Los cadáveres que investían a los muertos

Los cadáveres que investían a los muertos · Fotografía: Patrick Gries
Fotografía: Patrick Gries

Con Ferraz convertido en Puerto Hurraco y Génova en la tumba de Lázaro, no había otra fecha más idónea para investir al nuevo presidente que la víspera de la noche de los muertos vivientes, en la que algunos cadáveres se dirigieron a otros para decirles que de acuerdo, que adelante con el gobierno, pero que no piensen por ello que ahora son camaradas de uniforme y batallón. No habíamos presenciado una sesión parlamentaria tan fúnebre como la del 29 de octubre.
Con Sánchez huido en mitad de la andanada tras una profunda declaración de principios resumida en la frase «el lunes cojo mi coche», con el portavoz de su exgrupo haciendo un sentido homenaje a su trabajada miseria intelectual y con los muñidores de la trama tomando gintonics subvencionados en el cafetín del Parlamento, nuestro heroico presidente del gobierno pudo ser por fin investido con los votos necesarios.
Revolotearon alrededor Pablo Iglesias y su discurso de andamio y acampada, erigiéndose a sí mismo en líder de la oposición —ese puesto que Alfonso Guerra creó para Manuel Fraga con el único fin de que se perpetuara en él—, y ese chico tan gracioso y catalán que aún no se ha enterado de que no necesitamos políticos de chiste fácil y duelos tabernarios.
Así que dejemos de lamentar que Rajoy se mantiene en la Moncloa por culpa de conspiradores y banqueros, porque continúa en su puesto debido a una mayoría de votantes que ha seguido confiando en él. De otro modo hace un año que se hubiera formado gobierno, en caso de que nuestra hipotética y tullida izquierda hubiera sabido construir una alternativa sólida y audaz. Es obvio, por tanto, que los conservadores seguirán gobernando porque el electorado también lo es, no importa bajo qué siglas se refugien. González y Cebrián acudieron a cubrir con las navajas los escaños que faltaban para obtener la mayoría, pero la parte gruesa del trabajo se debe a quienes votan y defienden a quienes estafan y nos hunden.
Por su parte, tras cuatro años de trágica legislatura, procesos judiciales sin fin y trescientos días de limbo presidencial, Rajoy continúa en su sitio como si nada hubiera ocurrido y saliendo a caminar moviendo los bracitos en beatífico ademán. Como en las viejas carreras de cuadrigas, ha sabido esperar a que los demás se descuarticen y se estrellen y con sus cuatro caballos cojitrancos ha entrado en línea de meta con aplausos crecientes y vítores en masa. Y lleva ganadas tres elecciones generales consecutivas, acercándose con peligrosidad a la marca establecida por el viejo zorro de Suresnes, que ganó cuatro.
Sin embargo, es ahora cuando está muerto de verdad, aunque él todavía no lo sabe, porque su única opción es pactar con sombras y fantasmas que exhibirán como un triunfo la mínima cláusula lograda y, sobre todo, con sus propios compañeros de partido, que aprovecharán cualquier desliz negociador para partirle la columna vertebral. Los únicos interlocutores de Rajoy están muertos. Y los muertos no hablan con nadie, excepto con quienes son como ellos.

© Fran Vega, 2 de noviembre de 2016

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Tesoreros disyuntivos

Tesoreros disyuntivos · Fotografía: Geof Kern
· Cuadernos del Dárdano ·
Fran Vega
Tesoreros disyuntivos
Fotografía: Geof Kern

De todas las misiones que en los nuevos tiempos se pueden cometer, la del tesorero es quizá una de las más complejas y atrevidas, pues requiere del oficiante gran manejo de las cuentas y un sentido del dinero que excluye merma y orfandad. No es sencilla su tarea, ya que ha de ser siempre más hábil que beneficiarios silenciosos y deudores malqueridos, pero la función más delicada de quien llega a tesorero se encuentra en las modernas matemáticas relacionadas con la lógica formal, porque ha de agrupar primero para dividir después sin que nada le distraiga y lograr que unas mismas cantidades aparezcan con valores diferentes considerando a quien le paga y recompensa por su intrépida labor. A los viejos dogmas de dos y dos son cuatro y cuatro y dos son seis debe añadir tantas unidades como las autoridades dictaminan y tantas tiene que restar para que los ciudadanos sepan cuántos ímprobos esfuerzos y augustos sacrificios se requieren para pagar no ya lo que no deben, sino lo que nunca llegaron a tener. Los oficiales del tesoro saben siempre de qué estadísticas hablar, así como qué gráficos mostrar y de qué deudas alertar, ingeniosos resortes inventados para que el dinero temerario desafíe la constante ley gravitatoria, pues fluye siempre a las alturas y jamás desciende a su lugar, no otro que el sitio en donde nace y se genera a costa del trabajo y la pobreza, la codicia y la crueldad. Y de su alquimia financiera pende la supervivencia de los amos y la miseria de la insolente mayoría, objetivos demostrados a través de tantos años de fraudes, latrocinios y espuelas tributarias que argumentarán ante el juicio y la sentencia mediante el silogismo disyuntivo de la lógica proposicional: tollendo ponens, que negando afirma.

