Era diestro y sabio verdadero

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Era diestro y sabio verdadero (fotografía: G. Harris & M. Ewing) / Parte II, Cap. 1d
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 4. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Era diestro y sabio verdadero
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

Y empezó a meter una parola1 tan grande que me forzó a preguntarle qué materia profesaba. Díjome que él era diestro2 verdadero y que lo haría bueno en cualquiera parte. Yo, movido a risa, le dije:
—Pues, en verdad, que por lo que yo vi hacer a vuestra merced en el campo denantes, que más le tenía por encantador, viendo los círculos.3
—Eso —me dijo— era que se me ofreció una treta por el cuarto círculo con el compás mayor,4 continuando la espada para matar sin confesión al contrario, porque no diga quién lo hizo y estaba poniéndolo en términos de matemática.
—¿Es posible —le dije yo—que hay matemática en eso?
—No solamente matemática —dijo—, mas teología, filosofía, música y medicina.
—Esa postrera no lo dudo, pues se trata de matar en esa arte.
—No os burléis —me dijo—, que agora aprendo yo la limpiadera5 contra la espada, haciendo los tajos mayores que comprehenden en sí las aspirales de la espada.
—No entiendo cosa de cuantas me decís, chica ni grande.
—Pues este libro las dice —me respondió—, que se llama Grandezas de la espada,6 y es muy bueno y dice milagros; y para que lo creáis, en Rejas7 que dormiremos esta noche, con dos asadores me veréis hacer maravillas. Y no dudéis que cualquiera que leyere en este libro matará a todos los que quisiere.
—U ese libro enseña a ser pestes a los hombres u le compuso algún doctor.
—¿Cómo doctor? Bien lo entiende —me dijo—: es un gran sabio y aun estoy por decir más.

1 parola: conversación larga e insustancial.
2 diestro: maestro de esgrima.
3 círculos: referencia a los círculos que los brujos hacían en el suelo para hacer sus conjuros en ellos.
4 cuarto círculo con el compás mayor: en esgrima, movimiento en el que la espada describe un cuarto de círculo.
5 limpiadera: cepillo.
6 Grandezas de la espada: tratado sobre esgrima, titulado Libro de las grandezas de la espada en que se declaran muchos secretos del que compuso el comendador Jerónimo de Carranza, publicado en 1600 por Luis Pacheco de Narváez.
7 Rejas: población situada al este de Madrid y al norte de San Fernando de Henares.
Diccionario del Buscón

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Te ruego que cantes el romance de tus amores

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Te ruego que cantes el romance de tus amores (fotografía: George G. Bain) / Parte I, Cap. 11e
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XI, 5. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros»
Te ruego que cantes el romance de tus amores
Fotografía: George G. Bain

Toda esta larga arenga (que se pudiera muy bien escusar) dijo nuestro caballero, porque las bellotas que le dieron le trujeron a la memoria la edad dorada, y antojósele hacer aquel inútil razonamiento a los cabreros, que, sin respondelle palabra, embobados y suspensos, le estuvieron escuchando. Sancho asimismo callaba y comía bellotas, y visitaba muy a menudo el segundo zaque,1 que, porque se enfriase el vino, le tenían colgado de un alcornoque.
Más tardó en hablar don Quijote que en acabarse la cena, al fin de la cual uno de los cabreros dijo:
—Para que con más veras pueda vuestra merced decir, señor caballero andante, que le agasajamos con pronta y buena voluntad, queremos darle solaz y contento con hacer que cante un compañero nuestro que no tardará mucho en estar aquí; el cual es un zagal muy entendido y muy enamorado, y que, sobre todo, sabe leer y escribir, y es músico de un rabel,2 que no hay más que desear.
Apenas había el cabrero acabado de decir esto, cuando llegó a sus oídos el son del rabel, y de allí a poco llegó el que le tañía, que era un mozo de hasta veinte y dos años, de muy buena gracia. Preguntáronle sus compañeros si había cenado, y, respondiendo que sí, el que había hecho los ofrecimientos le dijo:
—De esa manera, Antonio, bien podrás hacernos placer de cantar un poco, porque vea este señor huésped que tenemos que también por los montes y selvas hay quien sepa de música. Hémosle dicho tus buenas habilidades y deseamos que las muestres y nos saques verdaderos; y así, te ruego por tu vida que te sientes y cantes el romance de tus amores, que te compuso el beneficiado3 tu tío, que en el pueblo ha parecido muy bien.
—Que me place —respondió el mozo.

1 zaque: odre pequeño, de cuero cosido y empegado por todas partes menos por la correspondiente al cuello del animal, que sirve para contener líquidos como vino o aceite.
2 rabel: instrumento de cuerda y arco, de hechura como la del laúd, y compuesto de dos o tres cuerdas solas, que se toca apoyado en la rodilla y tiene un sonido muy agudo. Es el instrumento rústico por excelencia, con el que acompañan sus quejas los pastores del romancero nuevo.
3 beneficiado: clérigo de órdenes mayores o menores que disfruta de una renta por ejercer alguna función en la iglesia o en alguna capilla particular.
Diccionario de Don Quijote

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Todo era paz, amistad y concordia

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Todo era paz, amistad y concordia (fotografía: Lutz Dille) / Parte I, Cap. 11d
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XI, 4. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros»
Todo era paz, amistad y concordia
Fotografía: Lutz Dille

Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío.1 Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía por todas las partes de su fértil y espacioso seno lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían. Entonces sí que andaban las simples y hermosas zagalejas de valle en valle y de otero en otero, en trenza y en cabello, sin más vestidos de aquellos que eran menester para cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra, y no eran sus adornos de los que ahora se usan, a quien la púrpura de Tiro2 y la por tantos modos martirizada seda encarecen, sino de algunas hojas verdes de lampazos3 y yedra entretejidas, con lo que quizá iban tan pomposas y compuestas como van ahora nuestras cortesanas con las raras y peregrinas invenciones que la curiosidad ociosa les ha mostrado. Entonces se decoraban los concetos amorosos del alma simple y sencillamente, del mesmo modo y manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos. No había la fraude,4 el engaño ni la malicia mezcládose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus proprios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interés, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje5 aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar ni quién fuese juzgado. Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por dondequiera, sola y señera, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento le menoscabasen, y su perdición nacía de su gusto y propria voluntad. Y ahora, en estos nuestros detestables siglos, no está segura ninguna, aunque la oculte y cierre otro nuevo laberinto como el de Creta;6 porque allí, por los resquicios, o por el aire, con el celo de la maldita solicitud, se les entra la amorosa pestilencia7 y les hace dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos. De esta orden soy yo, hermanos cabreros, a quien agradezco el gasaje8 y buen acogimiento que hacéis a mí y a mi escudero. Que aunque por ley natural están todos los que viven obligados a favorecer a los caballeros andantes, todavía, por saber que sin saber vosotros esta obligación me acogistes y regalastes, es razón que con la voluntad a mí posible, os agradezca la vuestra.

1 Don Quijote hace referencia en esta intervención a la idealización de la Edad de Oro —época mítica en la que, según los poetas, la tierra brindaba espontáneamente sus frutos y los hombres vivían felices—, vinculada a la literatura pastoril sobre el modelo de Ovidio y Virgilio, se desarrolló en España entre los siglos XVI y XVII, cuando se intensificó la vida urbana.
2 Tiro: colonia fenicia en el Mediterráneo famosa por el comercio de su púrpura.
3 lampazo: bardana, amor de hortelano, planta de hojas grandes y vellosas con flores en forma de bola rodeadas de pinchos.
4 fraude: en la época de Cervantes se usaba en femenino.
5 ley del encaje: sentencia que se aplica por analogía, aunque su significado se transformó con el tiempo en «resolución arbitraria y caprichosa».
6 Creta: isla del Mediterráneo en cuyo laberinto vivía el Minotauro, vencido por Teseo con la ayuda de Ariadna.
7 amorosa pestilencia: tópico renacentista de la locura amorosa, de la que son víctimas algunos personajes de la obra de Cervantes.
8 gasaje: agasajo, regalo o muestra de afecto o consideración.
→ Diccionario de Don Quijote

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Preguntó si iba a Madrid por línea recta o circunfleja

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Preguntó si iba a Madrid por línea recta o circunfleja / Parte II, Cap. 1c
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 3. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Preguntó si iba a Madrid por línea recta o circunfleja

Yo pasé adelante pereciéndome de risa de los arbitrios en que ocupaba el tiempo, cuando, Dios y enhorabuena, desde lejos vi una mula suelta y un hombre junto a ella a pie, que mirando a un libro hacía unas rayas que medía con un compás. Daba vueltas y saltos a un lado y a otro, y de rato en rato, poniendo un dedo encima de otro, hacía con ellos mil cosas saltando. Yo confieso que entendí por gran rato (que me paré desde lejos a verlo) que era encantador, y casi no me determinaba a pasar. Al fin me determiné, y llegando cerca, sintióme, cerró el libro, y al poner el pie en el estribo, resbalósele y cayó. Levantéle, y díjome:
—No tomé bien el medio de proporción1 para hacer la circunferencia al subir.
Yo no le entendí lo que me dijo y luego temí lo que era, porque más desatinado hombre no ha nacido de las mujeres. Preguntóme si iba a Madrid2 por línea recta o si iba por camino circunflejo. Yo, aunque no lo entendí, le dije que circunflejo. Preguntóme cúya era la espada que llevaba al lado. Respondíle que mía, y mirándola, dijo:
—Esos gavilanes3 habían de ser más largos, para reparar los tajos4 que se forman sobre el centro de las estocadas.

1 medio de proporción: en esgrima, distancia que se toma para formar la herida.
2 Madrid: ciudad castellana y capital de la corte desde el siglo XVI, que en la época de Quevedo tenía unos 65 000 habitantes.
3 gavilanes: hierros que salen de la guarnición de la espada.
4 reparar los tajos: en esgrima, defenderse de los tajos.
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Vació un zaque de dos que estaban de manifiesto

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Vació un zaque de dos que estaban de manifiesto (fotografía: Arthur Rothstein) / Parte I, Cap. 11c
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XI, 3. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros»
Vació un zaque de dos que estaban de manifiesto
Fotografía: Arthur Rothstein

