Premática contra locos y poetas

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Premática contra locos y poetas (fotografía: Francesc Català-Roca) / Libro II, Cap. 2d
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. II, 4. Francisco de Quevedo, 1626
«De lo que sucedió hasta llegar a Madrid, con un poeta»
Premática contra locos y poetas
Fotografía: Francesc Català-Roca

Afligíme tanto con ver que no podía nombrar cosa a que él no hubiese hecho algún disparate, que cuando vi que llegábamos a Madrid,1 no cabía de contento, entendiendo que de vergüenza callaría; pero fue al revés, porque por mostrar lo que era, alzó la voz entrando por la calle. Yo le supliqué que lo dejase, poniéndole por delante que si los niños olían poeta no quedaría troncho que no se viniese por sus pies tras nosotros, por estar declarados por locos en una premática2 que había salido contra ellos, de uno que lo fue y se recogió a buen vivir. Pidióme que se la leyese si la tenía, muy congojado. Prometí de hacerlo en la posada. Fuímonos a una, donde él se acostumbraba apear, y hallamos a la puerta más de doce ciegos. Unos le conocieron por el olor y otros por la voz. Diéronle una barahúnda de bienvenido; abrazólos a todos, y luego empezaron unos a pedirle oración para el Justo Juez3 en verso grave y sonoro, tal que provocase a gestos; otros pidieron de las ánimas; y por aquí discurrió, recibiendo ocho reales4 de señal de cada uno. Despidiólos, y díjome:
—Más me han de valer de trescientos reales los ciegos; y así, con licencia de vuestra merced, me recogeré agora un poco, para hacer algunas de ellas, y en acabando de comer oiremos la premática.
¡Oh vida miserable! Pues ninguna lo es más que la de los locos que ganan de comer con los que lo son.

1 Madrid: ciudad castellana y capital de la corte desde el siglo XVI, que en la época de Quevedo tenía unos 65 000 habitantes.
2 premática: pragmática, leyes que se promulgaban para acabar con ciertos excesos o abusos.
3 Justo Juez: oración del Justo Juez, muy recitada por los ciegos, para la protección de enemigos, males y peligros.
4 real: moneda que empezó a circular en Castilla en el siglo XIV y que tuvo diferentes valores en función de la época y su composición. Un real de vellón valía 34 maravedíes, mientras que el de plata equivalía a dos reales de vellón (68 maravedíes); un real de plata equivalía a 8,5 cuartos y 16 reales de plata valían 1 escudo de oro.
Diccionario del Buscón

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Con amorosas canciones y desesperadas endechas

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Con amorosas canciones y desesperadas endechas (fotografía: Vladimir Lagrange) / Parte I, Cap. 12f
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XII, 6. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote»
Con amorosas canciones y desesperadas endechas
Fotografía: Vladimir Lagrange

Y con esta manera de condición hace más daño en esta tierra que si por ella entrara la pestilencia, porque su afabilidad y hermosura atrae los corazones de los que la tratan a servirla y a amarla; pero su desdén y desengaño los conduce a términos de desesperarse, y, así, no saben qué decirle, sino llamarla a voces cruel y desagradecida, con otros títulos a este semejantes, que bien la calidad de su condición manifiestan. Y si aquí estuviésedes, señor, algún día, veríades resonar estas tierras y estos valles con los lamentos de los desengañados que la siguen. No está muy lejos de aquí un sitio donde hay casi dos docenas de altas hayas,1 y no hay ninguna que en su lisa corteza no tenga grabado y escrito el nombre de Marcela, y encima de alguna una corona grabada en el mesmo árbol, como si más claramente dijera su amante que Marcela la lleva y la merece de toda la hermosura humana. Aquí suspira un pastor, allí se queja otro; acullá se oyen amorosas canciones, acá desesperadas endechas.2 Cuál hay que pasa todas las horas de la noche sentado al pie de alguna encina o peñasco, y allí, sin plegar los llorosos ojos, embebecido y transportado en sus pensamientos, le halló el sol a la mañana; y cuál hay que sin dar vado ni tregua a sus suspiros, en mitad del ardor de la más enfadosa siesta del verano, tendido sobre la ardiente arena, envía sus quejas al piadoso cielo. Y de este y de aquel, y de aquellos y de estos, libre y desenfadadamente triunfa la hermosa Marcela, y todos los que la conocemos estamos esperando en qué ha de parar su altivez y quién ha de ser el dichoso que ha de venir a domeñar condición tan terrible y gozar de hermosura tan estremada. Por ser todo lo que he contado tan averiguada verdad, me doy a entender que también lo es la que nuestro zagal dijo que se decía de la causa de la muerte de Grisóstomo. Y así os aconsejo, señor, que no dejéis de hallaros mañana a su entierro, que será muy de ver, porque Grisóstomo tiene muchos amigos, y no está de este lugar a aquel donde manda enterrarse media legua.3

