El más delicado entendimiento de toda la Mancha

El más delicado entendimiento de toda la Mancha · Fotografía: Ramón Masats
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 50 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo V
«Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero»
El más delicado entendimiento de toda la Mancha

Fotografía: Ramón Masats

En estas pláticas y en otras semejantes llegaron al lugar, a la hora que anochecía, pero el labrador aguardó a que fuese algo más noche, porque no viesen al molido hidalgo tan mal caballero. Llegada, pues, la hora que le pareció, entró en el pueblo, y en la casa de don Quijote, la cual halló toda alborotada, y estaban en ella el cura y el barbero del lugar, que eran grandes amigos de don Quijote, que estaba diciéndoles su ama a voces:
—¿Qué le parece a vuestra merced, señor licenciado Pero Pérez —que así se llamaba el cura—, de la desgracia de mi señor? Tres días ha que no aparecen él, ni el rocín,1 ni la adarga,2 ni la lanza, ni las armas. ¡Desventurada de mí!, que me doy a entender, y así es ello la verdad como nací para morir, que estos malditos libros de caballerías que él tiene y suele leer tan de ordinario le han vuelto el juicio; que ahora me acuerdo haberle oído decir muchas veces, hablando entre sí, que quería hacerse caballero andante e irse a buscar las aventuras por esos mundos. Encomendados sean a Satanás y a Barrabás tales libros, que así han echado a perder el más delicado entendimiento que había en toda la Mancha.3

1 rocín: caballo de mala traza, basto y de poca alzada, término del que procede el nombre de la montura de don Quijote: Rocinante.
2 adarga: escudo pequeño y de cuero, generalmente con forma de corazón u ovalada.
3 la Mancha: zona geográfica de la península ibérica que se extiende sobre las actuales provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo.
 Diccionario de Don Quijote

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No se podía tener sobre el borrico

No se podía tener sobre el borrico · Bill Perlmutter
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 48 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo V
«Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero»
No se podía tener sobre el borrico

Fotografía: Bill Perlmutter

Viendo esto el buen hombre, lo mejor que pudo le quitó el peto y espaldar, para ver si tenía alguna herida, pero no vio sangre ni señal alguna. Procuró levantarle del suelo, y no con poco trabajo le subió sobre su jumento, por parecer caballería más sosegada. Recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liólas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo, bien pensativo de oír los disparates que don Quijote decía; y no menos iba don Quijote, que, de puro molido y quebrantado, no se podía tener sobre el borrico y de cuando en cuando daba unos suspiros, que los ponía en el cielo, de modo que de nuevo obligó a que el labrador le preguntase le dijese qué mal sentía; y no parece sino que el diablo le traía a la memoria los cuentos acomodados a sus sucesos, porque en aquel punto, olvidándose de Valdovinos,1 se acordó del moro Abindarráez,2 cuando el alcaide de Antequera,3 Rodrigo de Narváez, le prendió y llevó cautivo a su alcaidía.

1 Valdovinos: sobrino del marqués de Mantua herido por Carloto —hijo del emperador Carlomagno— y al que su tío prometió venganza, con el que don Quijote se identifica tras haber sido apaleado. El episodio aparece narrado en un romance popular y en la obra de Lope de Vega El marqués de Mantua o Valdovinos y Carloto (1604).
2 Abindarráez: personaje legendario de la familia musulmana de los abencerrajes que fue apresado por el alcaide de Antequera, Rodrigo de Narváez, cuando iba a casarse con Jarifa; sin embargo, el alcaide le dejó marchar, por lo que don Quijote identifica al labrador con el alcaide que se compadeció de él. La historia de Abindarráez aparece en El Abencerraje y la hermosa Jarifa, recogida en Los siete libros de la Diana, de Jorge de Montemayor (h. 1520-1561).
3 Antequera: población andaluza de la actual provincia de Málaga.
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Aquella era propia desgracia de caballeros andantes

Aquella era propia desgracia de caballeros andantes · Fotografía: Stanley Kubrick
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 45 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo IV
«De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta»
Aquella era propia desgracia de caballeros andantes

