Era diestro y sabio verdadero

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Era diestro y sabio verdadero (fotografía: G. Harris & M. Ewing) / Parte II, Cap. 1d
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 4. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Era diestro y sabio verdadero
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

Y empezó a meter una parola1 tan grande que me forzó a preguntarle qué materia profesaba. Díjome que él era diestro2 verdadero y que lo haría bueno en cualquiera parte. Yo, movido a risa, le dije:
—Pues, en verdad, que por lo que yo vi hacer a vuestra merced en el campo denantes, que más le tenía por encantador, viendo los círculos.3
—Eso —me dijo— era que se me ofreció una treta por el cuarto círculo con el compás mayor,4 continuando la espada para matar sin confesión al contrario, porque no diga quién lo hizo y estaba poniéndolo en términos de matemática.
—¿Es posible —le dije yo—que hay matemática en eso?
—No solamente matemática —dijo—, mas teología, filosofía, música y medicina.
—Esa postrera no lo dudo, pues se trata de matar en esa arte.
—No os burléis —me dijo—, que agora aprendo yo la limpiadera5 contra la espada, haciendo los tajos mayores que comprehenden en sí las aspirales de la espada.
—No entiendo cosa de cuantas me decís, chica ni grande.
—Pues este libro las dice —me respondió—, que se llama Grandezas de la espada,6 y es muy bueno y dice milagros; y para que lo creáis, en Rejas7 que dormiremos esta noche, con dos asadores me veréis hacer maravillas. Y no dudéis que cualquiera que leyere en este libro matará a todos los que quisiere.
—U ese libro enseña a ser pestes a los hombres u le compuso algún doctor.
—¿Cómo doctor? Bien lo entiende —me dijo—: es un gran sabio y aun estoy por decir más.

1 parola: conversación larga e insustancial.
2 diestro: maestro de esgrima.
3 círculos: referencia a los círculos que los brujos hacían en el suelo para hacer sus conjuros en ellos.
4 cuarto círculo con el compás mayor: en esgrima, movimiento en el que la espada describe un cuarto de círculo.
5 limpiadera: cepillo.
6 Grandezas de la espada: tratado sobre esgrima, titulado Libro de las grandezas de la espada en que se declaran muchos secretos del que compuso el comendador Jerónimo de Carranza, publicado en 1600 por Luis Pacheco de Narváez.
7 Rejas: población situada al este de Madrid y al norte de San Fernando de Henares.
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Preguntó si iba a Madrid por línea recta o circunfleja

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Preguntó si iba a Madrid por línea recta o circunfleja / Parte II, Cap. 1c
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 3. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Preguntó si iba a Madrid por línea recta o circunfleja

Yo pasé adelante pereciéndome de risa de los arbitrios en que ocupaba el tiempo, cuando, Dios y enhorabuena, desde lejos vi una mula suelta y un hombre junto a ella a pie, que mirando a un libro hacía unas rayas que medía con un compás. Daba vueltas y saltos a un lado y a otro, y de rato en rato, poniendo un dedo encima de otro, hacía con ellos mil cosas saltando. Yo confieso que entendí por gran rato (que me paré desde lejos a verlo) que era encantador, y casi no me determinaba a pasar. Al fin me determiné, y llegando cerca, sintióme, cerró el libro, y al poner el pie en el estribo, resbalósele y cayó. Levantéle, y díjome:
—No tomé bien el medio de proporción1 para hacer la circunferencia al subir.
Yo no le entendí lo que me dijo y luego temí lo que era, porque más desatinado hombre no ha nacido de las mujeres. Preguntóme si iba a Madrid2 por línea recta o si iba por camino circunflejo. Yo, aunque no lo entendí, le dije que circunflejo. Preguntóme cúya era la espada que llevaba al lado. Respondíle que mía, y mirándola, dijo:
—Esos gavilanes3 habían de ser más largos, para reparar los tajos4 que se forman sobre el centro de las estocadas.

1 medio de proporción: en esgrima, distancia que se toma para formar la herida.
2 Madrid: ciudad castellana y capital de la corte desde el siglo XVI, que en la época de Quevedo tenía unos 65 000 habitantes.
3 gavilanes: hierros que salen de la guarnición de la espada.
4 reparar los tajos: en esgrima, defenderse de los tajos.
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Hundir la mar en doce estados

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Hundir la mar en doce estados (fotografía: G. Harris & M. Ewing) / Libro II, Cap. 1b
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 2. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Hundir la mar en doce estados
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