1 haya: el autor cita el haya no porque exista donde transcurre la acción, sino porque es el árbol dedicado a Diana, la diosa virgen.
2 endecha: canción triste o de lamento.
3 legua: medida itineraria, variable según los países o regiones, definida por el camino que regularmente se anda en una hora, y que en el antiguo sistema castellano equivalía a 5572,7 metros.
Diccionario de Don Quijote

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Una comedia de muchas jornadas

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Una comedia de muchas jornadas (fotografía: Detroit Publishing Company) / Libro II, Cap. 2c
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. II, 3. Francisco de Quevedo, 1626
«De lo que sucedió hasta llegar a Madrid, con un poeta»
Una comedia de muchas jornadas
Fotografía: Detroit Publishing Company

Yo, por excusarme de oír tanto millón de octavas, le supliqué que no me dijese cosa a lo divino. Y así, me comenzó a recitar una comedia que tenía más jornadas que el camino de Jerusalén. Decíame:
—Hícela en dos días, y este es el borrador.
Y sería hasta cinco manos de papel.1 El título era El arca de Noé. Hacíase toda entre gallos y ratones, jumentos, raposas, lobos y jabalíes, como fábulas de Isopo.2 Yo le alabé la traza y la invención, a lo cual me respondió:
—Ello cosa mía es, pero no se ha hecho otra tal en el mundo y la novedad es más que todo; y si yo salgo con hacerla representar, será cosa famosa.
—¿Cómo se podrá representar —le dije yo—, si han de entrar los mismos animales y ellos no hablan?
—Esa es la dificultad, que a no haber ésa, ¿había cosa más alta? Pero yo tengo pensado de hacerla toda de papagayos, tordos y picazas, que hablan, y meter para el entremés monas.
—Por cierto, alta cosa es ésa.
—Otras más altas he hecho yo —dijo— por una mujer a quien amo. Y vea aquí novecientos y un sonetos y doce redondillas (que parecía que contaba escudos por maravedís)3 hechos a las piernas de mi dama.
Yo le dije que si se las había visto él, y díjome que no había hecho tal por las órdenes4 que tenía, pero que iban en profecía5 los conceptos. Yo confieso la verdad, que aunque me holgaba de oírle, tuve miedo a tantos versos malos, y así, comencé a echar la plática a otras cosas. Decíale que veía liebres, y él saltaba:
—Pues empezaré por uno donde la comparo a ese animal.
Y empezaba luego; y yo, por divertirle,6 decía:
—¿No ve vuestra merced aquella estrella que se ve de día?
A lo cual, dijo:
—En acabando éste, le diré el soneto treinta, en que la llamo estrella, que no parece sino que sabe los intentos de ellos.

1 manos de papel: cada mano de papel constaba de veinticinco pliegos, por lo que la obra es unas treinta veces más larga que una comedia normal.
2 Isopo: Esopo (600-564 a. C.), fabulista de la antigua Grecia cuyas obras fueron adaptadas en el siglo XVII, por Jean de La Fontaine, y en el XVIII, por Félix María Samaniego, y que se convirtieron en lecturas preceptivas en muchas universidades.
3 contaba escudos por maravedís: se refiere a la dificultad de dar una cantidad de escudos en su equivalencia en maravedíes.
4 órdenes: referencia a las órdenes que el clérigo había recibido en función de su ministerio.
5 en profecía: por revelación.
6 por divertirle: por distraerle.
Diccionario del Buscón

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Dio en irse al campo con las demás zagalas

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Dio en irse al campo con las demás zagalas (fotografía: Fred Morley) / Parte I, Cap. 12e
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XII, 5. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote»
Dio en irse al campo con las demás zagalas
Fotografía: Fred Morley

La del Señor no me falte, que es la que hace al caso. Y, en lo demás, sabréis que, aunque el tío proponía a la sobrina y le decía las calidades de cada uno en particular, de los muchos que por mujer la pedían, rogándole que se casase y escogiese a su gusto, jamás ella respondió otra cosa sino que por entonces no quería casarse, y que, por ser tan muchacha, no se sentía hábil para poder llevar la carga del matrimonio. Con estas que daba, al parecer, justas excusas, dejaba el tío de importunarla y esperaba a que entrase algo más en edad y ella supiese escoger compañía a su gusto. Porque decía él, y decía muy bien, que no habían de dar los padres a sus hijos estado contra su voluntad. Pero hételo aquí, cuando no me cato,1 que remanece2 un día la melindrosa Marcela hecha pastora; y sin ser parte su tío ni todos los del pueblo, que se lo desaconsejaban, dio en irse al campo con las demás zagalas del lugar, y dio en guardar su mismo ganado. Y así como ella salió en público y su hermosura se vio al descubierto, no os sabré buenamente decir cuántos ricos mancebos, hidalgos y labradores han tomado el traje de Grisóstomo y la andan requebrando por esos campos; uno de los cuales, como ya está dicho, fue nuestro difunto, del cual decían que la dejaba de querer y la adoraba.3 Y no se piense que porque Marcela se puso en aquella libertad y vida tan suelta y de tan poco o de ningún recogimiento, que por eso ha dado indicio, ni por semejas,4 que venga en menoscabo de su honestidad y recato: antes es tanta y tal la vigilancia con que mira por su honra, que de cuantos la sirven y solicitan ninguno se ha alabado ni con verdad se podrá alabar que le haya dado alguna pequeña esperanza de alcanzar su deseo. Que, puesto que no huye ni se esquiva de la compañía y conversación de los pastores, y los trata cortés y amigablemente, en llegando a descubrirle su intención cualquiera de ellos, aunque sea tan justa y santa como la del matrimonio, los arroja de sí como con un trabuco.

