Embrollos y barullos en nuestra insigne institución

Embrollos y barullos en nuestra insigne institución · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 70 ·
Fran Vega
Embrollos y barullos en nuestra insigne institución
Fotografía: Tommy Ingberg

Desde hace unos días están las temáticas muy revoloteadas y agitadas en el cafetín de Tadeo. Resulta que cuando constituimos el ateneo de guiñotistas resolvimos que Argimiro sería presidente vitalicio y que Fulgencio haría las veces de secretario perpetuo, pero ahora, y sin que tengamos conocimiento de causas ni motivos, quieren intercambiar las tareas de modo que la perpetuidad de la secretaría pase a manos de Argimiro y que la infinitud de la presidencia sea competencia de Fulgencio. A mí no me parece que esto vaya a cambiar esencias ni sustancias, porque las ordenanzas que rigen el guiñote seguirán siendo las mismas y porque lo importante es pasar buenos ratos con las amistades y terminar la tarde con vivas y hurras hacia los acreditados ganadores, pero dice Teofrasto que cesantías y traspasos implican una reunión extraordinaria de todos los guiñotistas cafetinescos para que podamos competir con garantías en el próximo campeonato subcomarcal, lo que hay que reconocer que es un sapientérrimo criterio. Carioco, que no por nada es el más feo de los hermanos Hinojosa, piensa que para que todo siga igual es mejor dejar los asuntos como están, pero Ginés, que es la monda, considera que los perpetuismos no redundan en beneficios multivalentes para nuestra insigne institución y sí en disparates y torpezas de extravagante finalidad, lo que no acabo de saber qué puede significar y de qué forma nos abarca. Y yo, aunque a veces no entiendo las cosas, creo que lo adecuado sería tener en cuenta los discernimientos al respecto que cada persona tenga en el magín, incluso de quienes prefieren el asombroso juego de la petanca en vez de nuestro dilecto y tradicional guiñote. Voy a parlotear un poco con Don Helesponto, mi cabalérrimo vecino, que siempre ilumina los embrollos con su copiosa erudición.

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© Fran Vega, 2017

La serena algarabía y los raros argumentos

La serena algarabía y los raros argumentos · Fotografía: Geof Kern
· Diario de un hombre ridículo, 67 ·
Fran Vega
La serena algarabía y los raros argumentos
Fotografía: Geof Kern

He pasado unas jornadas luctuosas y estupendas en compañía de todas mis amistades del cafetín de Tadeo, donde siempre reinan el cordialismo y la alegre erudición. Como en los negociados nos otorgaron unos días festivos y recuperables para que nuestro egregio jefe oficinesco pudiera acudir a las procesiones y desfiles de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto, hemos aprovechado el tiempo para consolidar nuestro ateneo de guiñotistas y ejercer la excelentérrima amistad que nos une en pos de tan entrañable actividad. Lupicinio también quería asistir a una de estas concentraciones multitudinarias en las que hay que presentarse con oscuros ropajes y semblantes más oscuros todavía, pero hubo que convencerle de que no podía desfilar vestido de romano con la prensa deportiva bajo el brazo, sobre todo porque en tiempos de los romanos ni siquiera habían inventado aún la gaseosa y es probable que tampoco las empanadillas, según comentaron la otra tarde en el fidedigno boletín de la radio. También Teofrasto quiso ponerse una capucha para caminar embozado por las calles junto al Cristo de los Tréboles, pero al final dijo que tenía una discontinua dolencia en el chaleco y se quedó con nosotros en el cafetín, donde Justito cantó saetas y jarandas que hicieron las delicias de Ginés, que es la monda hasta en los días de recogimiento y serena algarabía. La verdad es que yo no termino de comprender estas celebraciones, porque son un poco lánguidas y a veces se ven gentes en las calles que gimen y murmuran con muy raros argumentos, así que me pareció mejor pasar las mañanas apostado en la glorieta de los Lirios y las tardes escuchando las disertaciones de Fulgencio en el cafetín, que desde que estuvo en su callista de cabecera siempre tiene cosas interesantes que contar. Voy a ordenar el armario de los sombreros importantes, que ya es momento de cometer alguna heroicidad.