No entendían los cabreros aquella jerigonza1 de escuderos y de caballeros andantes, y no hacían otra cosa que comer y callar y mirar a sus huéspedes, que con mucho donaire y gana embaulaban2 tasajo3 como el puño. Acabado el servicio de carne, tendieron sobre las zaleas4 gran cantidad de bellotas avellanadas,5 y juntamente pusieron un medio queso, más duro que si fuera hecho de argamasa. No estaba, en esto, ocioso el cuerno, porque andaba a la redonda tan a menudo, ya lleno, ya vacío, como arcaduz de noria,6 que con facilidad vació un zaque7 de dos que estaban de manifiesto. Después que don Quijote hubo bien satisfecho su estómago, tomó un puño de bellotas en la mano y, mirándolas atentamente, soltó la voz a semejantes razones:

1 jerigonza: lengua o jerga específica de una profesión o gremio.
2 embaular: engullir, comer deprisa.
3 tasajo: dado o tira de carne, a veces curado con sal, al aire o al humo, que es la base de guisos y pucheros.
4 zalea: cuero de oveja o carnero, curtido de modo que conserve la lana, empleado para preservar de la humedad y del frío.
5 bellota avellanada: bellota dulce, con sabor semejante a la avellana.
6 arcaduz de noria: cangilón o recipiente que se puede sujetar a la noria para subir el agua.
7 zaque: odre pequeño, de cuero cosido y empegado por todas partes, menos por la correspondiente al cuello del animal, que sirve para contener líquidos como agua, vino o aceite.
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Hundir la mar en doce estados

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Hundir la mar en doce estados (fotografía: G. Harris & M. Ewing) / Libro II, Cap. 1b
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 2. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Hundir la mar en doce estados
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

Proseguimos en la conversación (propia de pícaros), y venimos a dar de una cosa en otra, en Flandes.1 Aquí fue ello, que empezó a suspirar y a decir:
—Más me cuestan a mí esos estados que al rey, porque ha catorce años que ando con un arbitrio que, si como es imposible no lo fuera, ya estuviera todo sosegado.
—¿Qué cosa puede ser —le dije yo— que, conviniendo tanto, sea imposible y no se pueda hacer?
—¿Quién le dice a vuestra merced —dijo luego— que no se pueda hacer? Hacerse puede, que ser imposible es otra cosa. Y si no fuera por dar pesadumbre, le contara a vuestra merced lo que es; pero allá se verá, que agora lo pienso imprimir con otros trabajillos, entre los cuales le doy al rey modo de ganar a Ostende2 por dos caminos.
Roguele que me los dijese, y al punto, sacando de las faldriqueras3 un gran papel, me mostró pintado el fuerte del enemigo y el nuestro, y dijo:
—Bien ve vuestra merced que la dificultad de todo está en este pedazo de mar; pues yo doy orden de chuparle todo con esponjas y quitarle de allí.
Di yo con este desatino una gran risada, y él entonces mirándome a la cara, me dijo:
—A nadie se lo he dicho que no haya hecho otro tanto, que a todos les da gran contento.
—Ese tengo yo, por cierto —le dije—, de oír cosa tan nueva y tan bien fundada, pero advierta vuestra merced que ya que chupe el agua que hubiere entonces, tornará luego la mar a echar más.
—No hará la mar tal cosa que lo tengo yo eso muy apurado —me respondió—, y no hay que tratar; fuera de que yo tengo pensada una invención para hundir la mar por aquella parte doce estados.4
No lo osé replicar de miedo que me dijese que tenía arbitrio para tirar el cielo acá abajo. No vi en mi vida tan gran orate.5 Decíame que Joanelo6 no había hecho nada, que él trazaba agora de subir toda el agua de Tajo7 a Toledo8 de otra manera más fácil. Y sabido lo que era, dijo que por ensalmo. ¡Mire vuestra merced quién tal oyó en el mundo! Y al cabo, me dijo:
—Y no lo pienso poner en ejecución si primero el rey no me da una encomienda,9 que la puedo tener muy bien, y tengo una ejecutoria10 muy honrada.
Con estas pláticas y desconciertos llegamos a Torrejón,11 donde se quedó, que venía a ver una parienta suya.

1 Flandes: zona geográfica que hoy comprende parte de Bélgica, Francia y los Países Bajos y que entre los siglos XV y XVIII perteneció a la casa de Habsburgo.
2 Ostende: ciudad de Flandes, hoy en Bélgica, que entre 1601 y 1604 fue asediada por los tercios españoles durante la guerra de Flandes o de los Ochenta Años (1568-1648).
3 faldriquera: faltriquera, bolsillo de las prendas de vestir o bolsa de tela que se ata a la cintura.
4 estado: medida aproximada de la altura de un hombre.
5 orate: persona de escaso o ningún juicio.
6 Joanelo: Juanelo Turriano (Janello Torriani, 1500-1585), ingeniero italiano que inventó una maquinaria para subir el agua del Tajo a Toledo.
7 Tajo: río que cruza la península ibérica desde la sierra de Albarracín (Teruel) hasta Lisboa, con un recorrido de 1007 kilómetros.
8 Toledo: ciudad castellana situada al sur de Madrid, a orillas del Tajo, en donde se encontraba la cárcel del Tribunal de la Inquisición.
9 encomienda: dignidad de las órdenes militares que llevaba aneja una renta.
10 ejecutoria: documento que certificaba la hidalguía.
11 Torrejón: población situada a unos veinte kilómetros al este de Madrid, en el valle del Henares.
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Lo que la soledad y la libertad traen consigo