1 cuando no me cato: cuando menos lo pienso.
2 remanecer: aparecer de forma inesperada.
3 la dejaba de querer y la adoraba: el amor le parecía poco y pasaba a la adoración.
4 ni por semejas: ni parecido, ni por aproximación.
Diccionario de Don Quijote

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Y entre los dos extremos, el cielo entero

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Y entre los dos extremos, el cielo entero (fotografía: Detroit Publishing Company) / Parte I, Cap. 12d
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XII, 4. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote»
Y entre los dos extremos, el cielo entero
Fotografía: Detroit Publishing Company

Digo, pues, señor mío de mi alma —dijo el cabrero—, que en nuestra aldea hubo un labrador aún más rico que el padre de Grisóstomo, el cual se llamaba Guillermo, y al cual dio Dios, amén de las muchas y grandes riquezas, una hija de cuyo parto murió su madre, que fue la más honrada mujer que hubo en todos estos contornos. No parece sino que ahora la veo, con aquella cara que del un cabo tenía el sol y del otro la luna,1 y, sobre todo, hacendosa y amiga de los pobres, por lo que creo que debe de estar su ánima a la hora de ahora gozando de Dios en el otro mundo. De pesar de la muerte de tan buena mujer, murió su marido Guillermo, dejando a su hija Marcela, muchacha y rica, en poder de un tío suyo, sacerdote y beneficiado en nuestro lugar. Creció la niña con tanta belleza, que nos hacía acordar de la de su madre, que la tuvo muy grande, y, con todo esto, se juzgaba que le había de pasar la de la hija. Y así fue, que, cuando llegó a edad de catorce a quince años, nadie la miraba que no bendecía a Dios, que tan hermosa la había criado, y los más quedaban enamorados y perdidos por ella. Guardábala su tío con mucho recato y con mucho encerramiento; pero, con todo esto, la fama de su mucha hermosura se estendió de manera que así por ella como por sus muchas riquezas, no solamente de los de nuestro pueblo, sino de los de muchas leguas a la redonda, y de los mejores dellos, era rogado, solicitado e importunado su tío se la diese por mujer. Mas él, que a las derechas2 es buen cristiano, aunque quisiera casarla luego, así como la vía de edad,3 no quiso hacerlo sin su consentimiento, sin tener ojo a la ganancia y granjería que le ofrecía el tener la hacienda de la moza, dilatando su casamiento. Y a fe que se dijo esto en más de un corrillo en el pueblo, en alabanza del buen sacerdote; que quiero que sepa, señor andante, que en estos lugares cortos4 de todo se trata y de todo se murmura, y tened para vos, como yo tengo para mí, que debía de ser demasiadamente bueno el clérigo que obliga a sus feligreses a que digan bien de él, especialmente en las aldeas.
—Así es la verdad —dijo don Quijote—, y proseguid adelante; que el cuento es muy bueno, y vos, buen Pedro, le contáis con muy buena gracia.

1 del un cabo tenía el sol y del otro la luna: expresión para manifestar la belleza de una mujer, cuya forma completa es «del un cabo tenía el sol y del otro la luna, y entre los dos extremos, el cielo entero».
2 a las derechas: cabalmente, en serio.
3 la vía de edad: la veía en edad.
4 lugares cortos: pueblos pequeños.
Diccionario de Don Quijote

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Falta entre todos un hombre de discurso

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Falta entre todos un hombre de discurso (fotografía: Inge Morath) / Libro II, Cap. 2b
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. II, 2. Francisco de Quevedo, 1626
«De lo que sucedió hasta llegar a Madrid, con un poeta»
Falta entre todos un hombre de discurso
Fotografía: Inge Morath