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© Fran Vega, 2016

Zarzuela, Génova y Ferraz

Zarzuela, Génova y Ferraz

La ventaja de ser rey emérito es que no estás sujeto a ningún tipo de precepto legislativo, por lo que puedes hacer casi lo que quieras sin más frontera que la de tu propia ética, en caso de que la tengas. La Constitución impide que el rey que reina se inmiscuya en política o en asuntos propios de los partidos, pero nada limita la actividad del emérito, que hace y deshace sin rendir cuentas ni explicación.
Viene esto a propósito de que no resulta creíble que la carnicería que se está perpetrando en Ferraz sea ajena a conciliábulos como el que observan en la fotografía, en el que todos los comensales comparten objetivos e intereses. La ausencia de F6 se explica porque la propia Constitución le obliga a respetarla, pero no hay decreto que prohíba al emérito borbonear con el señor de los GAL, el señor de Irak, el señor de la Gürtel y un señor de León que fue invitado por cortesía.
Pensar que el enésimo movimiento cainita que los socialdemócratas están viviendo tiene su origen en pedristas y susanistas resultaría ingenuo. Hace meses que entre Zarzuela y Génova se estableció un hilo directo para lograr la investidura de Rajoy mediante la voladura de Ferraz siempre que esta se produjera desde dentro y con escenografía navajera. Y para ello se pidió colaboración al mejor dinamitero del reino: Felipe González, el viejo león superviviente de Suresnes con las cuatro patas hundidas en otros tantos consejos de administración. La Zarzuela se personó a través del emérito en un conflicto en el que no podía intervenir, pero del que dependía buena parte de su estabilidad.
No es creíble tampoco el difundido lapsus de González aludiendo a la guerra sucia en una entrevista radiofónica. En primer lugar, porque estaba grabada con anterioridad, y hubiera hecho falta una sola palabra del viejo león para que la Cadena Ser la editara y omitiera esa referencia. Y en segundo lugar, porque el viejo león es demasiado viejo y demasiado listo como para cometer ese pretendido error. Era una bala que tenía guardada para los de su propia tropa y que disparó con septembridad y alevosía. Un tá-pá-pá que en tres décadas no había dejado escapar, hasta que lo usó como fuego amigo camuflado entre críticas a su secretario general. Y una chulería, porque si en su momento ningún juez se atrevió a sentarle en el banquillo, él mismo ha confesado ahora sus fechorías sin que nadie le preguntara.
Es pronto para saber cómo terminará este golpe socialdemócrata y hasta qué punto beneficiará a sus instigadores y a quienes les financian o si se volverá en contra de sus cabecillas, pero no para observar la obscena fotografía tomada en un restaurante madrileño y reparar en que quien la hace no tiene plato en la mesa. No hay un sitio vacío, porque quien tomó la instantánea solo estaba convocado para que tomara nota del evento: Cebrián, ese fiel servidor y beneficiario de cualquier gobierno que lleva cuarenta años en todas las sombras de importancia.
Tal vez el partido socialdemócrata necesitaba un sepulturero y lo ha encontrado en el mismo que lo llevó al poder, pero una vez provocado el incendio, apagadas las llamas e identificados los pirómanos, ¿quién gestiona las cenizas? Pasarán años antes de que alguien se atreva a recogerlas y pueda responder.

