Trayectos de pronombres y horizontes

Trayectos de pronombres y horizontes · Fotografía: Rudolph Koppitz
· Relatos del Mar Muerto, y 14 ·
Fran Vega
Trayectos de pronombres y horizontes
Fotografía: Rudolph Koppitz

Contemplaba en ocasiones los veleros con los ojos convencidos de quien sabe que los años se deslizan sin descanso entre las playas y los puertos esperados y que son necesarias muchas tardes de silencios y certezas para que las velas principales se desplieguen en el momento exacto sobre el mar, días de cantares y aceptada soledad que después recordaría entre cumbres y ensenadas como un paisaje de reflejos y colores con el que había construido los mejores puentes de refugios y adjetivos y tres cuadernos de trayectos y senderos para una vida de pronombres, catavientos, predicados y horizontes.

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«Cuadernos de áncoras y bitácoras»
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Relatos del Mar Muerto

© Fran Vega, 2016

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Cuadernos de áncoras y bitácoras

Cuadernos de áncoras y bitácoras · Fotografía: Robert Doisneau
· Relatos del Mar Muerto, 13 ·
Fran Vega
Cuadernos de áncoras y bitácoras
Fotografía: Robert Doisneau

Conquistaba los mares con solo mirarlos y construía veleros para cruzarlos de día desde la arena soñada y tomarlos de noche como cuadernos de viaje que serían más tarde senderos heroicos para el trayecto pensado, porque estaba convencida de que en algún instante de su vida el viento y las velas llevarían su cuerpo a través de las olas para rozar con sus manos el momento perfecto en que pátinas y pórticos de espátulas y céfiros se unieran en áncoras y bitácoras para alzar hasta los mástiles su mirada, su sonrisa, su horizonte y su lúcida pasión.

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Senderos de lava y volcán sobre cuerpos de raso y satén

Senderos de lava y volcán sobre cuerpos de raso y satén · Fotografía: Marion P. Wolcott
· Relatos del Mar Muerto, 12 ·
Fran Vega
Senderos de lava y volcán sobre cuerpos de raso y satén
Fotografía: Marion P. Wolcott

Jugaba contenta con el agua de entonces y retaba a las olas con su sonrisa constante trazando caminos que aún no entendía y mirando el dibujo que la espuma formaba sobre la arena secreta de los años de infancia, trayectos que más tarde serían pigmentos azules y blancos sobre telas y lienzos de cáñamo y algodón que la vida se encargaría de unir para que fueran un día senderos de lava y volcán sobre cuerpos de raso y satén y almas de plata y rubí en los lagos y valles de su extenso, heroico y exacto corazón.

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La construcción de la memoria

La construcción de la memoria · Fotografía: Mila Kucher
· Relatos del Mar Muerto, 11 ·
Fran Vega
La construcción de la memoria
Fotografía: Mila Kucher

Había edificado su memoria como un cuaderno de pórticos y dársenas en el que se alojaban las primeras sonatas para piano, los primeros conciertos de su vida y la primera vez que supo distinguir semitonos y corcheas en los pasillos de su infancia o en los paseos del domingo por la playa, sólidos cimientos de otros mundos que ella construiría más tarde con colores, lienzos y pinceles para que nada quedara fuera de su alcance y para que todas las decisiones y pasiones de su propia trayectoria quedaran dibujadas y esculpidas en los movimientos de sus ojos y en los delicados universos de ternura que habitaban desde siempre en las galerías de su alma y en los senderos de su piel.

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Palabras de vida sobre cuadernos de plata

Palabras de vida sobre cuadernos de plata · Fotografía: Lewis W. Hine
· Relatos del Mar Muerto, 10 ·
Fran Vega
Palabras de vida sobre cuadernos de plata
Fotografía: Lewis W. Hine

Recordaba con calma sus años de infancia sobre senderos de arena y se veía a sí misma como la niña contenta de sonrisa constante cuyos andares precisos mostraban audacia y anunciaban frecuentes hazañas que nadie podía intuir, porque solo ella sabía en los tiempos de la suave inocencia que los años traerían a su propio camino los sueños que entonces ya imaginaba y que ahora regresan como palabras de vida sobre cuadernos de plata en los barcos que esperan junto a la orilla del mar.

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La muchacha de los puentes prioritarios

La muchacha de los puentes prioritarios · Fotografía: Lucien Aigner
· Relatos del Mar Muerto, 9 ·
Fran Vega
La muchacha de los puentes prioritarios
Fotografía: Lucien Aigner

Le gustaba detenerse en los puentes prioritarios para recorrer con su mirada los valles conquistados y las cumbres superadas, antiguas llanuras del alma que había conseguido apaciguar y que ahora contemplaba serena y convencida de que una vez en la otra orilla sería para siempre la mujer acariciada por el viento y los cuadernos de la tarde, cuyo nombre invocarían los senderos en el agua, el jardín de los cantares, las mieles derramadas y las naves heroicas que la esperaban en el mar.

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Reflejos de sombras entre columnas de sueños

Reflejos de sombras entre columnas de sueños · Fotografía: Esther Bubley
· Relatos del Mar Muerto, 8 ·
Fran Vega
Reflejos de sombras entre columnas de sueños
Fotografía: Esther Bubley

Paseaba por las calles y avenidas con su abrigo largo y su sombrero mientras pensaba en galerías y museos en los que podría contemplar lienzos y pinturas de autores muy concretos, auténticos espejos de otras vidas que miraba con cuidado para entender los detalles de su propio recorrido y grabar en su memoria las diferencias importantes entre tenebristas y barrocos o entre impresionistas y modernos, pues sabía que entre pinceles y colores se encontraba la trayectoria exacta de los tiempos que después imaginaba entre el reflejo de las sombras, la sonrisa de sus ojos y las columnas que se alzaban sobre la nítida apariencia de sus sueños.

