Espléndidos veranos de ideas y artilugios

Espléndidos veranos de ideas y artilugios · Fotografía: G. Harris & M. Ewing
· Diario de un hombre ridículo, 73 ·
Fran Vega
Espléndidos veranos de ideas y artilugios
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

Con la llegada de los mirlos y las alegres buganvillas, he considerado con mucha seriedad en las últimas jornadas la original idea de adquirir una herramienta de transporte que facilite mis trayectos hasta la oficina y el cafetín de Tadeo. Cierto es que en esta época del año resulta muy agradable caminar por el bulevar de los Arcángeles hasta la glorieta de los Lirios e incluso bastante más lejos, hasta los confines del parque de los Querubines tras cruzar el puente de los Serafines, pero no es menos verdad que en estos tiempos tan modernos resulta conveniente disponer de un instrumento que agilice los itinerarios y proporcione tardes de asueto para disfrutarlas junto a todas mis amistades. Dice Abisinio, que por algo está al frente del Negociado de Pólizas y Recargos, que con el abono de los próximos trienios podría aspirar a un semoviente utilitario de cuatro ruedas, pero a mí me parece que eso es para caballeros importantes y yo solo soy un humildérrimo oficinista que a veces no entiende las cosas. Por el contrario, Cristóforo y Fulgencio aseguraban hace dos jueves que un velocípedo sería lo más adecuado para mi persona, pues me permitiría grandes excursiones hasta el distrito de las Afueras sin necesidad de consumir raros combustibles procedentes de países muy extraños. Y creo que no les falta conocimiento ni razón, pero no sé si aprenderé a manejar con cautela su complejo mecanismo y, sobre todo, desconozco cómo podré saludar con un toque de sombrero a las amables damiselas que transitan por las calles si en todo momento he de prestar atención a los dispositivos de semejante maquinaria. Lo mejor será que consulte con Don Helesponto, que no por nada es un hombre instruido y noticioso y entiende mucho de insólitos artilugios. Voy a pasear un ratito hasta la hora de la merienda.

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Diario de un hombre ridículo

© Fran Vega, 2017

Diáfanos atuendos y lúcidas presencias

Diáfanos atuendos y lúcidas presencias · Fotografía: Martín Santos Yubero
· Diario de un hombre ridículo, 71 ·
Fran Vega
Diáfanos atuendos y lúcidas presencias
Fotografía: Martín Santos Yubero

Por fin ha llegado la calma al cafetín después de tantos días de tránsito y dilema como hemos tenido, porque el ateneo de guiñotistas proclamó en solemne y estrambótica sesión que Fulgencio asumiera el cargo de presidente vitalicio y que Argimiro se ocupara de la secretaría perpetua. Esto nos puso a todos muy vivaces y contentos, porque en nada han cambiado nuestras vidas y todos los aconteceres parecen discurrir del mismo modo, así que creo que debemos considerar este lance provisorio como un tumulto sin enjundia ni entidad y dedicarnos a las cardinales peripecias que nos sobrevienen cada día, que no son pocas en el cafetín y menos todavía en la oficina. Además, y animado por las alegres temperaturas, Tadeo instaló la otra tarde los veladores frente a la glorieta de los Lirios y es hora de sentarse a contemplar las gentes que zanganean y deambulan con el airecito de la tarde y de compartir gaseosas y refrescos mientras parloteo con todas mis amistades, así que este mismo domingo cepillaré los sombreros de verano y ordenaré los chalecos de lino y algodón, porque parece que ha llegado ya el momento de atildarse con diáfanos atuendos y lúcidas presencias. Voy a comprar un pez desaforado para la cena, que así lo pongo de guarnición con las patatitas que compré anteayer en el mercado y un pimiento sandunguero que conservo en la despensa.