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© Fran Vega, 1 de octubre de 2016

Socialtecnócratas

Socialtecnócratas · Fotografía: Irwin Klein
· Cuadernos del Dárdano ·
Fran Vega
Socialtecnócratas
Fotografía: Irwin Klein

Como síntoma constante de nuestro tiempo de desprecios y tinieblas, las turbas postergadas contemplan cómo los desaparecidos se transforman en ocultos y los recónditos anuncian su regreso, como si en sus mentes no existieran las preguntas pertinentes ni surgieran las incógnitas severas: dónde estaban cuando se desplegaban las tormentas y caían sobre las ciudades y las gentes la miseria y la pobreza, dónde habitaban durante el hierro y los incendios, durante tanto yugo y cuánta soga. Vuelven con euforia y sin desdoro para narrar promesas indignantes a quienes ya no tienen fuerza para un gesto parecido a la sonrisa y pasean por las calles en espera de ovación y bendición, como si aún pudiera sostenerse que es posible la batalla delegada en quienes huyen y desertan, en quienes pactan y consienten, en quienes callan y obedecen. Y no regresan avergonzados y aturdidos, sino orgullosos y contentos de llegar en el último momento al espectáculo acordado, no otro que echar flores sobre el estiércol fecundado para dejar su huella permanente junto a las aves carroñeras de enigmática fortuna. Cuando los amos hayan cumplido con su parte estipulada y la vida sea ya el reino de silencio que soñaron, llegará el socialtecnócrata a la puerta principal del cementerio para decir a cada muerto sucumbido durante la holganza y la apatía: levántate y anda, agrupémonos todos, que aún estamos a tiempo de la última traición.

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© Fran Vega, 2016

Rajoy no existe

20160628 · Rajoy no existe

A ver, que lo fácil ahora es decir que Mariano ha ganado las elecciones, pero eso es imposible por la incuestionada verdad de que Rajoy no existe. Todos los votantes del Partido Popular son conscientes de esta exactitud, así que socialdemócratas y podemitas son los únicos que permanecen en el limbo y siguen sin saber que el gran Mariano solo tiene vida en nuestra confusa imaginación. Veamos por qué.
En primer lugar, porque Aznar está satisfecho con el resultado y ha felicitado a su sucesor. Y esto es muy mal asunto, porque significa que es Josemari quien habita en la oquedad craneal de Mariano.
Después, porque nada podía esperarse de una campaña podemita basada en invocaciones a la patria y corazoncitos veraniegos. ¿Qué creían estos chicos? ¿Que hemos llegado hasta aquí para escuchar estas cosas? ¿Que hemos peleado tanto para llevar un corazoncito en la solapa? No, muchachos, no basta con la camisa blanca remangada y tres o cinco ocurrencias en prime time. Necesitamos dinamita intelectual y fuego en las neuronas, no carantoñas ni ternura de colegas.
A continuación, porque solo los socialdemócratas pueden aprobar un eslogan electoral tan hueco como “Vota sí al cambio”. Eso del cambio funcionó una vez, pero está claro que no es una mina sin fondo. Y menos aún si va impreso sobre la foto de un líder errático y errante cuya vida política pende de un pedo. ¿Cuándo se van a convencer los políticos de que la gente jamás vota incertidumbre?
Más todavía: es imposible que exista alguien como Mariano Rajoy. Es imposible que alguien así dirija una banda perfectamente organizada que gana elecciones y aumenta su ventaja en cada convocatoria. Eso no puede ser verdad.
Pero, sobre todo, Rajoy no existe porque el Partido Popular no lo necesita. ¿Para qué tener un líder si no hay nadie que trabaje mejor por el partido que podemitas y socialdemócratas?
Rajoy no ha existido nunca. Y la izquierda solo ha demostrado un principio físico irrebatible: dos fuerzas que chocan siempre impulsan a una tercera.
(En efecto, lector: usted y yo tampoco existimos. Solo somos el resultado de un capricho algorítmico).

© Fran Vega, 28 de junio de 2016

Mariano, un artista entre nosotros

20160601 · Un artista entre nosotros

Tenemos todavía un artista en la Moncloa y lo hemos ignorado hasta ahora como si no fuera importante la creatividad en la heroica tarea de dirigir un país y hasta un gobierno. Rajoy nos ha sorprendido con un tuit, élfico y misterioso, en el que junto a la imagen que contemplan ha añadido el siguiente texto: «Después de estos meses, así veo yo la situación política».
¿Qué? ¿Es grande o no es grande Mariano? ¿Tiene arte o no lo tiene? Hay que ser muy bueno, hay que tener una amplitud de miras espectacular y hay que tener conciencia de la historia para publicar algo así. Hay que tener muy claras las ideas, muy definidos los proyectos y muy estructurados los planes de futuro para resumir de este modo un semestre de fútbol y vagancia y encarar unas nuevas elecciones.
Al final, somos nosotros los únicos preocupados por el déficit, los recortes, la prima de riesgo, la corrupción, los refugiados y el cambio climático. Somos nosotros los que nos angustiamos solitos y contemplamos todo con lamento y pesimismo.
Sean optimistas, alegren esa cara, miren la vida como si hubiera mil mañanas y aprendan de Mariano: una línea roja sobre un fondo blanco. Ya está. Eso es todo.