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Lo que la soledad y la libertad traen consigo (fotografía: Bernard Cole) / Parte I, Cap. 11b
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XI, 2. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros»
Lo que la soledad y la libertad traen consigo
Fotografía: Bernard Cole

Gran merced —dijo Sancho—, pero sé decir a vuestra merced que, como yo tuviese bien de comer, también y mejor me lo comería en pie y a mis solas como sentado a par de un emperador. Y aun, si va a decir verdad, mucho mejor me sabe lo que como en mi rincón sin melindres1 ni respetos, aunque sea pan y cebolla, que los gallipavos2 de otras mesas donde me sea forzoso mascar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si me viene gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo. Asín que, señor mío, estas honras que vuestra merced quiere darme por ser ministro y adherente de la caballería andante, como lo soy siendo escudero de vuestra merced, conviértalas en otras cosas que me sean de más cómodo y provecho; que estas, aunque las doy por bien recibidas, las renuncio para desde aquí al fin del mundo.
—Con todo eso, te has de sentar, porque a quien se humilla, Dios le ensalza.3
Y, asiéndole por el brazo, le forzó a que junto de él se sentase.

1 melindre: delicadeza afectada y excesiva en palabras, acciones y ademanes.
2 gallipavo: pavo común, americano, frente al pavón o pavo real.
3 a quien se humilla, Dios le ensalza: referencia a los evangelios de Mateo (23:12), «Y cualquiera que se ensalce, será humillado, y cualquiera que se humille, será ensalzado», y Lucas (14:11), «Porque todo el que se ensalce, será humillado, y el que se humille será ensalzado», que indica que Dios premia la humildad y castiga la soberbia.
→ Diccionario de Don Quijote

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«La caballería andante todas las cosas iguala»
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La caballería andante todas las cosas iguala

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: La caballería andante todas las cosas iguala (fotografía: William H. Jackson) / Parte I, Cap. 11a
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo XI, 1. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros»
La caballería andante todas las cosas iguala
Fotografía: William H. Jackson

Fue recogido de los cabreros con buen ánimo y, habiendo Sancho lo mejor que pudo acomodado a Rocinante y a su jumento, se fue tras el olor que despedían de sí ciertos tasajos1 de cabra que hirviendo al fuego en un caldero estaban, y aunque él quisiera en aquel mesmo punto ver si estaban en sazón de trasladarlos del caldero al estómago, lo dejó de hacer, porque los cabreros los quitaron del fuego y, tendiendo por el suelo unas pieles de ovejas, aderezaron con mucha priesa su rústica mesa y convidaron a los dos, con muestras de muy buena voluntad, con lo que tenían. Sentáronse a la redonda de las pieles seis dellos, que eran los que en la majada2 había, habiendo primero con groseras ceremonias rogado a don Quijote que se sentase sobre un dornajo3 que vuelto del revés le pusieron. Sentóse don Quijote y quedábase Sancho en pie para servirle la copa, que era hecha de cuerno. Viéndole en pie su amo, le dijo:
—Porque veas, Sancho, el bien que en sí encierra la andante caballería y cuán a pique4 están los que en cualquiera ministerio de ella se ejercitan de venir brevemente a ser honrados y estimados del mundo, quiero que aquí, a mi lado y en compañía de esta buena gente te sientes, y que seas una mesma cosa conmigo, que soy tu amo y natural señor; que comas en mi plato y bebas por donde yo bebiere, porque de la caballería andante se puede decir lo mesmo que del amor se dice: que todas las cosas iguala.5

1 tasajo: dado o tira de carne, a veces curado con sal, al aire o al humo, que es la base de guisos y pucheros.
2 majada: lugar donde se recoge de noche el ganado y se albergan los pastores.
3 dornajo: especie de artesa, pequeña y redonda, que sirve para dar de comer al ganado, para fregar o para otros usos.
4 estar a pique: estar a punto, cerca.
5 El amor igualador es un concepto tópico tanto de la literatura culta como de la popular y puede considerarse como el comienzo del discurso de la Edad de Oro, con la alusión a la amistad e igualdad entre los hombres y el uso en común de los bienes.
 Diccionario de Don Quijote

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Bien decían que era un trampista

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Bien decían que era un trampista (fotografía: Lutz Dille) / Libro II, Cap. 1a
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 1. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Bien decían que era un trampista
Fotografía: Lutz Dille

Llegó el día de apartarme de la mejor vida que hallo haber pasado. Dios sabe lo que sentí el dejar tantos amigos y apasionados, que eran sin número. Vendí lo poco que tenía de secreto, para el camino, y con ayuda de unos embustes hice hasta seiscientos reales.1 Alquilé una mula y salime de la posada, adonde ya no tenía que sacar más de mi sombra. ¿Quién contará las angustias del zapatero por lo fiado, las solicitudes del ama por el salario, las voces del huésped de la casa por el arrendamiento? Uno decía: «¡Siempre me lo dijo el corazón!»; otro: «¡Bien me decían a mí que este era un trampista!».2 Al fin, yo salí tan bienquisto3 del pueblo que dejé con mi ausencia a la mitad de él llorando y a la otra mitad riéndose de los que lloraban.
Yo me iba entreteniendo por el camino considerando en estas cosas, cuando pasado Torote,4 encontré con un hombre en un macho de albarda, el cual iba hablando entre sí con muy gran prisa y tan embebecido,5 que aun estando a su lado no me veía. Saludele y saludome; preguntele dónde iba, y después que nos pagamos las respuestas, comenzamos luego a tratar de si bajaba el turco6 y de las fuerzas del rey.7 Comenzó a decir de qué manera se podía conquistar la Tierra Santa y cómo se ganaría Argel, en los cuales discursos eché de ver que era loco repúblico8 y de gobierno.

