sin despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni don Quijote de su ama y sobrina, una noche se salieron del lugar sin que persona los viese, en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen.

1 rodela: escudo redondo y delgado que, embrazado en el brazo izquierdo, cubría el pecho al que se servía de él peleando con espada «a la romana», es decir, de pie.
2 celada: pieza de la armadura destinada a proteger la cabeza; la celada de encaje tenía en la base una pieza o falda que se encajaba en la coraza.
3 ventero: el autor se refiere al encuentro entre don Quijote y el ventero narrado en el capítulo III.
 Diccionario de Don Quijote

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Agarré una piedra y descalabrele

Agarré una piedra y descalebrele · Fotografía: Marion P. Wolcott
· Historia de la vida del Buscón, 7 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo II
«De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió»
Agarré una piedra y descalabrele
Fotografía: Marion P. Wolcott

Unos me llamaban don Navaja, otros don Ventosa;1 cuál decía, por disculpar la invidia, que me quería mal porque mi madre le había chupado dos hermanitas pequeñas de noche;2 otro decía que a mi padre le habían llevado a su casa para que la limpiase de ratones (por llamarle gato).3 Unos me decían «zape» cuando pasaba, y otros «miz». Cuál decía:
—Yo la tiré dos berenjenas a su madre cuando fue obispa.4
Al fin, con todo cuanto andaban royéndome los zancajos,5 nunca me faltaron, gloria a Dios. Y aunque yo me corría,6 disimulaba. Todo lo sufría, hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces hijo de una puta y hechicera; lo cual, como me lo dijo tan claro (que aun si lo dijera turbio no me diera por entendido), agarré una piedra y descalabrele. Fuime a mi madre corriendo que me escondiese; contela el caso; díjome:
—Muy bien hiciste: bien muestras quién eres; sólo anduviste errado en no preguntarle quién se lo dijo.

1 ventosa: vaso de vidrio que se calentaba para determinadas curas y que era propio de los barberos, aunque el término se usa aquí también como sinónimo de ladrón, pues chupa los dineros.
2 había chupado: se decía en la época que las brujas chupaban la sangre de los niños.
3 gato: en el lenguaje de germanía, gato era sinónimo de ladrón, por lo que le llaman con las mismas palabras que a los gatos.
4 obispa: las alcahuetas eran castigadas con un gorro llamado «coroza», parecido a la mitra de un obispo, que debían llevar puesto mientras paseaban por las calles y las gentes les tiraban hortalizas.
5 roer los zancajos: murmurar.
6 correrse: ofenderse por alguna cosa, pero también avergonzarse por otra.
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Hombre de bien, mas de poca sal en la mollera

Hombre de bien. mas de poca sal en la mollera · Fotografía: Einar Erici
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 65 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Hombre de bien, mas de poca sal en la mollera
Fotografía: Einar Erici

Es, pues, el caso que él estuvo quince días en casa muy sosegado, sin dar muestras de querer segundar sus primeros devaneos; en los cuales días pasó graciosísimos cuentos1 con sus dos compadres el cura y el barbero, sobre que él decía que la cosa de que más necesidad tenía en el mundo era de caballeros andantes y de que en él se resucitase la caballería andantesca. El cura algunas veces le contradecía y otras concedía, porque si no guardaba este artificio no había poder averiguarse con él.2
En este tiempo solicitó don Quijote a un labrador vecino suyo, hombre de bien —si es que este título se puede dar al que es pobre—, pero de muy poca sal en la mollera. En resolución, tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó de salirse con él y servirle de escudero.3 Decíale entre otras cosas don Quijote que se dispusiese a ir con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que ganase, en quítame allá esas pajas, alguna ínsula,4 y le dejase a él por gobernador5 de ella. Con estas promesas y otras tales, Sancho Panza,6 que así se llamaba el labrador, dejó su mujer y hijos y asentó por escudero de su vecino.

