Padeció so el poder de Poncio de Aguirre

Padeció so el poder de Poncio de Aguirre · Fotografía: Escher Karoly
· Historia de la vida del Buscón, 10 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo II
«De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió»
Padeció so el poder de Poncio de Aguirre
Fotografía: Escher Károly

Entró el hombre tras mí y defendiome el maestro de que no me matase, asigurándole de castigarme. Y así luego (aunque señora le rogó por mí, movida de lo que yo la servía, no aprovechó), mandome desatacar,1 y, azotándome, decía tras cada azote:
—¿Diréis más Poncio Pilato?2
Yo respondía:
—No, señor.
Y respondilo veinte veces a otros tantos azotes que me dio. Quedé tan escarmentado de decir Poncio Pilato y con tal miedo, que mandándome el día siguiente decir, como solía, las oraciones a los otros, llegando al Credo3 (advierta vuestra merced la inocente malicia), al tiempo de decir «padeció so el poder de Poncio Pilato», acordándome que no había de decir más Pilatos, dije: «padeció so el poder de Poncio de Aguirre». Diole al maestro tanta risa de oír mi simplicidad y de ver el miedo que le había tenido, que me abrazó y dio una firma en que me perdonaba de azotes las dos primeras veces que los mereciese. Con esto fui yo muy contento.

1 desatacar: desatar los calzones, bajárselos o quitárselos.
2 Poncio Pilato: prefecto de la provincia romana de Judea en tiempos de Jesús de Nazareth, por lo que estuvo directamente relacionado con la Pasión narrada en el Nuevo Testamento, y forma con la que el protagonista se refiere a Poncio de Aguirre, que tenía fama de confeso.
3 Credo: oración de la liturgia católica en la que se menciona a Poncio Pilato.
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Jugaba con él y entreteníale siempre

Jugaba con él y entreteníale siempre · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Historia de la vida del Buscón, 9 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo II
«De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió»
Jugaba con él y entreteníale siempre
Fotografía: Francesc Català-Roca

En todo esto siempre me visitaba aquel hijo de don Alonso de Zúñiga,1 que se llamaba don Diego, porque me quería bien naturalmente, que yo trocaba con él los peones2 si eran mejores los míos, dábale de lo que almorzaba y no le pedía de lo que él comía, comprábale estampas, enseñábale a luchar, jugaba con él al toro y entreteníale siempre. Así que, los más días, sus padres del caballerito, viendo cuánto le regocijaba mi compañía, rogaban a los míos que me dejasen con él a comer y cenar, y aun a dormir los más días. Sucedió, pues, uno de los primeros que hubo escuela por Navidad, que viniendo por la calle un hombre que se llamaba Poncio de Aguirre, el cual tenía fama de confeso,3 que el don Dieguito me dijo:
—Hola, llámale Poncio Pilato4 y echa a correr.
Yo, por darle gusto a mi amigo, llamele Poncio Pilato. Corriose5 tanto el hombre, que dio a correr tras mí con un cuchillo desnudo para matarme, de suerte que fue forzoso meterme huyendo en casa de mi maestro, dando gritos.

1 Alonso de Zúñiga: mencionado anteriormente, en este mismo capítulo, como Alonso Coronel de Zúñiga.
2 peones: peonzas.
3 confeso: judío convertido, es decir, cristiano nuevo.
4 Poncio Pilato: prefecto de la provincia romana de Judea en tiempos de Jesús de Nazareth, por lo que estuvo directamente relacionado con la Pasión narrada en el Nuevo Testamento.
5 correrse: ofenderse por alguna cosa, pero también avergonzarse por otra.
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Que me dijese si era hijo de mi padre

Que me dijese si era hijo de mi padre · Fotografía: Luciano D'Alessandro
· Historia de la vida del Buscón, 8 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo II
«De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió»
Que me dijese si era hijo de mi padre
Fotografía: Luciano D’Alessandro