Fotografía: Stanley Kubrick

Un mozo de mulas de los que allí venían, que no debía de ser muy bien intencionado, oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias, no lo pudo sufrir sin darle la respuesta en las costillas. Y, llegándose a él, tomó la lanza y, después de haberla hecho pedazos, con uno de ellos comenzó a dar a nuestro don Quijote tantos palos, que, a despecho y pesar de sus armas, le molió como cibera.1 Dábanle voces sus amos que no le diese tanto y que le dejase, pero estaba ya el mozo picado y no quiso dejar el juego hasta envidar todo el resto de su cólera; y, acudiendo por los demás trozos de la lanza, los acabó de deshacer sobre el miserable caído, que, con toda aquella tempestad de palos que sobre él llovía, no cerraba la boca, amenazando al cielo y a la tierra, y a los malandrines,2 que tal le parecían.
Cansóse el mozo, y los mercaderes siguieron su camino, llevando que contar en todo él del pobre apaleado. El cual, después que se vio solo, tornó a probar si podía levantarse; pero si no lo pudo hacer cuando sano y bueno, ¿cómo lo haría molido y casi deshecho? Y aún se tenía por dichoso, pareciéndole que aquella era propia desgracia de caballeros andantes, y toda la atribuía a la falta de su caballo; y no era posible levantarse, según tenía brumado3 todo el cuerpo.

1 cibera: trigo que se arroja en la tolva del molino para cebar la rueda.
2 malandrín: salteador, maleante, bellaco.
3 brumar: magullar, moler a palos.
 Diccionario de Don Quijote

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¡Gente cobarde, gente cautiva!

¡Gente cobarde, gente cautiva!
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 44 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo IV
«De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta»
¡Gente cobarde, gente cautiva!

Señor caballero —replicó el mercader—, suplico a vuestra merced en nombre de todos estos príncipes que aquí estamos que, porque no encarguemos nuestras conciencias confesando una cosa por nosotros jamás vista ni oída, y más siendo tan en perjuicio de las emperatrices y reinas del Alcarria1 y Extremadura,2 que vuestra merced sea servido de mostrarnos algún retrato de esa señora, aunque sea tamaño como un grano de trigo; que por el hilo se sacará el ovillo y quedaremos con esto satisfechos y seguros, y vuestra merced quedará contento y pagado; y aun creo que estamos ya tan de su parte que, aunque su retrato nos muestre que es tuerta de un ojo y que del otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra merced, diremos en su favor todo lo que quisiere.
—No le mana, canalla infame —respondió don Quijote encendido en cólera—, no le mana, digo, eso que decís, sino ámbar y algalia3 entre algodones; y no es tuerta ni corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama.4 Pero vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad como es la de mi señora.
Y, en diciendo esto, arremetió con la lanza baja contra el que lo había dicho, con tanta furia y enojo que, si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara y cayera Rocinante, lo pasara mal el atrevido mercader. Cayó Rocinante y fue rodando su amo una buena pieza por el campo, y, queriéndose levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaban la lanza, adarga,5 espuelas y celada,6 con el peso de las antiguas armas. Y, entre tanto que pugnaba por levantarse y no podía, estaba diciendo:
—¡Non fuyáis, gente cobarde, gente cautiva, atended que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido!

1 Alcarria: comarca de la submeseta sur que comprende parte de las actuales provincias de Guadalajara, Cuenca y Madrid.
2 Extremadura: región del occidente peninsular fronteriza con Portugal, que comprende las actuales provincias de Cáceres y Badajoz.
3 algalia: ungüento oloroso utilizado en perfumería y con consistencia similar a la de la miel.
4 Guadarrama: zona montañosa que se extiende sobre las actuales provincias de Madrid, Segovia y Ávila, cuya madera se usaba para fabricar husos de calidad.
5 adarga: escudo pequeño y de cuero, generalmente con forma de corazón u ovalada.
6 celada: pieza de la armadura destinada a proteger la cabeza; la celada de encaje tenía en la base una pieza o falda que se encajaba en la coraza.
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La lengua queda y los ojos listos

La lengua queda y los ojos listos · Fotografía: Ramón Masats
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 37 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo IV
«De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta»
La lengua queda y los ojos listos