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Embrollos y barullos en nuestra insigne institución

Embrollos y barullos en nuestra insigne institución · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 70 ·
Fran Vega
Embrollos y barullos en nuestra insigne institución
Fotografía: Tommy Ingberg

Desde hace unos días están las temáticas muy revoloteadas y agitadas en el cafetín de Tadeo. Resulta que cuando constituimos el ateneo de guiñotistas resolvimos que Argimiro sería presidente vitalicio y que Fulgencio haría las veces de secretario perpetuo, pero ahora, y sin que tengamos conocimiento de causas ni motivos, quieren intercambiar las tareas de modo que la perpetuidad de la secretaría pase a manos de Argimiro y que la infinitud de la presidencia sea competencia de Fulgencio. A mí no me parece que esto vaya a cambiar esencias ni sustancias, porque las ordenanzas que rigen el guiñote seguirán siendo las mismas y porque lo importante es pasar buenos ratos con las amistades y terminar la tarde con vivas y hurras hacia los acreditados ganadores, pero dice Teofrasto que cesantías y traspasos implican una reunión extraordinaria de todos los guiñotistas cafetinescos para que podamos competir con garantías en el próximo campeonato subcomarcal, lo que hay que reconocer que es un sapientérrimo criterio. Carioco, que no por nada es el más feo de los hermanos Hinojosa, piensa que para que todo siga igual es mejor dejar los asuntos como están, pero Ginés, que es la monda, considera que los perpetuismos no redundan en beneficios multivalentes para nuestra insigne institución y sí en disparates y torpezas de extravagante finalidad, lo que no acabo de saber qué puede significar y de qué forma nos abarca. Y yo, aunque a veces no entiendo las cosas, creo que lo adecuado sería tener en cuenta los discernimientos al respecto que cada persona tenga en el magín, incluso de quienes prefieren el asombroso juego de la petanca en vez de nuestro dilecto y tradicional guiñote. Voy a parlotear un poco con Don Helesponto, mi cabalérrimo vecino, que siempre ilumina los embrollos con su copiosa erudición.

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La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad

La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 69 ·
Fran Vega
La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad
Fotografía: Rodney Smith

Estoy en condiciones de afirmar que la otra tarde fue una de las más extraordinarias que recuerdo en compañía de todas mis amistades, pues en tan digna fecha conmemoré la colosal jornada en la que tuve el contento de ser bien recibido en este mundo y no en los colindantes o adyacentes. Carmencita y Abisinio pidieron permiso a Teodomiro para el usufructo temporal del Negociado de Reclamos, ya que organizaron un generoso ágape en el que no faltaron los refrescos, los frutos secos y las croquetas de gallina con unas briznas de panceta y que culminó con una opípara ronda de sorprendentes descafeinados. Y Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, proclamó con su propia solemnidad que de vez en cuando es bueno olvidar los infraconvenios para convertir los negociados en lugares de esparcimiento y mucha broma. Por la tarde, en el cafetín, Fulgencio, Lupicinio y Teofrasto me cedieron el mejor sitio de la mesa para la partida de guiñote, Justito sirvió unas gaseosas estupendas y Tadeo puso durante un buen rato bonitos discos de zarzuela, así que no pude sentirme más feliz y agradecido por estos prodigiosos homenajes. Y como decían con frecuencia el bisabuelo Conrado y el abuelo Conradino, en la vida hay que tener armonía, memoria, paciencia y equidad, así que aproveché la placentérrima jornada para poner en práctica estas sabias enseñanzas de tan profundo sentido y extensa aplicación y adquirí en la confitería de Cristeta unos pastelillos de ponche y dos botellas de sifón, porque no puede haber nada mejor que compartir con tantas amistades como tengo las cosas buenas de nuestra cóncava existencia. Después me acordé también de que el bisabuelo Conrado y el abuelo Conradino sostenían que las tardes glaucas de líneas pardas anuncian siempre noches garzas de luces gualdas, pero eso ya no sé qué significado puede tener ni por qué acude ahora a mi corto entendimiento. Voy a peinarme.