Proseguimos en la conversación (propia de pícaros), y venimos a dar de una cosa en otra, en Flandes.1 Aquí fue ello, que empezó a suspirar y a decir:
—Más me cuestan a mí esos estados que al rey, porque ha catorce años que ando con un arbitrio que, si como es imposible no lo fuera, ya estuviera todo sosegado.
—¿Qué cosa puede ser —le dije yo— que, conviniendo tanto, sea imposible y no se pueda hacer?
—¿Quién le dice a vuestra merced —dijo luego— que no se pueda hacer? Hacerse puede, que ser imposible es otra cosa. Y si no fuera por dar pesadumbre, le contara a vuestra merced lo que es; pero allá se verá, que agora lo pienso imprimir con otros trabajillos, entre los cuales le doy al rey modo de ganar a Ostende2 por dos caminos.
Roguele que me los dijese, y al punto, sacando de las faldriqueras3 un gran papel, me mostró pintado el fuerte del enemigo y el nuestro, y dijo:
—Bien ve vuestra merced que la dificultad de todo está en este pedazo de mar; pues yo doy orden de chuparle todo con esponjas y quitarle de allí.
Di yo con este desatino una gran risada, y él entonces mirándome a la cara, me dijo:
—A nadie se lo he dicho que no haya hecho otro tanto, que a todos les da gran contento.
—Ese tengo yo, por cierto —le dije—, de oír cosa tan nueva y tan bien fundada, pero advierta vuestra merced que ya que chupe el agua que hubiere entonces, tornará luego la mar a echar más.
—No hará la mar tal cosa que lo tengo yo eso muy apurado —me respondió—, y no hay que tratar; fuera de que yo tengo pensada una invención para hundir la mar por aquella parte doce estados.4
No lo osé replicar de miedo que me dijese que tenía arbitrio para tirar el cielo acá abajo. No vi en mi vida tan gran orate.5 Decíame que Joanelo6 no había hecho nada, que él trazaba agora de subir toda el agua de Tajo7 a Toledo8 de otra manera más fácil. Y sabido lo que era, dijo que por ensalmo. ¡Mire vuestra merced quién tal oyó en el mundo! Y al cabo, me dijo:
—Y no lo pienso poner en ejecución si primero el rey no me da una encomienda,9 que la puedo tener muy bien, y tengo una ejecutoria10 muy honrada.
Con estas pláticas y desconciertos llegamos a Torrejón,11 donde se quedó, que venía a ver una parienta suya.

1 Flandes: zona geográfica que hoy comprende parte de Bélgica, Francia y los Países Bajos y que entre los siglos XV y XVIII perteneció a la casa de Habsburgo.
2 Ostende: ciudad de Flandes, hoy en Bélgica, que entre 1601 y 1604 fue asediada por los tercios españoles durante la guerra de Flandes o de los Ochenta Años (1568-1648).
3 faldriquera: faltriquera, bolsillo de las prendas de vestir o bolsa de tela que se ata a la cintura.
4 estado: medida aproximada de la altura de un hombre.
5 orate: persona de escaso o ningún juicio.
6 Joanelo: Juanelo Turriano (Janello Torriani, 1500-1585), ingeniero italiano que inventó una maquinaria para subir el agua del Tajo a Toledo.
7 Tajo: río que cruza la península ibérica desde la sierra de Albarracín (Teruel) hasta Lisboa, con un recorrido de 1007 kilómetros.
8 Toledo: ciudad castellana situada al sur de Madrid, a orillas del Tajo, en donde se encontraba la cárcel del Tribunal de la Inquisición.
9 encomienda: dignidad de las órdenes militares que llevaba aneja una renta.
10 ejecutoria: documento que certificaba la hidalguía.
11 Torrejón: población situada a unos veinte kilómetros al este de Madrid, en el valle del Henares.
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Bien decían que era un trampista

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Bien decían que era un trampista (fotografía: Lutz Dille) / Libro II, Cap. 1a
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 1. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Bien decían que era un trampista
Fotografía: Lutz Dille

Llegó el día de apartarme de la mejor vida que hallo haber pasado. Dios sabe lo que sentí el dejar tantos amigos y apasionados, que eran sin número. Vendí lo poco que tenía de secreto, para el camino, y con ayuda de unos embustes hice hasta seiscientos reales.1 Alquilé una mula y salime de la posada, adonde ya no tenía que sacar más de mi sombra. ¿Quién contará las angustias del zapatero por lo fiado, las solicitudes del ama por el salario, las voces del huésped de la casa por el arrendamiento? Uno decía: «¡Siempre me lo dijo el corazón!»; otro: «¡Bien me decían a mí que este era un trampista!».2 Al fin, yo salí tan bienquisto3 del pueblo que dejé con mi ausencia a la mitad de él llorando y a la otra mitad riéndose de los que lloraban.
Yo me iba entreteniendo por el camino considerando en estas cosas, cuando pasado Torote,4 encontré con un hombre en un macho de albarda, el cual iba hablando entre sí con muy gran prisa y tan embebecido,5 que aun estando a su lado no me veía. Saludele y saludome; preguntele dónde iba, y después que nos pagamos las respuestas, comenzamos luego a tratar de si bajaba el turco6 y de las fuerzas del rey.7 Comenzó a decir de qué manera se podía conquistar la Tierra Santa y cómo se ganaría Argel, en los cuales discursos eché de ver que era loco repúblico8 y de gobierno.