1 pasó graciosísimos cuentos: tuvo conversaciones divertidas o entretenidas.
2 averiguarse con él: hacerle entrar en razón.
3 escudero: «El hidalgo que lleva el escudo al caballero, en tanto que no pelea con él. En la paz, los escuderos sirven a los grandes señores, de acompañar delante de sus personas, asistir en la antecámara y sala; otros están en sus casas, y llevan acostamiento de los señores, acudiendo a sus obligaciones militares o cortesanas a tiempos ciertos; los que tienen alguna pasada (es decir aquellos con mayores fortunas) huelgan más de estar en sus casas que de servir, por lo poco que medran y lo mucho que les ocupan», Tesoro de la Lengua (1611).
4 ínsula: forma culta de «isla» que aparece en los libros de caballerías.
5 gobernador: delegado del rey con funciones gubernativas y militares.
6 Sancho Panza: primera aparición del escudero de don Quijote, ya mencionado al final del prólogo: «Quiero que me agradezcas el conocimiento que tendrás del famoso Sancho Panza, su escudero, en quien, a mi parecer, te doy cifradas todas las gracias escuderiles que en la caterva de los libros vanos de caballerías están esparcidas».
 Diccionario de Don Quijote

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Les parecía demasiado punto el mío

Les parecía demasiado punto el mío · Fotografía: Robert Doisneau
· Historia de la vida del Buscón, 6 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo II
«De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió»
Les parecía demasiado punto el mío
Fotografía: Robert Doisneau

A otro día ya estaba comprada la cartilla y hablado el maestro. Fui, señora,1 a la escuela; recibiome muy alegre, diciendo que tenía cara de hombre agudo y de buen entendimiento. Yo, con esto, por no desmentirle, di muy bien la lición2 aquella mañana. Sentábame el maestro junto a sí, ganaba la palmatoria3 los más días por venir antes, y íbame el postrero por hacer algunos recados a la señora, que así llamábamos la mujer del maestro. Teníalos a todos con semejantes caricias obligados; favorecíanme demasiado y con esto creció la envidia en los demás niños. Llegábame de todos a los hijos de caballeros y personas principales, y particularmente a un hijo de don Alonso Coronel de Zúñiga, con el cual juntaba meriendas. Íbame a su casa a jugar los días de fiesta, y acompañábale cada día. Los otros, u que porque no les hablaba u que porque les parecía demasiado punto4 el mío, siempre andaban poniéndome nombres tocantes al oficio de mi padre.

1 señora: el capítulo I de El Buscón comienza con «Yo, señor…», por lo que dirigirse en este a una interlocutora podría resultar extraño si no fuera porque el propio autor utilizó tanto el masculino como el femenino en las cuatro versiones distintas que escribió de su obra.
2 lición: lección.
3 palmatoria: tablita con correas que el alumno más madrugador podía usar para castigar a sus propios compañeros.
4 punto: presunción, orgullo.
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Y vieron que se le encendía la cólera

Y vieron que se le encendía la cólera · Fotografía: Robert Doisneau
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 64 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Y vieron que se le encendía la cólera
Fotografía: Robert Doisneau

No era diablo —replicó la sobrina—, sino un encantador que vino sobre una nube una noche, después del día que vuestra merced de aquí se partió, y apeándose de una sierpe en que venía caballero, entró en el aposento, y no sé lo que se hizo dentro, que a cabo de poca pieza salió volando por el tejado y dejó la casa llena de humo; y cuando acordamos a mirar lo que dejaba hecho, no vimos libro ni aposento alguno: sólo se nos acuerda muy bien a mí y al ama que al tiempo del partirse aquel mal viejo dijo en altas voces que, por enemistad secreta que tenía al dueño de aquellos libros y aposento dejaba hecho el daño en aquella casa que después se vería. Dijo también que se llamaba «el sabio Muñatón».1
Frestón2 diría —dijo don Quijote.
—No sé —respondió el ama— si se llamaba «Frestón» o «Fritón», sólo sé que acabó en tón su nombre.
—Así es —dijo don Quijote—; que ese es un sabio encantador, grande enemigo mío, que me tiene ojeriza, porque sabe por sus artes y letras que tengo de venir, andando los tiempos, a pelear en singular batalla con un caballero a quien él favorece y le tengo de vencer sin que él lo pueda estorbar, y por esto procura hacerme todos los sinsabores que puede; y mándole yo que mal podrá él contradecir ni evitar lo que por el cielo está ordenado.
—¿Quién duda de eso? —dijo la sobrina—. Pero ¿quién le mete a vuestra merced, señor tío, en esas pendencias? ¿No será mejor estarse pacífico en su casa, y no irse por el mundo a buscar pan de trastrigo,3 sin considerar que muchos van por lana y vuelven trasquilados?
—¡Oh sobrina mía —respondió don Quijote—, y cuán mal que estás en la cuenta! Primero que a mí me trasquilen tendré peladas y quitadas las barbas a cuantos imaginaren tocarme en la punta de un solo cabello.
No quisieron las dos replicarle más, porque vieron que se le encendía la cólera.