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© Fran Vega, 2017

Una cuchipanda de postín

Una cuchipanda de postín · Fotografía: Het Leven
· Diario de un hombre ridículo, 62 ·
Fran Vega
Una cuchipanda de postín
Fotografía: Het Leven

Estos días estoy muy contento porque se ha celebrado en nuestra excelsa subcomarca la acostumbrada fiesta de disfraces que precede a la Cuaresma, así que Tadeo organizó una francachela en el cafetín para que acudiéramos debidamente enmascarados y ataviados y para que en la taberna del Sindicato de Oficinistas supieran que nosotros también sabemos disfrazarnos. Después de varias tardes de muchos pensamientos todas las amistades decidimos asistir al festejo, si bien cada uno fue libre de elegir su ropaje y su sombrero. Fulgencio y Argimiro acordaron vestirse de naipes, pues por algo son los flamantes triunfadores del campeonato guiñotista, mientras que Imeldo se las ingenió para encasquetarse un disfraz de picaporte, sin duda en homenaje al taller de aldabas y fallebas que regentaba el difunto Honorino. Carioco, por su parte, que es el más feo de los hermanos Hinojosa, tuvo la radiante idea de aparecer vestido de tunante concejal, con muchos billetes de broma que le asomaban de los bolsillos, y a Cristóforo no se le alcanzó otra cosa que inducir al engaño con su disfraz de noticiario, con numerosas cuchufletas y bagatelas ocultas bajo alegres titulares. Pero lo mejor de la tarde estuvo cuando Ginés, que es la monda, llegó con atuendo de banquero tomador y manilargo, con su antifaz como anteojos, sus ganzúas de mentira y sus sacos de esparto cargados en los hombros. A todos nos dio mucha risa y celebramos su ocurrencia, incluso Justito, que llevaba un espléndido uniforme de croqueta de gallina. Y la verdad es que también me felicitaron a mí, que acudí a la merendola con un novísimo atavío de primordial cafetinesco, aunque sustituí mi habitual chaleco de invierno por uno de cuadritos escoceses muy elegante y oportuno. Un día es un día, como dice mi instruido y cabal vecino Don Helesponto, el del principal segunda.

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Que las buenas gentes tengan un prospérrimo año nuevo

Que las buenas gentes tengan un prospérrimo año nuevo · Fotografía: Philip McKay
· Diario de un hombre ridículo, 56 ·
Fran Vega
Que las buenas gentes tengan un prospérrimo año nuevo
Fotografía: Philip McKay

El bueno de Tadeo ha organizado en el cafetín un piscolabis extraordinario con motivo del singular acontecimiento cronológico que todos los años ocurre en esta misma fecha, porque dice que es un asunto de contento y alegría que es necesario celebrar con muchos vítores y hurras, aunque no ha permitido que su sobrino Justito adquiera tracas y petardos ni que Ginés pueda hacer volatines sobre el mostrador, como era su jovial y atlética intención. Y como otros años en estas mismas circunstancias, ha preparado bandeja y media de meritorias croquetas de gallina y ha puesto a enfriar en la tina unas gaseosas, mientras que Cristóforo ha prometido aportar a tan fantástico festín una estupenda tortilla de chicharrones, lo que ya de por sí es motivo de júbilo y godeo. Sin embargo, yo no termino de entender por qué tengo que esperar a que el calendario indique una fecha o a que el reloj marque una hora para abrazar a los amigos, saludar con entusiasmo a los conocidos y desear buena suerte a paseantes y vecinos, pero Lupicinio y Argimiro están seguros de que tiene que hacerse así y todos los guiñotistas han prometido situarse esta noche cerca del transistor desde muy temprano, no vaya a ser que las campanadas se adelanten y nos sorprendan en pleno auge del despiste, sin nuestros gorritos y nuestros vasos de limonada ordenadamente preparados. Yo, por si acaso, en cuanto anochezca me sentaré en mi lugar favorito de la glorieta de los Lirios, desde donde se divisan el puente de los Serafines y el bulevar de los Arcángeles, para desear concordia, armonía y equidad a todo el que vea, sea oficinista o no, y para pensar que todas las buenas gentes son merecedoras de un prospérrimo año nuevo en compañía de sus mejores y más cabales amistades. Voy a comprar ahora mismo dos serpentinas y una trompetilla de colores para ovacionarme y festejarme.