En estas razones y discursos iba, cuando topé un clérigo muy viejo en una mula, que iba camino de Madrid.1 Trabamos plática y luego me preguntó que de dónde venía; yo le dije que de Alcalá.2
—Maldiga Dios —dijo él— tan mala gente como hay en ese pueblo, pues falta entre todos un hombre de discurso.3
Preguntele que cómo o por qué se podía decir tal de lugar donde asistían tantos doctos varones. Y él, muy enojado dijo:
—¿Doctos? Yo le diré vuestra merced qué tan doctos, que habiendo más de catorce años que hago yo en Majalahonda,4 donde he sido sacristán, las chanzonetas al Corpus y al Nacimiento, no me premiaron en el cartel5 unos cantarcicos, y porque vea vuestra merced la sinrazón, se los he de leer, que yo sé que se holgará.
Y diciendo y haciendo, desenvainó una retahíla de coplas pestilenciales, y por la primera, que era ésta, se conocerán las demás:

Pastores, ¿no es lindo chiste,
que es hoy el señor san Corpus Criste?
Hoy es el día de las danzas
en que el Cordero sin mancilla
tanto se humilla,
que visita nuestras panzas,
y entre estas bienaventuranzas
entra en el humano buche.
Suene el lindo sacabuche,6
pues nuestro bien consiste.
Pastores, ¿no es lindo chiste?

—¿Qué pudiera decir más —me dijo— el mismo inventor de los chistes? Mire qué misterios encierra aquella palabra pastores: más me costó de un mes de estudio.
Yo no pude con esto tener la risa, que a borbollones se me salía por los ojos y narices, y dando una gran carcajada, dije:
—¡Cosa admirable! Pero sólo reparo en que llama vuestra merced señor san Corpus Criste, y Corpus Christi no es santo, sino el día de la institución del Sacramento.
—¡Qué lindo es eso! —me respondió haciendo burla—; yo le daré en el calendario, y está canonizado y apostaré a ello la cabeza.
No pude porfiar, perdido de risa de ver la suma ignorancia; antes le dije cierto que eran dignas de cualquier premio y que no había oído cosa tan graciosa en mi vida.
—¿No? —dijo al mismo punto—; pues oya vuestra merced un pedacito de un librillo que tengo hecho a las once mil vírgines7 adonde a cada una he compuesto cincuenta octavas, cosa rica.

1 Madrid: ciudad castellana y capital de la corte desde el siglo XVI, que en la época de Quevedo tenía unos 65 000 habitantes.
2 Alcalá de Henares: población situada a unos treinta kilómetros al este de Madrid, cuya universidad fue inaugurada en 1499, y ciudad natal de Miguel de Cervantes.
3 hombre de discurso: hombre sensato, cabal y razonable.
4 Majalahonda: Majadahonda, población madrileña que en origen fue tierra de cultivo y que hoy forma parte del área metropolitana de la capital.
5 cartel: pliego en el que se publicaban los premios de los certámenes poéticos.
6 sacabuche: instrumento musical de viento, antecesor del trombón de varas, que se alarga y recoge en sí mismo.
7 once míl vírgines: referencia a las once mil vírgenes que fueron martirizadas con santa Úrsula, por lo que el libro tendría unos cuatro millones y medio de versos.
Diccionario del Buscón

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Vestido de pastor, con su cayado y pellico

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Vestido de pastor, con su cayado y pellico (fotografía: Eugene Smith) / Parte I, Cap. 12c
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XII, 3. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote»
Vestido de pastor, con su cayado y pellico
Fotografía: Eugene Smith

No sé yo cómo se llama —replicó Pedro—, mas sé que todo esto sabía, y aún más. Finalmente, no pasaron muchos meses, después que vino de Salamanca,1 cuando un día remaneció2 vestido de pastor, con su cayado3 y pellico,4 habiéndose quitado los hábitos largos que como escolar traía; y juntamente se vistió con él de pastor otro su grande amigo, llamado Ambrosio, que había sido su compañero en los estudios. Olvidábaseme de decir como Grisóstomo, el difunto, fue grande hombre de componer coplas: tanto, que él hacía los villancicos para la noche del Nacimiento del Señor, y los autos para el día de Dios, que los representaban los mozos de nuestro pueblo, y todos decían que eran por el cabo.5 Cuando los del lugar vieron tan de improviso vestidos de pastores a los dos escolares, quedaron admirados y no podían adivinar la causa que les había movido a hacer aquella tan extraña mudanza. Ya en este tiempo era muerto el padre de nuestro Grisóstomo, y él quedó heredado en mucha cantidad de hacienda, así en muebles como en raíces, y en no pequeña cantidad de ganado, mayor y menor, y en gran cantidad de dineros; de todo lo cual quedó el mozo señor de soluto,6 y en verdad que todo lo merecía, que era muy buen compañero y caritativo y amigo de los buenos, y tenía una cara como una bendición. Después se vino a entender que el haberse mudado de traje no había sido por otra cosa que por andarse por estos despoblados en pos de aquella pastora Marcela, que nuestro zagal nombró denantes,7 de la cual se había enamorado el pobre difunto de Grisóstomo. Y quiéroos decir ahora, porque es bien que lo sepáis, quien es esta rapaza; quizá, y aun sin quizá, no habréis oído semejante cosa en todos los días de vuestra vida, aunque viváis más años que sarna.
—Decid Sarra8 —replicó don Quijote, no pudiendo sufrir el trocar de los vocablos del cabrero.
—Harto vive la sarna —respondió Pedro—; y si es, señor, que me habéis de andar zahiriendo a cada paso los vocablos, no acabaremos en un año.
—Perdonad, amigo —dijo don Quijote—; que por haber tanta diferencia de sarna a Sarra os lo dije; pero vos respondistes muy bien, porque vive más sarna que Sarra; y proseguid vuestra historia, que no os replicaré más en nada.