1 real: moneda que empezó a circular en Castilla en el siglo XIV y que tuvo diferentes valores en función de la época y su composición. Un real de vellón valía 34 maravedíes, mientras que el de plata equivalía a dos reales de vellón (68 maravedíes); un real de plata equivalía a 8,5 cuartos y 16 reales de plata valían 1 escudo de oro.
2 trampista: embustero, petardista que, con ardides y engaños, anda continuamente sacando dinero prestado, o géneros fiados, sin ánimo de pagar.
3 bienquisto: de buena fama y generalmente estimado.
4 Torote: río que nace en la provincia de Guadalajara y desemboca en el Henares.
5 embebecerse: entretenerse, divertirse, pero aquí con el sentido de estar embelesado o pasmado.
6 turco: las ofensivas de los turcos eran tema habitual en las conversaciones de la época.
7 rey: reinaba en la época Felipe IV de Habsburgo (1605-1665), quien en 1621 había heredado el trono de su padre, Felipe III, y a quien sucedería su hijo Carlos II.
8 repúblico: alusión a los arbitristas, quienes proponían arbitrios y soluciones para los problemas del reino.
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Conocer mis parientes para huir de ellos

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Conocer mis parientes para huir de ellos (fotografía: August Sander) / Libro I, Cap. 7b
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VII, 2. Francisco de Quevedo, 1626
«De la ida de don Diego, y nuevas de la muerte de su padre y madre,
y la resolución que tomó en sus cosas para adelante»
Conocer mis parientes para huir de ellos
Fotografía: August Sander

Fuime corriendo a don Diego, que estaba leyendo la carta de su padre, en que le mandaba que se fuese y que no me llevase en su compañía, movido de las travesuras mías que había oído decir. Díjome que se determinaba ir y todo lo que le mandaba su padre, que a él le pesaba de dejarme y a mí más; díjome que me acomodaría con otro caballero amigo suyo para que le sirviese. Yo, en esto, riéndome, le dije:
—Señor, ya soy otro, y otros mis pensamientos; más alto pico y más autoridad me importa tener. Porque si hasta agora tenía como cada cual mi piedra en el rollo,1 agora tengo mi padre.
Declarele cómo había muerto tan honradamente como el más estirado, cómo le trincharon y le hicieron moneda,2 cómo me había escrito mi señor tío, el verdugo, de esto y de la prisioncilla de mama, que a él, como a quien sabía quién yo soy, me pude descubrir sin vergüenza. Lastimose mucho y preguntome que qué pensaba hacer. Dile cuenta de mis determinaciones; y con tanto, al otro día, él se fue a Segovia3 harto triste, y yo me quedé en la casa disimulando mi desventura.
Quemé la carta porque, perdiéndoseme acaso, no la leyese alguien, y comencé a disponer mi partida para Segovia, con fin de cobrar mi hacienda y conocer mis parientes para huir de ellos.

1 tener la piedra en el rollo: expresión que significa ser honrado y reconocido, porque era costumbre que los vecinos se sentaran a conversar en la grada del rollo y los hombres respetados tenían en él su puesto fijo.
2 hacer moneda: descuartizar, por el juego de palabras con los cuartos de la moneda.
3 Segovia: ciudad castellana de la que el protagonista, en el capítulo I, dice ser natural.
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Hícele cuartos y dile por sepultura los caminos

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Hícele cuartos y dile por sepultura los caminos (Robert Doisneau) / Libro I, Cap. 7a
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VII, 1. Francisco de Quevedo, 1626
«De la ida de don Diego, y nuevas de la muerte de su padre y madre,
y la resolución que tomó en sus cosas para adelante»
Hícele cuartos y dile por sepultura los caminos
Fotografía: Robert Doisneau

En este tiempo vino a don Diego1 una carta de su padre, en cuyo pliego venía otra de un tío mío llamado Alonso Ramplón, hombre allegado a toda virtud y muy conocido en Segovia2 por lo que era allegado a la justicia, pues cuantas allí se habían hecho de cuarenta años a esta parte, han pasado por sus manos. Verdugo era, si va a decir la verdad, pero una águila en el oficio; vérsele hacer daba gana a uno de dejarse ahorcar. Este, pues, me escribió una carta a Alcalá,3 desde Segovia, en esta forma:

