Cúmulos de nubes y sólitas tormentas

Cúmulos de nubes y sólitas tormentas · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 80 ·
Fran Vega
Cúmulos de nubes y sólitas tormentas
Fotografía: Rodney Smith

Decían a menudo el bisabuelo Conrado y el abuelo Conradino que un hombre cabal se distingue siempre por su delicada puntualidad, así que estoy empezando a pensar que tanto las especies aladas como los variados seres pisciformes que he conocido durante estas cálidas semanas han alterado mi tradicional sentido de la observancia y el rigor. Resulta que mi egregio jefe oficinesco me autorizó a prolongar durante unos días mis seráficas y recuperables vacaciones, pero en uno de mis heroicos atardeceres de pesca con mi viceprimo Arandillo, a quien tantos conocimientos debo, perdí el telegrama que conservaba en el morral y desde entonces no he podido recordar en qué fecha exacta, cierta y verdadera debía regresar a mi eficiente negociado. Sin embargo, sospecho que tras la brisa vespertina de las últimas jornadas se oculta la indefendible llegada del otoño, lo que sin duda indica que es ya el momento de guardar mis ropajes y adminículos en la maletita de cuadros y despedirme transitoria y ordenadamente de álamos y chopos, de alondras y mochuelos y de lucios y siluros, que pronto tendré que sustituir por pólizas e impresos, tinteros y plumines y ventanillas y recargos. No es que lamente el retorno a la oficina, pues más bien es al contrario, sino que me apena abandonar a mis fáunicos aliados frente a los rigores del invierno, sobre todo porque no tienen en el río ni en el bosque elegantes cafetines en los que guarecerse de los fríos ni frondosos bulevares en los que parlotear con sus guiñotistas amistades, tan necesarias cuando cesan los calores y aparecen en la tarde cúmulos de nubes y sólitas tormentas. Voy a congregar sin prisa mis chalequitos y sombreros.

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© Fran Vega, 2017

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Astucias veraniegas en el arroyo provincial

Astucias veraniegas en el arroyo provincial · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 79 ·
Fran Vega
Astucias veraniegas en el arroyo provincial
Fotografía: Rodney Smith

Como mi excelso y munífico jefe oficinesco ha tenido un trastorno de altruismo al prorrogar mi semana y media de vacaciones rigurosamente recuperables, no sin atender con prontitud mi petitorio y sublimado telegrama, estoy aprovechando la inesperada estancia en la provincia colindante para introducirme en el noble y bienhallado mundo de los seres pisciformes, del que ya conozco siete especies nuevas y nueve variedades diferentes entre sí. He observado que estas simpáticas y escamadas criaturas acuden con bondad cuando se les ofrece un señuelo tentador, así que su captura no presenta impedimentos para pescadores avezados en las complejas artes del apresamiento de acuáticos animalillos cuya existencia finaliza entre los muros del fogón, lo que si bien produce cierta actitud conmiserativa genera al mismo tiempo gran delicia y bienestar. Así que he decidido acudir a la pródiga sabiduría de mi viceprimo Arandillo para que me enseñe cuantos conocimientos sean necesarios con el fin de convertirme en el más astuto pescador que haya conocido el límpido arroyuelo provincial, no vaya a ser que la profesión de oficinista esté en peligro de extinción y tenga que elegir otro ingenioso y apacible medio de sustento. Voy a comprar dos anzuelos y un morral.