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La serena algarabía y los raros argumentos

La serena algarabía y los raros argumentos · Fotografía: Geof Kern
· Diario de un hombre ridículo, 67 ·
Fran Vega
La serena algarabía y los raros argumentos
Fotografía: Geof Kern

He pasado unas jornadas luctuosas y estupendas en compañía de todas mis amistades del cafetín de Tadeo, donde siempre reinan el cordialismo y la alegre erudición. Como en los negociados nos otorgaron unos días festivos y recuperables para que nuestro egregio jefe oficinesco pudiera acudir a las procesiones y desfiles de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto, hemos aprovechado el tiempo para consolidar nuestro ateneo de guiñotistas y ejercer la excelentérrima amistad que nos une en pos de tan entrañable actividad. Lupicinio también quería asistir a una de estas concentraciones multitudinarias en las que hay que presentarse con oscuros ropajes y semblantes más oscuros todavía, pero hubo que convencerle de que no podía desfilar vestido de romano con la prensa deportiva bajo el brazo, sobre todo porque en tiempos de los romanos ni siquiera habían inventado aún la gaseosa y es probable que tampoco las empanadillas, según comentaron la otra tarde en el fidedigno boletín de la radio. También Teofrasto quiso ponerse una capucha para caminar embozado por las calles junto al Cristo de los Tréboles, pero al final dijo que tenía una discontinua dolencia en el chaleco y se quedó con nosotros en el cafetín, donde Justito cantó saetas y jarandas que hicieron las delicias de Ginés, que es la monda hasta en los días de recogimiento y serena algarabía. La verdad es que yo no termino de comprender estas celebraciones, porque son un poco lánguidas y a veces se ven gentes en las calles que gimen y murmuran con muy raros argumentos, así que me pareció mejor pasar las mañanas apostado en la glorieta de los Lirios y las tardes escuchando las disertaciones de Fulgencio en el cafetín, que desde que estuvo en su callista de cabecera siempre tiene cosas interesantes que contar. Voy a ordenar el armario de los sombreros importantes, que ya es momento de cometer alguna heroicidad.

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Qué universo tan armónico y cordial

Qué universo tan armónico y cordial · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 64 ·
Fran Vega
Qué universo tan armónico y cordial
Fotografía: Tommy Ingberg

Ayer por la mañana tuve que acudir a las doctas oficinas de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Cosme y San Damián porque el insigne jefe oficinesco necesitaba un resguardo acreditativo de haber abonado este trimestre el Impuesto sobre Actividades Improbables, pero en la infrasucursal de la avenida de los Iscariotes me remitieron muy amablemente a la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas, sita en la Delegación de Asuntos Insólitos. Me puse muy contento porque así pude parlotear un rato con mi amigo Magdaleno, que ostenta su puesto de olímpico bedel con sencillez no exenta de eufórico entusiasmo, más aún desde que a su viceyerno le contrataron como responsable de papel de calco en la Oficina de Desatinos Nacionales, decoroso cometido que el subcuñado de Fulgencio abandonó cuando le nombraron encargado de secantes en la Delegación de Negocios Extraños, en la que se circunscriben el Infracomité de Proyectos Ficticios y la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, lo que es todo un honor para quien en su día fue aspirante a subalterno en la escribanía del Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. La verdad es que a mí me gusta mucho que el jefe me distinga con la gestión de los asuntos exteriores, porque así tengo oportunidad de conocer un poco más los mundos adyacentes y puedo contarlo después en el cafetín de Tadeo o incluso en la confitería de Cristeta, por si necesito buñuelos de viento o por si mis amistades deciden acudir a la procesión del Cristo de los Tréboles y la Virgen de los Zuecos que los domingos impares se celebra en el bulevar de los Arcángeles. Y de mañana no pasa que visite a Severino en el Registro de Entidades Superfluas, que no por nada hubiera querido ser habilitado del Impuesto sobre Actos Impropios Documentados y fue campeón de bolillos en los tiempos del difunto Estradivario, el que murió de un rayo en el sombrero. Qué universo tan armónico, grandérrimo y cordial.