«Hijo Pablos (que por el mucho amor que me tenía me llamaba así), las ocupaciones grandes de esta plaza en que me tiene ocupado Su Majestad no me han dado lugar a hacer esto, que si algo tiene malo el servir al Rey es el trabajo, aunque se desquita con esta negra honrilla de ser sus criados.
»Pésame de daros nuevas de poco gusto. Vuestro padre murió ocho días ha con el mayor valor que ha muerto hombre en el mundo; dígolo como quien lo guindó.4 Subió en el asno sin poner pie en el estribo; veníale el sayo vaquero5 que parecía haberse hecho para él, y como tenía aquella presencia, nadie le veía con los Cristos delante6 que no le juzgase por ahorcado. Iba con gran desenfado mirando a las ventanas y haciendo cortesías a los que dejaban sus oficios por mirarle; hízose dos veces los bigotes; mandaba descansar a los confesores y íbales alabando lo que decían bueno.
»Llegó a la N de palo,7 puso el un pie en la escalera, no subió a gatas ni despacio y viendo un escalón hendido, volviose a la justicia y dijo que mandase aderezar aquel para otro, que no todos tenían su hígado. No os sabré encarecer cuán bien pareció a todos.
»Sentose arriba, tiró las arrugas de la ropa atrás, tomó la soga y púsola en la nuez. Y viendo que el teatino8 le quería predicar, vuelto a él, le dijo: “Padre, yo lo doy por predicado; vaya un poco de Credo, y acabemos presto, que no querría parecer prolijo”. Hízose así; encomendome que le pusiese la caperuza de lado y que le limpiase las barbas. Yo lo hice así. Cayó sin encoger las piernas ni hacer gesto; quedó con una gravedad que no había más que pedir. Hícele cuartos9 y dile por sepultura los caminos. Dios sabe lo que a mí me pesa de verle en ellos haciendo mesa franca a los grajos, pero yo entiendo que los pasteleros de esta tierra nos consolarán, acomodándole en los de a cuatro.10
»De vuestra madre, aunque está viva agora, casi os puedo decir lo mismo, porque está presa en la Inquisición de Toledo,11 porque desenterraba los muertos sin ser murmuradora.12 Halláronla en su casa más piernas, brazos y cabezas que en una capilla de milagros.13 Y lo menos que hacía era sobrevirgos y contrahacer doncellas. Dicen que representará en un auto14 el día de la Trinidad, con cuatrocientos de muerte.15 Pésame que nos deshonra a todos, y a mí principalmente, que al fin soy ministro del Rey y me están mal estos parentescos.
»Hijo, aquí ha quedado no sé qué hacienda escondida de vuestros padres; será en todo hasta cuatrocientos ducados. Vuestro tío soy, y lo que tengo ha de ser para vos. Vista ésta, os podéis venir aquí, que con lo que vos sabéis de latín y retórica, seréis singular en el arte de verdugo. Respondedme luego, y entre tanto, Dios os guarde».

No puedo negar que sentí mucho la nueva afrenta, pero holgueme en parte (tanto pueden los vicios en los padres, que consuela de sus desgracias, por grandes que sean, a los hijos).

1 Diego de Zúñiga: compañero de escuela y pupilaje del protagonista e hijo de Alonso Coronel de Zúñiga.
2 Segovia: ciudad castellana de la que el protagonista, en el cap. I, dice ser natural: «Yo, señor, soy de Segovia».
3 Alcalá de Henares: población situada a unos treinta kilómetros al este de Madrid, cuya universidad fue inaugurada en 1499, y ciudad natal de Miguel de Cervantes.
4 guindar: colgar, ahorcar.
5 sayo vaquero: tipo de ropaje o vestido.
6 con los Cristos delante: la comitiva de los condenados la abrían los crucifijos.
7 N de palo: alusión a la horca, formada por dos palos verticales unidos por uno horizontal.
8 teatino: miembro de la Orden de Clérigos Regulares, fundada en Roma en 1524.
9 cuartos: a los ahorcados se les descuartizaba en pedazos que después se desperdigaban por los caminos para que sirvieran de escarmiento.
10 a cuatro: alusión a los pasteles, que costaban cuatro maravedís, con lo que sugiere que los pasteleros usaban la carne de los ajusticiados para hacer la masa de sus pasteles.
11 Toledo: ciudad castellana situada al sur de Madrid, en donde se encontraba la cárcel del Tribunal de la Inquisición.
12 murmuradora: se refiere a que su madre desenterraba a los muertos para sus prácticas de hechicería, pues a ello se dedicaba según refiere en el cap. I.
13 milagro: exvoto u ofrenda que se expone en las capillas como agradecimiento de una curación y que solía representar el miembro curado.
14 auto: juego con los significados de auto de fe y auto sacramental.
15 cuatrocientos de muerte: cuatrocientos azotes que provocarán su muerte.
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Me dijo un responso y fue desesperado

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Me dijo un responso y fue desesperado (fotografía: Escher Károly) / Libro I, Cap. 6g
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VI, 7. Francisco de Quevedo, 1626
«De las crueldades de la ama y travesuras que hizo»
Me dijo un responso y fue desesperado
Fotografía: Escher Károly

Cuadrole al corregidor1 la traza, con la codicia de la prisión. En esto llegamos cerca, y el corregidor, advertido, mandó que debajo de unas yerbas pusiesen todos las espadas escondidas en un campo que está enfrente casi de la casa; pusiéronlas y caminaron. Yo, que había avisado al otro que ellos dejarlas y él tomarlas y pescarse a casa fuese todo uno, hízolo así; y al entrar todos quedeme atrás el postrero, y en entrando ellos mezclados con otra gente que entraba, di cantonada2 y emboqueme por una callejuela que va a dar a la Vitoria, que no me alcanzara un galgo.
Ellos que entraron y no vieron nada, porque no había sino estudiantes y pícaros (que es todo uno), comenzaron a buscarme, y no hallándome, sospecharon lo que fue, y yendo a buscar sus espadas, no hallaron media. ¿Quién contara las diligencias que hizo con el retor el corregidor? Aquella noche anduvieron todos los patios reconociendo las caras y mirando las armas. Llegaron a casa, y yo, porque no me conociesen, estaba echado en la cama con un tocador3 y con una vela en la mano y un Cristo en la otra y un compañero clérigo ayudándome a morir, y los demás rezando las letanías. Llegó el retor y la justicia, y viendo el espectáculo, se salieron, no persuadiéndose que allí pudiera haber habido lugar para cosa. No miraron nada, antes el retor me dijo un responso; preguntó si estaba ya sin habla, y dijéronle que sí; y con tanto, se fueron desesperados de hallar rastro, jurando el retor de remitirle4 si le topasen, y el corregidor de ahorcarle fuese quien fuese. Levantéme de la cama, y hasta hoy no se ha acabado de solemnizar la burla en Alcalá.5
Y por no ser largo, dejo de contar cómo hacía monte la plaza del pueblo, pues de cajones de tundidores y plateros y mesas de fruteras (que nunca se me olvidará la afrenta de cuando fui rey de gallos)6 sustentaba la chimenea de casa todo el año. Callo las pinsiones7 que tenía sobre los habares, viñas y huertos, en todo aquello de alrededor. Con estas y otras cosas, comencé a cobrar fama de travieso y agudo entre todos. Favorecíanme los caballeros y apenas me dejaban servir a don Diego, a quien siempre tuve el respeto que era razón por el mucho amor que me tenía.

