La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad

La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 69 ·
Fran Vega
La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad
Fotografía: Rodney Smith

Estoy en condiciones de afirmar que la otra tarde fue una de las más extraordinarias que recuerdo en compañía de todas mis amistades, pues en tan digna fecha conmemoré la colosal jornada en la que tuve el contento de ser bien recibido en este mundo y no en los colindantes o adyacentes. Carmencita y Abisinio pidieron permiso a Teodomiro para el usufructo temporal del Negociado de Reclamos, ya que organizaron un generoso ágape en el que no faltaron los refrescos, los frutos secos y las croquetas de gallina con unas briznas de panceta y que culminó con una opípara ronda de sorprendentes descafeinados. Y Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, proclamó con su propia solemnidad que de vez en cuando es bueno olvidar los infraconvenios para convertir los negociados en lugares de esparcimiento y mucha broma. Por la tarde, en el cafetín, Fulgencio, Lupicinio y Teofrasto me cedieron el mejor sitio de la mesa para la partida de guiñote, Justito sirvió unas gaseosas estupendas y Tadeo puso durante un buen rato bonitos discos de zarzuela, así que no pude sentirme más feliz y agradecido por estos prodigiosos homenajes. Y como decían con frecuencia el bisabuelo Conrado y el abuelo Conradino, en la vida hay que tener armonía, memoria, paciencia y equidad, así que aproveché la placentérrima jornada para poner en práctica estas sabias enseñanzas de tan profundo sentido y extensa aplicación y adquirí en la confitería de Cristeta unos pastelillos de ponche y dos botellas de sifón, porque no puede haber nada mejor que compartir con tantas amistades como tengo las cosas buenas de nuestra cóncava existencia. Después me acordé también de que el bisabuelo Conrado y el abuelo Conradino sostenían que las tardes glaucas de líneas pardas anuncian siempre noches garzas de luces gualdas, pero eso ya no sé qué significado puede tener ni por qué acude ahora a mi corto entendimiento. Voy a peinarme.

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Diario de un hombre ridículo

© Fran Vega, 2017

La serena algarabía y los raros argumentos

La serena algarabía y los raros argumentos · Fotografía: Geof Kern
· Diario de un hombre ridículo, 67 ·
Fran Vega
La serena algarabía y los raros argumentos
Fotografía: Geof Kern

He pasado unas jornadas luctuosas y estupendas en compañía de todas mis amistades del cafetín de Tadeo, donde siempre reinan el cordialismo y la alegre erudición. Como en los negociados nos otorgaron unos días festivos y recuperables para que nuestro egregio jefe oficinesco pudiera acudir a las procesiones y desfiles de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto, hemos aprovechado el tiempo para consolidar nuestro ateneo de guiñotistas y ejercer la excelentérrima amistad que nos une en pos de tan entrañable actividad. Lupicinio también quería asistir a una de estas concentraciones multitudinarias en las que hay que presentarse con oscuros ropajes y semblantes más oscuros todavía, pero hubo que convencerle de que no podía desfilar vestido de romano con la prensa deportiva bajo el brazo, sobre todo porque en tiempos de los romanos ni siquiera habían inventado aún la gaseosa y es probable que tampoco las empanadillas, según comentaron la otra tarde en el fidedigno boletín de la radio. También Teofrasto quiso ponerse una capucha para caminar embozado por las calles junto al Cristo de los Tréboles, pero al final dijo que tenía una discontinua dolencia en el chaleco y se quedó con nosotros en el cafetín, donde Justito cantó saetas y jarandas que hicieron las delicias de Ginés, que es la monda hasta en los días de recogimiento y serena algarabía. La verdad es que yo no termino de comprender estas celebraciones, porque son un poco lánguidas y a veces se ven gentes en las calles que gimen y murmuran con muy raros argumentos, así que me pareció mejor pasar las mañanas apostado en la glorieta de los Lirios y las tardes escuchando las disertaciones de Fulgencio en el cafetín, que desde que estuvo en su callista de cabecera siempre tiene cosas interesantes que contar. Voy a ordenar el armario de los sombreros importantes, que ya es momento de cometer alguna heroicidad.