Cuando yo oí esto, como siempre tuve altos pensamientos, volvime a ella y roguela me declarase si le podía desmentir con verdad u que me dijese si me había concebido a escote entre muchos u si era hijo de mi padre. Riose y dijo:
—¡Ah, noramaza!,1 ¿eso sabes decir? No serás bobo: gracia tienes. Muy bien hiciste en quebrarle la cabeza, que esas cosas, aunque sean verdad, no se han de decir.
Yo con esto quedé como muerto, y dime por novillo de legítimo matrimonio, determinado de coger lo que pudiese en breves días y salirme de en casa de mi padre: tanto pudo conmigo la vergüenza. Disimulé; fue mi padre, curó al muchacho, apaciguolo y volviome a la escuela, adonde el maestro me recibió con ira, hasta que oyendo la causa de la riña se le aplacó el enojo, considerando la razón que había tenido.

1 noramaza: en hora maza, es decir, en mala hora. Cervantes, en el capítulo V de El Quijote, utiliza la misma expresión con la forma «en hora maza».
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Agarré una piedra y descalabrele

Agarré una piedra y descalebrele · Fotografía: Marion P. Wolcott
· Historia de la vida del Buscón, 7 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo II
«De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió»
Agarré una piedra y descalabrele
Fotografía: Marion P. Wolcott

Unos me llamaban don Navaja, otros don Ventosa;1 cuál decía, por disculpar la invidia, que me quería mal porque mi madre le había chupado dos hermanitas pequeñas de noche;2 otro decía que a mi padre le habían llevado a su casa para que la limpiase de ratones (por llamarle gato).3 Unos me decían «zape» cuando pasaba, y otros «miz». Cuál decía:
—Yo la tiré dos berenjenas a su madre cuando fue obispa.4
Al fin, con todo cuanto andaban royéndome los zancajos,5 nunca me faltaron, gloria a Dios. Y aunque yo me corría,6 disimulaba. Todo lo sufría, hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces hijo de una puta y hechicera; lo cual, como me lo dijo tan claro (que aun si lo dijera turbio no me diera por entendido), agarré una piedra y descalabrele. Fuime a mi madre corriendo que me escondiese; contela el caso; díjome:
—Muy bien hiciste: bien muestras quién eres; sólo anduviste errado en no preguntarle quién se lo dijo.

1 ventosa: vaso de vidrio que se calentaba para determinadas curas y que era propio de los barberos, aunque el término se usa aquí también como sinónimo de ladrón, pues chupa los dineros.
2 había chupado: se decía en la época que las brujas chupaban la sangre de los niños.
3 gato: en el lenguaje de germanía, gato era sinónimo de ladrón, por lo que le llaman con las mismas palabras que a los gatos.
4 obispa: las alcahuetas eran castigadas con un gorro llamado «coroza», parecido a la mitra de un obispo, que debían llevar puesto mientras paseaban por las calles y las gentes les tiraban hortalizas.
5 roer los zancajos: murmurar.
6 correrse: ofenderse por alguna cosa, pero también avergonzarse por otra.
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Les parecía demasiado punto el mío

Les parecía demasiado punto el mío · Fotografía: Robert Doisneau
· Historia de la vida del Buscón, 6 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo II
«De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió»
Les parecía demasiado punto el mío
Fotografía: Robert Doisneau

A otro día ya estaba comprada la cartilla y hablado el maestro. Fui, señora,1 a la escuela; recibiome muy alegre, diciendo que tenía cara de hombre agudo y de buen entendimiento. Yo, con esto, por no desmentirle, di muy bien la lición2 aquella mañana. Sentábame el maestro junto a sí, ganaba la palmatoria3 los más días por venir antes, y íbame el postrero por hacer algunos recados a la señora, que así llamábamos la mujer del maestro. Teníalos a todos con semejantes caricias obligados; favorecíanme demasiado y con esto creció la envidia en los demás niños. Llegábame de todos a los hijos de caballeros y personas principales, y particularmente a un hijo de don Alonso Coronel de Zúñiga, con el cual juntaba meriendas. Íbame a su casa a jugar los días de fiesta, y acompañábale cada día. Los otros, u que porque no les hablaba u que porque les parecía demasiado punto4 el mío, siempre andaban poniéndome nombres tocantes al oficio de mi padre.