1 corregidor: gobernador o regidor del pueblo o ciudad por delegación real.
2 dar cantonada: dar esquinazo, desaparecer al girar una esquina o cantón.
3 tocador: gorro de dormir.
4 remitirle: entregarlo al juez.
5 Alcalá de Henares: población situada a unos treinta kilómetros al este de Madrid, cuya universidad fue inaugurada en 1499, y ciudad natal de Miguel de Cervantes.
6 rey de gallos: el protagonista se refiere al episodio de Carnestolendas narrado en el capítulo II.
7 pinsiones: rentas.
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«Ya ponían los alguaciles mano a las varitas»
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Ya ponían los alguaciles mano a las varitas

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Ya ponían los alguaciles mano a las varitas (fotografía: Francesc Català-Roca) / Libro I, Cap. 6f
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VI, 6. Francisco de Quevedo, 1626
«De las crueldades de la ama y travesuras que hizo»
Ya ponían los alguaciles mano a las varitas
Fotografía: Francesc Català-Roca

Decían los compañeros que yo solo podía sustentar la casa con lo que corría, que es lo mismo que hurtar, en nombre revesado.1 Yo, como era muchacho y oía que me alababan el ingenio con que salía de estas travesuras, animábame para hacer muchas más. Cada día traía la pretina2 llena de jarras de monjas, que les pedía para beber y me venía con ellas; introduje que no diesen nada sin prenda primero.
Y, así, prometí a don Diego3 y a todos los compañeros, de quitar una noche las espadas a la mesma ronda.4 Señalose cuál había de ser, y fuimos juntos, yo delante, y en columbrando5 la justicia, llegueme con otro de los criados de casa, muy alborotado, y dije:
—¿Justicia?
Respondieron:
—Sí.
—¿Es el corregidor?6
Dijeron que sí. Hinquéme de rodillas y dije:
—Señor, en sus manos de vuestra merced está mi remedio y mi venganza y mucho provecho de la república; mande vuestra merced oírme dos palabras a solas, si quiere una gran prisión.
Apartose; ya los corchetes7 estaban empuñando las espadas y los alguaciles poniendo mano a las varitas.8 Yo le dije:
—Señor, yo he venido desde Sevilla9 siguiendo seis hombres los más facinorosos del mundo, todos ladrones y matadores de hombres, y entre ellos viene uno que mató a mi madre y a un hermano mío por saltearlos, y le está probado esto; y vienen acompañando, según los he oído decir, a una espía10 francesa; y aun sospecho, por lo que les he oído, que es… (y bajando más la voz dije) Antonio Pérez.11 Con esto, el corregidor dio un salto hacia arriba, y dijo:
—¿Y dónde están?
—Señor, en la casa pública; no se detenga vuestra merced, que las ánimas de mi madre y hermano se lo pagarán en oraciones, y el rey acá.
—¡Jesús! —dijo—, no nos detengamos. ¡Hola, seguidme todos! Dadme una rodela.12
Yo entonces le dije, tornándole a apartar:
—Señor, perderse ha vuestra merced si hace eso, porque antes importa que todas vuestras mercedes entren sin espadas, y uno a uno, que ellos están en los aposentos y traen pistoletes,13 y en viendo entrar con espadas, como saben que no la puede traer sino la justicia, dispararán. Con dagas es mejor, y cogerlos por detrás los brazos, que demasiados vamos.

1 en nombre revesado: en jerga de estudiantes.
2 pretina: cinturón.
3 Diego de Zúñiga: compañero de escuela y pupilaje del protagonista e hijo de Alonso Coronel de Zúñiga.
4 ronda: cuadrilla de alguaciles que vigilaba de noche.
5 columbrar: ver de lejos, deducir.
6 corregidor: gobernador o regidor del pueblo o ciudad por delegación real.
7 corchete: ayudante del alguacil que prende a los delincuentes.
8 varita: vara que los alguaciles llevaban como signo de autoridad.
9 Sevilla: ciudad situada en Andalucía occidental, que en época de Quevedo tenía unos 130 000 habitantes y era el centro económico y administrativo de las posesiones españolas.
10 espía: palabra que era de género femenino.
11 Antonio Pérez: secretario del rey Felipe II (1558-1598), que huyó a Francia tras ser acusado de ser cómplice de asesinato.
12 rodela: escudo redondo y delgado que, embrazado en el brazo izquierdo, cubría el pecho al que se servía de él.
13 pistolete: arma de fuego más corta que la pistola.
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Los convidé a verme correr cajas