© Fran Vega, 1 de junio de 2016

El vacío del mundo en la oquedad de su cabeza

20160523 · El vacío del mundo

Según la última encuesta que El País ha hecho para Metroscopia, este hombre grisáceo, pazguato y anodino volverá a ganar las elecciones. Y no solo eso. Es probable que las gane incluso con un margen superior al de hace unos meses. Es difícil enmendar la plana a un diario sostenido y financiado por algunos de los imperios financieros más importantes de Europa, de modo que su titular resulta creíble por mucha desolación que produzca.
Cierto es que la banca aloja y desaloja la Moncloa cuando le viene en gana y que nombra y depone ministros y altos cargos según le conviene y le apetece, pero lo que no hace es depositar los votos de millones de españoles en las urnas.
Esas papeletas son llevadas una a una y hasta su destino por quienes todavía creen que este individuo de extraño cerebelo es el más adecuado para gobernarnos, dirigirnos y representarnos. Este señor que tanta risa nos da cuando no nos entristece es apoyado por una mayoría de ciudadanos que de manera inexplicable, cuando no del todo irracional, todavía confía en él.
Que El País cocina sus encuestas antes de servirlas a Metroscopia es un hecho evidente; que la banca cocina las suyas antes de dar precisas instrucciones al director de El País, también. Pero ¿cómo se cocinan millones de contribuyentes para que mantengan su adhesión inquebrantable a este señor de casino provinciano con el vacío del mundo en la oquedad de su cabeza?

© Fran Vega, 23 de mayo de 2016

Carlos Soria y el PIB

20160519 · Carlos Soria

Supimos ayer que la deuda pública de este país que avanza por la senda de la recuperación y el desarrollo ha superado ya el 100 % del PIB, es decir, que debemos todo lo que producimos durante un año. Todo un año trabajando por salarios míseros y en condiciones más míseras aún para que nuestros acreedores se lo lleven de golpe a sus paraísos fiscales y jurídicos.
Se suponía que todos los recortes que hemos sufrido durante los últimos años tenían como objetivo no solo no incrementar la deuda pública, sino reducirla. Pues no. Y por si fuera poco, el FMI y Bruselas han caído en la cuenta de que las medidas de austeridad no han conducido a nada y preparan ya un nuevo paquete de recortes que el gobierno surgido de las próximas elecciones tendrá que aplicar, además de la correspondiente multa hipermillonaria por haber superado el techo de déficit. No es de extrañar que todos jueguen al escondite y traten por todos los medios de dar esquinazo a la Moncloa.
Al mismo tiempo, aparecía en los medios una entrevista con Carlos Soria, el antiguo tapicero de 77 años que un día se propuso escalar todos los «ochomiles» del planeta y continúa en su empeño. Dice que a veces le duele una rodilla, pero que a su edad no piensa renunciar a sus sueños y que la voluntad y la ilusión son sus mejores compañeras de escalada.
No sabemos que pensaría este hombre heroico y admirado si un día le dijeran que todos los miles de metros que ha subido y que todos los picos que ha alcanzado los tiene en deuda con una extraña organización que se dedica a vigilar el esfuerzo y el trabajo ajenos. Y no solo eso, sino que todas las cumbres que alcance en el futuro las tendrá también embargadas de antemano. Es de suponer que enterraría la mochila y el piolet y que a partir de entonces dedicaría su tiempo al plácido paseo o a la bien merecida holganza.
A nosotros nos dicen lo mismo, pero con la diferencia de que en los próximos comicios daremos el mando de nuevo a quienes se apropian de nuestra cordada.
Tal vez haya llegado el momento de quedarse en la cima del Annapurna y no volver.