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© Fran Vega, 2017

Indómitas especies de curiosos pisciformes

Indómitas especies de curiosos pisciformes · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 78 ·
Fran Vega
Indómitas especies de curiosos pisciformes
Fotografía: Rodney Smith

El simpático airecito que sopla por las tardes en las provincias colindantes de los mundos adyacentes me está sirviendo no solo para inspeccionar indómitas especies de seres alados y curiosos pisciformes, sino también para olvidar todo un año de delicado cometido entre pólizas y formularios de mi eficiente negociado. En unos cuantos ratos he sido capaz de extraviar en el zaguán de la memoria la desvanecida imagen de meritorios y escribientes, si bien reconozco que me siento extraño sin mis lapiceros y plumines, herramientas cardinales de cualquier oficinista que se enorgullezca de serlo y más aún de haberlo sido. La verdad es que estoy pasando unos días insólitos de indagaciones y pesquisas sobre la vida salvaje que habita en estos andurriales y que mantengo la firme idea de descubrir las innúmeras ventajas que conlleva la serena agroexistencia, pues me tonifica el cerebelo, me alivia el intelecto y me alegra la razón. Así que estoy pensando con decoro y seriedad en tomar recado de escribir y enviar un telegrama a mi espléndido jefe oficinesco para que prolongue ad infinitum, circum circa, la semana y media recuperable que tuvo a bien concederme como expiación de mis perpetuos desvelos no remunerados. O tal vez sea mejor solicitar en la subcentralita de la rebotica una conferencia telefónica interprovincial, aunque sé que siempre llegan con puntualísima demora. Voy a merendar un paraguayo.

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Días de extravío y distracción

Días de extravío y distracción · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 76 ·
Fran Vega
Días de extravío y distracción
Fotografía: Rodney Smith

Esta mañana he cepillado la maletita de cuadros para preparar con esmero mis atavíos y adminículos, pues en unas horas o días iniciaré un grandioso tránsito estival a través de la provincia contigua. Como en tiempos pretéritos estuve en Traslosmontes y en el maizal del subcuñado de mi primo Escolástico, este año me he decidido por las largas distancias y visitaré los universos colindantes y las comarcas adyacentes, en donde dicen que existen prados centenarios y ríos milenarios a los que seguramente adeudo mi presencia. También he estado pensando en pedir prestado a Exuperancio su moderno tomavistas, aunque en el cafetín de Tadeo me han confirmado la existencia de otros artefactos tecnológicos de compleja utilización que ofrecen resultados aún mejores y notorios. Sea como fuere, estoy dispuesto a pasar unas jornadas de campeonato gracias a la incontestable bondad de nuestro egregio jefe oficinesco, que con la nobleza que le caracteriza nos ha concedido semana y media recuperable para que podamos utilizarla en nuestras particulares y siempre bienquistas aventuras, lo que hay que reconocer que es una intrepidez de tanto mérito como extravagancia. Así que estoy tan contento que voy a planchar ahora mismo los chalecos de lino y los calcetines de algodón para que después no se me olvide repasar el pijama de rayitas, no vaya a ser que contraiga constipados en estas noches de verano, tan propicias al olvido, al extravío y la distracción. Cuánta calma me procuran estos días tan simpáticos de hazañas, propósitos y sol.

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La serena algarabía y los raros argumentos

La serena algarabía y los raros argumentos · Fotografía: Geof Kern
· Diario de un hombre ridículo, 67 ·
Fran Vega
La serena algarabía y los raros argumentos
Fotografía: Geof Kern

He pasado unas jornadas luctuosas y estupendas en compañía de todas mis amistades del cafetín de Tadeo, donde siempre reinan el cordialismo y la alegre erudición. Como en los negociados nos otorgaron unos días festivos y recuperables para que nuestro egregio jefe oficinesco pudiera acudir a las procesiones y desfiles de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto, hemos aprovechado el tiempo para consolidar nuestro ateneo de guiñotistas y ejercer la excelentérrima amistad que nos une en pos de tan entrañable actividad. Lupicinio también quería asistir a una de estas concentraciones multitudinarias en las que hay que presentarse con oscuros ropajes y semblantes más oscuros todavía, pero hubo que convencerle de que no podía desfilar vestido de romano con la prensa deportiva bajo el brazo, sobre todo porque en tiempos de los romanos ni siquiera habían inventado aún la gaseosa y es probable que tampoco las empanadillas, según comentaron la otra tarde en el fidedigno boletín de la radio. También Teofrasto quiso ponerse una capucha para caminar embozado por las calles junto al Cristo de los Tréboles, pero al final dijo que tenía una discontinua dolencia en el chaleco y se quedó con nosotros en el cafetín, donde Justito cantó saetas y jarandas que hicieron las delicias de Ginés, que es la monda hasta en los días de recogimiento y serena algarabía. La verdad es que yo no termino de comprender estas celebraciones, porque son un poco lánguidas y a veces se ven gentes en las calles que gimen y murmuran con muy raros argumentos, así que me pareció mejor pasar las mañanas apostado en la glorieta de los Lirios y las tardes escuchando las disertaciones de Fulgencio en el cafetín, que desde que estuvo en su callista de cabecera siempre tiene cosas interesantes que contar. Voy a ordenar el armario de los sombreros importantes, que ya es momento de cometer alguna heroicidad.

