La serena algarabía y los raros argumentos

La serena algarabía y los raros argumentos · Fotografía: Geof Kern
· Diario de un hombre ridículo, 67 ·
Fran Vega
La serena algarabía y los raros argumentos
Fotografía: Geof Kern

He pasado unas jornadas luctuosas y estupendas en compañía de todas mis amistades del cafetín de Tadeo, donde siempre reinan el cordialismo y la alegre erudición. Como en los negociados nos otorgaron unos días festivos y recuperables para que nuestro egregio jefe oficinesco pudiera acudir a las procesiones y desfiles de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto, hemos aprovechado el tiempo para consolidar nuestro ateneo de guiñotistas y ejercer la excelentérrima amistad que nos une en pos de tan entrañable actividad. Lupicinio también quería asistir a una de estas concentraciones multitudinarias en las que hay que presentarse con oscuros ropajes y semblantes más oscuros todavía, pero hubo que convencerle de que no podía desfilar vestido de romano con la prensa deportiva bajo el brazo, sobre todo porque en tiempos de los romanos ni siquiera habían inventado aún la gaseosa y es probable que tampoco las empanadillas, según comentaron la otra tarde en el fidedigno boletín de la radio. También Teofrasto quiso ponerse una capucha para caminar embozado por las calles junto al Cristo de los Tréboles, pero al final dijo que tenía una discontinua dolencia en el chaleco y se quedó con nosotros en el cafetín, donde Justito cantó saetas y jarandas que hicieron las delicias de Ginés, que es la monda hasta en los días de recogimiento y serena algarabía. La verdad es que yo no termino de comprender estas celebraciones, porque son un poco lánguidas y a veces se ven gentes en las calles que gimen y murmuran con muy raros argumentos, así que me pareció mejor pasar las mañanas apostado en la glorieta de los Lirios y las tardes escuchando las disertaciones de Fulgencio en el cafetín, que desde que estuvo en su callista de cabecera siempre tiene cosas interesantes que contar. Voy a ordenar el armario de los sombreros importantes, que ya es momento de cometer alguna heroicidad.

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Diario de un hombre ridículo

© Fran Vega, 2017

Qué universo tan armónico y cordial

Qué universo tan armónico y cordial · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 64 ·
Fran Vega
Qué universo tan armónico y cordial
Fotografía: Tommy Ingberg

Ayer por la mañana tuve que acudir a las doctas oficinas de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Cosme y San Damián porque el insigne jefe oficinesco necesitaba un resguardo acreditativo de haber abonado este trimestre el Impuesto sobre Actividades Improbables, pero en la infrasucursal de la avenida de los Iscariotes me remitieron muy amablemente a la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas, sita en la Delegación de Asuntos Insólitos. Me puse muy contento porque así pude parlotear un rato con mi amigo Magdaleno, que ostenta su puesto de olímpico bedel con sencillez no exenta de eufórico entusiasmo, más aún desde que a su viceyerno le contrataron como responsable de papel de calco en la Oficina de Desatinos Nacionales, decoroso cometido que el subcuñado de Fulgencio abandonó cuando le nombraron encargado de secantes en la Delegación de Negocios Extraños, en la que se circunscriben el Infracomité de Proyectos Ficticios y la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, lo que es todo un honor para quien en su día fue aspirante a subalterno en la escribanía del Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. La verdad es que a mí me gusta mucho que el jefe me distinga con la gestión de los asuntos exteriores, porque así tengo oportunidad de conocer un poco más los mundos adyacentes y puedo contarlo después en el cafetín de Tadeo o incluso en la confitería de Cristeta, por si necesito buñuelos de viento o por si mis amistades deciden acudir a la procesión del Cristo de los Tréboles y la Virgen de los Zuecos que los domingos impares se celebra en el bulevar de los Arcángeles. Y de mañana no pasa que visite a Severino en el Registro de Entidades Superfluas, que no por nada hubiera querido ser habilitado del Impuesto sobre Actos Impropios Documentados y fue campeón de bolillos en los tiempos del difunto Estradivario, el que murió de un rayo en el sombrero. Qué universo tan armónico, grandérrimo y cordial.