1 señora: el capítulo I de El Buscón comienza con «Yo, señor…», por lo que dirigirse en este a una interlocutora podría resultar extraño si no fuera porque el propio autor utilizó tanto el masculino como el femenino en las cuatro versiones distintas que escribió de su obra.
2 lición: lección.
3 palmatoria: tablita con correas que el alumno más madrugador podía usar para castigar a sus propios compañeros.
4 punto: presunción, orgullo.
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Yo quería aprender virtud

Yo quería aprender virtud · Fotografía: Robert Doisneau
· Historia de la vida del Buscón, 5 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo I
«En que cuenta quién es el Buscón»
Yo quería aprender virtud
Fotografía: Robert Doisneau

Metilos en paz diciendo que yo quería aprender virtud resueltamente y ir con mis buenos pensamientos adelante, y que para esto me pusiesen a la escuela, pues sin leer ni escribir no se podía hacer nada. Parecioles bien lo que decía, aunque lo gruñeron un rato entre los dos. Mi madre se entró adentro y mi padre fue a rapar a uno (así lo dijo él) no sé si la barba o la bolsa; lo más ordinario era uno y otro. Yo me quedé solo, dando gracias a Dios porque me hizo hijo de padres tan celosos de mi bien.

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Quien no hurta en el mundo, no vive

Quien no hurta en el mundo, no vive · Fotografía: Lutz Dille
· Historia de la vida del Buscón, 4 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo I
«En que cuenta quién es el Buscón»
Quien no hurta en el mundo, no vive
Fotografía: Lutz Dille

Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién había de imitar en el oficio, mas yo, que siempre tuve pensamientos de caballero desde chiquito, nunca me apliqué a uno ni a otro. Decíame mi padre:
—Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica, sino liberal.1
Y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos:2
—Quien no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? Unas veces nos destierran, otras nos azotan y otras nos cuelgan… no lo puedo decir sin lágrimas (lloraba como un niño el buen viejo, acordándose de las que le habían batanado3 las costillas). Porque no querrían que donde están hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros. Mas de todo nos libró la buena astucia. En mi mocedad siempre andaba por las iglesias,4 y no de puro buen cristiano. Muchas veces me hubieran llorado en el asno si hubiera cantado en el potro.5 Nunca confesé sino cuando lo mandaba la Santa Madre Iglesia. Preso estuve por pedigüeño en caminos y a pique de que me esteraran el tragar6 y de acabar todos mis negocios con diez y seis maravedís:7 diez de soga y seis de cáñamo. Mas de todo me ha sacado el punto en boca, el chitón y los nones.8 Y con esto y mi oficio, he sustentado a tu madre lo más honradamente que he podido.
—¿Cómo a mí sustentado? —dijo ella con grande cólera—. Yo os he sustentado a vos, y sacádoos de las cárceles con industria9 y mantenídoos en ellas con dinero. Si no confesábades, ¿era por vuestro ánimo o por las bebidas que yo os daba? ¡Gracias a mis botes!10 Y si no temiera que me habían de oír en la calle, yo dijera lo de cuando entré por la chimenea y os saqué por el tejado.

1 arte liberal: se refiere el personaje a que no es un trabajo manual, de escasa consideración social, sino artístico e intelectual.
2 de manos: con las manos puestas como si estuviera rezando.
3 batanar: abatanar, golpear, como se hacía con los paños para quitarles la grasa.
4 iglesias: las iglesias tenían derecho de asilo y los delincuentes se refugiaban en ellas.
5 potro: instrumento de tortura para que los delincuentes confesaran o cantaran sus delitos.
6 esterar el tragar: ahorcar, pues la soga de la horca se hacía de esparto, como las esteras.
7 maravedí: moneda antigua castellana, utilizada entre los siglos XII y XIX, empleada también como unidad de cuenta. En la época de Quevedo, 34 maravedíes equivalían a 1 real de plata y 16 reales de plata equivalían a 1 escudo de oro.
8 punto en boca, chitón, nones: expresiones usadas para la negación de los delitos.
9 industria: ingenio.
10 botes: referencia a sus dotes como hechicera.
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Virgos como soles