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El mundo es como una ciclópea escribanía

El mundo es como una ciclópea escribanía
· Diario de un hombre ridículo, 63 ·
Fran Vega
El mundo es como una ciclópea escribanía
Fotografía: Howard W. Davidson

Cada quinquenio que pasa estoy más contento y comprendo mejor a quienes ensalzan el insigne trabajo que se desarrolla en nuestra solícita oficina, pues estoy en condiciones de afirmar que se trata de uno de los más generosos cometidos que las gentes de bien pueden ofrecer tanto a sus semejantes como a los simpáticos contribuyentes, sean o no alegres convecinos de nuestra ilustre población. ¡Qué solemne cantidad de adecuados formularios concebidos para el desarrollo y bienestar de subfamilias y otras periferias! ¡Y cuántos negociados puestos al servicio de nuestra prospérrima infracomunidad! Con razón decía Lupicinio la otra tarde en el cafetín de Tadeo que mi egregio jefe oficinesco sería un extraordinario corregidor en el distrito de las Afueras, donde la subcomarca pierde su nombre para adentrarse en terrenos de tácita umbría y escaso labrantío. Y por algo yo no custodio ninguna duda razonable de que los mundos adyacentes se parecen cada vez más a una ciclópea y vitalicia escribanía en la que solo los lustrosos mostradores separan a los intrépidos ciudadanos de quienes les atienden con escrupulosa indiferencia y exacta imprevisión, condiciones esenciales para que cualquier oficina de este y otros universos colindantes tengan éxito y notoriedad frente a las singulares peripecias de quienes acuden a ella en rigurosa búsqueda de secreto y confusión. Voy a prepararme un descafeinado bien templadito, que hoy tengo la tarde lírica y conspicua y aún he de realizar meritorias gestiones en el cafetín.

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Los extravagantes días que acontecen

Los extravagantes días que acontecen · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 57 ·
Fran Vega
Los extravagantes días que acontecen
Fotografía: Tommy Ingberg

He observado últimamente extraños alborotos en las plazas y avenidas de nuestra excelsa subcomarca y he llegado a la adecuada conclusión de que todo se debe al rutinario acontecimiento cronológico que cada año tiene lugar en estas fechas, pues solo así puede explicarse que las gentes enloquezcan de repente y caminen por las calles con sospechosos bultos en las manos ordenadamente decorados. Todos los alegres contribuyentes de barrios y distritos se encuentran muy atareados haciendo curiosas adquisiciones con las que obsequiar a subcuñados e infrayernos y a viceprimos y decasuegros, como si de ellas dependieran la geometría y la equidad que resultan siempre convenientes y exigibles. Incluso nuestro egregio jefe oficinesco se ha permitido regalarnos unos escapularios de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto, aunque con razón decía Lupicinio en el cafetín de Tadeo que mejor hubiera sido compartir unos vasitos de ponche que invertir en adornos de reminiscencias primigenias, pero no sé bien qué ha querido decir con estos últimos y enigmáticos vocablos. En lo que a mi humildérrima persona se refiere, transitaré por este lapso de frío y vacación con el silencio propio de quien aguarda con paciencia el lúcido retorno de las tardes azules de primavera. Voy a tomar media copita de brandy, que siempre ha sido bueno para evitar los resfriados.

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Que las buenas gentes tengan un prospérrimo año nuevo

Que las buenas gentes tengan un prospérrimo año nuevo · Fotografía: Philip McKay
· Diario de un hombre ridículo, 56 ·
Fran Vega
Que las buenas gentes tengan un prospérrimo año nuevo
Fotografía: Philip McKay