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© Fran Vega, 2017

El mundo es como una ciclópea escribanía

El mundo es como una ciclópea escribanía
· Diario de un hombre ridículo, 63 ·
Fran Vega
El mundo es como una ciclópea escribanía
Fotografía: Howard W. Davidson

Cada quinquenio que pasa estoy más contento y comprendo mejor a quienes ensalzan el insigne trabajo que se desarrolla en nuestra solícita oficina, pues estoy en condiciones de afirmar que se trata de uno de los más generosos cometidos que las gentes de bien pueden ofrecer tanto a sus semejantes como a los simpáticos contribuyentes, sean o no alegres convecinos de nuestra ilustre población. ¡Qué solemne cantidad de adecuados formularios concebidos para el desarrollo y bienestar de subfamilias y otras periferias! ¡Y cuántos negociados puestos al servicio de nuestra prospérrima infracomunidad! Con razón decía Lupicinio la otra tarde en el cafetín de Tadeo que mi egregio jefe oficinesco sería un extraordinario corregidor en el distrito de las Afueras, donde la subcomarca pierde su nombre para adentrarse en terrenos de tácita umbría y escaso labrantío. Y por algo yo no custodio ninguna duda razonable de que los mundos adyacentes se parecen cada vez más a una ciclópea y vitalicia escribanía en la que solo los lustrosos mostradores separan a los intrépidos ciudadanos de quienes les atienden con escrupulosa indiferencia y exacta imprevisión, condiciones esenciales para que cualquier oficina de este y otros universos colindantes tengan éxito y notoriedad frente a las singulares peripecias de quienes acuden a ella en rigurosa búsqueda de secreto y confusión. Voy a prepararme un descafeinado bien templadito, que hoy tengo la tarde lírica y conspicua y aún he de realizar meritorias gestiones en el cafetín.

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Homéricos avances de las ciencias

Homéricos avances de las ciencias
· Diario de un hombre ridículo, 61 ·
Fran Vega
Homéricos avances de las ciencias
Fotografía: Howard W. Davidson

Ayer fue un día memorable porque al fin se ha producido en la oficina la revolución que todos estábamos esperando desde la infinitérrima noche de los tiempos, ya que un versado conjunto de científicos politécnicos ha logrado instalar un moderno sistema de telefonía que sin duda supondrá un homérico avance en las tareas de nuestros negociados. A partir de ahora todo va a funcionar como el Altérrimo dispone y no solo Teodomiro y Abisinio podrán glosar las noticias deportivas sin abandonar sus desusados pupitres, sino que incluso nos llamarán desde cualquier otra institución de nuestra excelsa subcomarca cuando algún competente subalterno necesite privilegiada información sobre pólizas y formularios. Qué alegría. Y hay que reconocer que nuestro egregio jefe oficinesco ha estado muy oportuno con este inapelable impulso tecnológico, aunque nos disgusta un poco que durante los próximos quinquenios tenga que reducirnos el estipendio mensual para sufragar así los gastos ocasionados. Con razón suele decir Severino, que por algo es infraordenanza en el Registro de Entidades Superfluas y entiende mucho de ingenios y artificios, que la ciencia es muy buena cosa para todas las gentes, pero que cada vez que inauguran una farola en la glorieta de los Lirios nos vemos obligados a mitigar el consumo de croquetas de gallina. Voy ahora mismo a dar la buena nueva a todas mis amistades cafetinescas, por si alguna de ellas tiene conocimiento de un invento similar o parecido.