Fotografía: Ramón Masats

No había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba; y apenas las hubo oído, cuando dijo:
—Gracias doy al cielo por la merced que me hace, pues tan presto me pone ocasiones delante donde yo pueda cumplir con lo que debo a mi profesión y donde pueda coger el fruto de mis buenos deseos. Estas voces, sin duda, son de algún menesteroso o menesterosa que ha menester mi favor y ayuda.
Y, volviendo las riendas, encaminó a Rocinante hacia donde le pareció que las voces salían, y, a pocos pasos que entró por el bosque, vio atada una yegua a una encina, y atado en otra a un muchacho, desnudo de medio cuerpo arriba, hasta de edad de quince años, que era el que las voces daba, y no sin causa, porque le estaba dando con una pretina1 muchos azotes un labrador de buen talle, y cada azote le acompañaba con una reprehensión y consejo. Porque decía:
—La lengua queda y los ojos listos.
Y el muchacho respondía:
—No lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra vez, y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato.2
Y viendo don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo:
—Descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza3 —que también tenía una lanza arrimada a la encina adonde estaba arrimada la yegua—, que yo os haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo.

1 pretina: correa o cinta con hebilla o broche para sujetar en la cintura ciertas prendas de ropa.
2 hato: rebaño de ganado mayor o menor.
3 lanza: la lanza no solo era propia de caballeros, sino que solían portarla quienes andaban por los caminos.
 Diccionario de Don Quijote

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Esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío

Esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío · Fotografía: Colin O'Brien
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 31 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo III
«Donde se cuenta la graciosa manera
que tuvo don Quijote en armarse caballero
Esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío

Fotografía: Colin O’Brien

Desde allí a poco, sin saberse lo que había pasado —porque aún estaba aturdido el arriero—, llegó otro con la misma intención de dar agua a sus mulos y, llegando a quitar las armas para desembarazar la pila, sin hablar don Quijote palabra y sin pedir favor a nadie, soltó otra vez la adarga1 y alzó otra vez la lanza y, sin hacerla pedazos, hizo más de tres la cabeza del segundo arriero, porque se la abrió por cuatro. Al ruido acudió toda la gente de la venta, y entre ellos el ventero. Viendo esto don Quijote, embrazó2 su adarga y, puesta mano a su espada, dijo:
—¡Oh señora de la fermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío! Ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este tu cautivo caballero, que tamaña aventura está atendiendo.
Con esto cobró, a su parecer, tanto ánimo, que si le acometieran todos los arrieros del mundo, no volviera el pie atrás.

1 adarga: escudo pequeño y de cuero, generalmente con forma de corazón u ovalada.
2 embrazar: meter el brazo por la embrazadura de un escudo, de una rodela o de una adarga para cubrir y defender el cuerpo.
 Diccionario de Don Quijote

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«Veréis el pago que lleváis de vuestra sandez y demasía»

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Con sosegado ademán ponía los ojos en las armas

Con sosegado ademán ponía los ojos en las armas
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 29 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo III
«Donde se cuenta la graciosa manera
que tuvo don Quijote en armarse caballero»
Con sosegado ademán ponía los ojos en las armas

Prometióle don Quijote de hacer lo que se le aconsejaba con toda puntualidad; y, así, se dio luego orden como velase las armas en un corral grande que a un lado de la venta estaba, y recogiéndolas don Quijote todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba y, embrazando1 su adarga,2 asió de su lanza, y con gentil continente se comenzó a pasear delante de la pila; y cuando comenzó el paseo, comenzaba a cerrar la noche.
Contó el ventero a todos cuantos estaban en la venta la locura de su huésped, la vela de las armas y la armazón3 de caballería que esperaba. Admiráronse de tan extraño género de locura y fuéronselo a mirar desde lejos, y vieron que, con sosegado ademán, unas veces se paseaba; otras, arrimado a su lanza, ponía los ojos en las armas, sin quitarlos por un buen espacio dellas. Acabó de cerrar la noche, pero con tanta claridad de la luna, que podía competir con el que se la prestaba, de manera que cuanto el novel caballero hacía era bien visto de todos.