Virgos como soles · Fotografía: Cristina García Rodero
· Historia de la vida del Buscón, 3 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo I
«En que cuenta quién es el Buscón»
Virgos como soles
Fotografía: Cristina García Rodero

Mi madre, pues, ¡no tuvo calamidades! Un día, alabándomela una vieja que me crió, decía que era tal su agrado que hechizaba a cuantos la trataban. Y decía, no sin sentimiento:
—En su tiempo, hijo, eran los virgos como soles, unos amanecidos y otros puestos, y los más en un día mismo amanecidos y puestos.1
Hubo fama que reedificaba doncellas, resuscitaba cabellos encubriendo canas, empreñaba piernas con pantorrillas postizas. Y con no tratarla nadie que se le cubriese pelo, solas las calvas se la cubría, porque hacía cabelleras; poblaba quijadas con dientes; al fin vivía de adornar hombres y era remendona de cuerpos. Unos la llamaban zurcidora de gustos, otros, algebrista2 de voluntades desconcertadas; otros, juntona; cuál la llamaba enflautadora de miembros y cuál tejedora de carnes y, por mal nombre, alcagüeta.3 Para unos era tercera, primera para otros y flux4 para los dineros de todos. Ver, pues, con la cara de risa que ella oía esto de todos era para dar mil gracias a Dios.

1 amanecidos y puestos: como buena alcahueta, la madre del protagonista recomponía los virgos perdidos para que las mujeres pudieran pasar por vírgenes.
2 algebrista: que recompone los huesos desencajados.
3 alcagüeta: alcahueta, persona que concierta, encubre o facilita una relación amorosa, generalmente ilícita. Recuérdese la ocupación de la protagonista de La Celestina, escrita por Fernando de Rojas a finales del siglo XV.
4 tercera, primera, flux: términos de un juego de naipes, por lo que sería tercera o alcahueta y primera en su oficio; flux es la baza ganadora con la que un jugador se lleva el dinero apostado.
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Le estaba de perlas lo colorado

Le estaba de perlas lo colorado
· Historia de la vida del Buscón, 2 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo I
«En que cuenta quién es el Buscón»
Le estaba de perlas lo colorado

Probósele que a todos los que hacía la barba a navaja, mientras les daba con el agua levantándoles la cara para el lavatorio, un mi hermanico de siete años les sacaba muy a su salvo los tuétanos1 de las faldriqueras.2 Murió el angelico de unos azotes que le dieron en la cárcel. Sintiólo mucho mi madre, por ser tal que robaba a todos las voluntades.3 Por estas y otras niñerías estuvo preso, y rigores de justicia, de que hombre no se puede defender, le sacaron por las calles. En lo que toca de medio abajo tratáronle aquellos señores regaladamente. Iba a la brida en bestia segura4 y de buen paso, con mesura y buen día. Mas de medio arriba, etcétera, que no hay más que decir para quien sabe lo que hace un pintor de suela5 en unas costillas. Diéronle doscientos escogidos, que de allí a seis años se le contaban por encima de la ropilla.6 Más se movía el que se los daba que él, cosa que pareció muy bien; divirtióse algo con las alabanzas que iba oyendo de sus buenas carnes, que le estaba de perlas lo colorado.7

1 sacar los tuétanos: hacerle gastar a otro cuanto tiene.
2 faldriquera: faltriquera, bolsillo de las prendas de vestir o bolsa de tela que se ata a la cintura.
3 robar las voluntades: resultar simpático o ganarse la voluntad de alguien.
4 en bestia segura: el castigo habitual para un delincuente era desfilar por la calle montado en un asno mientras el verdugo le azotaba.
5 pintor de suela: que pinta cardenales con el cuero del látigo.
6 ropilla: especie de chaleco fino.
7 lo colorado: las marcas de los azotes.
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Yo, señor, soy de Segovia