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La arcana realidad de nuestros negociados

La arcana realidad de nuestros negociados · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 60 ·
Fran Vega
La arcana realidad de nuestros negociados
Fotografía: Francesc Català-Roca

Andan estos días muy revueltas todas las temáticas cabales y concretas, porque ahora nadie quiere tener en cuenta los innúmeros desvelos de nuestro egregio jefe oficinesco y todas las gentes entienden que los estrambóticos enigmas que nos conciernen pueden solventarse en un periquete. Resulta que Teodomiro insiste en trasladar el Negociado de Reclamos que con tanto fervor dirige hasta el final del subpasillo, más cerca de Contaduría y Pagaduría que del Negociado de Pólizas y Recargos que Abisinio regenta con verdadera vocación, lo que nos privaría a todos del chiribitil en el que casi a diario almorzamos ensaladas de caballa y bocadillos de calamares encebollados. Y según dice Ercilio, que de cualquier asunto sabe mucho, eso no puede ser. Y, al mismo tiempo, el Sindicato de Oficinistas, del que Amalio es unánime representante y facundo portavoz, había prometido que para este año tendríamos lapiceros nuevos y papel de calco desechable, pero parece que la intransigencia de los mercados y la arcana realidad impedirán conjuntamente alcanzar tan honestas y antiguas aspiraciones. Yo ya sé que a veces no entiendo las cosas, pero me parece a mí que Teodomiro no se percata de que la migración de su negociado no impediría el acecho y avistamiento de nuestro jefe oficinesco, más aún cuando acaba de entrar en vigor el nuevo Impuesto sobre Actos Impropios Documentados, y que Amalio tendría que acudir algunas tardes al cafetín de Tadeo para que los hermanos Hinojosa le ilustraran acerca de todas las problemáticas de los universos propios y adyacentes. Por mi parte, consultaré mañana mismo a Magdaleno, que no sin motivo es bedel en la Delegación de Asuntos Insólitos y conoce extravagantes entelequias y extrañérrimas certidumbres.

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© Fran Vega, 2017

Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes

Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes · Fotografía: Gilbert Garcin
· Diario de un hombre ridículo, 59 ·
Fran Vega
Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes
Fotografía: Gilbert Garcin

Esta mañana he tenido que salir a los universos exteriores con el fin de resolver unas gestiones importantes que nuestro egregio jefe oficinesco me había encomendado, de modo que he aprovechado la trascendente circunstancia para visitar a mi amigo Severino, que es un imprescindible infraordenanza en el Registro de Entidades Superfluas, aunque muy bien podría desempeñar el elevado puesto de Magdaleno, que no por nada es bedel en la segunda planta de la Delegación de Asuntos Insólitos. Hemos parloteado un rato junto a la salamandra del pasillo y me ha puesto al día de algunos acontecimientos que sin duda cambiarán la historia de nuestra excelsa subcomarca, pues parece que las beneméritas autoridades están considerando la posibilidad de camuflar el Impuesto sobre Actividades Improbables y velar ipso facto y sine die por los trámites rotatorios del Infracomité de Proyectos Ficticios y la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, de modo que resulte más conspicuo acudir a la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas en caso de incumplir o quebrantar el Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. Todo ello me ha colmado de alegría y he regresado muy contento por la avenida de los Iscariotes para dar cuenta a mi acreditado y referente jefe, quien ha tenido a bien abandonar por un instante el cálculo de las apuestas deportivo-benéficas para brincar de puro agrado mientras besaba con entusiasmo su escapulario de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto. Pero dice Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que no hay que fiarse demasiado de lo que dicen las magnas potestades, porque al final incrementarán la cuantía del Impuesto sobre Abstracciones Divergentes y todo quedará más o menos ponderado. Y yo no sé qué pensar, así que voy a ponerme el sombrero oscurito para acudir con calma y con paraguas al cafetín de Tadeo, donde todas mis amistades saben de las cosas y las describen de forma tan estilosa como estupenda.