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Los convidé a verme correr cajas (fotografía: Xavier Miserachs) / Libro I, Cap. 6e
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VI, 5. Francisco de Quevedo, 1626
«De las crueldades de la ama y travesuras que hizo»
Los convidé a verme correr cajas
Fotografía: Xavier Miserachs

Yo, que me vi ya mal con el ama, y que no la podía burlar, busqué nuevas trazas de holgarme y di en lo que llaman los estudiantes correr o arrebatar. En esto me sucedieron cosas graciosísimas, porque yendo una noche a las nueve (que anda poca gente) por la calle Mayor, vi una confitería y en ella un cofín1 de pasas sobre el tablero, y tomando vuelo, vine a agarrarle y di a correr. El confitero dio tras mí, y otros criados y vecinos. Yo, como iba cargado, vi que aunque les llevaba ventaja, me habían de alcanzar, y al volver una esquina, senteme sobre él y envolví la capa a la pierna de presto y empecé a decir, con la pierna en la mano, fingiéndome pobre:
—¡Ay! ¡Dios se lo perdone, que me ha pisado!
Oyéronme esto y en llegando, empecé a decir: «Por tan alta Señora», y lo ordinario de la «hora menguada»2 y «aire corrupto».3 Ellos se venían desgañifando,4 y dijéronme:
—¿Va por aquí un hombre, hermano?
—Ahí adelante, que aquí me pisó, loado sea el Señor.
Arrancaron con esto y fuéronse; quedé solo, lleveme el cofín a casa, conté la burla, y no quisieron creer que había sucedido así, aunque lo celebraron mucho. Por lo cual los convidé para otra noche a verme correr cajas. Vinieron, y advirtiendo ellos que estaban las cajas dentro la tienda y que no las podía tomar con la mano, tuviéronlo por imposible, y más por estar el confitero, por lo que sucedió al otro de las pasas, alerta. Vine, pues, y metiendo doce pasos atrás de la tienda mano a la espada, que era un estoque recio, partí corriendo, y en llegando a la tienda, dije: «¡Muera!». Y tiré una estocada por delante del confitero. Él se dejó caer pidiendo confesión, y yo di la estocada en una caja y la pasé y saqué en la espada y me fui con ella. Quedáronse espantados de ver la traza y muertos de risa de que el confitero decía que le mirasen, que sin duda le había herido, y que era un hombre con quien él había tenido palabras. Pero, volviendo los ojos, como quedaron desbaratadas al salir de la caja las que estaban alrededor, echó de ver la burla, y empezó a santiguarse que no pensó acabar. Confieso que nunca me supo cosa tan bien.

1 cofín: cesta o espuerta.
2 hora menguada: hora desgraciada.
3 aire corrupto: mal aire, al que se atribuían algunas enfermedades.
4 desgañifando: gritando hasta enronquecer.
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Rezaba más oraciones que un ciego

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Rezaba mas oraciones que un ciego (fotografía: Marjory Collins) / Libro I, Cap. 6d
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VI, 4. Francisco de Quevedo, 1626
«De las crueldades de la ama y travesuras que hizo»
Rezaba más oraciones que un ciego
Fotografía: Marjory Collins

Traía un rosario al cuello siempre, tan grande, que era más barato llevar un haz de leña a cuestas. De él colgaban muchos manojos de imágines, cruces y cuentas de perdones que hacían ruido de sonajas. Bendecía las ollas y al espumar hacía cruces con el cucharón. Yo pienso que las conjuraba por sacarles los espíritus, ya que no tenía carne. En todas las imágines decía que rezaba cada noche por sus bienhechores; contaba ciento y tantos santos abogados suyos, y en verdad que había menester todas estas ayudas para desquitarse de lo que pecaba. Acostábase en un aposento encima del de mi amo, y rezaba más oraciones que un ciego. Entraba por el Justo Juez1 y acababa en el Conquibules,2 que ella decía, y en la Salve Rehína.3 Decía las oraciones en latín adrede por fingirse inocente, de suerte que nos despedazábamos de risa todos. Tenía otras habilidades; era conqueridora4 de voluntades y corchete5 de gustos, que es lo mismo que alcahueta; pero disculpábase conmigo diciendo que le venía de casta como al rey de Francia sanar lamparones.6
¿Pensará vuestra merced que siempre estuvimos en paz? Pues ¿quién ignora que dos amigos, como sean codiciosos, si están juntos, se han de procurar engañar el uno al otro? «Ésta ha de ser ruin conmigo, pues lo es con su amo», decía yo entre mí; ella debía de decir lo mismo porque chocamos de embuste el uno con el otro, y por poco se descubriera la hilaza.7 Quedamos enemigos como gatos y gatos, que en despensa es peor que gatos y perros.