HISTORIA DE LA VIDA DEL BUSCÓN

Yo, señor, soy de Segovia · Fotografía: Josep Branguli
· Historia de la vida del Buscón, 1 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo I
«En que cuenta quién es el Buscón»
Yo, señor, soy de Segovia
Fotografía: Josep Brangulí

Yo, señor, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero,1 aunque eran tan altos sus pensamientos que se corría2 de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor3 de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa,4 y según él bebía es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal.5 Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja,6 aun viéndola con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus pasados, quiso esforzar que era descendiente de la gloria. Tuvo muy buen parecer para letrado; mujer de amigas y cuadrilla, y de pocos enemigos, porque hasta los tres del alma7 no los tuvo por tales; persona de valor y conocida por quien era. Padeció grandes trabajos recién casada, y aun después, porque malas lenguas daban en decir que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros.8

1 barbero: en la época de El Buscón los barberos realizaban también pequeñas curas médicas y solían ejercer de sacamuelas.
2 correrse: ofenderse por alguna cosa, pero también avergonzarse por otra.
3 tundir: cortar o igualar con tijera el pelo de los paños.
4 ser de buena cepa: de calidad u origen reconocidos por buenos.
5 San Pedro, San Juan, San Cristóbal: se trata de apellidos propios de conversos.
cristianos viejos: los cristianos viejos eran descendientes de cristianos y habían sido bautizados como tales, sin mezcla de musulmán o judío, frente a los cristianos nuevos, generalmente conversos que habían sido bautizados en la edad adulta y peor considerados que los primeros.
tres enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne.
meter el dos de bastos para sacar el as de oros: meter la mano en bolsillo ajeno para sustraer una moneda, aunque la expresión tiene también un significado sexual.
Diccionario del Buscón

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Índice
Libro Primero
Capítulo I · Capítulo II 

Diccionario del Buscón

DICCIONARIO DEL BUSCÓN

Diccionario del Buscón · Francisco de Quevedo

alcagüeta: alcahueta, persona que concierta, encubre o facilita una relación amorosa, generalmente ilícita. Recuérdese la ocupación de la protagonista de La Celestina, escrita por Fernando de Rojas a finales del siglo XV.
Aldonza de San Pedro: madre del protagonista, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal. Obsérvese que el nombre de pila del personaje es idéntico al original de Dulcinea del Toboso, Aldonza Lorenzo [Libro 1.º, caps. I, II].
algebrista: que recompone los huesos desencajados.
Alonso Coronel de Zúñiga: mencionado también como Alonso de Zúñiga y padre de Diego de Zúñiga, compañero de escuela del protagonista [Libro 1.º, cap. II].
arte liberal: trabajo que no es manual, de escasa consideración social, sino artístico e intelectual.

barbero: en la época de El Buscón los barberos realizaban también pequeñas curas médicas y solían ejercer de sacamuelas.
batanar: abatanar, golpear, como se hacía con los paños para quitarles la grasa.
bercera: verdulera, mujer que vende verduras.

Clemente Pablo: padre del protagonista de la novela [Libro 1.º, cap. I].
confeso: judío convertido, es decir, cristiano nuevo.
correrse: ofenderse por alguna cosa, pero también avergonzarse por otra.
Credo: oración de la liturgia católica en la que se menciona a Poncio Pilato. [Libro 1.º, cap. II].
cristianos viejos: los cristianos viejos eran descendientes de cristianos y habían sido bautizados como tales, sin mezcla de musulmán o judío, frente a los cristianos nuevos o confesos, generalmente conversos que habían sido bautizados en la edad adulta.