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© Fran Vega, 2017

Omnifalibles murmullos del magín

Omnifalibles murmullos del magín · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 58 ·
Fran Vega
Omnifalibles murmullos del magín
Fotografía: Tommy Ingberg

Ha comenzado el año de modo insólito en la oficina y con tan curiosas peripecias en todos los negociados que me he puesto a pensar si no es ya el momento de hacer cálculos y apuntes para cuando me concierna el glorioso instante del estipendio compensatorio por hartazgo y aversión, que es como en las modernas ordenanzas subcomarcales denominan al infuso principio jubilatorio. Cierto es que aún me quedan muchos trienios por cumplir y que nuestro egregio jefe oficinesco ha prometido formularios y lapiceros nuevos para la próxima era mundana, pero vislumbro tantas veces una vida quieta y placentera en el cafetín de Tadeo que en estas mañanas invernales me ha dado por cavilar y discurrir en campos de trigo y tardes de avellanos, así como en los días soleados de pesca y en mis bonitas ocurrencias mientras sostengo el sedal y observo con total contentamiento los animalillos pisciformes junto a las rocas del acantilado. Sin embargo, sé que mi trabajo es intrínseco y cardinal para que todas las temáticas se resuelvan con elegancia y pundonor, porque no puedo imaginarme a Carmencita recogida y taciturna en su pupitre de Contaduría ni a Ercilio y Teodomiro sin mi singular prestancia junto a sus juiciosos pensamientos, por no decir que los bocadillos de calamares encebollados durante la hora y media del almuerzo quedarían seriamente afectados sin la compañía de mi humildérrima persona. Y tampoco creo que mi melismática existencia pudiera transitar sin ponerme cada día el chaleco y el sombrero para sentarme después en mi augusta mesa de viceaglomerado, en donde los plumines esperan desde muy temprano ser útiles a las coyunturas necesarias. De modo que voy a cepillar mis manguitos de cheviot y a olvidarme de momento de mis circunspectos parloteos, no vaya a ser que de tanto dar vueltas al magín acabe turulato, patidifuso, estupefacto y boquiabierto.

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Los extravagantes días que acontecen

Los extravagantes días que acontecen · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 57 ·
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Los extravagantes días que acontecen
Fotografía: Tommy Ingberg

He observado últimamente extraños alborotos en las plazas y avenidas de nuestra excelsa subcomarca y he llegado a la adecuada conclusión de que todo se debe al rutinario acontecimiento cronológico que cada año tiene lugar en estas fechas, pues solo así puede explicarse que las gentes enloquezcan de repente y caminen por las calles con sospechosos bultos en las manos ordenadamente decorados. Todos los alegres contribuyentes de barrios y distritos se encuentran muy atareados haciendo curiosas adquisiciones con las que obsequiar a subcuñados e infrayernos y a viceprimos y decasuegros, como si de ellas dependieran la geometría y la equidad que resultan siempre convenientes y exigibles. Incluso nuestro egregio jefe oficinesco se ha permitido regalarnos unos escapularios de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto, aunque con razón decía Lupicinio en el cafetín de Tadeo que mejor hubiera sido compartir unos vasitos de ponche que invertir en adornos de reminiscencias primigenias, pero no sé bien qué ha querido decir con estos últimos y enigmáticos vocablos. En lo que a mi humildérrima persona se refiere, transitaré por este lapso de frío y vacación con el silencio propio de quien aguarda con paciencia el lúcido retorno de las tardes azules de primavera. Voy a tomar media copita de brandy, que siempre ha sido bueno para evitar los resfriados.

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«Que las buenas gentes tengan un prospérrimo año nuevo»
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Están las gentes como en sordina

Están las gentes como en sordina · Fotografía: Brian Brake
· Diario de un hombre ridículo, 49 ·
Fran Vega
Están las gentes como en sordina
Fotografía: Brian Brake