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Ideas revolucionarias en el cafetín

Ideas revolucionarias en el cafetín · Fotografía: Bill Brandt
· Diario de un hombre ridículo, 52 ·
Fran Vega
Ideas revolucionarias en el cafetín
Fotografía: Bill Brandt

Ayer por la tarde tuvo lugar en el cafetín de Tadeo un esmerado debate que sin duda transformará la historia reciente y futura de nuestra excelsa subcomarca. Teofrasto, que demuestra ser siempre un hombre honestérrimo y cabal, expuso la adecuada idea de instalar una nueva farola en la glorieta de los Lirios con el fin de tener un elemento más de referencia en las noches oscuras y en las tardes de ponche y media copita de brandy. Sin embargo, Lupicinio mantuvo la opinión de que ese dispendio bien podía dedicarse a iluminar los urinarios del parque de los Querubines para evitar tropiezos y estropicios, lo que hay que reconocer que es una ocurrencia fenomenal. Y Ginés, que es la monda, propuso decorar el puente de los Serafines con motivos tradicionales de nuestro entorno geoestratégico, lo que produjo la efusiva ovación de Sinforoso y la indisimulada ignorancia de Fulgencio. Y en medio de este lúcido hervor del intelecto cafetinesco apareció Venerando, que desde que es subconcejal de Acequias y Cloacas ya no usa sombrero, a todos nos tutea y saluda con gran estruendo a los ciudadanos de bien. Dijo entonces que la farola de Teofrasto le parecía un pensamiento estupendo y que podía presentarlo en la próxima Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, pero que si le invitábamos a una gaseosa podía elevarlo al Infracomité de Proyectos Ficticios, que se reúne los jueves pares de los meses impares, así que Tadeo, que siempre ha tenido un pronto, le respondió que en el cafetín no están permitidas las actividades circenses y decidió auparlo a la categoría de excelentérrimo estólido municipal. Y a mí me parece que colocar una farola en la glorieta de los Lirios sería muy oportuno, sobre todo para asegurarme de que llevo bien abrochado el chaleco en estas noches tan insolentes y fresquitas. Voy a buscar la mantita de cuadros, que se me quedan frías las corvillas.

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Contubernios y algaradas en horas de oficina

Contubernios y algaradas en horas de oficina · Fotografía: Kevin Corrado
· Diario de un hombre ridículo, 48 ·
Fran Vega
Contubernios y algaradas en horas de oficina
Fotografía: Kevin Corrado

Esta mañana se ha armado en la oficina un alboroto morrocotudo que nos ha dejado a todos patidifusos y confusos. Resulta que al jefe, que es muy devoto de la Virgen de la Alameda, no le gusta que nos reunamos a la hora del almuerzo en el Negociado de Pólizas y Recargos, a pesar de que Abisinio trae a veces una empanada de atún que está muy rica, porque dice que siempre quedan muchos formularios sin ordenar y que de esos contubernios solo pueden surgir rebeliones y algaradas. Así que ha decidido que cada uno tiene que almorzar en su propio negociado, sin que tengamos oportunidad de parlotear entre nosotros sobre los episodios de la vida circundante. Esto ha colmado la paciencia de Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que dice que ahora va a liar una buena de verdad, porque piensa poner dos carteles reivindicativos en los escusados y otro más junto a la multicopista y que todos los miércoles pares de los meses impares permanecerá de pie en el pasillo durante un buen rato como palmaria forma de protesta. A mí me parece que nuestro jefe oficinesco está un poco turulato, pero él sabrá lo que hace, porque a jefe no llega cualquiera y él siempre ha sido un hombre de primorosa conciencia. Después comenté estos acontecimientos en el cafetín de Tadeo y Ginés, que es la monda, dijo algo sobre el derecho del obrero y la tiranía del sistema, pero Argimiro enseguida le pidió que se dejara de tanta cháchara difusa y jugara sus cartas de una vez. Seguramente se trataba de una de sus chanzas y tontunas, porque no creo que de repente se haya vuelto anarquista, aunque yo a veces no entiendo las cosas y confundo el sentir con el pensar. Voy a escuchar el boletín de la radio, por si ha ocurrido hoy algo importante.