1 muñatón: nombre que designaba al profesional de la hechicería contigua a la alcahuetería.
2 Frestón: personaje que residía en la Selva de la Muerte y al que se atribuía la autoría del Belianís de Grecia, cuyo nombre ama y sobrina confunden con Muñatón, Frestón y Fritón.
3 buscar pan de trastrigo: pretender uno cosas fuera de tiempo o mezclarse en las que solo daños pueden ocasionarle.
 Diccionario de Don Quijote

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Yo quería aprender virtud

Yo quería aprender virtud · Fotografía: Robert Doisneau
· Historia de la vida del Buscón, 5 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo I
«En que cuenta quién es el Buscón»
Yo quería aprender virtud
Fotografía: Robert Doisneau

Metilos en paz diciendo que yo quería aprender virtud resueltamente y ir con mis buenos pensamientos adelante, y que para esto me pusiesen a la escuela, pues sin leer ni escribir no se podía hacer nada. Parecioles bien lo que decía, aunque lo gruñeron un rato entre los dos. Mi madre se entró adentro y mi padre fue a rapar a uno (así lo dijo él) no sé si la barba o la bolsa; lo más ordinario era uno y otro. Yo me quedé solo, dando gracias a Dios porque me hizo hijo de padres tan celosos de mi bien.

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Quien no hurta en el mundo, no vive

Quien no hurta en el mundo, no vive · Fotografía: Lutz Dille
· Historia de la vida del Buscón, 4 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo I
«En que cuenta quién es el Buscón»
Quien no hurta en el mundo, no vive
Fotografía: Lutz Dille

Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién había de imitar en el oficio, mas yo, que siempre tuve pensamientos de caballero desde chiquito, nunca me apliqué a uno ni a otro. Decíame mi padre:
—Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica, sino liberal.1
Y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos:2
—Quien no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? Unas veces nos destierran, otras nos azotan y otras nos cuelgan… no lo puedo decir sin lágrimas (lloraba como un niño el buen viejo, acordándose de las que le habían batanado3 las costillas). Porque no querrían que donde están hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros. Mas de todo nos libró la buena astucia. En mi mocedad siempre andaba por las iglesias,4 y no de puro buen cristiano. Muchas veces me hubieran llorado en el asno si hubiera cantado en el potro.5 Nunca confesé sino cuando lo mandaba la Santa Madre Iglesia. Preso estuve por pedigüeño en caminos y a pique de que me esteraran el tragar6 y de acabar todos mis negocios con diez y seis maravedís:7 diez de soga y seis de cáñamo. Mas de todo me ha sacado el punto en boca, el chitón y los nones.8 Y con esto y mi oficio, he sustentado a tu madre lo más honradamente que he podido.
—¿Cómo a mí sustentado? —dijo ella con grande cólera—. Yo os he sustentado a vos, y sacádoos de las cárceles con industria9 y mantenídoos en ellas con dinero. Si no confesábades, ¿era por vuestro ánimo o por las bebidas que yo os daba? ¡Gracias a mis botes!10 Y si no temiera que me habían de oír en la calle, yo dijera lo de cuando entré por la chimenea y os saqué por el tejado.