Hace dos días nuestro insigne jefe oficinesco me pidió que realizara unas gestiones en los mundos exteriores y acudí primero a presentar unos oficios en la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas, donde pude comprobar el excelso funcionamiento de la gerencia subcomarcal, pues me atendieron en un periquete y un gentil infraordenanza me aseguró que todos los trámites se han agilizado una barbaridad desde que se aprobó el nuevo Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. A continuación, y en el fiel ejercicio de mi decoroso cometido, tuve que dirigirme a la Delegación de Negocios Extraños para purgar el vencimiento trimestral del Impuesto sobre Actividades Improbables, cuyo importe me había sido conferido previamente en un anexo de la sucursal de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Cosme y San Damián, en donde el jefe tiene gran predicamento por ser muy devoto de la Virgen de la Alameda y del Cristo de los Tréboles, así como socio preventivo de la Unión Deportiva San Onofre. La verdad es que terminé la mañana un poco fatigado de tanta actividad extrínseca y conspicua, por lo que a nadie le extrañó que pasara la tarde en observante y humildérrimo silencio junto a todas mis amistades cafetinescas, y menos aún a Venerando, que ahora es subconcejal de Acequias y Cloacas y tiene mucho conocimiento de cómo están los universos propios y extranjeros. Después comentó Fulgencio que a quienes son administradores de las cosas les gusta que las gentes estén como en sordina, pero no terminé de comprender qué quiso decir con este extraño parlamento, tal vez porque me encontraba agotado y turulato después de tantas tareas prominentes. Tendré que preguntar a Ercilio, que siempre ha sido un hombre instruido de amplia memoria y fecunda evocación y por eso mismo se encarga de los legajos en la oficina. Voy a bajar las persianas, que está entrando mucha oscuridad.

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Contubernios y algaradas en horas de oficina

Contubernios y algaradas en horas de oficina · Fotografía: Kevin Corrado
· Diario de un hombre ridículo, 48 ·
Fran Vega
Contubernios y algaradas en horas de oficina
Fotografía: Kevin Corrado

Esta mañana se ha armado en la oficina un alboroto morrocotudo que nos ha dejado a todos patidifusos y confusos. Resulta que al jefe, que es muy devoto de la Virgen de la Alameda, no le gusta que nos reunamos a la hora del almuerzo en el Negociado de Pólizas y Recargos, a pesar de que Abisinio trae a veces una empanada de atún que está muy rica, porque dice que siempre quedan muchos formularios sin ordenar y que de esos contubernios solo pueden surgir rebeliones y algaradas. Así que ha decidido que cada uno tiene que almorzar en su propio negociado, sin que tengamos oportunidad de parlotear entre nosotros sobre los episodios de la vida circundante. Esto ha colmado la paciencia de Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que dice que ahora va a liar una buena de verdad, porque piensa poner dos carteles reivindicativos en los escusados y otro más junto a la multicopista y que todos los miércoles pares de los meses impares permanecerá de pie en el pasillo durante un buen rato como palmaria forma de protesta. A mí me parece que nuestro jefe oficinesco está un poco turulato, pero él sabrá lo que hace, porque a jefe no llega cualquiera y él siempre ha sido un hombre de primorosa conciencia. Después comenté estos acontecimientos en el cafetín de Tadeo y Ginés, que es la monda, dijo algo sobre el derecho del obrero y la tiranía del sistema, pero Argimiro enseguida le pidió que se dejara de tanta cháchara difusa y jugara sus cartas de una vez. Seguramente se trataba de una de sus chanzas y tontunas, porque no creo que de repente se haya vuelto anarquista, aunque yo a veces no entiendo las cosas y confundo el sentir con el pensar. Voy a escuchar el boletín de la radio, por si ha ocurrido hoy algo importante.

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La ordenación del mundo relevante

La ordenación del mundo relevante · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 43 ·
Fran Vega
La ordenación del mundo relevante
Fotografía: Tommy Ingberg

Estoy haciendo numerosas y agradables amistades desde que nuestro insigne jefe oficinesco me distingue con la comisión de gestiones importantes en las estructuras exteriores. Ayer mismo tuve que trasladar de nuevo unos trascendentes documentos a la Delegación de Asuntos Insólitos y no desaproveché la nítida ocasión de saludar a Magdaleno, quien tuvo a bien presentarme a sus acólitos del bedelato de la segunda planta, unos excelentes caballeros con quienes estuve parloteando mientras aguardaba mi turno ante la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas. También me dijo que desde hace unos días está muy contento y exultante porque a su viceyerno le han contratado como responsable de papel de calco en la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, lo que añade más prestigio aún a su benemérita familia. Y esa misma mañana, cuando caminaba de regreso a mi prominente desempeño, me encontré en la avenida de los Iscariotes con Fulgencio y su ya notorio y bienquisto subcuñado, que es escribiente en el Infracomité de Proyectos Ficticios, con quien tuve oportunidad de comentar las excelencias de nuestro sistema administrativo, a pesar de que en los boletines de la radio han anunciado un nuevo Impuesto sobre Actividades Improbables para todos aquellos que tengan alguna idea en el magín. Así que cuando llegué por la tarde al cafetín de Tadeo todos me felicitaron por estas novedosas experiencias y yo estuve pensando un rato en lo bien organizado que está nuestro mundo relevante, aunque no sé si en otras subcomarcas existen negociados con tanto rudimento como los nuestros. Voy a regar el geranio, que todavía hace calorcito.