1 Salamanca: ciudad castellana cuya universidad, creada en 1218 por Alfonso IX de León, tenía gran prestigio en toda Europa.
2 remanecer: aparecer de forma inesperada.
3 cayado: palo o bastón corvo por la parte superior, especialmente el de los pastores para prender y retener el ganado.
4 pellico: zamarra o chaleco hecho con piel de cordero, con la lana hacia la parte interior.
5 por el cabo: ser perfecto.
6 de soluto: de libre disposición.
7 denantes: forma rústica de «antes».
8 Sarra: don Quijote se refiere a Sara, esposa de Abraham, cuyo nombre Pedro confunde al recordar el dicho «vivir más años que Sara», que alude a la longevidad del personaje bíblico.
Diccionario de Don Quijote

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Caminé más de una legua que no topé persona

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Caminé más de una legua que no topé persona (fotografía: Axel Poignant) / Libro II, Cap. 2a
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. II, 1. Francisco de Quevedo, 1626
«De lo que sucedió hasta llegar a Madrid, con un poeta»
Caminé más de una legua que no topé persona
Fotografía: Axel Poignant

Yo tomé mi camino para Madrid1 y él se despidió de mí por ir diferente jornada.2 Y ya que estaba apartado, volvió con gran prisa, y llamándome a voces, estando en el campo donde no nos oía nadie, me dijo al oído:
—Por vida de vuestra merced, que no diga nada de todos los altísimos secretos que le he comunicado en materia de destreza, y guárdelo para sí, pues tiene buen entendimiento.
Yo le prometí de hacerlo, tornose a partir de mí, y yo empecé a reírme del secreto tan gracioso.
Con esto caminé más de una legua3 que no topé persona. Iba yo entre mí pensando en las muchas dificultades que tenía para profesar honra y virtud, pues había menester tapar primero la poca de mis padres, y luego tener tanta que me desconociesen por ella. Y parecíanme a mí tan bien estos pensamientos honrados, que yo me los agradecía a mí mismo. Decía a solas: «Más se me ha de agradecer a mí, que no he tenido de quien aprender virtud ni a quien parecer en ella, que al que la hereda de sus agüelos».

1 Madrid: ciudad castellana y capital de la corte desde el siglo XVI, que en la época de Quevedo tenía unos 65 000 habitantes.
2 jornada: camino.
3 legua: medida itineraria, variable según los países o regiones, definida por el camino que regularmente se anda en una hora, y que en el antiguo sistema castellano equivalía a 5572,7 metros.
Diccionario del Buscón

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«Diciendo mil disparates en lengua matemática»
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Sembrad, decía, porque era muy sabio y leído

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Sembrad, decía, porque era muy sabio y leído (fotografía: Eugene Smith) / Parte I, Cap. 12b
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XII, 2. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote»
Sembrad, decía, porque era muy sabio y leído
Fotografía: Eugene Smith

Y don Quijote rogó a Pedro1 le dijese qué muerto era aquel y qué pastora aquella; a lo cual Pedro respondió que lo que sabía era que el muerto era un hijodalgo rico, vecino de un lugar que estaba en aquellas sierras, el cual había sido estudiante muchos años en Salamanca,2 al cabo de los cuales había vuelto a su lugar con opinión3 de muy sabio y muy leído.
—Principalmente decían que sabía la ciencia de las estrellas, y de lo que pasan allá en el cielo el sol y la luna, porque puntualmente nos decía el cris del sol y de la luna.
—«Eclipse» se llama, amigo, que no «cris», el escurecerse esos dos luminares mayores —dijo don Quijote.
Mas Pedro, no reparando en niñerías, prosiguió su cuento diciendo:
—Asimismo adivinaba cuándo había de ser el año abundante o estil.
—«Estéril» queréis decir, amigo —dijo don Quijote.
—«Estéril» o «estil» —respondió Pedro—, todo se sale allá. Y digo que con esto que decía se hicieron su padre y sus amigos, que le daban crédito, muy ricos, porque hacían lo que él les aconsejaba, diciéndoles: «Sembrad este año cebada, no trigo; en este podéis sembrar garbanzos, y no cebada; el que viene será de guilla de aceite;4 los tres siguientes no se cogerá gota».
—Esa ciencia se llama astrología —dijo don Quijote.