1 real: moneda que empezó a circular en Castilla en el siglo XIV y que tuvo diferentes valores en función de la época y su composición. Un real de vellón valía 34 maravedíes, mientras que el de plata equivalía a dos reales de vellón (68 maravedíes); un real de plata equivalía a 8,5 cuartos y 16 reales de plata valían 1 escudo de oro.
2 trampista: embustero, petardista que, con ardides y engaños, anda continuamente sacando dinero prestado, o géneros fiados, sin ánimo de pagar.
3 bienquisto: de buena fama y generalmente estimado.
4 Torote: río que nace en la provincia de Guadalajara y desemboca en el Henares.
5 embebecerse: entretenerse, divertirse, pero aquí con el sentido de estar embelesado o pasmado.
6 turco: las ofensivas de los turcos eran tema habitual en las conversaciones de la época.
7 rey: reinaba en la época Felipe IV de Habsburgo (1605-1665), quien en 1621 había heredado el trono de su padre, Felipe III, y a quien sucedería su hijo Carlos II.
8 repúblico: alusión a los arbitristas, quienes proponían arbitrios y soluciones para los problemas del reino.
Diccionario del Buscón

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Conocer mis parientes para huir de ellos

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Conocer mis parientes para huir de ellos (fotografía: August Sander) / Libro I, Cap. 7b
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VII, 2. Francisco de Quevedo, 1626
«De la ida de don Diego, y nuevas de la muerte de su padre y madre,
y la resolución que tomó en sus cosas para adelante»
Conocer mis parientes para huir de ellos
Fotografía: August Sander

Fuime corriendo a don Diego, que estaba leyendo la carta de su padre, en que le mandaba que se fuese y que no me llevase en su compañía, movido de las travesuras mías que había oído decir. Díjome que se determinaba ir y todo lo que le mandaba su padre, que a él le pesaba de dejarme y a mí más; díjome que me acomodaría con otro caballero amigo suyo para que le sirviese. Yo, en esto, riéndome, le dije:
—Señor, ya soy otro, y otros mis pensamientos; más alto pico y más autoridad me importa tener. Porque si hasta agora tenía como cada cual mi piedra en el rollo,1 agora tengo mi padre.
Declarele cómo había muerto tan honradamente como el más estirado, cómo le trincharon y le hicieron moneda,2 cómo me había escrito mi señor tío, el verdugo, de esto y de la prisioncilla de mama, que a él, como a quien sabía quién yo soy, me pude descubrir sin vergüenza. Lastimose mucho y preguntome que qué pensaba hacer. Dile cuenta de mis determinaciones; y con tanto, al otro día, él se fue a Segovia3 harto triste, y yo me quedé en la casa disimulando mi desventura.
Quemé la carta porque, perdiéndoseme acaso, no la leyese alguien, y comencé a disponer mi partida para Segovia, con fin de cobrar mi hacienda y conocer mis parientes para huir de ellos.

1 tener la piedra en el rollo: expresión que significa ser honrado y reconocido, porque era costumbre que los vecinos se sentaran a conversar en la grada del rollo y los hombres respetados tenían en él su puesto fijo.
2 hacer moneda: descuartizar, por el juego de palabras con los cuartos de la moneda.
3 Segovia: ciudad castellana de la que el protagonista, en el capítulo I, dice ser natural.
Diccionario del Buscón

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Faltóles el sol y la esperanza

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Faltóles el sol y la esperanza (fotografía: Marion P. Wolcott) / Parte I, Cap. 10g
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo X, 7. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que más le avino a don Quijote con el vizcaíno
y del peligro en que se vio con una caterva de yangüeses»
Faltóles el sol y la esperanza
Fotografía: Marion P. Wolcott

Perdóneme vuestra merced —dijo Sancho—, que, como yo no sé leer ni escribir, como otra vez he dicho, no sé ni he caído en las reglas de la profesión caballeresca, y de aquí adelante yo proveeré las alforjas de todo género de fruta seca para vuestra merced, que es caballero, y para mí las proveeré, pues no lo soy, de otras cosas volátiles y de más sustancia.
—No digo yo, Sancho —replicó don Quijote—, que sea forzoso a los caballeros andantes no comer otra cosa sino esas frutas que dices, sino que su más ordinario sustento debía de ser de ellas y de algunas yerbas que hallaban por los campos, que ellos conocían y yo también conozco.
—Virtud es —respondió Sancho— conocer esas yerbas, que, según yo me voy imaginando, algún día será menester usar de ese conocimiento.
Y sacando, en esto, lo que dijo que traía, comieron los dos en buena paz y compaña. Pero, deseosos de buscar donde alojar aquella noche, acabaron con mucha brevedad su pobre y seca comida. Subieron luego a caballo y diéronse priesa por llegar a poblado antes que anocheciese, pero faltóles el sol, y la esperanza de alcanzar lo que deseaban, junto a unas chozas de unos cabreros, y así, determinaron de pasarla allí; que cuanto fue de pesadumbre para Sancho no llegar a poblado fue de contento para su amo dormirla al cielo descubierto, por parecerle que cada vez que esto le sucedía era hacer un acto posesivo que facilitaba la prueba de su caballería.