1 Justo Juez: oración del Justo Juez, muy recitada por los ciegos, para protección de enemigos, males y peligros.
2 Conquibules: deformación del credo de san Atanasio: Quicumque vult salvus esse… («Todo aquel que quiera salvarse…»).
3 Salve Rehína: deformación del Salve Regina, oración a la Virgen.
4 conqueridora: conquistadora.
5 corchete: ayudante del alguacil que prende a los delincuentes.
6 sanar lamparones: se creía en la época que los reyes de Francia tenían el don de sanar lamparones, es decir, los ganglios del cuello.
7 descubrir la hilaza o la hilacha: dejar ver las intenciones o defectos.
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Comulgaba y montaba gran suma de dinero

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Comulgaba y montaba gran suma de dinero (fotografía: G. Harris & M. Ewing) / Libro I, Cap. 6c
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VI, 3. Francisco de Quevedo, 1626
«De las crueldades de la ama y travesuras que hizo»
Comulgaba y montaba gran suma de dinero
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

Yo, por el consiguiente, decía de ella lo mismo y así teníamos engañada la casa. Si se compraba aceite de por junto, carbón o tocino, escondíamos la mitad, y cuando nos parecía, decíamos el ama y yo:
—Modérese vuestra merced en el gasto, que en verdad que si se dan tanta prisa no baste la hacienda del rey. Ya se ha acabado el aceite o el carbón. Pero tal prisa le han dado. Mande vuestra merced comprar más y a fe que se ha de lucir de otra manera. Denle dineros a Pablicos.
Dábanmelos y vendíamosles la mitad sisada, y de lo que comprábamos sisábamos la otra mitad; y esto era en todo, y si alguna vez compraba yo algo en la plaza por lo que valía, reñíamos adrede el ama y yo. Ella decía:
—No me digas a mí, Pablicos, que esto son dos cuartos de ensalada.
Yo hacía que lloraba, daba voces, íbame a quejar a mi señor, y apretábale para que enviase al mayordomo a saberlo, para que callase la ama, que adrede porfiaba. Iban y sabíanlo, y con esto asegurábamos al amo y al mayordomo, y quedaban agradecidos, en mí a las obras, y en el ama al celo de su bien. Decíale don Diego, muy satisfecho de mí:
—¡Así fuese Pablicos aplicado a virtud como es de fiar! ¿Toda esta es la lealtad que me decís vos de él?
Tuvímoslos de esta manera, chupándolos como sanguijuelas. Yo apostaré que vuestra merced se espanta de la suma de dinero que montaba al cabo del año. Ello mucho debió de ser, pero no debía obligar a restitución, porque el ama confesaba y comulgaba de ocho a ocho días y nunca la vi rastro de imaginación de volver nada ni hacer escrúpulo, con ser, como digo, una santa.

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No cabía el ama de contenta conmigo

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: No cabía el ama de contenta conmigo (fotografía: Franco Pinna) / Libro I, Cap. 6b
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VI, 2. Francisco de Quevedo, 1626
«De las crueldades de la ama y travesuras que hizo»
No cabía el ama de contenta conmigo
Fotografía: Franco Pinna

Supo, pues, don Diego1 el caso, y enojose conmigo de manera que obligó a los güéspedes (que de risa no se podían valer) a volver por mí.2 Preguntábame don Diego que qué había de decir si me acusaban y me prendía la justicia, a lo cual respondí yo que me llamaría a hambre, que es el sagrado de los estudiantes; y que si no me valiese, diría que como se entraron sin llamar a la puerta como en su casa, que entendí que eran nuestros. Riéronse todos de las disculpas. Dijo don Diego:
—A fe, Pablos, que os hacéis a las armas.
Era de notar ver a mi amo tan quieto y religioso y a mí tan travieso, que el uno exageraba al otro o la virtud o el vicio.
No cabía el ama de contento conmigo, porque éramos dos al mohíno:3 habíamonos conjurado contra la despensa. Yo era el despensero Judas, de botas a bolsa,4 que desde entonces hereda no sé qué amor a la sisa este oficio. La carne no guardaba en manos de la ama la orden retórica, porque siempre iba de más a menos; no era nada carnal, antes de puro penitente estaba en los güesos. Y la vez que podía echar cabra u oveja no echaba carnero, y si había güesos, no entraba cosa magra. Era cercenadora5 de porciones como de moneda, y así hacía unas ollas éticas de puro flacas, unos caldos que a estar cuajados se pudieran hacer sartas de cristal de ellos. Las Pascuas, por diferenciar, para que estuviese gorda la olla, solía echar cabos de vela de sebo y así decía que estaban sus ollas gordas por el cabo.6 Y era verdad según me lo parló un pabilo que yo masqué un día. Ella decía, cuando yo estaba delante:
—Mi amo, por cierto que no hay servicio como el de Pablicos, si él no fuese travieso; consérvele vuestra merced, que bien se le puede sufrir el ser bellaquillo por la fidelidad; lo mejor de la plaza trae.