1 Pedro: cabrero que está narrando a don Quijote el episodio de Grisóstomo y Marcela.
2 Salamanca: ciudad castellana cuya universidad, creada en 1218 por Alfonso IX de León, tenía gran prestigio en toda Europa.
3 con opinión: con fama.
4 guilla de aceite: cosecha abundante de olivas.
Diccionario de Don Quijote

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«Mandó que le enterrasen en el campo»
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Diciendo mil disparates en lengua matemática

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Diciendo mil disparates en lengua matemática (fotografía: Esther Bubley) / Libro II, Cap. 1g
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 7. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Diciendo mil disparates en lengua matemática
Fotografía: Esther Bubley

Metieron al buen hombre en su aposento, y a mí con él; cenamos, y acostámonos todos los de la casa. Y, a las dos de la mañana, levántase en camisa y empieza a andar a oscuras por el aposento, dando saltos y diciendo en lengua matemática mil disparates. Despertome a mí, y no contento con esto, bajó el güésped para que le diese luz, diciendo que había hallado objeto fijo a la estocada sagital por la cuerda. El güésped se daba a los diablos de que lo despertase, y tanto le molestó que le llamó loco. Y con esto se subió y me dijo que si me quería levantar vería la treta tan famosa que había hallado contra el turco y sus alfanjes. Y decía que luego se la quería ir a enseñar al rey, por ser en favor de los católicos.
En esto amaneció, vestímonos todos, pagamos la posada, hicímoslos amigos a él y al maestro, el cual se apartó diciendo que el libro que alegaba mi compañero era bueno, pero que hacía más locos que diestros, porque los más no le entendían.

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«Con barba de ganchos y bigotes de guardamanos»
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Mandó que le enterrasen en el campo

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Mandó que le enterrase en el campo (fotografía: Rafael Sanz Lobato) / Parte I, Cap. 12a
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XII, 1. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote»
Mandó que le enterrasen en el campo
Fotografía: Rafael Sanz Lobato

Estando en esto, llegó otro mozo de los que les traían del aldea el bastimento,1 y dijo:
—¿Sabéis lo que pasa en el lugar, compañeros?
—¿Cómo lo podemos saber? —respondió uno dellos.
—Pues sabed —prosiguió el mozo— que murió esta mañana aquel famoso pastor estudiante llamado Grisóstomo,2 y se murmura que ha muerto de amores de aquella endiablada moza de Marcela, la hija de Guillermo el rico, aquella que se anda en hábito de pastora por esos andurriales.3
—Por Marcela, dirás —dijo uno.
—Por esa digo —respondió el cabrero—; es lo bueno que mandó en su testamento que le enterrasen en el campo,4 como si fuera moro, y que sea al pie de la peña donde está la fuente del alcornoque, porque, según es fama, y él dicen que lo dijo, aquel lugar es adonde él la vio la vez primera. Y también mandó otras cosas, tales, que los abades del pueblo dicen que no se han de cumplir, ni es bien que se cumplan, porque parecen de gentiles.5 A todo lo cual responde aquel gran su amigo Ambrosio, el estudiante, que también se vistió de pastor con él, que se ha de cumplir todo, sin faltar nada, como lo dejó mandado Grisóstomo, y sobre esto anda el pueblo alborotado; mas, a lo que se dice, en fin se hará lo que Ambrosio y todos los pastores sus amigos quieren, y mañana le vienen a enterrar con gran pompa adonde tengo dicho. Y tengo para mí que ha de ser cosa muy de ver; a lo menos, yo no dejaré de ir a verla, si supiese no volver mañana al lugar.
—Todos haremos lo mesmo —respondieron los cabreros—, y echaremos suertes a quién ha de quedar a guardar las cabras de todos.
—Bien dices, Pedro —dijo uno—, aunque no será menester usar de esa diligencia, que yo me quedaré por todos; y no lo atribuyas a virtud y a poca curiosidad mía, sino a que no me deja andar el garrancho6 que el otro día me pasó este pie.
—Con todo eso, te lo agradecemos —respondió Pedro.

1 bastimento: provisión de comida u otras cosas necesarias para sustento de una ciudad o de un ejército.
2 Grisóstomo: forma popular de Crisóstomo.
3 andurriales: fuera del camino, es decir, descarriada.
4 que le enterrasen en el campo: el cabrero incide en la inutilidad de esta disposición, pues los suicidas no podían ser enterrados en el camposanto.
5 gentil: pagano o que profesa otra religión distinta a la de su comunidad; en este caso, no cristiano.
6 garrancho: parte quebrada, dura y aguda, de una rama.
Diccionario de Don Quijote

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Con barba de ganchos y bigotes de guardamanos

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Con barba de ganchos y bigotes de guardamanos (fotografía: Ben Shahn) / Libro II, Cap. 1f
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 6. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Con barba de ganchos y bigotes de guardamanos
Fotografía: Ben Shahn