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© Fran Vega, 2016

Cabales remedios para las ocurrencias

Cabales remedios para las ocurrencias · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 44 ·
Fran Vega
Cabales remedios para las ocurrencias
Fotografía: Tommy Ingberg

Se están produciendo en nuestra excelsa subcomarca algunos cambios sorprendentes en los que no dejo de pensar un ratito cada tarde. Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, ha resuelto acudir al trabajo sin corbata, lo que me resulta incomprensible en un hombre con un predicamento como el suyo. Cuando dejó de usar sombrero me pareció una extravagancia que solo podía ser resultado de un alboroto transitorio, pero abandonar la corbata en el armario y acudir a la oficina luciendo la medallita de la Virgen de la Tregua resulta todo un despropósito en alguien que camina por las calles con la testa en evidencia. Tadeo, por su parte, ha decidido que los domingos en el cafetín no solo servirá ponche por las tardes, sino naranjada y limonada en vaso alto y con pajita, que por algo la semana pasada invirtió sus alcancías en un artilugio manual adquirido con este fin, y ha colocado un pizarrón en la entrada con este ingenioso y sugerente anuncio: «Hay naranjada. Hay limonada». Ginés, que es la monda, dijo que tenía que escribirlo también en germánico y londinense, pero ni siquiera Carioco supo traducirlo, y eso que es el más feo de los hermanos Hinojosa, así que Justito dibujó unas naranjas muy graciosas junto a unos cubitos de hielo y se olvidó de los limones. También quiere sustituir las croquetas de gallina por unas modernas empanadillas de chicharrones y que los frutos secos de la barra precedan en importancia a las torrijas, porque dice que así su balanza de pagos tendrá espléndidas mejoras. Yo no sé bien qué significan estas cosas, porque a mí me parece que lo más importante es que todas las amistades estemos contentas mientras jugamos al guiñote o parloteamos de los relevantes episodios que nos acontecen a diario, pero por hoy ya he cavilado bastante, así que voy a tomar de inmediato media copita de brandy, porque dice Don Helesponto que es muy bueno para las ocurrencias.

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© Fran Vega, 2016

Las personas razonables caminan muy contentas

Las personas razonables caminan muy contentas
· Diario de un hombre ridículo, 39 ·
Fran Vega
Las personas razonables caminan muy contentas

Como ya estamos casi en otoño, que es una parte estupenda del año, paso las tardes sentado con todos mis amigos junto a la puerta del cafetín para aprovechar los últimos efluvios del solecito vespertino. Veo pasar muchas damiselas distinguidas a las que saludo con un toque de sombrero y a muchos caballeros con cara de preocupación, como si tuvieran alguna cosa en sus mentes que no les deja descansar. Yo ya sé que a veces no entiendo las cosas, pero no acierto a comprender qué motivos pueden tener estos señores para caminar tan cabizbajos, si hasta en la cantina del Sindicato de Oficinistas gobierna la tranquilidad y Justito tiene bien asegurado el suministro de gaseosas y frutos secos. Dice Ginés, que es la monda, que a estos individuos les contrata el ayuntamiento de nuestra insigne población para que vayan muy serios por las calles y den mucho postín a la ciudad, pero a mí me parece que es una de sus chanzas, porque a veces se pone a parlotear con nosotros y adopta actitudes de mucha guasa. Además, mi bisabuelo Conrado y mi abuelo Conradino también eran hombres muy serios, pero caminaban por las avenidas mirando al frente y muy contentos, que es lo que se espera de las personas razonables de verdad. Creo que lo mejor será que pregunte por esta importantérrima cuestión al doctor Islallana, que por algo es mi callista de cabecera, y que saque de la cómoda los chalecos oscuritos, por si comienza a llover.

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Un hombre instruido y noticioso

Un hombre instruido y noticioso · Fotografía: Philip McKay
· Diario de un hombre ridículo, 36 ·
Fran Vega
Un hombre instruido y noticioso
Fotografía: Philip McKay

Estoy muy contento porque ayer pude resolver un curioso enigma que me producía mucha inquietud y un gran confusionismo. Se trata de que algunas tardes se sienta en el cafetín de Tadeo el bueno de Don Helesponto, que a veces se queda en silencio como si estuviera pensando en los cerros ubetenses o meditando en carpetovetónicos asuntos. Yo no lograba comprender a qué podía deberse esta insólita actitud, sobre todo porque ninguna de mis amistades parecía haber reparado en ella, así que se me ocurrió preguntar a Imeldo, que también es un poco raro, pero no dijo nada porque solo sonríe los jueves. Ginés me comentó en un aparte muy discreto que él tampoco conocía el motivo, pero que le hacía mucha gracia, porque a Ginés todo le hace mucha gracia. Y como Sinforoso se dio cuenta de mi pertinente investigación, se acercó para decirme que tal vez Don Helesponto ya no tiene nada que contar por haber contado mucho en otros tiempos. Pero la respuesta oportuna y verdadera me la proporcionó Teofrasto, que por algo fue afilador y conoce muchos arcanos de la vida. Lo hace porque es un hombre muy leído, me dijo, un hombre instruido y noticioso. Y yo ya sé que a veces no entiendo las cosas, pero esta la he comprendido espléndidamente, así que estoy muy alegre y pajarero. Es un hombre muy leído.

