La arcana realidad de nuestros negociados

La arcana realidad de nuestros negociados · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 60 ·
Fran Vega
La arcana realidad de nuestros negociados
Fotografía: Francesc Català-Roca

Andan estos días muy revueltas todas las temáticas cabales y concretas, porque ahora nadie quiere tener en cuenta los innúmeros desvelos de nuestro egregio jefe oficinesco y todas las gentes entienden que los estrambóticos enigmas que nos conciernen pueden solventarse en un periquete. Resulta que Teodomiro insiste en trasladar el Negociado de Reclamos que con tanto fervor dirige hasta el final del subpasillo, más cerca de Contaduría y Pagaduría que del Negociado de Pólizas y Recargos que Abisinio regenta con verdadera vocación, lo que nos privaría a todos del chiribitil en el que casi a diario almorzamos ensaladas de caballa y bocadillos de calamares encebollados. Y según dice Ercilio, que de cualquier asunto sabe mucho, eso no puede ser. Y, al mismo tiempo, el Sindicato de Oficinistas, del que Amalio es unánime representante y facundo portavoz, había prometido que para este año tendríamos lapiceros nuevos y papel de calco desechable, pero parece que la intransigencia de los mercados y la arcana realidad impedirán conjuntamente alcanzar tan honestas y antiguas aspiraciones. Yo ya sé que a veces no entiendo las cosas, pero me parece a mí que Teodomiro no se percata de que la migración de su negociado no impediría el acecho y avistamiento de nuestro jefe oficinesco, más aún cuando acaba de entrar en vigor el nuevo Impuesto sobre Actos Impropios Documentados, y que Amalio tendría que acudir algunas tardes al cafetín de Tadeo para que los hermanos Hinojosa le ilustraran acerca de todas las problemáticas de los universos propios y adyacentes. Por mi parte, consultaré mañana mismo a Magdaleno, que no sin motivo es bedel en la Delegación de Asuntos Insólitos y conoce extravagantes entelequias y extrañérrimas certidumbres.

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© Fran Vega, 2017

Omnifalibles murmullos del magín

Omnifalibles murmullos del magín · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 58 ·
Fran Vega
Omnifalibles murmullos del magín
Fotografía: Tommy Ingberg

Ha comenzado el año de modo insólito en la oficina y con tan curiosas peripecias en todos los negociados que me he puesto a pensar si no es ya el momento de hacer cálculos y apuntes para cuando me concierna el glorioso instante del estipendio compensatorio por hartazgo y aversión, que es como en las modernas ordenanzas subcomarcales denominan al infuso principio jubilatorio. Cierto es que aún me quedan muchos trienios por cumplir y que nuestro egregio jefe oficinesco ha prometido formularios y lapiceros nuevos para la próxima era mundana, pero vislumbro tantas veces una vida quieta y placentera en el cafetín de Tadeo que en estas mañanas invernales me ha dado por cavilar y discurrir en campos de trigo y tardes de avellanos, así como en los días soleados de pesca y en mis bonitas ocurrencias mientras sostengo el sedal y observo con total contentamiento los animalillos pisciformes junto a las rocas del acantilado. Sin embargo, sé que mi trabajo es intrínseco y cardinal para que todas las temáticas se resuelvan con elegancia y pundonor, porque no puedo imaginarme a Carmencita recogida y taciturna en su pupitre de Contaduría ni a Ercilio y Teodomiro sin mi singular prestancia junto a sus juiciosos pensamientos, por no decir que los bocadillos de calamares encebollados durante la hora y media del almuerzo quedarían seriamente afectados sin la compañía de mi humildérrima persona. Y tampoco creo que mi melismática existencia pudiera transitar sin ponerme cada día el chaleco y el sombrero para sentarme después en mi augusta mesa de viceaglomerado, en donde los plumines esperan desde muy temprano ser útiles a las coyunturas necesarias. De modo que voy a cepillar mis manguitos de cheviot y a olvidarme de momento de mis circunspectos parloteos, no vaya a ser que de tanto dar vueltas al magín acabe turulato, patidifuso, estupefacto y boquiabierto.