El bueno de Tadeo ha organizado en el cafetín un piscolabis extraordinario con motivo del singular acontecimiento cronológico que todos los años ocurre en esta misma fecha, porque dice que es un asunto de contento y alegría que es necesario celebrar con muchos vítores y hurras, aunque no ha permitido que su sobrino Justito adquiera tracas y petardos ni que Ginés pueda hacer volatines sobre el mostrador, como era su jovial y atlética intención. Y como otros años en estas mismas circunstancias, ha preparado bandeja y media de meritorias croquetas de gallina y ha puesto a enfriar en la tina unas gaseosas, mientras que Cristóforo ha prometido aportar a tan fantástico festín una estupenda tortilla de chicharrones, lo que ya de por sí es motivo de júbilo y godeo. Sin embargo, yo no termino de entender por qué tengo que esperar a que el calendario indique una fecha o a que el reloj marque una hora para abrazar a los amigos, saludar con entusiasmo a los conocidos y desear buena suerte a paseantes y vecinos, pero Lupicinio y Argimiro están seguros de que tiene que hacerse así y todos los guiñotistas han prometido situarse esta noche cerca del transistor desde muy temprano, no vaya a ser que las campanadas se adelanten y nos sorprendan en pleno auge del despiste, sin nuestros gorritos y nuestros vasos de limonada ordenadamente preparados. Yo, por si acaso, en cuanto anochezca me sentaré en mi lugar favorito de la glorieta de los Lirios, desde donde se divisan el puente de los Serafines y el bulevar de los Arcángeles, para desear concordia, armonía y equidad a todo el que vea, sea oficinista o no, y para pensar que todas las buenas gentes son merecedoras de un prospérrimo año nuevo en compañía de sus mejores y más cabales amistades. Voy a comprar ahora mismo dos serpentinas y una trompetilla de colores para ovacionarme y festejarme.

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Insólitos hallazgos que alteran los sosiegos

Insólitos hallazgos que alteran los sosiegos · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 55 ·
Fran Vega
Insólitos hallazgos que alteran los sosiegos
Fotografía: Tommy Ingberg

Hoy he podido saber por el boletín subcomarcal que se ha producido un descubrimiento científico de primera magnitud que sin duda afecta a nuestra oficina y al cafetín de Tadeo. Dicen ahora los que son expertos en numerosas temáticas que todos los universos se formaron gracias a una morrocotuda explosión que tuvo lugar hace muchos años, no recuerdo ahora cuántos ni en qué momento fue. Incluso afirman que los luceros que algunas noches iluminan la glorieta de los Lirios son una especie de arenilla cósmica, lo que a mí me resulta un tratamiento un poco pánfilo para un asunto de tanta importancia. Yo no sé si todo esto es verdad o mendaz, pero si fuera cierto estaría en condiciones de afirmar que el mundo relevante en que vivimos es el resultado de un tropiezo fortuito entre cachivaches de un bazar pomposo y adventicio, como cuando Abisinio sale del Negociado de Pólizas y Recargos y se da de bruces con Teodomiro en la puerta del escusado con el diario deportivo bajo el brazo. Tampoco sé bien a dónde pueden conducirnos estas averiguaciones, porque Ercilio ha dicho esta misma mañana que él piensa seguir tocando el bombardino los martes por la tarde y Lupicinio ha declarado después que no dejará de jugar al guiñote por muchos enredos celestes que se desembuchen, lo que me ha llevado a pensar en la seriedad de estas gentes que investigan y sorprenden con estos insólitos hallazgos que alteran los sosiegos. Después de todo, no atisbo el interés en saber cuándo empezaron estas cosas de la infinitud si en el bulevar de los Arcángeles aún no florecen los magnolios y si el invierno solo acaba de empezar en nuestra excelsa población. Voy a hacer recuento de peladillas y guirlaches, que ya se acerca el aniversario del Altérrimo.

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Ideas revolucionarias en el cafetín

Ideas revolucionarias en el cafetín · Fotografía: Bill Brandt
· Diario de un hombre ridículo, 52 ·
Fran Vega
Ideas revolucionarias en el cafetín
Fotografía: Bill Brandt