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Hícele cuartos y dile por sepultura los caminos

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Hícele cuartos y dile por sepultura los caminos (Robert Doisneau) / Libro I, Cap. 7a
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VII, 1. Francisco de Quevedo, 1626
«De la ida de don Diego, y nuevas de la muerte de su padre y madre,
y la resolución que tomó en sus cosas para adelante»
Hícele cuartos y dile por sepultura los caminos
Fotografía: Robert Doisneau

En este tiempo vino a don Diego1 una carta de su padre, en cuyo pliego venía otra de un tío mío llamado Alonso Ramplón, hombre allegado a toda virtud y muy conocido en Segovia2 por lo que era allegado a la justicia, pues cuantas allí se habían hecho de cuarenta años a esta parte, han pasado por sus manos. Verdugo era, si va a decir la verdad, pero una águila en el oficio; vérsele hacer daba gana a uno de dejarse ahorcar. Este, pues, me escribió una carta a Alcalá,3 desde Segovia, en esta forma:

«Hijo Pablos (que por el mucho amor que me tenía me llamaba así), las ocupaciones grandes de esta plaza en que me tiene ocupado Su Majestad no me han dado lugar a hacer esto, que si algo tiene malo el servir al Rey es el trabajo, aunque se desquita con esta negra honrilla de ser sus criados.
»Pésame de daros nuevas de poco gusto. Vuestro padre murió ocho días ha con el mayor valor que ha muerto hombre en el mundo; dígolo como quien lo guindó.4 Subió en el asno sin poner pie en el estribo; veníale el sayo vaquero5 que parecía haberse hecho para él, y como tenía aquella presencia, nadie le veía con los Cristos delante6 que no le juzgase por ahorcado. Iba con gran desenfado mirando a las ventanas y haciendo cortesías a los que dejaban sus oficios por mirarle; hízose dos veces los bigotes; mandaba descansar a los confesores y íbales alabando lo que decían bueno.
»Llegó a la N de palo,7 puso el un pie en la escalera, no subió a gatas ni despacio y viendo un escalón hendido, volviose a la justicia y dijo que mandase aderezar aquel para otro, que no todos tenían su hígado. No os sabré encarecer cuán bien pareció a todos.
»Sentose arriba, tiró las arrugas de la ropa atrás, tomó la soga y púsola en la nuez. Y viendo que el teatino8 le quería predicar, vuelto a él, le dijo: “Padre, yo lo doy por predicado; vaya un poco de Credo, y acabemos presto, que no querría parecer prolijo”. Hízose así; encomendome que le pusiese la caperuza de lado y que le limpiase las barbas. Yo lo hice así. Cayó sin encoger las piernas ni hacer gesto; quedó con una gravedad que no había más que pedir. Hícele cuartos9 y dile por sepultura los caminos. Dios sabe lo que a mí me pesa de verle en ellos haciendo mesa franca a los grajos, pero yo entiendo que los pasteleros de esta tierra nos consolarán, acomodándole en los de a cuatro.10
»De vuestra madre, aunque está viva agora, casi os puedo decir lo mismo, porque está presa en la Inquisición de Toledo,11 porque desenterraba los muertos sin ser murmuradora.12 Halláronla en su casa más piernas, brazos y cabezas que en una capilla de milagros.13 Y lo menos que hacía era sobrevirgos y contrahacer doncellas. Dicen que representará en un auto14 el día de la Trinidad, con cuatrocientos de muerte.15 Pésame que nos deshonra a todos, y a mí principalmente, que al fin soy ministro del Rey y me están mal estos parentescos.
»Hijo, aquí ha quedado no sé qué hacienda escondida de vuestros padres; será en todo hasta cuatrocientos ducados. Vuestro tío soy, y lo que tengo ha de ser para vos. Vista ésta, os podéis venir aquí, que con lo que vos sabéis de latín y retórica, seréis singular en el arte de verdugo. Respondedme luego, y entre tanto, Dios os guarde».

No puedo negar que sentí mucho la nueva afrenta, pero holgueme en parte (tanto pueden los vicios en los padres, que consuela de sus desgracias, por grandes que sean, a los hijos).

1 Diego de Zúñiga: compañero de escuela y pupilaje del protagonista e hijo de Alonso Coronel de Zúñiga.
2 Segovia: ciudad castellana de la que el protagonista, en el cap. I, dice ser natural: «Yo, señor, soy de Segovia».
3 Alcalá de Henares: población situada a unos treinta kilómetros al este de Madrid, cuya universidad fue inaugurada en 1499, y ciudad natal de Miguel de Cervantes.
4 guindar: colgar, ahorcar.
5 sayo vaquero: tipo de ropaje o vestido.
6 con los Cristos delante: la comitiva de los condenados la abrían los crucifijos.
7 N de palo: alusión a la horca, formada por dos palos verticales unidos por uno horizontal.
8 teatino: miembro de la Orden de Clérigos Regulares, fundada en Roma en 1524.
9 cuartos: a los ahorcados se les descuartizaba en pedazos que después se desperdigaban por los caminos para que sirvieran de escarmiento.
10 a cuatro: alusión a los pasteles, que costaban cuatro maravedís, con lo que sugiere que los pasteleros usaban la carne de los ajusticiados para hacer la masa de sus pasteles.
11 Toledo: ciudad castellana situada al sur de Madrid, en donde se encontraba la cárcel del Tribunal de la Inquisición.
12 murmuradora: se refiere a que su madre desenterraba a los muertos para sus prácticas de hechicería, pues a ello se dedicaba según refiere en el cap. I.
13 milagro: exvoto u ofrenda que se expone en las capillas como agradecimiento de una curación y que solía representar el miembro curado.
14 auto: juego con los significados de auto de fe y auto sacramental.
15 cuatrocientos de muerte: cuatrocientos azotes que provocarán su muerte.
Diccionario del Buscón