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Insólitos hallazgos que alteran los sosiegos

Insólitos hallazgos que alteran los sosiegos · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 55 ·
Fran Vega
Insólitos hallazgos que alteran los sosiegos
Fotografía: Tommy Ingberg

Hoy he podido saber por el boletín subcomarcal que se ha producido un descubrimiento científico de primera magnitud que sin duda afecta a nuestra oficina y al cafetín de Tadeo. Dicen ahora los que son expertos en numerosas temáticas que todos los universos se formaron gracias a una morrocotuda explosión que tuvo lugar hace muchos años, no recuerdo ahora cuántos ni en qué momento fue. Incluso afirman que los luceros que algunas noches iluminan la glorieta de los Lirios son una especie de arenilla cósmica, lo que a mí me resulta un tratamiento un poco pánfilo para un asunto de tanta importancia. Yo no sé si todo esto es verdad o mendaz, pero si fuera cierto estaría en condiciones de afirmar que el mundo relevante en que vivimos es el resultado de un tropiezo fortuito entre cachivaches de un bazar pomposo y adventicio, como cuando Abisinio sale del Negociado de Pólizas y Recargos y se da de bruces con Teodomiro en la puerta del escusado con el diario deportivo bajo el brazo. Tampoco sé bien a dónde pueden conducirnos estas averiguaciones, porque Ercilio ha dicho esta misma mañana que él piensa seguir tocando el bombardino los martes por la tarde y Lupicinio ha declarado después que no dejará de jugar al guiñote por muchos enredos celestes que se desembuchen, lo que me ha llevado a pensar en la seriedad de estas gentes que investigan y sorprenden con estos insólitos hallazgos que alteran los sosiegos. Después de todo, no atisbo el interés en saber cuándo empezaron estas cosas de la infinitud si en el bulevar de los Arcángeles aún no florecen los magnolios y si el invierno solo acaba de empezar en nuestra excelsa población. Voy a hacer recuento de peladillas y guirlaches, que ya se acerca el aniversario del Altérrimo.

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Están las gentes como en sordina

Están las gentes como en sordina · Fotografía: Brian Brake
· Diario de un hombre ridículo, 49 ·
Fran Vega
Están las gentes como en sordina
Fotografía: Brian Brake

Hace dos días nuestro insigne jefe oficinesco me pidió que realizara unas gestiones en los mundos exteriores y acudí primero a presentar unos oficios en la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas, donde pude comprobar el excelso funcionamiento de la gerencia subcomarcal, pues me atendieron en un periquete y un gentil infraordenanza me aseguró que todos los trámites se han agilizado una barbaridad desde que se aprobó el nuevo Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. A continuación, y en el fiel ejercicio de mi decoroso cometido, tuve que dirigirme a la Delegación de Negocios Extraños para purgar el vencimiento trimestral del Impuesto sobre Actividades Improbables, cuyo importe me había sido conferido previamente en un anexo de la sucursal de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Cosme y San Damián, en donde el jefe tiene gran predicamento por ser muy devoto de la Virgen de la Alameda y del Cristo de los Tréboles, así como socio preventivo de la Unión Deportiva San Onofre. La verdad es que terminé la mañana un poco fatigado de tanta actividad extrínseca y conspicua, por lo que a nadie le extrañó que pasara la tarde en observante y humildérrimo silencio junto a todas mis amistades cafetinescas, y menos aún a Venerando, que ahora es subconcejal de Acequias y Cloacas y tiene mucho conocimiento de cómo están los universos propios y extranjeros. Después comentó Fulgencio que a quienes son administradores de las cosas les gusta que las gentes estén como en sordina, pero no terminé de comprender qué quiso decir con este extraño parlamento, tal vez porque me encontraba agotado y turulato después de tantas tareas prominentes. Tendré que preguntar a Ercilio, que siempre ha sido un hombre instruido de amplia memoria y fecunda evocación y por eso mismo se encarga de los legajos en la oficina. Voy a bajar las persianas, que está entrando mucha oscuridad.

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© Fran Vega, 2016

Negociados y lapiceros

Negociados y lapiceros · Fotografía: Carl Mydans
· Diario de un hombre ridículo, 25 ·
Fran Vega
Negociados y lapiceros
Fotografía: Carl Mydans

Hoy hemos tenido en la oficina una valiosa conversación con el jefe, que es devoto de la Virgen de la Alameda y toma media copita de anís los domingos por la tarde. Resulta que hasta el año pasado nos daban tres lápices al mes y una goma de borrar al trimestre, porque todos somos muy cumplidores y rara vez nos equivocamos, pero como ahora todo está más crítico y difícil quieren quitarnos un lápiz mensual. A mí eso no puede parecerme bien, porque lapiceros y plumines forman parte de mi caja de herramientas y sin ellos no puedo desempeñar mi humildérrima labor como se espera de un hombre cabal. Ercilio le ha dicho que no debe someterse a la tiranía del mercado, pero no sé qué ha querido decir con eso, y Amalio ha añadido que la lucha de clases aún se mantiene en pie, aunque creo que es algo que dicen siempre los del Sindicato de Oficinistas cuando se reúnen en el bar de la glorieta. Imeldo ha comentado después en el cafetín de Tadeo que la solución está en hacer la letra más pequeña para gastar menos lápices, y yo no sé qué pensar, porque a veces no entiendo las cosas y me desorientan estas trifulcas abracadabrantes que a nada conducen y todo provocan. Voy a regar el geranio.