de manos: con las manos puestas en actitud de rezar.
derecho de asilo: las iglesias tenían derecho de asilo y los delincuentes se refugiaban en ellas.
desatacar: desatar los calzones, quitárselos.
Diego de Zúñiga: compañero de escuela del protagonista e hijo de Alonso Coronel de Zúñiga [Libro 1.º, cap. II].
don Navaja: forma despectiva con la que los compañeros de escuela se refieren al protagonista, por ser hijo de barbero.
don Ventosa: forma despectiva con la que los compañeros de escuela se refieren al protagonista, por ser hijo de barbero (ventosa).

en bestia segura: el castigo habitual para un delincuente era desfilar por la calle montado en un asno mientras el verdugo le azotaba.
esterar el tragar: ahorcar, pues la soga de la horca se hacía de esparto, como las esteras.

faldriquera: faltriquera, bolsillo de las prendas de vestir o bolsa de tela que se ata a la cintura.

garrofal: de tamaño mayor al habitual.
gato: en el lenguaje de germanía, gato era sinónimo de ladrón, por lo que al protagonista le llaman en la escuela de la misma forma que a los gatos.

industria: ingenio.

lición: lección.
lo colorado: las marcas de los azotes.

maravedí: moneda antigua castellana, utilizada entre los siglos XII y XIX, empleada también como unidad de cuenta. En la época de Quevedo, 34 maravedíes equivalían a 1 real de plata y 16 reales de plata equivalían a 1 escudo de oro.
meter el dos de bastos para sacar el as de oros: meter la mano en bolsillo ajeno para sustraer una moneda, aunque la expresión tiene también un significado sexual.

noramaza: en hora maza, es decir, en mala hora. Cervantes, en el capítulo V de El Quijote, utiliza la misma expresión con la forma «en hora maza».

obispa: las alcahuetas eran castigadas con un gorro llamado «coroza», parecido a la mitra de un obispo, que debían llevar puesto mientras paseaban por las calles y las gentes les tiraban hortalizas.

palmatoria: tablita con correas que el alumno más madrugador podía usar para castigar a sus propios compañeros.
peones: peonzas.
pintor de suela: que pinta cardenales con el cuero del látigo.
Poncio de Aguirre: personaje al que el protagonista llama, despectivamente, Poncio Pilato [Libro 1.º, cap. II].
Poncio Pilato: prefecto de la provincia romana de Judea en tiempos de Jesús de Nazareth, por lo que estuvo directamente relacionado con la Pasión narrada en el Nuevo Testamento [Libro 1.º, cap. II].
potro: instrumento de tortura para que los delincuentes confesaran o cantaran sus delitos.
privada: letrina.
punto: presunción, orgullo.

rey de gallos: fiesta de carnaval en la que el rey de gallos, a caballo, intenta cortar el cuello de un gallo que cuelga de una cuerda.
robar las voluntades: resultar simpático o ganarse la voluntad de alguien.
Roberto el Diablo: personaje legendario del siglo XIII cuya vida fue narrada en La vie du terrible Robert le Diable, traducida al castellano en 1509 como La espantosa y admirable vida de Roberto el Diablo [Libro 1.º, cap. II].
rocín: caballo de mala traza, basto y de poca alzada.
roer los zancajos: murmurar.
ropilla: especie de chaleco fino.
rucio y rodado: caballo de color pardo con manchas de otro color.

sacar los tuétanos: hacerle gastar a otro cuanto tiene.
Segovia: ciudad castellana de la que el protagonista dice ser natural [Libro 1.º, cap. I].
ser de buena cepa: de calidad u origen reconocidos por buenos.

tahona: molino, que era donde trabajaban los caballos viejos que ya no podían desempeñar otra labor.
tercera, primera, flux: términos de un juego de naipes, por lo que sería tercera o alcahueta y primera en su oficio; flux es la baza ganadora con la que un jugador se lleva el dinero apostado.
tres enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne.
tundir: cortar o igualar con tijera el pelo de los paños.

ventosa: vaso de vidrio que se calentaba para determinadas curas y que era propio de los barberos, aunque el término se usa aquí también como sinónimo de ladrón, pues chupa los dineros.