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Una cuchipanda de postín

Una cuchipanda de postín · Fotografía: Het Leven
· Diario de un hombre ridículo, 62 ·
Fran Vega
Una cuchipanda de postín
Fotografía: Het Leven

Estos días estoy muy contento porque se ha celebrado en nuestra excelsa subcomarca la acostumbrada fiesta de disfraces que precede a la Cuaresma, así que Tadeo organizó una francachela en el cafetín para que acudiéramos debidamente enmascarados y ataviados y para que en la taberna del Sindicato de Oficinistas supieran que nosotros también sabemos disfrazarnos. Después de varias tardes de muchos pensamientos todas las amistades decidimos asistir al festejo, si bien cada uno fue libre de elegir su ropaje y su sombrero. Fulgencio y Argimiro acordaron vestirse de naipes, pues por algo son los flamantes triunfadores del campeonato guiñotista, mientras que Imeldo se las ingenió para encasquetarse un disfraz de picaporte, sin duda en homenaje al taller de aldabas y fallebas que regentaba el difunto Honorino. Carioco, por su parte, que es el más feo de los hermanos Hinojosa, tuvo la radiante idea de aparecer vestido de tunante concejal, con muchos billetes de broma que le asomaban de los bolsillos, y a Cristóforo no se le alcanzó otra cosa que inducir al engaño con su disfraz de noticiario, con numerosas cuchufletas y bagatelas ocultas bajo alegres titulares. Pero lo mejor de la tarde estuvo cuando Ginés, que es la monda, llegó con atuendo de banquero tomador y manilargo, con su antifaz como anteojos, sus ganzúas de mentira y sus sacos de esparto cargados en los hombros. A todos nos dio mucha risa y celebramos su ocurrencia, incluso Justito, que llevaba un espléndido uniforme de croqueta de gallina. Y la verdad es que también me felicitaron a mí, que acudí a la merendola con un novísimo atavío de primordial cafetinesco, aunque sustituí mi habitual chaleco de invierno por uno de cuadritos escoceses muy elegante y oportuno. Un día es un día, como dice mi instruido y cabal vecino Don Helesponto, el del principal segunda.

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Ideas revolucionarias en el cafetín

Ideas revolucionarias en el cafetín · Fotografía: Bill Brandt
· Diario de un hombre ridículo, 52 ·
Fran Vega
Ideas revolucionarias en el cafetín
Fotografía: Bill Brandt

Ayer por la tarde tuvo lugar en el cafetín de Tadeo un esmerado debate que sin duda transformará la historia reciente y futura de nuestra excelsa subcomarca. Teofrasto, que demuestra ser siempre un hombre honestérrimo y cabal, expuso la adecuada idea de instalar una nueva farola en la glorieta de los Lirios con el fin de tener un elemento más de referencia en las noches oscuras y en las tardes de ponche y media copita de brandy. Sin embargo, Lupicinio mantuvo la opinión de que ese dispendio bien podía dedicarse a iluminar los urinarios del parque de los Querubines para evitar tropiezos y estropicios, lo que hay que reconocer que es una ocurrencia fenomenal. Y Ginés, que es la monda, propuso decorar el puente de los Serafines con motivos tradicionales de nuestro entorno geoestratégico, lo que produjo la efusiva ovación de Sinforoso y la indisimulada ignorancia de Fulgencio. Y en medio de este lúcido hervor del intelecto cafetinesco apareció Venerando, que desde que es subconcejal de Acequias y Cloacas ya no usa sombrero, a todos nos tutea y saluda con gran estruendo a los ciudadanos de bien. Dijo entonces que la farola de Teofrasto le parecía un pensamiento estupendo y que podía presentarlo en la próxima Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, pero que si le invitábamos a una gaseosa podía elevarlo al Infracomité de Proyectos Ficticios, que se reúne los jueves pares de los meses impares, así que Tadeo, que siempre ha tenido un pronto, le respondió que en el cafetín no están permitidas las actividades circenses y decidió auparlo a la categoría de excelentérrimo estólido municipal. Y a mí me parece que colocar una farola en la glorieta de los Lirios sería muy oportuno, sobre todo para asegurarme de que llevo bien abrochado el chaleco en estas noches tan insolentes y fresquitas. Voy a buscar la mantita de cuadros, que se me quedan frías las corvillas.