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Qué universo tan armónico y cordial

Qué universo tan armónico y cordial · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 64 ·
Fran Vega
Qué universo tan armónico y cordial
Fotografía: Tommy Ingberg

Ayer por la mañana tuve que acudir a las doctas oficinas de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Cosme y San Damián porque el insigne jefe oficinesco necesitaba un resguardo acreditativo de haber abonado este trimestre el Impuesto sobre Actividades Improbables, pero en la infrasucursal de la avenida de los Iscariotes me remitieron muy amablemente a la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas, sita en la Delegación de Asuntos Insólitos. Me puse muy contento porque así pude parlotear un rato con mi amigo Magdaleno, que ostenta su puesto de olímpico bedel con sencillez no exenta de eufórico entusiasmo, más aún desde que a su viceyerno le contrataron como responsable de papel de calco en la Oficina de Desatinos Nacionales, decoroso cometido que el subcuñado de Fulgencio abandonó cuando le nombraron encargado de secantes en la Delegación de Negocios Extraños, en la que se circunscriben el Infracomité de Proyectos Ficticios y la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, lo que es todo un honor para quien en su día fue aspirante a subalterno en la escribanía del Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. La verdad es que a mí me gusta mucho que el jefe me distinga con la gestión de los asuntos exteriores, porque así tengo oportunidad de conocer un poco más los mundos adyacentes y puedo contarlo después en el cafetín de Tadeo o incluso en la confitería de Cristeta, por si necesito buñuelos de viento o por si mis amistades deciden acudir a la procesión del Cristo de los Tréboles y la Virgen de los Zuecos que los domingos impares se celebra en el bulevar de los Arcángeles. Y de mañana no pasa que visite a Severino en el Registro de Entidades Superfluas, que no por nada hubiera querido ser habilitado del Impuesto sobre Actos Impropios Documentados y fue campeón de bolillos en los tiempos del difunto Estradivario, el que murió de un rayo en el sombrero. Qué universo tan armónico, grandérrimo y cordial.

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El mundo es como una ciclópea escribanía

El mundo es como una ciclópea escribanía
· Diario de un hombre ridículo, 63 ·
Fran Vega
El mundo es como una ciclópea escribanía
Fotografía: Howard W. Davidson

Cada quinquenio que pasa estoy más contento y comprendo mejor a quienes ensalzan el insigne trabajo que se desarrolla en nuestra solícita oficina, pues estoy en condiciones de afirmar que se trata de uno de los más generosos cometidos que las gentes de bien pueden ofrecer tanto a sus semejantes como a los simpáticos contribuyentes, sean o no alegres convecinos de nuestra ilustre población. ¡Qué solemne cantidad de adecuados formularios concebidos para el desarrollo y bienestar de subfamilias y otras periferias! ¡Y cuántos negociados puestos al servicio de nuestra prospérrima infracomunidad! Con razón decía Lupicinio la otra tarde en el cafetín de Tadeo que mi egregio jefe oficinesco sería un extraordinario corregidor en el distrito de las Afueras, donde la subcomarca pierde su nombre para adentrarse en terrenos de tácita umbría y escaso labrantío. Y por algo yo no custodio ninguna duda razonable de que los mundos adyacentes se parecen cada vez más a una ciclópea y vitalicia escribanía en la que solo los lustrosos mostradores separan a los intrépidos ciudadanos de quienes les atienden con escrupulosa indiferencia y exacta imprevisión, condiciones esenciales para que cualquier oficina de este y otros universos colindantes tengan éxito y notoriedad frente a las singulares peripecias de quienes acuden a ella en rigurosa búsqueda de secreto y confusión. Voy a prepararme un descafeinado bien templadito, que hoy tengo la tarde lírica y conspicua y aún he de realizar meritorias gestiones en el cafetín.

