Hiparco ante el Helesponto · Fotografía: Milad Safabakhsh
Hiparco ante el Helesponto
Fotografía: Milad Safabakhsh

Entre el mar de Mármara y el mar Egeo, y entre Asia y Europa, se encuentra un antiguo valle fluvial de unos seis kilómetros de anchura y cincuenta metros de profundidad. Es el Helesponto o mar de Hele, nombre que dieron los griegos al lugar en donde se ahogó la hija del rey Atamante, hijo del dios del Viento.

Es probable que los primeros homínidos cruzaran el estrecho para establecerse en el continente europeo. Y es seguro que tuvo un papel protagonista en la guerra de Troya tras el rapto de Helena por el príncipe Paris, como lo tuvo cuando Leandro murió en sus aguas la noche en que un vendaval apagó la luz de la torre que le servía de guía y Hero se lanzó desolada a los acantilados del mar.

Mucho tiempo después, durante las guerras médicas entre helenos y aqueménidas, los ejércitos de Jerjes el Grande fracasaron en su intento de cruzarlo para alcanzar a los espartanos. Los persas levantaron puentes y construyeron trirremes y pentecónteros, pero un temporal acabó con sus planes y el rey Jerjes, enfurecido, dictó rápidamente sentencia: la flagelación del Helesponto.

Cuenta Herodoto que el mar recibió trescientos azotes acompañados de oprobios y maldiciones y que fue marcado a fuego para dejar sobre él un perenne deshonor. Y que cuando los ingenieros del emperador alzaron un nuevo puente, fue atravesado en medio de fatídicos presagios ocurridos durante un eclipse de Sol.

Pasaron cien años y Alejandro Magno cruzó el estrecho para dirigirse a la conquista de Asia, dos siglos antes de que en el mismo lugar Hiparco de Nicea lograra medir la distancia a la Luna. Y las tropas otomanas, cuando ya finalizaban los tiempos medievales, se asomaron también a sus orillas antes de tomar Constantinopla.

El Helesponto, llamado hoy estrecho de los Dardanelos, fue desde entonces y para siempre nexo y frontera entre continentes y culturas, aguas de paso para navegantes y marinos, punto de encuentro para mercaderes, cronistas, geógrafos y emperadores. Y hoy sigue siendo, en épocas de globalizaciones y contrastes, la franja de plata que acerca los mundos, une las tierras y dibuja los nuevos mapas de nuestra cultura y nuestra piel.

Es hora de cruzar el Helesponto. Todos los mares esperan.

Fran Vega, 1 de febrero de 2016

Nec spe, nec metu · Fotografía: Hiroki Inoue
Pari passu
Fotografía: Hiroki Inoue

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