1 embrazar: meter el brazo por la embrazadura de un escudo, de una rodela o de una adarga para cubrir y defender el cuerpo.
2 adarga: escudo pequeño y de cuero, generalmente con forma de corazón u ovalada.
3 armazón: acto de armar y ser armado caballero.
 Diccionario de Don Quijote

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Mis arreos son las armas, mi descanso, el pelear

Mis arreos son las armas, mi descanso el pelear · Fotografía: August Sander
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 22 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo II
«Que trata de la primera salida que de su tierra
hizo el ingenioso don Quijote»
Mis arreos son las armas, mi descanso, el pelear

Fotografía: August Sander

El lenguaje, no entendido de las señoras, y el mal talle de nuestro caballero acrecentaba en ellas la risa, y en él el enojo, y pasara muy adelante si a aquel punto no saliera el ventero, hombre que, por ser muy gordo, era muy pacífico, el cual, viendo aquella figura contrahecha, armada de armas tan desiguales como eran la brida, lanza, adarga1 y coselete,2 no estuvo en nada en acompañar a las doncellas en las muestras de su contento. Mas, en efecto, temiendo la máquina de tantos pertrechos, determinó de hablarle comedidamente, y así, le dijo:
—Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén del lecho, porque en esta venta no hay ninguno, todo lo demás se hallará en ella en mucha abundancia.
Viendo don Quijote la humildad del alcaide3 de la fortaleza, que tal le pareció a él el ventero y la venta, respondió:
—Para mí, señor castellano, cualquiera cosa basta, porque «mis arreos son las armas, mi descanso el pelear, etc.».4
Pensó el huésped que el haberle llamado castellano había sido por haberle parecido de los sanos de Castilla,aunque él era andaluz y de los de la playa de Sanlúcar,6 no menos ladrón que Caco,7 ni menos maleante que estudiantado paje, y así, le respondió:
—Según eso, las camas de vuestra merced serán duras peñas, y su dormir, siempre velar; y siendo así bien se puede apear, con seguridad de hallar en esta choza ocasión y ocasiones para no dormir en todo un año, cuanto más en una noche.
Y, diciendo esto, fue a tener el estribo a don Quijote, el cual se apeó con mucha dificultad y trabajo, como aquel que en todo aquel día no se había desayunado.

1 adarga: escudo pequeño y de cuero, generalmente con forma de corazón u ovalada.
2 coselete: coraza ligera, generalmente de cuero, que cubre pecho y espalda.
3 alcaide: en época medieval, encargado de la guarda y defensa de algún castillo o fortaleza.
4 Mis arreos son las armas, mi descanso, el pelear: primeros versos de un romance popular titulado La Constancia, cuya primera estrofa explica también la respuesta del ventero: «Mis arreos son las armas, / mi descanso, el pelear, / mi cama, las duras peñas, / mi dormir, siempre velar».
5 sanos de Castilla: expresión con la que se indica que alguien no tiene malicia ni doblez.
6 Sanlúcar de Barrameda: población andaluza ubicada en la actual provincia de Cádiz, cuya playa era en tiempos de Cervantes lugar de reunión de pícaros, indeseables y fugitivos de la justicia.
Caco: en la mitología griega, Caco, hijo de Hefesto, era un gigante mitad hombre y mitad sátiro que vomitaba torbellinos de llamas y humo. En el Siglo de Oro el personaje se convirtió en ladrón mitológico, de donde procede el término como sinónimo de «ladrón».
 Diccionario de Don Quijote

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«Buscándole las mozas el rostro que la mala visera le encubría»
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«Era la más graciosa y extraña figura que se pudiera pensar»

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Buscándole las mozas el rostro que la mala visera le encubría

Buscándole las mozas el rostro que la mala visera le encubría
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 21 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo II
«Que trata de la primera salida que de su tierra
hizo el ingenioso don Quijote»
Buscándole las mozas el rostro que la mala visera le encubría