No lo había acabado de decir, cuando de un aposento salió un mulatazo1 mostrando las presas,2 con un sombrero enjerto en guardasol3 y un coleto4 de ante debajo de una ropilla5 suelta y llena de cintas, zambo de piernas a lo águila imperial,6 la cara con un per signum crucis de inimicis suis,7 la barba de ganchos,8 con unos bigotes de guardamano9 y una daga con más rejas que un locutorio de monjas. Y, mirando al suelo, dijo:
—Yo soy examinado y traigo la carta, y por el sol que calienta los panes,10 que haga pedazos a quien tratare mal a tanto buen hijo como profesa la destreza.
Yo que vi la ocasión, metíme en medio y dije que no hablaba con él, y que así no tenía por qué picarse.
—Meta mano a la blanca11 si la trae y apuremos12 cuál es verdadera destreza, y déjese de cucharones.
El pobre de mi compañero abrió el libro, y dijo en altas voces:
—Este libro lo dice, y está impreso con licencia del rey, y yo sustentaré que es verdad lo que dice, con el cucharón y sin el cucharón, aquí y en otra parte, y, si no, midámoslo.
Y sacó el compás, y empezó a decir:
—Este ángulo es obtuso.
Y entonces, el maestro sacó la daga, y dijo:
—Y no sé quién es Ángulo ni Obtuso, ni en mi vida oí decir tales hombres, pero con esta en la mano le haré yo pedazos.
Acometió al pobre diablo, el cual empezó a huir, dando saltos por la casa, diciendo:
—No me puede dar, que le he ganado los grados del perfil.
Metímoslos en paz el güésped y yo y otra gente que había, aunque de risa no me podía mover.

1 mulatazo: alusión a la figura del mulato valiente, habitual en la literatura del Siglo de Oro.
2 presas: colmillos.
3 guardasol: sombrilla.
4 coleto: especie de casaca de piel.
5 ropilla: chaleco fino que se ponía sobre el jubón.
6 zambo de piernas a lo águila imperial: con las piernas torcidas, como las águilas de los escudos.
7 per signum crucis de inimicis suis: en lenguaje de germanía, señal de una cuchillada.
8 barba de ganchos: barba grande.
9 bigotes de guardamano: grandes bigotes, terminados en forma de guardamano de una espada.
10 panes: campos de trigo.
11 blanca: espada con filo y punta, capaz de herir, frente a la negra, que no tenía punta y era utilizada en los ejercicios de esgrima.
12 apuremos: averigüemos.
Diccionario del Buscón

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Las visitas del zaque piden recompensa

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Las visitas del zaque piden recompensa (fotografía: Joseph A. Horne) / Parte I, Cap. 11g
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XI, 7. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros»
Las visitas del zaque piden recompensa
Fotografía: Joseph A. Horne

Y ansí, dijo a su amo:
—Bien puede vuestra merced acomodarse desde luego adonde ha de posar esta noche, que el trabajo que estos buenos hombres tienen todo el día no permite que pasen las noches cantando.
—Ya te entiendo, Sancho —le respondió don Quijote—, que bien se me trasluce que las visitas del zaque1 piden más recompensa de sueño que de música.
—A todos nos sabe bien, bendito sea Dios —respondió Sancho.
—No lo niego —replicó don Quijote—, pero acomódate tú donde quisieres, que los de mi profesión mejor parecen velando que durmiendo. Pero, con todo esto, sería bien, Sancho, que me vuelvas a curar esta oreja, que me va doliendo más de lo que es menester.
Hizo Sancho lo que se le mandaba. Y, viendo uno de los cabreros la herida, le dijo que no tuviese pena, que él pondría remedio con que fácilmente se sanase. Y tomando algunas hojas de romero de mucho que por allí había, las mascó y las mezcló con un poco de sal, y, aplicándoselas a la oreja, se la vendó muy bien, asegurándole que no había menester otra medicina, y así fue la verdad.

1 zaque: odre pequeño, de cuero cosido y empegado por todas partes menos por la correspondiente al cuello del animal, que sirve para contener líquidos como vino o aceite.
Diccionario de Don Quijote

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Tretas de bellacos maestros de esgrima

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Tretas de bellacos maestros de esgrima (fotografía: G. Harris & M. Ewing) / Libro II, Cap. 1e
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 5. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Tretas de bellacos maestros de esgrima
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