1 arte liberal: se refiere el personaje a que no es un trabajo manual, de escasa consideración social, sino artístico e intelectual.
2 de manos: con las manos puestas como si estuviera rezando.
3 batanar: abatanar, golpear, como se hacía con los paños para quitarles la grasa.
4 iglesias: las iglesias tenían derecho de asilo y los delincuentes se refugiaban en ellas.
5 potro: instrumento de tortura para que los delincuentes confesaran o cantaran sus delitos.
6 esterar el tragar: ahorcar, pues la soga de la horca se hacía de esparto, como las esteras.
7 maravedí: moneda antigua castellana, utilizada entre los siglos XII y XIX, empleada también como unidad de cuenta. En la época de Quevedo, 34 maravedíes equivalían a 1 real de plata y 16 reales de plata equivalían a 1 escudo de oro.
8 punto en boca, chitón, nones: expresiones usadas para la negación de los delitos.
9 industria: ingenio.
10 botes: referencia a sus dotes como hechicera.
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Todo se lo llevó el mismo diablo

Todo se lo llevó el mismo diablo
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 63 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Todo se lo llevó el mismo diablo

Aquella noche quemó y abrasó el ama cuantos libros había en el corral y en toda la casa, y tales debieron de arder que merecían guardarse en perpetuos archivos; mas no lo permitió su suerte y la pereza del escrutiñador, y así se cumplió el refrán en ellos de que pagan a las veces justos por pecadores.
Uno de los remedios que el cura y el barbero dieron por entonces para el mal de su amigo fue que le murasen y tapiasen el aposento de los libros, porque cuando se levantase, no los hallase —quizá quitando la causa cesaría el efecto—, y que dijesen que un encantador se los había llevado, y el aposento y todo; y así fue hecho con mucha presteza.
De allí a dos días se levantó don Quijote, y lo primero que hizo fue ir a ver sus libros, y, como no hallaba el aposento donde le había dejado, andaba de una en otra parte buscándole. Llegaba adonde solía tener la puerta, y tentábala con las manos, y volvía y revolvía los ojos por todo, sin decir palabra; pero al cabo de una buena pieza preguntó a su ama que hacia qué parte estaba el aposento de sus libros. El ama, que ya estaba bien advertida de lo que había de responder, le dijo:
—¿Qué aposento o qué nada busca vuestra merced? Ya no hay aposento ni libros en esta casa, porque todo se lo llevó el mismo diablo.

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Virgos como soles

Virgos como soles · Fotografía: Cristina García Rodero
· Historia de la vida del Buscón, 3 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo I
«En que cuenta quién es el Buscón»
Virgos como soles
Fotografía: Cristina García Rodero

Mi madre, pues, ¡no tuvo calamidades! Un día, alabándomela una vieja que me crió, decía que era tal su agrado que hechizaba a cuantos la trataban. Y decía, no sin sentimiento:
—En su tiempo, hijo, eran los virgos como soles, unos amanecidos y otros puestos, y los más en un día mismo amanecidos y puestos.1
Hubo fama que reedificaba doncellas, resuscitaba cabellos encubriendo canas, empreñaba piernas con pantorrillas postizas. Y con no tratarla nadie que se le cubriese pelo, solas las calvas se la cubría, porque hacía cabelleras; poblaba quijadas con dientes; al fin vivía de adornar hombres y era remendona de cuerpos. Unos la llamaban zurcidora de gustos, otros, algebrista2 de voluntades desconcertadas; otros, juntona; cuál la llamaba enflautadora de miembros y cuál tejedora de carnes y, por mal nombre, alcagüeta.3 Para unos era tercera, primera para otros y flux4 para los dineros de todos. Ver, pues, con la cara de risa que ella oía esto de todos era para dar mil gracias a Dios.