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La verdadera importancia de las temáticas

La verdadera importancia de las temáticas · Fotografía: Pavel Krukov
· Diario de un hombre ridículo, 51 ·
Fran Vega
La verdadera importancia de las temáticas
Fotografía: Pavel Krukov

¡Qué tarde más extraordinaria pasé ayer con todas mis amistades en el cafetín de Tadeo! Se celebraba la vicegésima edición del campeonato subcomarcal de guiñotistas y la campeonérrima pareja formada por Fulgencio y Argimiro logró llegar a la final con mucha elegancia y absoluto pundonor, pues por algo representaban a todo el ateneo cafetinesco y sus ilustres asociados. Frente a ellos jugaron Exuperancio y Quintiliano, que son asiduos de la taberna en donde se reúnen los del Sindicato de Oficinistas, nunca usan chaleco ni sombrero y son muy devotos de la Virgen de la Tregua, con lo que estoy en condiciones de afirmar que tenían la partida arruinada con solemne anticipación. Justito se encargó de servir las gaseosas y Tadeo se esmeró con unas copitas de ponche, mientras los demás vitoreábamos a los seguros triunfadores de tan emocionante contienda. Qué momentos, qué instantes tan épicos como legendarios pudimos vivir cuando Fulgencio y Argimiro levantaron los brazos en inequívoca señal de loada y merecida victoria. Y para festejarlo salimos todos a la glorieta de los Lirios y nos abrazamos durante mucho rato, aunque pronto aparecieron dos gendarmes proclamantes de que no teníamos autorización para organizar semejante algarabía, si bien nada dijeron de la ofrenda al Cristo de los Tréboles que en ese momento se estaba cometiendo en el contiguo parque de los Querubines. Yo no recuerdo bien qué estipulan al respecto las ordenanzas de nuestra insigne población, pero me parece a mí que estos augustos enviados de las autoridades no comprendieron dónde está la verdadera importancia de las temáticas, y no como Fulgencio y Argimiro, hombres sapientérrimos donde los haya y guiñotistas de postín. Voy a cepillar un poco los paraguas oscuritos, que ya casi es jueves.

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Están las gentes como en sordina

Están las gentes como en sordina · Fotografía: Brian Brake
· Diario de un hombre ridículo, 49 ·
Fran Vega
Están las gentes como en sordina
Fotografía: Brian Brake

Hace dos días nuestro insigne jefe oficinesco me pidió que realizara unas gestiones en los mundos exteriores y acudí primero a presentar unos oficios en la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas, donde pude comprobar el excelso funcionamiento de la gerencia subcomarcal, pues me atendieron en un periquete y un gentil infraordenanza me aseguró que todos los trámites se han agilizado una barbaridad desde que se aprobó el nuevo Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. A continuación, y en el fiel ejercicio de mi decoroso cometido, tuve que dirigirme a la Delegación de Negocios Extraños para purgar el vencimiento trimestral del Impuesto sobre Actividades Improbables, cuyo importe me había sido conferido previamente en un anexo de la sucursal de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Cosme y San Damián, en donde el jefe tiene gran predicamento por ser muy devoto de la Virgen de la Alameda y del Cristo de los Tréboles, así como socio preventivo de la Unión Deportiva San Onofre. La verdad es que terminé la mañana un poco fatigado de tanta actividad extrínseca y conspicua, por lo que a nadie le extrañó que pasara la tarde en observante y humildérrimo silencio junto a todas mis amistades cafetinescas, y menos aún a Venerando, que ahora es subconcejal de Acequias y Cloacas y tiene mucho conocimiento de cómo están los universos propios y extranjeros. Después comentó Fulgencio que a quienes son administradores de las cosas les gusta que las gentes estén como en sordina, pero no terminé de comprender qué quiso decir con este extraño parlamento, tal vez porque me encontraba agotado y turulato después de tantas tareas prominentes. Tendré que preguntar a Ercilio, que siempre ha sido un hombre instruido de amplia memoria y fecunda evocación y por eso mismo se encarga de los legajos en la oficina. Voy a bajar las persianas, que está entrando mucha oscuridad.