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Cuánta paz hay en mi universo sin par

Cuánta paz hay en mi universo sin par · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 33 ·
Fran Vega
Cuánta paz hay en mi universo sin par
Fotografía: Tommy Ingberg

Ayer por fin regresé a mi negociado y lo primero que hice fue saludar con gran entusiasmo a todos mis compañeros, pues a todos sin excepción he echado de menos durante este verano de urbanas y rurales aventuras. A continuación presenté mis respetos a nuestro ponderado jefe oficinesco, aunque me pareció que su mente estaba embargada por la prensa deportiva, pues por algo es un hombre culto y delicado, y después me senté en mi puesto como cualquier otra mañana normal de mi humildérrima existencia. ¡Qué estupendo es encontrarse de nuevo con los plumines y los formularios! Abisinio y Teodomiro mostraron mucho interés en mis andanzas estivales, pero apenas tuve tiempo de explicarles los detalles de mis lances agrarios, porque consideré más importante ponerme al día con las nuevas ordenanzas del Impuesto sobre Actividades Improbables emitidas por la Delegación de Asuntos Insólitos, así que tuve que aplazar el ameno relato de mi periplo hasta mejor y más apropiada ocasión. Y después pasé la tarde en compañía de mis amistades en el cafetín de Tadeo, parloteando todo el rato en el velador con Argimiro y Felixín hasta que llegaron Lupicinio y Teofrasto y pudimos empezar la partida de guiñote, aunque Ginés no dejaba de hacer bromas mientras tomaba una gaseosa y hablaba del campeonato subcomarcal de carreras de sacos. Pero lo más importante de todo es que ya estoy otra vez en mi universo sin par, en mi oficina y en mi cafetín, disfrutando de mi sombrero y de mi primorosa normalidad. Cuánta paz hay aquí.

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Todos formamos un todo

Todos formamos un todo · Fotografía: Eugene de Salignac
· Diario de un hombre ridículo, 26 ·
Fran Vega
Todos formamos un todo
Fotografía: Eugene de Salignac

¡Qué tardes más estupendas paso con todas mis amistades en el cafetín de Tadeo! Y desde que hemos creado el ateneo de guiñotistas nos ponemos muy serios a jugar, para que todos sepan que tenemos un reglamento que cumplir y que anotamos con cuidado las ganancias y las pérdidas. Por ejemplo, Justito solo puede traernos gaseosas si se lo pedimos, no cuando a él le apetezca; si Teofrasto quiere media copita de ponche, tiene que esperar al descanso o a que alguno de nosotros tenga que ir a hacer del vientre, con perdón; y Ginés, que es la monda, solo puede hacer bromas antes de repartir las cartas, para no distraernos y no equivocarnos con las cuentas. Y como Imeldo solo sonríe los jueves, ese día hacemos una excepción y dejamos que se siente con nosotros. Así que ahora todo es más divertido y estamos más organizados, porque también nos hemos puesto de acuerdo en los cargos de la junta directiva: todos somos presidentes, secretarios, tesoreros, portavoces y vocales, y como somos también muy buenos amigos es imposible que surjan disputas o rencillas. Estoy tan contento que después de cenar pienso tomarme un vasito de leche con galletas. Porque hay acontecimientos que merecen ser celebrados.

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Todos hemos estado la mar de contentos

Todos hemos estado la mar de contentos · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 22 ·
Fran Vega
Todos hemos estado la mar de contentos
Fotografía: Francesc Català-Roca

Resulta que hoy ha sido el cumpleaños de Carmencita, la de Contaduría, y el jefe ha sido muy generoso al concedernos quince minutos recuperables para que la felicitáramos como se merece y le entregáramos el obsequio que hemos comprado entre todos los oficinistas: un juego completo de espumadera y cucharón. Yo creo que se ha emocionado durante un buen rato, pero Ercilio y Teodomiro han inflado unos globos en el Negociado de Reclamos y se le ha pasado el impacto de la pura alegría, así que todos hemos estado la mar de contentos. Con razón decía Ginés esta tarde en el cafetín de Tadeo que le hubiera gustado mucho estar en la fiesta, porque él es la monda y para estas cosas se las pinta solo, pero ya le ha recordado Carioco que para eso tendría que trabajar en nuestra oficina y no en la fructífera fábrica de travesaños en la que lleva toda la vida. Lo más importante es que ha sido un día formidable y que estoy muy alegre por tener tantos y tan buenos amigos. Voy a prepararme una sopita de estrellas para cenar.