Ayer por la tarde tuvo lugar en el cafetín de Tadeo un esmerado debate que sin duda transformará la historia reciente y futura de nuestra excelsa subcomarca. Teofrasto, que demuestra ser siempre un hombre honestérrimo y cabal, expuso la adecuada idea de instalar una nueva farola en la glorieta de los Lirios con el fin de tener un elemento más de referencia en las noches oscuras y en las tardes de ponche y media copita de brandy. Sin embargo, Lupicinio mantuvo la opinión de que ese dispendio bien podía dedicarse a iluminar los urinarios del parque de los Querubines para evitar tropiezos y estropicios, lo que hay que reconocer que es una ocurrencia fenomenal. Y Ginés, que es la monda, propuso decorar el puente de los Serafines con motivos tradicionales de nuestro entorno geoestratégico, lo que produjo la efusiva ovación de Sinforoso y la indisimulada ignorancia de Fulgencio. Y en medio de este lúcido hervor del intelecto cafetinesco apareció Venerando, que desde que es subconcejal de Acequias y Cloacas ya no usa sombrero, a todos nos tutea y saluda con gran estruendo a los ciudadanos de bien. Dijo entonces que la farola de Teofrasto le parecía un pensamiento estupendo y que podía presentarlo en la próxima Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, pero que si le invitábamos a una gaseosa podía elevarlo al Infracomité de Proyectos Ficticios, que se reúne los jueves pares de los meses impares, así que Tadeo, que siempre ha tenido un pronto, le respondió que en el cafetín no están permitidas las actividades circenses y decidió auparlo a la categoría de excelentérrimo estólido municipal. Y a mí me parece que colocar una farola en la glorieta de los Lirios sería muy oportuno, sobre todo para asegurarme de que llevo bien abrochado el chaleco en estas noches tan insolentes y fresquitas. Voy a buscar la mantita de cuadros, que se me quedan frías las corvillas.

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Insólitos recintos de la sapiencia

Insólitos recintos de la sapiencia · Fotografía: Dariusz Klimczak
· Diario de un hombre ridículo, 47 ·
Fran Vega
Insólitos recintos de la sapiencia
Fotografía: Dariusz Klimczak

Iba yo caminando la otra tarde por la glorieta de los Lirios hacia el parque de los Querubines cuando reparé en un distinguido edificio del que hasta entonces no tenía constancia. Qué extraño, pensé, que hasta hoy no me haya fijado en la existencia de tan ilustre monumento, pero como siempre me he tenido por un hombre adecuado que afronta las peripecias de la vida con valentía y determinación, me adentré más allá de la puerta principal y pude comprobar en su interior que numerosas damiselas y no pocos caballeros leían voluminosos ejemplares que trataban de insólitos asuntos, lo que me animó a preguntar a un amable subconserje qué extravagantes actividades se daban cita en aquella estancia pintoresca. Está usted en una biblioteca, me dijo, palabra que procede del antiguo latino y a su mismérrima vez del vetusto griego, a lo que añadió con un gesto que delató su bonhomía sin ningún indicio de fluctuación: lea. Y me entregó un libro inconcebible titulado Diccionario en el que están recogidas todas las palabras que los seres humanos de una misma subcomarca podemos discernir y utilizar. Salí de allí a puro ritmo de castañuelas por el contento que tenía en el propio entendimiento y llegué en un santiamén al cafetín de Tadeo con la intención de comunicar a mis amistades estas extraordinarias referencias, que todos recibieron con fruición y algarabía al tiempo que me felicitaban por tan revolucionario descubrimiento. Después dijo Lupicinio que un libro tan importante como el que había tenido en mis manos debía explicar qué es una biblioteca y a quién se le ocurrió semejante rudimento, así que tendré que consultar con Don Helesponto los históricos antecedentes de este fenomenal recinto de la sapiencia, que por algo en su juventud fue escritor de solapas y ladillos y es un hombre sapientérrimo y cabal. Voy a prepararme unos guisantitos con cecina, que ya es temporada.

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Cuánta paz hay en mi universo sin par

Cuánta paz hay en mi universo sin par · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 33 ·
Fran Vega
Cuánta paz hay en mi universo sin par
Fotografía: Tommy Ingberg