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Homéricos avances de las ciencias

Homéricos avances de las ciencias
· Diario de un hombre ridículo, 61 ·
Fran Vega
Homéricos avances de las ciencias
Fotografía: Howard W. Davidson

Ayer fue un día memorable porque al fin se ha producido en la oficina la revolución que todos estábamos esperando desde la infinitérrima noche de los tiempos, ya que un versado conjunto de científicos politécnicos ha logrado instalar un moderno sistema de telefonía que sin duda supondrá un homérico avance en las tareas de nuestros negociados. A partir de ahora todo va a funcionar como el Altérrimo dispone y no solo Teodomiro y Abisinio podrán glosar las noticias deportivas sin abandonar sus desusados pupitres, sino que incluso nos llamarán desde cualquier otra institución de nuestra excelsa subcomarca cuando algún competente subalterno necesite privilegiada información sobre pólizas y formularios. Qué alegría. Y hay que reconocer que nuestro egregio jefe oficinesco ha estado muy oportuno con este inapelable impulso tecnológico, aunque nos disgusta un poco que durante los próximos quinquenios tenga que reducirnos el estipendio mensual para sufragar así los gastos ocasionados. Con razón suele decir Severino, que por algo es infraordenanza en el Registro de Entidades Superfluas y entiende mucho de ingenios y artificios, que la ciencia es muy buena cosa para todas las gentes, pero que cada vez que inauguran una farola en la glorieta de los Lirios nos vemos obligados a mitigar el consumo de croquetas de gallina. Voy ahora mismo a dar la buena nueva a todas mis amistades cafetinescas, por si alguna de ellas tiene conocimiento de un invento similar o parecido.

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La arcana realidad de nuestros negociados

La arcana realidad de nuestros negociados · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 60 ·
Fran Vega
La arcana realidad de nuestros negociados
Fotografía: Francesc Català-Roca

Andan estos días muy revueltas todas las temáticas cabales y concretas, porque ahora nadie quiere tener en cuenta los innúmeros desvelos de nuestro egregio jefe oficinesco y todas las gentes entienden que los estrambóticos enigmas que nos conciernen pueden solventarse en un periquete. Resulta que Teodomiro insiste en trasladar el Negociado de Reclamos que con tanto fervor dirige hasta el final del subpasillo, más cerca de Contaduría y Pagaduría que del Negociado de Pólizas y Recargos que Abisinio regenta con verdadera vocación, lo que nos privaría a todos del chiribitil en el que casi a diario almorzamos ensaladas de caballa y bocadillos de calamares encebollados. Y según dice Ercilio, que de cualquier asunto sabe mucho, eso no puede ser. Y, al mismo tiempo, el Sindicato de Oficinistas, del que Amalio es unánime representante y facundo portavoz, había prometido que para este año tendríamos lapiceros nuevos y papel de calco desechable, pero parece que la intransigencia de los mercados y la arcana realidad impedirán conjuntamente alcanzar tan honestas y antiguas aspiraciones. Yo ya sé que a veces no entiendo las cosas, pero me parece a mí que Teodomiro no se percata de que la migración de su negociado no impediría el acecho y avistamiento de nuestro jefe oficinesco, más aún cuando acaba de entrar en vigor el nuevo Impuesto sobre Actos Impropios Documentados, y que Amalio tendría que acudir algunas tardes al cafetín de Tadeo para que los hermanos Hinojosa le ilustraran acerca de todas las problemáticas de los universos propios y adyacentes. Por mi parte, consultaré mañana mismo a Magdaleno, que no sin motivo es bedel en la Delegación de Asuntos Insólitos y conoce extravagantes entelequias y extrañérrimas certidumbres.