En estas pláticas llegamos a Rejas.1 Apeámonos en una posada y al apearnos me advirtió con grandes voces que hiciese un ángulo obtuso con las piernas, y que reduciéndolas a líneas paralelas me pusiese perpendicular en el suelo. El güésped, que me vio reír y le vio, preguntome que si era indio aquel caballero, que hablaba de aquella suerte. Pensé con esto perder el juicio. Llegose luego al güésped, y díjole:
—Señor, déme dos asadores para dos o tres ángulos, que al momento se los volveré.
—¡Jesús! —dijo el güésped—, déme vuestra merced acá los ángulos, que mi mujer los asará; aunque aves son que no las he oído nombrar.
—¡Que no son aves! —dijo volviéndose a mí—. Mire vuestra merced lo que es no saber. Déme los asadores, que no los quiero sino para esgrimir; que quizá le valdrá más lo que me viere hacer hoy que todo lo que ha ganado en su vida.
En fin, los asadores estaban ocupados y hubimos de tomar dos cucharones. No se ha visto cosa tan digna de risa en el mundo. Daba un salto y decía:
—Con este compás alcanzo más y gano los grados del perfil. Ahora me aprovecho del movimiento remiso para matar el natural. Ésta había de ser cuchillada y éste tajo.
No llegaba a mí desde una legua y andaba alrededor con el cucharón, y como yo me estaba quedo, parecían tretas contra olla2 que se sale. Díjome al fin:
—Esto es lo bueno y no las borracherías que enseñan estos bellacos maestros de esgrima, que no saben sino beber.

1 Rejas: población situada al este de Madrid y al norte de San Fernando de Henares.
2 tretas contra olla: movimientos de esgrima no contra un rival, sino contra una olla.
Diccionario del Buscón

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El amor y la gala andan un mismo camino

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: El amor y la gala andan un mismo camino (fotografía: Eugene Smith) / Parte I, Cap. 11f
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XI, 6. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros»
El amor y la gala andan el mismo camino
Fotografía: Eugene Smith

Y sin hacerse más de rogar, se sentó en el tronco de una desmochada encina, y, templando su rabel,1 de allí a poco, con muy buena gracia, comenzó a cantar, diciendo de esta manera:

Yo sé, Olalla, que me adoras,
puesto que no me lo has dicho
ni aun con los ojos siquiera,
mudas lenguas de amoríos.
Porque sé que eres sabida,
en que me quieres me afirmo;
que nunca fue desdichado
amor que fue conocido.
Bien es verdad, que tal vez,
Olalla, me has dado indicio
que tienes de bronce el alma
y el blanco pecho de risco.
Mas allá, entre tus reproches
y honestísimos desvíos,
tal vez la esperanza muestra
la orilla de su vestido.
Abalánzase al señuelo
mi fe, que nunca ha podido,
ni menguar por no llamado,
ni crecer por escogido.
Si el amor es cortesía,
de la que tienes colijo,
que el fin de mis esperanzas
ha de ser cual imagino.
Y si son servicios parte
de hacer un pecho benigno,
algunos de los que he hecho
fortalecen mi partido.
Porque si has mirado en ello,
más de una vez habrás visto
que me he vestido en los lunes
lo que me honraba el domingo.
Como el amor y la gala
andan un mismo camino,
en todo tiempo a tus ojos
quise mostrarme polido.2
Dejo el bailar por tu causa,
ni las músicas te pinto
que has escuchado a deshoras
y al canto del gallo primo.
No cuento las alabanzas
que de tu belleza he dicho,
que, aunque verdaderas, hacen
ser yo de algunas malquisto.3
Teresa del Berrocal,
yo alabándote, me dijo:
«Tal piensa que adora a un ángel,
y viene a adorar a un jimio,4
merced a los muchos dijes,5
y a los cabellos postizos,
y a hipócritas hermosuras
que engañan al Amor mismo».
Desmentila y enojose;
volvió por ella su primo,
desafiome, y ya sabes
lo que yo hice y él hizo.
No te quiero yo a montón,6
ni te pretendo y te sirvo
por lo de barraganía,7
que más bueno es mi designio.
Coyundas8 tiene la Iglesia
que son lazadas de sirgo;9
pon tú el cuello en la gamella,10
verás como pongo el mío.
Donde no, desde aquí juro
por el santo más bendito
de no salir de estas sierras
sino para capuchino.

Con esto dio el cabrero fin a su canto y, aunque don Quijote le rogó que algo más cantase, no lo consintió Sancho Panza, porque estaba más para dormir que para oír canciones.

1 rabel: instrumento de cuerda y arco, de hechura como la del laúd, y compuesto de dos o tres cuerdas solas, que se toca apoyado en la rodilla y tiene un sonido muy agudo. Es el instrumento rústico por excelencia, con el que acompañan sus quejas los pastores del romancero nuevo.
2 polido: gentil, galán.
3 malquisto: mirado con malos ojos por alguien.
4 jimio: simio.
5 dijes: adorno de poco valor, bisutería.
6 a montón: sin orden.
7 barraganía: amancebamiento, convivencia entre hombre y mujer sin estar casados entre sí.
8 coyunda: sujeción o dominio, atadura con que se uncen los bueyes al yugo.
9 sirgo: cordón de seda; «lazadas de sirgo» es metáfora por «matrimonio».
10 gamella: arco que se forma en cada extremo del yugo que se pone a los bueyes o mulas.
Diccionario de Don Quijote

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