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Un hombre helespóntico y cabal

Un hombre helespóntico y cabal · Fotografía: Lutz Dille
· Diario de un hombre ridículo, 16 ·
Fran Vega
Un hombre helespóntico y cabal
Fotografía: Lutz Dille

Como el otro día coincidió en domingo, pasé una tarde estupenda en el cafetín de Tadeo jugando al guiñote y parloteando sobre temas de actualidad con todas mis amistades. La partida con Carioco, Fulgencio y Lupicinio estuvo sembrada de risotadas debido a las bromas de Ginés, que no dejaba de decir cosas la mar de graciosas. Después llegaron Argimiro y Teofrasto, que venían de pasear un rato en la glorieta de los Lirios, y un poco más tarde apareció Sinforoso, al que le va muy bien en su taller de embudos y coladores, hasta el punto de que nos convidó a limonada con sifón, menos a Cristóforo, porque le produce gases. Felixín contó que había visto en televisión un documental sobre cigüeñales incandescentes, que no sabemos lo que son, pero todos estuvimos de acuerdo en que se trata de un gran avance del que pronto tendremos interesantes novedades. Y casi al atardecer llegó al cafetín Don Helesponto, que como su nombre indica es un hombre heroico, helespóntico y cabal con quien me une una estrecha vecindad, pues no en vano compartimos escalera y en no pocas ocasiones animadas conversaciones sobre distópicos asuntos. Así que estoy en condiciones de afirmar que hoy me encuentro contentérrimo y jovial.

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Dispendios en el cafetín

Dispendios en el cafetín · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 8 ·
Fran Vega
Dispendios en el cafetín
Fotografía: Rodney Smith

Ayer por la tarde tuvimos merendola en el cafetín de Tadeo y lo pasamos estupendamente. Asistieron los de la partida de guiñote, Ginés, los hermanos Hinojosa, Sinforoso y Lupicinio, porque había que celebrar el éxito de Argimiro, ya que lo han ascendido de oficial de segunda a ayudante de encargado y eso nos ha alegrado mucho a todas sus amistades. Tomamos refrescos, croquetas de gallina, frutos secos y hasta un poco de ponche que trajo la mujer de Felixín, aunque yo apenas lo probé porque luego tengo pesadillas. Dice Don Helesponto que hay que repetir estos festines con más frecuencia, pero yo no sé si será conveniente tanto dispendio en estos tiempos en los que dicen que hay que remar juntos para tener mucho menos peculio y bastante más inopia. Lo más gracioso fue cuando Tadeo puso en marcha el transistor, porque a bailar pasodobles no le gana nadie, y eso que tiene un pie averiado desde que el otro día le cayeron encima dos coliflores y un cardo borrejón. Voy a tomar una cucharadita de bicarbonato antes de ir dormir.

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Lo que importa es la geometría

Lo que importa es la geometría
· Diario de un hombre ridículo, 7 ·
Fran Vega
Lo que importa es la geometría

Ayer por la mañana iba tan contento por el barrio de San Arcadio, silbando unos bonitos fragmentos de zarzuela, cuando un joven me entregó un periódico. Y como tenía pocas páginas, me puse a leerlo en el cafetín de Tadeo mientras tomaba una gaseosa. He podido saber que las cosas andan mal en el mundo y que continúan algunas guerras, pero que los rusos ya no son tan peligrosos porque vienen de veraneo y nos compran cosas. También he averiguado que ahora los alemanes mandan mucho, aunque eso ya pasaba en tiempos del bisabuelo Conrado y del abuelo Conradino, y que hasta los chinos se han modernizado una barbaridad. Quién lo iba a imaginar, cuando hasta hace poco tiempo las señoras de la parroquia pedían con sus huchas una limosna para los chinitos. Dice Don Helesponto, que además de un hombre sabio es mi vecino del principal, que no me preocupe de nada, porque lo único que importa es la horticultura y la geometría. Y cuánta razón tiene. Menos mal que después ha llegado Ginés al cafetín y nos ha hecho reír a todos con sus bromas. Por algo digo yo siempre que es la monda.

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