Ayer por fin regresé a mi negociado y lo primero que hice fue saludar con gran entusiasmo a todos mis compañeros, pues a todos sin excepción he echado de menos durante este verano de urbanas y rurales aventuras. A continuación presenté mis respetos a nuestro ponderado jefe oficinesco, aunque me pareció que su mente estaba embargada por la prensa deportiva, pues por algo es un hombre culto y delicado, y después me senté en mi puesto como cualquier otra mañana normal de mi humildérrima existencia. ¡Qué estupendo es encontrarse de nuevo con los plumines y los formularios! Abisinio y Teodomiro mostraron mucho interés en mis andanzas estivales, pero apenas tuve tiempo de explicarles los detalles de mis lances agrarios, porque consideré más importante ponerme al día con las nuevas ordenanzas del Impuesto sobre Actividades Improbables emitidas por la Delegación de Asuntos Insólitos, así que tuve que aplazar el ameno relato de mi periplo hasta mejor y más apropiada ocasión. Y después pasé la tarde en compañía de mis amistades en el cafetín de Tadeo, parloteando todo el rato en el velador con Argimiro y Felixín hasta que llegaron Lupicinio y Teofrasto y pudimos empezar la partida de guiñote, aunque Ginés no dejaba de hacer bromas mientras tomaba una gaseosa y hablaba del campeonato subcomarcal de carreras de sacos. Pero lo más importante de todo es que ya estoy otra vez en mi universo sin par, en mi oficina y en mi cafetín, disfrutando de mi sombrero y de mi primorosa normalidad. Cuánta paz hay aquí.

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El airecito razonable de la tarde

El airecito razonable de la tarde · Fotografía: Arthur H. Fellig (Weegee)
· Diario de un hombre ridículo, 28 ·
Fran Vega
El airecito razonable de la tarde
Fotografía: Arthur H. Fellig (Weegee)

Como anteayer fue el primer martes de agosto y el jefe es muy devoto de la Virgen de la Alameda, se celebró en la oficina el sorteo de las vacaciones para que nuestras dignas dependencias no queden del todo abandonadas por sus meritorios empleados, más dedicados a la tediosa holganza que a la reconfortante ocupación. Abisinio fue descartado desde el principio porque todos dijeron que es un hombre necesario, cabal y de primera, y tan contento quedó con esta alegre facundia que todos le felicitamos de inmediato. Y como resulta improcedente que el Negociado de Reclamos que tan sabiamente atiende Teodomiro quede como inhóspito desierto, el jefe le dirigió unas simpáticas alabanzas para que suspendiera su proyectado viaje a la provincia más próxima, decisión que tomó no solo in situ e ipso facto, sino también in extremis, según afirmó Lupicinio por la tarde. De modo que la semana de asueto que tan generosamente es concedida por nuestro jefe oficinesco será para Carmencita, ya que en Contaduría se puede prescindir de su egregia aportación dado que los cobros y los pagos también tienen su agostidad. En el cafetín de Tadeo me preguntaron después por qué no había participado en la rifa y expliqué con mucho agrado que a mí lo que más me gusta del verano es sentarme en el velador a disfrutar del airecito de la tarde junto a todas mis amistades, porque yo no puedo entender que las personas razonables quieran pasar los días con individuos desconocidos, tumbadas en el suelo y sin chaleco. Lo que sí haré es guardar en la cómoda el pijama de franela con un poquito de alcanfor, que no quiero que nada me sorprenda cuando el tiempo mude en septiembre.

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Ocurrencias de personas majaretas

Ocurrencias de personas majaretas · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 24 ·
Fran Vega
Ocurrencias de personas majaretas
Fotografía: Rodney Smith

Dice mi primo Escolástico, que es representante de estufas catalíticas y está muy bien informado de lo que pasa en este mundo y en otros colindantes, que ahora tenemos que llevar las cuentas de lo que ganamos y perdemos jugando al guiñote bajo pena de escarmiento, multa y punición por parte de las autoridades dinerarias. Yo no puedo entender eso, porque lo poco que obtengo en un día se quebranta al siguiente, y a Fulgencio, Argimiro y Lupicinio les ocurre lo mismo o muy semejante, así que parece una decisión tomada por personas majaretas y no por honradas gentes de bien. Incluso Amalio se ha sorprendido al enterarse, porque como es miembro del Sindicato de Oficinistas siempre lee el boletín del gobierno subcomarcal para no perderse nada importante, pero cuando esta tarde lo he contado en el cafetín de Tadeo a Teofrasto se le ha ocurrido una idea estupenda, no otra que unirnos épicamente en un ateneo de guiñotistas y anotar en un cuaderno de rayas azules los debes y los haberes para deducir con corrección gravámenes y diezmos, no vaya a ser que un día aparezca un inspector destornillado y turulato con aspecto abuitrado y la mirada un poco extraña. Voy a merendar requesón con picatostes.