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© Fran Vega, 2017

Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes

Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes · Fotografía: Gilbert Garcin
· Diario de un hombre ridículo, 59 ·
Fran Vega
Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes
Fotografía: Gilbert Garcin

Esta mañana he tenido que salir a los universos exteriores con el fin de resolver unas gestiones importantes que nuestro egregio jefe oficinesco me había encomendado, de modo que he aprovechado la trascendente circunstancia para visitar a mi amigo Severino, que es un imprescindible infraordenanza en el Registro de Entidades Superfluas, aunque muy bien podría desempeñar el elevado puesto de Magdaleno, que no por nada es bedel en la segunda planta de la Delegación de Asuntos Insólitos. Hemos parloteado un rato junto a la salamandra del pasillo y me ha puesto al día de algunos acontecimientos que sin duda cambiarán la historia de nuestra excelsa subcomarca, pues parece que las beneméritas autoridades están considerando la posibilidad de camuflar el Impuesto sobre Actividades Improbables y velar ipso facto y sine die por los trámites rotatorios del Infracomité de Proyectos Ficticios y la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, de modo que resulte más conspicuo acudir a la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas en caso de incumplir o quebrantar el Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. Todo ello me ha colmado de alegría y he regresado muy contento por la avenida de los Iscariotes para dar cuenta a mi acreditado y referente jefe, quien ha tenido a bien abandonar por un instante el cálculo de las apuestas deportivo-benéficas para brincar de puro agrado mientras besaba con entusiasmo su escapulario de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto. Pero dice Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que no hay que fiarse demasiado de lo que dicen las magnas potestades, porque al final incrementarán la cuantía del Impuesto sobre Abstracciones Divergentes y todo quedará más o menos ponderado. Y yo no sé qué pensar, así que voy a ponerme el sombrero oscurito para acudir con calma y con paraguas al cafetín de Tadeo, donde todas mis amistades saben de las cosas y las describen de forma tan estilosa como estupenda.

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© Fran Vega, 2017

Omnifalibles murmullos del magín

Omnifalibles murmullos del magín · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 58 ·
Fran Vega
Omnifalibles murmullos del magín
Fotografía: Tommy Ingberg

Ha comenzado el año de modo insólito en la oficina y con tan curiosas peripecias en todos los negociados que me he puesto a pensar si no es ya el momento de hacer cálculos y apuntes para cuando me concierna el glorioso instante del estipendio compensatorio por hartazgo y aversión, que es como en las modernas ordenanzas subcomarcales denominan al infuso principio jubilatorio. Cierto es que aún me quedan muchos trienios por cumplir y que nuestro egregio jefe oficinesco ha prometido formularios y lapiceros nuevos para la próxima era mundana, pero vislumbro tantas veces una vida quieta y placentera en el cafetín de Tadeo que en estas mañanas invernales me ha dado por cavilar y discurrir en campos de trigo y tardes de avellanos, así como en los días soleados de pesca y en mis bonitas ocurrencias mientras sostengo el sedal y observo con total contentamiento los animalillos pisciformes junto a las rocas del acantilado. Sin embargo, sé que mi trabajo es intrínseco y cardinal para que todas las temáticas se resuelvan con elegancia y pundonor, porque no puedo imaginarme a Carmencita recogida y taciturna en su pupitre de Contaduría ni a Ercilio y Teodomiro sin mi singular prestancia junto a sus juiciosos pensamientos, por no decir que los bocadillos de calamares encebollados durante la hora y media del almuerzo quedarían seriamente afectados sin la compañía de mi humildérrima persona. Y tampoco creo que mi melismática existencia pudiera transitar sin ponerme cada día el chaleco y el sombrero para sentarme después en mi augusta mesa de viceaglomerado, en donde los plumines esperan desde muy temprano ser útiles a las coyunturas necesarias. De modo que voy a cepillar mis manguitos de cheviot y a olvidarme de momento de mis circunspectos parloteos, no vaya a ser que de tanto dar vueltas al magín acabe turulato, patidifuso, estupefacto y boquiabierto.