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No quieras tú hacer mundo nuevo

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: No quieras tú hacer mundo nuevo (fotografía: Nicolas Muller) / Parte I, Cap. 10f
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo X, 6. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que más le avino a don Quijote con el vizcaíno
y del peligro en que se vio con una caterva de yangüeses»
No quieras tú hacer mundo nuevo
Fotografía: Nicolas Muller

Engáñaste en eso —dijo don Quijote—, porque no habremos estado dos horas por estas encrucijadas, cuando veamos más armados que los que vinieron sobre Albraca,1 a la conquista de Angélica la Bella.
—Alto, pues, sea así —dijo Sancho—, y a Dios prazga que nos suceda bien, y que se llegue ya el tiempo de ganar esta ínsula que tan cara me cuesta, y muérame yo luego.2
—Ya te he dicho, Sancho, que no te dé eso cuidado alguno, que, cuando faltare ínsula, ahí está el reino de Dinamarca, o el de Sobradisa,3 que te vendrán como anillo al dedo, y más que, por ser en tierra firme, te debes más alegrar. Pero dejemos esto para su tiempo y mira si traes algo en esas alforjas que comamos, porque vamos luego en busca de algún castillo donde alojemos esta noche y hagamos el bálsamo que te he dicho, porque yo te voto a Dios que me va doliendo mucho la oreja.
—Aquí trayo una cebolla y un poco de queso y no sé cuántos mendrugos de pan —dijo Sancho—, pero no son manjares que pertenecen a tan valiente caballero como vuestra merced.4
—¡Qué mal lo entiendes! —respondió don Quijote—. Hágote saber, Sancho, que es honra de los caballeros andantes no comer en un mes, y, ya que coman, sea de aquello que hallaren más a mano; y esto se te hiciera cierto si hubieras leído tantas historias como yo, que, aunque han sido muchas, en todas ellas no he hallado hecha relación de que los caballeros andantes comiesen, si no era acaso y en algunos suntuosos banquetes que les hacían, y los demás días se los pasaban en flores.5 Y aunque se deja entender que no podían pasar sin comer y sin hacer todos los otros menesteres naturales, porque en efecto eran hombres como nosotros, hase de entender también que, andando lo más del tiempo de su vida por las florestas y despoblados, y sin cocinero, que su más ordinaria comida sería de viandas rústicas, tales como las que tú ahora me ofreces. Así que, Sancho amigo, no te congoje lo que a mí me da gusto, ni quieras tú hacer mundo nuevo, ni sacar la caballería andante de sus quicios.

1 Albraca: castillo imaginario citado en el Orlando enamorado, de Mateo Boyardo (1441-1494), en el que el rey de Catay tenía prisionera a su hija, Angélica la Bella, citada a continuación.
2 Sancho cita el verso de un villancico muy popular de la segunda mitad del siglo XVI: «Véante mis ojos, / y muérame yo luego, / dulce amor mío / y lo que yo más quiero».
3 Sobradisa: reino escandinavo, tenido como paradigma de lo remoto y lejano, que estaba bajo el gobierno de Galaor, hermano de Amadís de Gaula.
4 cebolla y pan era comida propia de villanos, no de caballeros.
5 pasar los días en flores: gastar el tiempo en cosas inútiles, aunque Cervantes juega aquí con el sentido de ocupaciones inmateriales.
 Diccionario de Don Quijote

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Me dijo un responso y fue desesperado

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Me dijo un responso y fue desesperado (fotografía: Escher Károly) / Libro I, Cap. 6g
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VI, 7. Francisco de Quevedo, 1626
«De las crueldades de la ama y travesuras que hizo»
Me dijo un responso y fue desesperado
Fotografía: Escher Károly