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Gestiones exteriores en los universos colindantes

Gestiones exteriores en los universos colindantes · Fotografía: Brian Day
· Diario de un hombre ridículo, 37 ·
Fran Vega
Gestiones exteriores en los universos colindantes
Fotografía: Brian Day

Ayer fue un día muy importante en mi prospérrimo y absurdo porvenir, porque el insigne jefe oficinesco me encomendó unas delicadas gestiones que él no podía resolver debido a que aún tenía páginas de la prensa deportiva sin subrayar ni comentar. Tuve que salir al mundo exterior a media mañana, así que apenas me dio tiempo a almorzar el bocadillo de calamares encebollados que a veces me preparan en el cafetín de Tadeo, pero lo hice todo con mucha diligencia y eficacia, que es lo que se espera de un esmerado oficinista como yo. En primer lugar acudí a la Delegación de Asuntos Insólitos que se encuentra en la avenida de los Iscariotes, donde hice entrega de confidenciales y trascendentes documentos al bedel de la segunda planta, y a continuación me dirigí a las oficinas de la Caja de Ahorros de San Cosme y San Damián para recoger un bonito calendario con fotografías de nuestra excelsa subcomarca que la amable entidad tiene a bien regalar a sus clientes mediante las merecidas comisiones que a todos nos infligen con licencia y pundonor. La verdad es que acabé agotado por la tensión y la responsabilidad que tan noblemente recayó sobre mis hombros, pero todos me felicitaron después por las operaciones realizadas y Cristóforo afirmó que sin lugar a dudas soy merecedor de ascenso o ascensión, no recuerdo bien ahora, pero que no hay que discurrir en esas cosas porque los jefes son muy suyos y nunca se sabe qué ideas pueden tener en la cabeza. Y yo no sé qué pensar, porque estoy tan cansado que voy a ponerme in situ mismo las zapatillas estampadas de estar por casa. Las de ositos.

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© Fran Vega, 2016

Cuánta paz hay en mi universo sin par

Cuánta paz hay en mi universo sin par · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 33 ·
Fran Vega
Cuánta paz hay en mi universo sin par
Fotografía: Tommy Ingberg

Ayer por fin regresé a mi negociado y lo primero que hice fue saludar con gran entusiasmo a todos mis compañeros, pues a todos sin excepción he echado de menos durante este verano de urbanas y rurales aventuras. A continuación presenté mis respetos a nuestro ponderado jefe oficinesco, aunque me pareció que su mente estaba embargada por la prensa deportiva, pues por algo es un hombre culto y delicado, y después me senté en mi puesto como cualquier otra mañana normal de mi humildérrima existencia. ¡Qué estupendo es encontrarse de nuevo con los plumines y los formularios! Abisinio y Teodomiro mostraron mucho interés en mis andanzas estivales, pero apenas tuve tiempo de explicarles los detalles de mis lances agrarios, porque consideré más importante ponerme al día con las nuevas ordenanzas del Impuesto sobre Actividades Improbables emitidas por la Delegación de Asuntos Insólitos, así que tuve que aplazar el ameno relato de mi periplo hasta mejor y más apropiada ocasión. Y después pasé la tarde en compañía de mis amistades en el cafetín de Tadeo, parloteando todo el rato en el velador con Argimiro y Felixín hasta que llegaron Lupicinio y Teofrasto y pudimos empezar la partida de guiñote, aunque Ginés no dejaba de hacer bromas mientras tomaba una gaseosa y hablaba del campeonato subcomarcal de carreras de sacos. Pero lo más importante de todo es que ya estoy otra vez en mi universo sin par, en mi oficina y en mi cafetín, disfrutando de mi sombrero y de mi primorosa normalidad. Cuánta paz hay aquí.