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Hasta donde los ríos cambian de nombre

Hasta donde los ríos cambian de nombre · Fotografía: Emmanuel Sougez
· Relatos del Mar Muerto, 7 ·
Fran Vega
Hasta donde los ríos cambian de nombre
Fotografía: Emmanuel Sougez

Leía entre semana cancioneros medievales que los domingos por la tarde resumía en cuadernos apaisados de escritura delicada para no dejar en la memoria las palabras ni los versos que casi nadie podía recordar, amores entre hidalgos y doncellas de otros tiempos que iluminaba con trazos minuciosos para fijarse en los vestidos y aprender nuevos adverbios, pues esperaba con paciencia que un día no lejano un caballero de los de espada y armadura la llevara galopando hasta donde los ríos y los valles cambian de nombre y adjetivos para cabalgar en su montura entre la arena y el mar.

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El insólito canto de los mirlos

El insólito canto de los mirlos · Fotografía: Gertrude Käsebier
· Relatos del Mar Muerto, 6 ·
Fran Vega
El insólito canto de los mirlos
Fotografía: Gertrude Käsebier

Caminaba en ocasiones por los campos de trigo y amapolas trazando apuntes y senderos que más tarde describía en sus cuadernos en los que anotaba con cuidado los detalles más curiosos del paseo, desde la hora exacta del insólito canto de los mirlos hasta el momento en que había contemplado con asombro el ingenioso murmullo de los ríos y la primera mariposa de la tarde, porque pensaba que todo aquello que observaba era un mundo de colores que debía custodiar entre sus lápices como quien conserva un tesoro de zafiros y alhelíes en las cumbres más heroicas de su valioso corazón.

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Los sueños antiguos de calma y batalla

Los sueños antiguos de calma y batalla · Fotografía: Tomislav Peternek
· Relatos del Mar Muerto, 5 ·
Fran Vega
Los sueños antiguos de calma y batalla
Fotografía: Tomislav Peternek

Algunas tardes llegaba hasta el puerto un hombre vencido y cansado que pensaba en silencio en los días perdidos y las horas calladas y miraba la niebla y los barcos con el gesto evidente de la derrota cumplida, porque en sus sueños antiguos de calma y batalla había siempre en las sombras sonidos inciertos que nunca escuchaba y que ahora volvían para poner en sus ojos palabras de plata, cuadernos de vida y senderos de agua.

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La mujer que suspiraba canciones entre los vientos y el mar

La mujer que suspiraba canciones entre los vientos y el mar · Fotografía: Édouard Boubat
· Relatos del Mar Muerto, 4 ·
Fran Vega
La mujer que suspiraba canciones entre los vientos y el mar
Fotografía: Édouard Boubat

Cuando estaba sola en la orilla suspiraba canciones cuya letra escribía para no olvidar nunca quién era y poder tocar con sus manos la arena caliente que todavía pisaba, pigmentos de luz que durante años había creado para ordenarlos sin miedo y llevarlos consigo hasta donde su nave quisiera, tal vez a los puertos heroicos de sonatas, corbetas, pinceles y sol o a los senderos eternos en donde las sombras se ocultan y los amantes caminan despacio entre los vientos, los barcos, la luna y el mar.

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Tenía un timón con su nombre grabado

Tenía un timón con su nombre grabado · Fotografía: Édouard Boubat
· Relatos del Mar Muerto, 3 ·
Fran Vega
Tenía un timón con su nombre grabado
Fotografía: Édouard Boubat

A veces se quedaba mirando en la orilla el paso de los barcos constantes y pensaba despacio en ser almirante de su propio navío para asaltar arrecifes, penínsulas y playas y conquistar estrechos, océanos y mares, porque era consciente de que en algún puerto de alguna bahía estaba un timón con su nombre grabado en madera de olivo y palabras de plata para que nunca olvidara el olor de la piel, el color de la tarde y el sabor de la vida sobre la arena soñada.

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La brisa que anunciaba los barcos de la tarde

La brisa que anunciaba los barcos de la tarde · Fotografía: Édouard Boubat
· Relatos del Mar Muerto, 2 ·
Fran Vega
La brisa que anunciaba los barcos de la tarde
Fotografía: Édouard Boubat

Se sentaba a veces en el puerto para ver los barcos que llegaban en las últimas horas de la tarde y soñaba entonces con piratas y arcabuces y con naves de madera pintadas de azules y amarillos que viajaban por los mares vestidas de seda y algodón, pues decía que de todas las hazañas que aún tenía que emprender la más valiosa estaba situada entre los lienzos más sutiles de su alma y la brisa que anunciaba el momento lúcido y perfecto de empezar a navegar.

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La mujer que dibujaba los senderos

RELATOS DEL MAR MUERTO

La mujer que dibujaba los senderos · Fotografía: Édouard Boubat
· Relatos del Mar Muerto, 1 ·
Fran Vega
La mujer que dibujaba los senderos
Fotografía: Édouard Boubat

Sentada frente a la vida que aún presentía lejana, la mujer que dibujaba los senderos trazaba cada tarde apuntes y bocetos que guardaba por la noche en carpetas ordenadas no en función de su importancia, sino del color con el que al cabo de unos días imaginaba y sombreaba para dejar constancia en sus cuadernos de todo aquello que describía y detallaba en las orillas más antiguas de su heroico corazón.

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«La brisa que anunciaba los barcos de la tarde»

© Fran Vega, 2016