http://www.publico.es/deportes/carlos-soria-inmortal-77-anos.html

© Fran Vega, 19 de mayo de 2016

Sin novedades

20160512 · Presupuesto electoral

Para situarnos un poquito: resulta que estos señores que tan alegremente deciden sobre nuestras vidas y recortan presupuestos cada vez que desde Bruselas se les llama la atención, son incapaces de ponerse de acuerdo para reducir el gasto de la campaña electoral que, naturalmente, financiaremos entre todos. Cada uno quiere sus papelitos, sus folletos y sus banderolas y ninguno está dispuesto a que sus siglas y sus rancias fotografías desaparezcan de calles y buzones.
Hubiera sido razonable que después de haber estado seis meses sin nada que hacer afrontaran la situación con un poco más de perspectiva y humildad y dijeran: «Miren, ya que hemos sido incapaces de hacer nuestro trabajo, vamos a repetir las elecciones, pero de modo que les salga baratito. Disculpen las molestias».
No es nada que sorprenda, pero conviene recordarlo para que luego no cause alarma descubrir sus abundantes ineptitudes y sus ineficaces gestiones. Con tipos incapaces de renunciar a unas cuantas octavillas no podemos ir a ningún lado.

© Fran Vega, 12 de mayo de 2016

No nos aburran más

20160428 · Ovejas

Decía F6 estos días que la campaña electoral que se nos viene encima debía ser austera y comedida, que no están los tiempos como para derroches y dispendios y que ya se han gastado los políticos muchos dineros en contarnos lo que ya sabemos y en ocultarnos lo que de verdad importa.
Sería la ocasión, por tanto, de rogarles que no hagan ninguna campaña, que continúen sus vidas como si tal cosa, que nos convoquen a las urnas pero que no nos canten milongas, que no aparezcan de nuevo en nuestras casas diciéndonos lo que tenían que haber hecho y no hicieron pero que esta vez sí harán y que nos dejen tranquilos con nuestros asuntos.
Que hagan lo que les venga en gana y les parezca bien, que para eso les pagamos, pero no nos merecemos que nos cansen y nos agoten otra vez con sus cantinelas y absurdas promesas que ya solo pueden incitar a la risa, cuando no a la irritación. Por favor, señores de la política, no nos aburran más.

© Fran Vega, 28 de abril de 2016

Episodios nacionales

20160424 · Philip Bonn

Dicen estos días quienes se dedican a la extravagante actividad de la política que no queda otra salida que convocar elecciones generales, pero también hay quien augura un pacto de última hora entre socialdemócratas y democristianos, pues todos son una u otra cosa aunque sus siglas sean diferentes.
Y dicen quienes entienden de estos feos asuntos que los resultados de unos nuevos comicios no serían muy distintos de los conocidos, de modo que no parece tampoco que pueda suponer solución alguna al entretenido espectáculo que nos brindan. Mejor sería entonces que llegaran a un acuerdo no porque este fuera bueno, sino para dejar de aburrirnos con sus actitudes infantiles y sus infames teatralidades.
Por si acaso, vayamos preparando papel y papeletas, no vaya a ser que en cualquier momento suenen las cornetas y nos pillen despistados.
Ahí tienen las urnas. No olviden lavarse las manos después.

© Fran Vega, 24 de abril de 2016

Esa persona de la que usted me habla

Sáenz de Santamaría y Soria

Tenemos un patriota menos en las filas del gobierno y uno más en el sector de “esas personas de las que usted me habla”, que es como el presidente en funciones suele referirse a quienes en algún momento fueron de su máxima confianza y hoy hacen fila en la puerta del juzgado.
La estrepitosa caída del imaginativo ministro que estableció un impuesto al Sol reaviva en las tropas populares la operación Menina, es decir, la operación Soraya. Tan abrasado está Rajoy que ya ni los suyos creen que pueda salvarse de las cenizas, por lo que impulsarían a SSS como candidata popular en unas hipotéticas elecciones con la esperanza de que su condición femenina y su, hasta el momento, limpia trayectoria robara votos a socialdemócratas, podemitas y ciudadanitas.
Pero hay que esperar, porque tal vez un acuerdo de última hora coloque a Soraya en la Moncloa sin necesidad de pasar por las urnas: Pedro Sánchez dijo que nunca apoyaría a Rajoy, pero nada dijo de la Menina.
Que la fiesta continúe.

© Fran Vega, 18 de abril de 2016

Un país de mucho honor

20160415 · Ajax

Ser algo a título honorífico es, seguramente, lo más triste que se puede ser. Sabíamos hasta ahora que se puede alcanzar semejante rango siendo pontífice, monarca o presidente de cualquier partido político que se desenvuelva con destreza entre escombros y basura. Pero desde hace unos días sabemos también que se puede ser comisario honorífico, un nombramiento muy extraño que nos lleva a preguntarnos qué se consume en las altas instancias del Ministerio del Interior, ese oscuro departamento en donde la última palabra la tiene un ángel de la guarda.
De modo que tras la entrega de medallas y condecoraciones a vírgenes y gacetilleros de variada condición, nos preguntamos muy estupefactos qué será lo siguiente. Y no estamos seguros de querer saberlo.
¿No les parece que vivimos en un país muy raro?