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Un hombre helespóntico y cabal

Un hombre helespóntico y cabal · Fotografía: Lutz Dille
· Diario de un hombre ridículo, 16 ·
Fran Vega
Un hombre helespóntico y cabal
Fotografía: Lutz Dille

Como el otro día coincidió en domingo, pasé una tarde estupenda en el cafetín de Tadeo jugando al guiñote y parloteando sobre temas de actualidad con todas mis amistades. La partida con Carioco, Fulgencio y Lupicinio estuvo sembrada de risotadas debido a las bromas de Ginés, que no dejaba de decir cosas la mar de graciosas. Después llegaron Argimiro y Teofrasto, que venían de pasear un rato en la glorieta de los Lirios, y un poco más tarde apareció Sinforoso, al que le va muy bien en su taller de embudos y coladores, hasta el punto de que nos convidó a limonada con sifón, menos a Cristóforo, porque le produce gases. Felixín contó que había visto en televisión un documental sobre cigüeñales incandescentes, que no sabemos lo que son, pero todos estuvimos de acuerdo en que se trata de un gran avance del que pronto tendremos interesantes novedades. Y casi al atardecer llegó al cafetín Don Helesponto, que como su nombre indica es un hombre heroico, helespóntico y cabal con quien me une una estrecha vecindad, pues no en vano compartimos escalera y en no pocas ocasiones animadas conversaciones sobre distópicos asuntos. Así que estoy en condiciones de afirmar que hoy me encuentro contentérrimo y jovial.

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Dispendios en el cafetín

Dispendios en el cafetín · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 8 ·
Fran Vega
Dispendios en el cafetín
Fotografía: Rodney Smith

Ayer por la tarde tuvimos merendola en el cafetín de Tadeo y lo pasamos estupendamente. Asistieron los de la partida de guiñote, Ginés, los hermanos Hinojosa, Sinforoso y Lupicinio, porque había que celebrar el éxito de Argimiro, ya que lo han ascendido de oficial de segunda a ayudante de encargado y eso nos ha alegrado mucho a todas sus amistades. Tomamos refrescos, croquetas de gallina, frutos secos y hasta un poco de ponche que trajo la mujer de Felixín, aunque yo apenas lo probé porque luego tengo pesadillas. Dice Don Helesponto que hay que repetir estos festines con más frecuencia, pero yo no sé si será conveniente tanto dispendio en estos tiempos en los que dicen que hay que remar juntos para tener mucho menos peculio y bastante más inopia. Lo más gracioso fue cuando Tadeo puso en marcha el transistor, porque a bailar pasodobles no le gana nadie, y eso que tiene un pie averiado desde que el otro día le cayeron encima dos coliflores y un cardo borrejón. Voy a tomar una cucharadita de bicarbonato antes de ir dormir.

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La televisión produce fiebres

La televisión produce fiebres
· Diario de un hombre ridículo, 5 ·
Fran Vega
La televisión produce fiebres

Anoche estuve un rato observando la televisión, pero no pude comprender nada de lo que veía ni oía. Tal vez se deba a que ahora hay programas en los que muchas personas hablan de otras muchas que están ausentes, pero yo no conozco a unas ni otras, así que me entretuve viendo fragmentos de películas que tampoco entendí, porque todo ocurre muy deprisa y no me da tiempo a seguir el argumento. Esto no me pasaba antes, cuando iba los sábados por la tarde a una sesión doble de cine cómico y todo me hacía reír. En el cafetín de Tadeo decía Lupicinio el otro día que la televisión produce fiebres, pero no estoy seguro de que sea así, porque él a veces ve programas de deportes y yo no le noto nada raro. Así que me puse media copita de brandy y salí al balcón, a ver pasar la gente, que es de mi barrio y sí la conozco.

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