Cuadrole al corregidor1 la traza, con la codicia de la prisión. En esto llegamos cerca, y el corregidor, advertido, mandó que debajo de unas yerbas pusiesen todos las espadas escondidas en un campo que está enfrente casi de la casa; pusiéronlas y caminaron. Yo, que había avisado al otro que ellos dejarlas y él tomarlas y pescarse a casa fuese todo uno, hízolo así; y al entrar todos quedeme atrás el postrero, y en entrando ellos mezclados con otra gente que entraba, di cantonada2 y emboqueme por una callejuela que va a dar a la Vitoria, que no me alcanzara un galgo.
Ellos que entraron y no vieron nada, porque no había sino estudiantes y pícaros (que es todo uno), comenzaron a buscarme, y no hallándome, sospecharon lo que fue, y yendo a buscar sus espadas, no hallaron media. ¿Quién contara las diligencias que hizo con el retor el corregidor? Aquella noche anduvieron todos los patios reconociendo las caras y mirando las armas. Llegaron a casa, y yo, porque no me conociesen, estaba echado en la cama con un tocador3 y con una vela en la mano y un Cristo en la otra y un compañero clérigo ayudándome a morir, y los demás rezando las letanías. Llegó el retor y la justicia, y viendo el espectáculo, se salieron, no persuadiéndose que allí pudiera haber habido lugar para cosa. No miraron nada, antes el retor me dijo un responso; preguntó si estaba ya sin habla, y dijéronle que sí; y con tanto, se fueron desesperados de hallar rastro, jurando el retor de remitirle4 si le topasen, y el corregidor de ahorcarle fuese quien fuese. Levantéme de la cama, y hasta hoy no se ha acabado de solemnizar la burla en Alcalá.5
Y por no ser largo, dejo de contar cómo hacía monte la plaza del pueblo, pues de cajones de tundidores y plateros y mesas de fruteras (que nunca se me olvidará la afrenta de cuando fui rey de gallos)6 sustentaba la chimenea de casa todo el año. Callo las pinsiones7 que tenía sobre los habares, viñas y huertos, en todo aquello de alrededor. Con estas y otras cosas, comencé a cobrar fama de travieso y agudo entre todos. Favorecíanme los caballeros y apenas me dejaban servir a don Diego, a quien siempre tuve el respeto que era razón por el mucho amor que me tenía.

1 corregidor: gobernador o regidor del pueblo o ciudad por delegación real.
2 dar cantonada: dar esquinazo, desaparecer al girar una esquina o cantón.
3 tocador: gorro de dormir.
4 remitirle: entregarlo al juez.
5 Alcalá de Henares: población situada a unos treinta kilómetros al este de Madrid, cuya universidad fue inaugurada en 1499, y ciudad natal de Miguel de Cervantes.
6 rey de gallos: el protagonista se refiere al episodio de Carnestolendas narrado en el capítulo II.
7 pinsiones: rentas.
Diccionario del Buscón

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Dormir vestido y no hacerlo en poblado

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Dormir vestido y no hacerlo en poblado (fotografía: Russell Lee) / Parte I, Cap. 10e
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ·
Capítulo X, 5. Miguel de Cervantes, 1605
«De lo que más le avino a don Quijote con el vizcaíno
y del peligro en que se vio con una caterva de yangüeses»
Dormir vestido y no hacerlo en poblado
Fotografía: Russell Lee

Oyendo esto Sancho, le dijo:
—Advierta vuestra merced, señor don Quijote, que si el caballero cumplió lo que se le dejó ordenado de irse a presentar ante mi señora Dulcinea del Toboso, ya habrá cumplido con lo que debía, y no merece otra pena si no comete nuevo delito.
—Has hablado y apuntado muy bien —respondió don Quijote—, y así, anulo el juramento en cuanto lo que toca a tomar de él nueva venganza, pero hágole y confírmole de nuevo de hacer la vida que he dicho hasta tanto que quite por fuerza otra celada1 tal y tan buena como esta a algún caballero. Y no pienses, Sancho, que así a humo de pajas2 hago esto, que bien tengo a quien imitar en ello, que esto mismo pasó al pie de la letra sobre el yelmo de Mambrino,3 que tan caro le costó a Sacripante.4
—Que dé al diablo vuestra merced tales juramentos, señor mío —replicó Sancho—, que son muy en daño de la salud y muy en perjuicio de la conciencia. Si no, dígame ahora: si acaso en muchos días no topamos hombre armado con celada, ¿qué hemos de hacer? ¿Hase de cumplir el juramento a despecho de tantos inconvenientes e incomodidades, como será el dormir vestido y el no dormir en poblado,5 y otras mil penitencias que contenía el juramento de aquel loco viejo del marqués de Mantua,6 que vuestra merced quiere revalidar ahora? Mire vuestra merced bien que por todos estos caminos no andan hombres armados, sino arrieros y carreteros, que no solo no traen celadas, pero quizá no las han oído nombrar en todos los días de su vida.

1 celada: pieza de la armadura destinada a proteger la cabeza; la celada de encaje tenía en la base una pieza o falda que se encajaba en la coraza
2 a humo de pajas: vanamente, sin fin ni provecho.
3 Mambrino: rey musulmán poseedor de un famoso yelmo que le fue arrebatado por Reinaldos de Montalbán, caballero perteneciente a los Doce Pares de Francia y uno de los más admirados por don Quijote.
4 Sacripante: el caballero confunde el nombre de Dardinel de Almonte, quien murió al intentar recuperar el yelmo de Mambrino, sin que se conozca el origen de la confusión, aunque es probable que se deba a uno de los nada infrecuentes despistes del autor.
5 Sancho se refiere así a un conocido romance: «De no vestir otras ropas / ni renovar mi calzare, / de no entrar en poblado / ni las armas me quitare».
6 marqués de Mantua: tío de Valdovinos, a quien le prometió venganza tras haber sido herido por Carloto, hijo de Carlomagno. El episodio aparece narrado en un romance popular y en la obra de Lope de Vega El marqués de Mantua o Valdovinos y Carloto (1604).
 Diccionario de Don Quijote

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