© Fran Vega, 15 de abril de 2016

Macarrones o república

Madrid, 14 de abril de 1931 · Fotografía: Martín Santos Yubero
· Ucronías ·
Fran Vega
Madrid, 14 de abril de 1931
Fotografía: Martín Santos Yubero

La proximidad del 14 de abril es un pretexto adecuado para dar otra vuelta argumental a la necesidad de establecer un sistema republicano en nuestro país, tan asolado históricamente por dinastías deificadas que jamás han logrado el respeto de la sociedad sobre las que reinaron, seguramente porque no llegaron para ser respetadas, sino para ser temidas.
A finales de 1975, tras la muerte del dictador que en 1936 acabó con la Segunda República, los partidos políticos que entonces actuaban en la clandestinidad tuvieron que plantearse la aceptación de la monarquía como un mecanismo de transición o la reclamación del sistema republicano. Eligieron la primera opción, cuyos resultados son sobradamente conocidos, pero siempre nos quedará la duda de qué hubiera ocurrido si hubieran acudido a la segunda. No lo hicieron. Y su decisión supuso que la sociedad aceptara el trono borbónico como un mal menor frente a la situación apocalíptica que entonces nos dibujaban: desde una nueva guerra hasta la invasión amarilla.
Poco más ha hecho después este presunto país indignado por alcanzar otra forma de estado, aparte de pintorescas manifestaciones de cacerola y cuchufleta y de dejar pasar las décadas en un limbo político del que solo la crisis económica fue capaz de despertarlo. Mientras la despensa estuvo llena, poco nos importó el trono; cuando empezaron a faltar los macarrones, comenzamos también a ser republicanos.
Sin embargo, alguna vez tendremos que afrontar algo en serio de forma colectiva y debatir también en serio si queremos seguir siendo una reserva monárquica o si vamos a tener la valentía de darle la vuelta a lo que los vencedores de la guerra civil dejaron establecido. Cuarenta años debería ser un plazo lo suficientemente amplio como para haberlo pensado en calma.
Acabar legalmente con la monarquía es probablemente más sencillo de lo que parece, pero no basta con eso, pues se trata de prever qué vendrá después y quiénes gestionarán la situación resultante de esta abolición. Más allá de las proclamas y los eslóganes, va siendo hora de que asumamos que no bastan las pancartas para establecer un nuevo régimen. No son suficientes las banderas en primavera.
Cuando el republicanismo deje de ser una postura para ser una actitud estaremos en condiciones de aspirar a otro sistema diferente del que tenemos. Y será entonces cuando encontraremos entre nosotros los cráneos adecuados para gestionarlo, pues las banderolas y las insignias son tan solo viejos recuerdos de lo que nunca tuvimos. De modo que si de verdad deseamos la instauración de una nueva república no hemos de comenzar por la abolición de la monarquía, sino por la renovación profunda de nuestras estructuras y mentalidades en medio de una crisis que inventaron para que no inventáramos nada.
Y no olviden este 14 de abril poner la banderita republicana en las redes sociales: todos los monárquicos continuarán estando agradecidos.

© Fran Vega, 2016
El Cotidiano, 13 de abril de 2016

Una cultura jurídica distinta

20160412 · Rafael Catala

Afirma este hombre, que es el ministro de Justicia de un gobierno de la Unión Europea, que no es que en Panamá se hagan cosas muy feas a costa de los alegres contribuyentes españoles, sino que es un país «con una cultura jurídica distinta». Y se supone que debemos aceptar la financiación offshore de cuantos tienen allí sus ahorrillos porque ellos también tienen una cultura jurídica distinta.
Lo bueno del caso es que usted mismo puede dar hoy una paliza a su jefe, ya que será debido a que tiene una cultura sanitaria distinta, o puede cometer un atraco en la tienda más cercana, porque lo más probable es que tenga una cultura comercial distinta.
Y lo peor del caso no es que este hombre sea nuestro ministro de Justicia, sino que la mayoría de la gente quiere que siga siéndolo.

© Fran Vega, 12 de abril de 2016