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Los extravagantes días que acontecen

Los extravagantes días que acontecen · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 57 ·
Fran Vega
Los extravagantes días que acontecen
Fotografía: Tommy Ingberg

He observado últimamente extraños alborotos en las plazas y avenidas de nuestra excelsa subcomarca y he llegado a la adecuada conclusión de que todo se debe al rutinario acontecimiento cronológico que cada año tiene lugar en estas fechas, pues solo así puede explicarse que las gentes enloquezcan de repente y caminen por las calles con sospechosos bultos en las manos ordenadamente decorados. Todos los alegres contribuyentes de barrios y distritos se encuentran muy atareados haciendo curiosas adquisiciones con las que obsequiar a subcuñados e infrayernos y a viceprimos y decasuegros, como si de ellas dependieran la geometría y la equidad que resultan siempre convenientes y exigibles. Incluso nuestro egregio jefe oficinesco se ha permitido regalarnos unos escapularios de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto, aunque con razón decía Lupicinio en el cafetín de Tadeo que mejor hubiera sido compartir unos vasitos de ponche que invertir en adornos de reminiscencias primigenias, pero no sé bien qué ha querido decir con estos últimos y enigmáticos vocablos. En lo que a mi humildérrima persona se refiere, transitaré por este lapso de frío y vacación con el silencio propio de quien aguarda con paciencia el lúcido retorno de las tardes azules de primavera. Voy a tomar media copita de brandy, que siempre ha sido bueno para evitar los resfriados.

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© Fran Vega, 2017

Están las gentes como en sordina

Están las gentes como en sordina · Fotografía: Brian Brake
· Diario de un hombre ridículo, 49 ·
Fran Vega
Están las gentes como en sordina
Fotografía: Brian Brake

Hace dos días nuestro insigne jefe oficinesco me pidió que realizara unas gestiones en los mundos exteriores y acudí primero a presentar unos oficios en la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas, donde pude comprobar el excelso funcionamiento de la gerencia subcomarcal, pues me atendieron en un periquete y un gentil infraordenanza me aseguró que todos los trámites se han agilizado una barbaridad desde que se aprobó el nuevo Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. A continuación, y en el fiel ejercicio de mi decoroso cometido, tuve que dirigirme a la Delegación de Negocios Extraños para purgar el vencimiento trimestral del Impuesto sobre Actividades Improbables, cuyo importe me había sido conferido previamente en un anexo de la sucursal de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Cosme y San Damián, en donde el jefe tiene gran predicamento por ser muy devoto de la Virgen de la Alameda y del Cristo de los Tréboles, así como socio preventivo de la Unión Deportiva San Onofre. La verdad es que terminé la mañana un poco fatigado de tanta actividad extrínseca y conspicua, por lo que a nadie le extrañó que pasara la tarde en observante y humildérrimo silencio junto a todas mis amistades cafetinescas, y menos aún a Venerando, que ahora es subconcejal de Acequias y Cloacas y tiene mucho conocimiento de cómo están los universos propios y extranjeros. Después comentó Fulgencio que a quienes son administradores de las cosas les gusta que las gentes estén como en sordina, pero no terminé de comprender qué quiso decir con este extraño parlamento, tal vez porque me encontraba agotado y turulato después de tantas tareas prominentes. Tendré que preguntar a Ercilio, que siempre ha sido un hombre instruido de amplia memoria y fecunda evocación y por eso mismo se encarga de los legajos en la oficina. Voy a bajar las persianas, que está entrando mucha oscuridad.