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La ordenación del mundo relevante

La ordenación del mundo relevante · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 43 ·
Fran Vega
La ordenación del mundo relevante
Fotografía: Tommy Ingberg

Estoy haciendo numerosas y agradables amistades desde que nuestro insigne jefe oficinesco me distingue con la comisión de gestiones importantes en las estructuras exteriores. Ayer mismo tuve que trasladar de nuevo unos trascendentes documentos a la Delegación de Asuntos Insólitos y no desaproveché la nítida ocasión de saludar a Magdaleno, quien tuvo a bien presentarme a sus acólitos del bedelato de la segunda planta, unos excelentes caballeros con quienes estuve parloteando mientras aguardaba mi turno ante la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas. También me dijo que desde hace unos días está muy contento y exultante porque a su viceyerno le han contratado como responsable de papel de calco en la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, lo que añade más prestigio aún a su benemérita familia. Y esa misma mañana, cuando caminaba de regreso a mi prominente desempeño, me encontré en la avenida de los Iscariotes con Fulgencio y su ya notorio y bienquisto subcuñado, que es escribiente en el Infracomité de Proyectos Ficticios, con quien tuve oportunidad de comentar las excelencias de nuestro sistema administrativo, a pesar de que en los boletines de la radio han anunciado un nuevo Impuesto sobre Actividades Improbables para todos aquellos que tengan alguna idea en el magín. Así que cuando llegué por la tarde al cafetín de Tadeo todos me felicitaron por estas novedosas experiencias y yo estuve pensando un rato en lo bien organizado que está nuestro mundo relevante, aunque no sé si en otras subcomarcas existen negociados con tanto rudimento como los nuestros. Voy a regar el geranio, que todavía hace calorcito.

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© Fran Vega, 2016

Cuánto aprendo en los debates cafetinescos

Cuánto aprendo en los debates cafetinescos · Fotografía: Patrick Gonzales
· Diario de un hombre ridículo, 42 ·
Fran Vega
Cuánto aprendo en los debates cafetinescos
Fotografía: Patrick Gonzales

Ayer pasé una tarde fenomenal en el cafetín de Tadeo, en donde tuve oportunidad de asistir a un notorio parlamento entre mis apreciadas amistades, que son también conocedoras de los grandes avatares que acontecen en los universos colindantes. Resulta que Fulgencio, que en su juventud fue uno de los más aventajados fabricantes de cojinetes de nuestra insigne población, tiene en el intelecto la noble idea de establecerse como autónomo fijo discontinuo o perentorio, no sé bien ahora, porque pretende despachar bígaros y quisquillas en cucurucho de papel de estraza siempre que se lo permita su entregada dedicación al ateneo de guiñotistas al que dignamente pertenece. A Cristóforo le pareció un rudimento un tanto descabellado, porque antes era inventor de vitolas y sabe mucho de avenencias comerciales, pero a Imeldo le resultó un prospérrimo bosquejo, no sé si porque está muy contento con su taller de calderines o porque es un hombre que solo sonríe los jueves. Argimiro también intervino en este debate excepcional para exponer con el raciocinio que le caracteriza que vivimos tiempos de mucha dificultad y que el peculio no está para dispendios, aunque no comprendí bien qué quiso decir con este magnífico discurso. Al final, Fulgencio dijo que consultaría sus pensamientos con un subcuñado suyo que trabaja como escribiente en el Infracomité de Proyectos Ficticios, a ver qué opina. Y yo me quedé pensando en lo mucho que me gusta mi negociado oficinesco y en los buenos ratos que paso escuchando a todos mis amigos, tan ilustrados como instruidos en todas las ramas del saber que el mundo relevante nos procura. Voy a prepararme una sopita de estrellas para comer, que hoy es domingo.