1 amanecidos y puestos: como buena alcahueta, la madre del protagonista recomponía los virgos perdidos para que las mujeres pudieran pasar por vírgenes.
2 algebrista: que recompone los huesos desencajados.
3 alcagüeta: alcahueta, persona que concierta, encubre o facilita una relación amorosa, generalmente ilícita. Recuérdese la ocupación de la protagonista de La Celestina, escrita por Fernando de Rojas a finales del siglo XV.
4 tercera, primera, flux: términos de un juego de naipes, por lo que sería tercera o alcahueta y primera en su oficio; flux es la baza ganadora con la que un jugador se lleva el dinero apostado.
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Quédese lo del vengarme a mi cargo

Quédese lo del vengarme a mi cargo · Fotografía: Russell Lee
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 62 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Quédese lo del vengarme a mi cargo
Fotografía: Russell Lee

Estando en esto, comenzó a dar voces don Quijote, diciendo:
—¡Aquí, aquí, valerosos caballeros, aquí es menester mostrar la fuerza de vuestros valerosos brazos, que los cortesanos llevan lo mejor del torneo!
Por acudir a este ruido y estruendo, no se pasó adelante con el escrutinio de los demás libros que quedaban, y así se cree que fueron al fuego, sin ser vistos ni oídos, La Carolea1 y León de España,2 con los hechos del Emperador, compuestos por don Luis de Ávila,3 que sin duda debían de estar entre los que quedaban, y quizá si el cura los viera no pasaran por tan rigurosa sentencia.
Cuando llegaron a don Quijote, ya él estaba levantado de la cama, y proseguía en sus voces y en sus desatinos, dando cuchilladas y reveses a todas partes, estando tan despierto como si nunca hubiera dormido. Abrazáronse con él y por fuerza le volvieron al lecho; y después que hubo sosegado un poco, volviéndose a hablar con el cura le dijo:
—Por cierto, señor arzobispo Turpín, que es gran mengua de los que nos llamamos Doce Pares4 dejar tan sin más ni más llevar la victoria de este torneo a los caballeros cortesanos, habiendo nosotros los aventureros ganado el prez5 en los tres días antecedentes.
—Calle vuestra merced, señor compadre —dijo el cura—, que Dios será servido que la suerte se mude y que lo que hoy se pierde se gane mañana; y atienda vuestra merced a su salud por ahora, que me parece que debe de estar demasiadamente cansado, si ya no es que está malherido.
—Ferido, no —dijo don Quijote—, pero molido y quebrantado, no hay duda en ello, porque aquel bastardo de don Roldán6 me ha molido a palos con el tronco de una encina, y todo de envidia, porque ve que yo solo soy el opuesto de sus valentías. Mas no me llamaría yo Reinaldos de Montalbán7 si, en levantándome de este lecho no me lo pagare, a pesar de todos sus encantamentos;8 y por ahora tráiganme de yantar,9 que sé que es lo que más me hará al caso, y quédese lo del vengarme a mi cargo.
Hiciéronlo así: diéronle de comer, y quedose otra vez dormido, y ellos, admirados de su locura.

1 La Carolea: poema épico de Jerónimo Sempere, aparecido en Valencia en 1560, que narra la guerra del emperador Carlos V frente a los protestantes alemanes.
2 León de España: historia del reinado de Carlos V escrita por Pedro de la Vecilla e impresa en Salamanca en 1586.
3 Luis de Ávila y Zúñiga: militar extremeño (1504-1573) que acompañó a Carlos V en varias campañas frente a los protestantes y permaneció junto a él hasta su muerte.
4 Doce Pares de Francia: caballeros feudales al servicio de la corona francesa, entre los que se encontraba el arzobispo Turpín.
5 prez: honor, estima o consideración que se adquiere o gana con una acción gloriosa y que simboliza el premio que los jueces de campo daban a los vencedores de un torneo.
6 Roldán: caballero al servicio de Carlomagno que murió en 778 durante la batalla de Roncesvalles y cuya figura protagoniza numerosos romances y cantares de la Edad Media, como el Cantar de Roldán (La Chanson de Roland), poema épico de finales del siglo XI.
7 Reinaldos de Montalbán: caballero perteneciente a los Doce Pares de Francia y uno de los preferidos de don Quijote.
8 encantamento: forma en desuso de «encantamiento».
9 yantar: arcaísmo por «comer».
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