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Contubernios y algaradas en horas de oficina

Contubernios y algaradas en horas de oficina · Fotografía: Kevin Corrado
· Diario de un hombre ridículo, 48 ·
Fran Vega
Contubernios y algaradas en horas de oficina
Fotografía: Kevin Corrado

Esta mañana se ha armado en la oficina un alboroto morrocotudo que nos ha dejado a todos patidifusos y confusos. Resulta que al jefe, que es muy devoto de la Virgen de la Alameda, no le gusta que nos reunamos a la hora del almuerzo en el Negociado de Pólizas y Recargos, a pesar de que Abisinio trae a veces una empanada de atún que está muy rica, porque dice que siempre quedan muchos formularios sin ordenar y que de esos contubernios solo pueden surgir rebeliones y algaradas. Así que ha decidido que cada uno tiene que almorzar en su propio negociado, sin que tengamos oportunidad de parlotear entre nosotros sobre los episodios de la vida circundante. Esto ha colmado la paciencia de Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que dice que ahora va a liar una buena de verdad, porque piensa poner dos carteles reivindicativos en los escusados y otro más junto a la multicopista y que todos los miércoles pares de los meses impares permanecerá de pie en el pasillo durante un buen rato como palmaria forma de protesta. A mí me parece que nuestro jefe oficinesco está un poco turulato, pero él sabrá lo que hace, porque a jefe no llega cualquiera y él siempre ha sido un hombre de primorosa conciencia. Después comenté estos acontecimientos en el cafetín de Tadeo y Ginés, que es la monda, dijo algo sobre el derecho del obrero y la tiranía del sistema, pero Argimiro enseguida le pidió que se dejara de tanta cháchara difusa y jugara sus cartas de una vez. Seguramente se trataba de una de sus chanzas y tontunas, porque no creo que de repente se haya vuelto anarquista, aunque yo a veces no entiendo las cosas y confundo el sentir con el pensar. Voy a escuchar el boletín de la radio, por si ha ocurrido hoy algo importante.

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La ordenación del mundo relevante

La ordenación del mundo relevante · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 43 ·
Fran Vega
La ordenación del mundo relevante
Fotografía: Tommy Ingberg

Estoy haciendo numerosas y agradables amistades desde que nuestro insigne jefe oficinesco me distingue con la comisión de gestiones importantes en las estructuras exteriores. Ayer mismo tuve que trasladar de nuevo unos trascendentes documentos a la Delegación de Asuntos Insólitos y no desaproveché la nítida ocasión de saludar a Magdaleno, quien tuvo a bien presentarme a sus acólitos del bedelato de la segunda planta, unos excelentes caballeros con quienes estuve parloteando mientras aguardaba mi turno ante la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas. También me dijo que desde hace unos días está muy contento y exultante porque a su viceyerno le han contratado como responsable de papel de calco en la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, lo que añade más prestigio aún a su benemérita familia. Y esa misma mañana, cuando caminaba de regreso a mi prominente desempeño, me encontré en la avenida de los Iscariotes con Fulgencio y su ya notorio y bienquisto subcuñado, que es escribiente en el Infracomité de Proyectos Ficticios, con quien tuve oportunidad de comentar las excelencias de nuestro sistema administrativo, a pesar de que en los boletines de la radio han anunciado un nuevo Impuesto sobre Actividades Improbables para todos aquellos que tengan alguna idea en el magín. Así que cuando llegué por la tarde al cafetín de Tadeo todos me felicitaron por estas novedosas experiencias y yo estuve pensando un rato en lo bien organizado que está nuestro mundo relevante, aunque no sé si en otras subcomarcas existen negociados con tanto rudimento como los nuestros. Voy a regar el geranio, que todavía hace calorcito.

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