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Ocurrencias de personas majaretas

Ocurrencias de personas majaretas · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 24 ·
Fran Vega
Ocurrencias de personas majaretas
Fotografía: Rodney Smith

Dice mi primo Escolástico, que es representante de estufas catalíticas y está muy bien informado de lo que pasa en este mundo y en otros colindantes, que ahora tenemos que llevar las cuentas de lo que ganamos y perdemos jugando al guiñote bajo pena de escarmiento, multa y punición por parte de las autoridades dinerarias. Yo no puedo entender eso, porque lo poco que obtengo en un día se quebranta al siguiente, y a Fulgencio, Argimiro y Lupicinio les ocurre lo mismo o muy semejante, así que parece una decisión tomada por personas majaretas y no por honradas gentes de bien. Incluso Amalio se ha sorprendido al enterarse, porque como es miembro del Sindicato de Oficinistas siempre lee el boletín del gobierno subcomarcal para no perderse nada importante, pero cuando esta tarde lo he contado en el cafetín de Tadeo a Teofrasto se le ha ocurrido una idea estupenda, no otra que unirnos épicamente en un ateneo de guiñotistas y anotar en un cuaderno de rayas azules los debes y los haberes para deducir con corrección gravámenes y diezmos, no vaya a ser que un día aparezca un inspector destornillado y turulato con aspecto abuitrado y la mirada un poco extraña. Voy a merendar requesón con picatostes.

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La inaudita modernidad

La inaudita modernidad · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 23 ·
Fran Vega
La inaudita modernidad
Fotografía: Tommy Ingberg

Iba yo tan contento paseando por la glorieta de los Lirios, silbando una bonita cancioncilla, cuando de repente he visto a unos jóvenes alborotados que discutían en voz alta sobre algo que yo no acertaba a entender. Me he acercado con afán y decisión a este grupo de mozalbetes para afearles la conducta y amonestarles por lo inadecuado de su actitud, pero entonces me he dado cuenta de que no intercambiaban voces entre ellos, sino con otros ausentes a través de sus pequeños e incomprensibles artilugios. Qué raro, he pensado, que estos muchachos salgan juntos a la calle para hablar con otros que no están, así que he seguido estupefacto mi camino hacia el puente de los Serafines y el parque de los Querubines. Fulgencio y Felixín se han quedado después muy sorprendidos en el cafetín de Tadeo cuando he relatado esta curiosa experiencia, pero todas las amistades hemos estado de acuerdo en que no son necesarios los insólitos artificios para fomentar la nobleza y la buena relación entre las gentes y que no hay nada que no pueda resolverse mediante la partida de los jueves, el ponche de los domingos y la concordia establecida, así que me parece que no he de preocuparme por los asuntos de la modernidad y que soy un hombre muy afortunado. Voy a afilar mis lapiceros, que aún he de resolver el crucigrama trimestral.

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Lo importante es participar

Lo importante es participar · Fotografía: Emil Heilborn
· Diario de un hombre ridículo, 18 ·
Fran Vega
Lo importante es participar
Fotografía: Emil Heilborn

Ayer por la tarde asistí a un sobresaliente acontecimiento deportivo que tuvo lugar en nuestra excelsa población, un campeonato heroico y colosal del que fui testigo de excepción. Resulta que con motivo de las fiestas del barrio de San Arcadio se organizó un encuentro entre la Unión Deportiva San Onofre y el Virgen de la Alameda Sport Club, que compitieron alegremente con orgullo formidable y fabuloso pundonor. Yo acudí muy contento porque en el cafetín de Tadeo repartieron algunas entradas gratuitas que Justito había sonsacado a Venerando, nuestro flamante concejal de Acequias y Cloacas, así que estuve en compañía de Fulgencio y los hermanos Hinojosa, que aplaudieron sin cesar a la briosa U. D. San Onofre. En el intermedio ingerí media limonada para poder seguir atento el desarrollo de la olímpica contienda, que finalmente ganaron con mucho mérito y devoción los del Virgen de la Alameda S. C. Exceptuando mi gloriosa intervención en torneos del escondite y las canicas, nunca había disfrutado tanto con los ases del deporte como ayer, así que tal vez acabe aficionándome a estas carreras de sacos que resultan tan bonitas y arriesgadas. Voy a descansar un ratito hasta la hora de la siesta.

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