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© Fran Vega, 2016

Todos hemos estado la mar de contentos

Todos hemos estado la mar de contentos · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 22 ·
Fran Vega
Todos hemos estado la mar de contentos
Fotografía: Francesc Català-Roca

Resulta que hoy ha sido el cumpleaños de Carmencita, la de Contaduría, y el jefe ha sido muy generoso al concedernos quince minutos recuperables para que la felicitáramos como se merece y le entregáramos el obsequio que hemos comprado entre todos los oficinistas: un juego completo de espumadera y cucharón. Yo creo que se ha emocionado durante un buen rato, pero Ercilio y Teodomiro han inflado unos globos en el Negociado de Reclamos y se le ha pasado el impacto de la pura alegría, así que todos hemos estado la mar de contentos. Con razón decía Ginés esta tarde en el cafetín de Tadeo que le hubiera gustado mucho estar en la fiesta, porque él es la monda y para estas cosas se las pinta solo, pero ya le ha recordado Carioco que para eso tendría que trabajar en nuestra oficina y no en la fructífera fábrica de travesaños en la que lleva toda la vida. Lo más importante es que ha sido un día formidable y que estoy muy alegre por tener tantos y tan buenos amigos. Voy a prepararme una sopita de estrellas para cenar.

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© Fran Vega, 2016

A mí lo que más me gusta es la normalidad

A mí lo que más me gusta es la normalidad · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 12 ·
Fran Vega
A mí lo que más me gusta es la normalidad
Fotografía: Tommy Ingberg

Hoy he vuelto a la oficina después de las vacaciones y como ya es primavera he deseado a todos un prospérrimo trimestre, que es lo que corresponde hacer entre gentes de bien. Amalio y Ercilio han estado hablando de que todo está muy difícil y complicado, pero no sé de dónde habrán sacado eso, porque el domingo de Resurrección estuve comiendo en casa de mi primo Escolástico, que es representante de estufas catalíticas, y nadie dijo nada. Menos mal que les ha interrumpido Carmencita, la de Contaduría, que quería saber cómo lo pasé en la fiesta de Pascua que Tadeo organizó en el cafetín. Y he empezado a contar y casi no termino, porque fue un convite extraordinario, con gorritos y cuchufletas, además de frutos secos y una copita de ponche para cada uno, así que regresé a casa muy contento. Pero la verdad es que me ha alegrado regresar a mi negociado y sentarme de nuevo en mi escritorio, con mis lápices, mis plumines y mis formularios. Y es que a mí lo que más me gusta es la normalidad.

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El ritmo de los tiempos

El ritmo de los tiempos
· Diario de un hombre ridículo, 11 ·
Fran Vega
El ritmo de los tiempos

He estado pensando un par de ratos en que tengo que modernizarme. Para empezar, voy a comprar un televisor de los que tienen muchos canales en idiomas que desconozco. Claro está que he de adquirirlo a plazos, pero supongo que en el comercio en el que trabaja Bernardino, el que se partió una clavícula jugando a la petanca, les parecerá de perlas y me girarán unas letras. La verdad es que yo creo que la televisión produce fiebres y en el cafetín de Tadeo siempre hacen broma con esta temática, así que he decidido dar un paso adelante para no perder el ritmo de los tiempos, como dice ahora Ercilio en la oficina. También me convendría comprar un sombrero nuevo, porque el que tengo está ya muy desgastado y se nota mucho que es de cuando no existían televisores. Sostiene Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que ya nadie usa sombrero, pero yo creo que no sabe nada de usanza ni elegancia porque está muy ocupado con la negociación de los trienios. Voy a ver si arreglo el molinillo de café.

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© Fran Vega, 2016

Parece asunto de fantasmas

 Parece asunto de fantasmas · Fotografía: Garry Winogrand
· Diario de un hombre ridículo, 3 ·
Fran Vega
Parece asunto de fantasmas
Fotografía: Garry Winogrand

Hoy me he dado cuenta de que hace días que no abro la atenta correspondencia de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Cosme y San Damián, aunque no sé si este suceso tiene alguna importancia, porque nunca agradece y siempre regaña. Dicen mis amistades del cafetín de Tadeo que ahora ya no es necesario conservar estos documentos que tan amablemente nos remiten a todos los vecinos y conterráneos de nuestra excelsa subcomarca y que el sobrino de Felixín, el del taller, lo hace todo desde casa, aunque eso parece asunto de fantasmas o de gentes extrañísimas. Ya lo pensaré. Por la mañana escuché decir a Teodomiro, el del Negociado de Reclamos, que el jefe quiere atenuarnos los salarios porque la vigente legislación se lo permite. Y lo peor es que algunos le daban la razón, menos Ercilio, que es un hombre cultérrimo, aunque en sus tiempos de juventud le suspendieron en unas oposiciones a la Oficina de Desatinos Nacionales. Voy a regar el ficus.

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