En esto sucedió acaso que un porquero que andaba recogiendo de unos rastrojos una manada de puercos (que sin perdón así se llaman) tocó un cuerno, a cuya señal ellos se recogen, y al instante se le representó a don Quijote lo que deseaba, que era que algún enano hacía señal de su venida; y así, con estraño contento llegó a la venta y a las damas, las cuales, como vieron venir un hombre de aquella suerte armado, y con lanza y adarga,1 llenas de miedo se iban a entrar en la venta; pero don Quijote, coligiendo por su huida su miedo, alzándose la visera de papelón2 y descubriendo su seco y polvoroso rostro, con gentil talante y voz reposada les dijo:
—Non fuyan las vuestras mercedes ni teman desaguisado alguno, ca a la orden de caballería que profeso non toca ni atañe facerle a ninguno, cuanto más a tan altas doncellas como vuestras presencias demuestran.
Mirábanle las mozas y andaban con los ojos buscándole el rostro que la mala visera le encubría; mas, como se oyeron llamar doncellas, cosa tan fuera de su profesión, no pudieron tener la risa y fue de manera que don Quijote vino a correrse3 y a decirles:
—Bien parece la mesura en las fermosas, y es mucha sandez además la risa que de leve causa procede; pero non vos lo digo porque os acuitedes ni mostredes mal talante, que el mío non es de ál que de serviros.

1 adarga: escudo pequeño y de cuero, generalmente con forma de corazón u ovalada.
2 papelón: cartón delgado hecho de dos papeles pegados.
3 correrse: ofenderse por una burla, pero también avergonzarse por otra.
 Diccionario de Don Quijote

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Se armó de todas sus armas con grandísimo contento

Se armó de todas sus armas con grandísimo contento · Fotografía: William Reid
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 16 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo II
«Que trata de la primera salida que de su tierra
hizo el ingenioso don Quijote»
Se armó de todas sus armas con grandísimo contento

Fotografía: William Reid

Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efecto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos1 que enderezar, sinrazones que enmendar y abusos que mejorar y deudas que satisfacer. Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio, se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta celada,2 embrazó3 su adarga,4 tomó su lanza y por la puerta falsa de un corral salió al campo, con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su buen deseo.

1 tuerto o entuerto: injuria, injusticia o agravio que se hace a alguien.
2 celada: pieza de la armadura destinada a proteger la cabeza; la celada de encaje tenía en la base una pieza o falda que se encajaba en la coraza.
3 embrazar: meter el brazo por la embrazadura de un escudo, de una rodela o de una adarga para cubrir y defender el cuerpo.
4 adarga: escudo pequeño y de cuero, generalmente con forma de corazón u ovalada.
 Diccionario de Don Quijote

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«Había una moza labradora de muy buen parecer»
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«Prosiguió su camino, sin llevar otro que aquel que su caballo quería»

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Un hidalgo de los de lanza en astillero

Un hidalgo de los de lanza en astillero · Fotografía: Frederick Wilfred
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha , 5 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo I
«Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente
hidalgo don Quijote de la Mancha»
Un hidalgo de los de lanza en astillero
Fotografía: Frederick Wilfred

En un lugar de la Mancha,1 de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo2 de los de lanza en astillero,3 adarga4 antigua, rocín5 flaco y galgo corredor. Una olla6 de algo más vaca que carnero, salpicón7 las más noches, duelos y quebrantos8 los sábados, lantejas9 los viernes, algún palomino10 de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto de ella concluían sayo de velarte,11 calzas12 de velludo13 para las fiestas, con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí14 de lo más fino.

1 la Mancha: zona geográfica de la península ibérica que se extiende sobre las actuales provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo.
2 hidalgo: persona que por linaje pertenecía al estamento inferior de la nobleza.
3 astillero: estante o percha donde se colocan las astas o lanzas para que se vean.
4 adarga: escudo pequeño y de cuero, generalmente con forma de corazón u ovalada.
5 rocín: caballo de mala traza, basto y de poca alzada, término del que procede el nombre de la montura de don Quijote: Rocinante.
6 olla: plato frecuente compuesto de carne, tocino, verduras y legumbres, es decir, un cocido; la indicación de que en él había más vaca que carnero alude a que aquella era mucho más barata.
salpicón: carne picada, procedente de las sobras de la olla, con cebolla, vinagre, pimienta y sal.
duelos y quebrantos: huevos con torreznos o tocino.
lantejas: forma arcaica de «lentejas».
10 palomino: pollo de la paloma brava; la posesión de palomares era privilegio de hidalgos y órdenes religiosas.
11 sayo de velarte: vestidura de paño fino.
12 calzas: prenda que cubría los muslos.
13 velludo: terciopelo.
14 vellorí: paño entrefino de tonalidad parda, de inferior categoría que el velludo.
 Diccionario de Don Quijote

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«Dios te dé salud y a mí no olvide»
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«Gran madrugador y amigo de la caza»

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