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Osadías estivales que la vida nos procura

Osadías estivales que la vida nos procura · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 29 ·
Fran Vega
Osadías estivales que la vida nos procura
Fotografía: Rodney Smith

Esta mañana me he llevado una sorpresa morrocotuda. Resulta que Carmencita, la de Contaduría, ha tenido que suspender las vacaciones que tan generosamente rifó nuestro espléndido jefe oficinesco porque a su viceyerno le ha dado un ataque de realidad, así que me han preguntado en su negociado si había algún impedimento en que yo las disfrutara en su lugar, aun a sabiendas de que me causaban con ello un trastorno inesperado. Me he quedado estupefacto durante un par de ratos, al cabo de los cuales he concluido que es propio de personas de bien tener deferencias con los compañeros y he resuelto ausentarme unos días de mi pupitre de trabajo, con el consiguiente abandono de mis formularios, mis plumines y demás herramientas de escribir. Al principio no he podido asimilar el futuro yuxtapuesto de holganza y esparcimiento, pero después he pensado en viajar hasta la alquería del subcuñado de mi primo Escolástico, que tiene un simpático huerto ubicado en Valdetorreznos, provincia contigua. Así que por la tarde he ido al cafetín de Tadeo a despedirme de mis amistades, todas se han puesto contentérrimas por la bravía expedición que me aguarda y han salido a despedirme hasta la puerta, donde me han abrazado y deseado la mejor de las suertes para estos días venideros. A mí me da un poco de pena dejar mi sitio en el velador y en la partida de guiñote, pero de cuando en cuando hay que lucir osadía y mostrar atrevimiento ante las novedades que la vida nos procura, de modo que estoy muy alegre por esta intrépida y animosa decisión. Voy a coger la maletita azul, la que está sobre el armario.

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© Fran Vega, 2016

El airecito razonable de la tarde

El airecito razonable de la tarde · Fotografía: Arthur H. Fellig (Weegee)
· Diario de un hombre ridículo, 28 ·
Fran Vega
El airecito razonable de la tarde
Fotografía: Arthur H. Fellig (Weegee)

Como anteayer fue el primer martes de agosto y el jefe es muy devoto de la Virgen de la Alameda, se celebró en la oficina el sorteo de las vacaciones para que nuestras dignas dependencias no queden del todo abandonadas por sus meritorios empleados, más dedicados a la tediosa holganza que a la reconfortante ocupación. Abisinio fue descartado desde el principio porque todos dijeron que es un hombre necesario, cabal y de primera, y tan contento quedó con esta alegre facundia que todos le felicitamos de inmediato. Y como resulta improcedente que el Negociado de Reclamos que tan sabiamente atiende Teodomiro quede como inhóspito desierto, el jefe le dirigió unas simpáticas alabanzas para que suspendiera su proyectado viaje a la provincia más próxima, decisión que tomó no solo in situ e ipso facto, sino también in extremis, según afirmó Lupicinio por la tarde. De modo que la semana de asueto que tan generosamente es concedida por nuestro jefe oficinesco será para Carmencita, ya que en Contaduría se puede prescindir de su egregia aportación dado que los cobros y los pagos también tienen su agostidad. En el cafetín de Tadeo me preguntaron después por qué no había participado en la rifa y expliqué con mucho agrado que a mí lo que más me gusta del verano es sentarme en el velador a disfrutar del airecito de la tarde junto a todas mis amistades, porque yo no puedo entender que las personas razonables quieran pasar los días con individuos desconocidos, tumbadas en el suelo y sin chaleco. Lo que sí haré es guardar en la cómoda el pijama de franela con un poquito de alcanfor, que no quiero que nada me sorprenda cuando el tiempo mude en septiembre.

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© Fran Vega, 2016