1 Diego de Zúñiga: compañero de escuela y pupilaje del protagonista e hijo de Alonso Coronel de Zúñiga.
2 volver a mí: defenderme.
3 dos al mohíno: en algunos juegos, conchabarse dos contra uno.
4 Judas, de botas a bolsa: Judas suele ser representado con una bolsa y unas botas.
5 cercenadora: una de las formas de sisar era recortar o limar las monedas para quedarse con el metal cercenado.
6 estar por el cabo: estar bien, perfectamente.
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Era mucho atrevimiento venir a gruñir a casa ajena

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Era mucho atrevimiento venir a gruñir a casa ajena (fotografía: Toshiteru Yamaji) / Libro I, Cap. 6a
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VI, 1. Francisco de Quevedo, 1626
«De las crueldades de la ama y travesuras que hizo»
Era mucho atrevimiento venir a gruñir a casa ajena
Fotografía: Toshiteru Yamaji

Haz como vieres, dice el refrán, y dice bien. De puro considerar en él, vine a resolverme de ser bellaco con los bellacos, y más, si pudiese, que todos. No sé si salí con ello, pero yo aseguro a vuestra merced que hice todas las diligencias posibles.
Lo primero, yo puse pena de la vida a todos los cochinos que se entrasen en casa y a los pollos de la ama que del corral pasasen a mi aposento. Sucedió que un día entraron dos puercos del mejor garbo que vi en mi vida. Yo estaba jugando con los otros criados, y oilos gruñir, y dije al uno:
—Vaya y vea quién gruñe en nuestra casa.
Fue, y dijo que dos marranos. Yo que lo oí, me enojé tanto que salí allá diciendo que era mucha bellaquería y atrevimiento venir a gruñir a casa ajena. Y diciendo esto, envásole a cada uno a puerta cerrada la espada por los pechos, y luego los acogotamos. Porque no se oyese el ruido que hacían, todos a la par dábamos grandísimos gritos como que cantábamos y así expiraron en nuestras manos. Sacamos los vientres, recogimos la sangre, y a puros jergones los medio chamuscamos en el corral, de suerte que cuando vinieron los amos ya estaba todo hecho, aunque mal, si no eran los vientres, que aún no estaban acabadas de hacer las morcillas. Y no por falta de prisa, en verdad, que por no detenernos las habíamos dejado la mitad de lo que ellas se tenían dentro, y nos las comimos las más como se las traía hechas el cochino en la barriga.

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Hechos amigos y como hermanos

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Hechos amigos y como hermanos (fotografía: Romualdas Rakauskas) / Libro I, Cap. 5g
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. V, 7. Francisco de Quevedo, 1626
«De la entrada de Alcalá, patente y burlas que le hicieron por nuevo»
Hechos amigos y como hermanos
Fotografía: Romualdas Rakauskas

Yo, que veía poco remedio en el negocio y que me iban a echar la garra, fingí que me había dado mal de corazón: agarreme a los palos, hice visajes… Ellos, que sabían el misterio, apretaron conmigo, diciendo:
—¡Gran lástima!
Don Diego me tomó el dedo del corazón1 y, al fin, entre los cinco me levantaron, y al alzar las sábanas fue tanta la risa de todos viendo los recientes no ya palominos2 sino palomos grandes, que se hundía el aposento.
—¡Pobre de él! —decían los bellacos (yo hacía del desmayado)—; tírele vuestra merced mucho de ese dedo del corazón.
Y mi amo, entendiendo hacerme bien, tanto tiró que me le desconcertó. Los otros trataron de darme un garrote en los muslos, y decían:
—El pobrecito agora sin duda se ensució, cuando le dio el mal.
¡Quién dirá lo que yo sentía, lo uno con la vergüenza, descoyuntado un dedo y a peligro de que me diesen garrote! Al fin, de miedo de que me le diesen, que ya me tenían los cordeles en los muslos, hice que había vuelto, y por presto que lo hice, como los bellacos iban con malicia, ya me habían hecho dos dedos de señal en cada pierna. Dejáronme diciendo:
—¡Jesús, y qué flaco sois!
Yo lloraba de enojo, y ellos decían adrede:
—Más va en vuestra salud que en haberos ensuciado. Callá.
Y con esto me pusieron en la cama, después de haberme lavado, y se fueron.
Yo no hacía a solas sino considerar cómo casi era peor lo que había pasado en Alcalá3 en un día que todo lo que me sucedió con Cabra.4 A mediodía me vestí, limpié la sotana lo mejor que pude, lavándola como gualdrapa, y aguardé a mi amo5 que, en llegando, me preguntó cómo estaba. Comieron todos los de la casa y yo, aunque poco y de mala gana. Y después, juntándonos todos a parlar en el corredor, los otros criados, después de darme vaya,6 declararon la burla. Riéronla todos, doblose mi afrenta, y dije entre mí: «Avisón, Pablos, alerta».
Propuse de hacer nueva vida, y con esto, hechos amigos, vivimos de allí adelante todos los de la casa como hermanos, y en las escuelas y patios nadie me inquietó más.

1 dedo del corazón: en la época se creía que existía una relación entre el dedo corazón y el corazón, y que tirando de este dedo se aliviaban los males cardíacos.
2 palominos: manchas de excrementos.
3 Alcalá de Henares: población situada a unos treinta kilómetros al este de Madrid, cuya universidad fue inaugurada en 1499, y ciudad natal de Miguel de Cervantes.
4 Cabra: dómine y licenciado a cuyo pupilaje entra el protagonista junto a Diego de Zúñiga, pasaje narrado en el capítulo III.
5 amo: el protagonista se refiere a Diego de Zúñiga.
6 dar vaya: burlarse.
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Decían que no se podía estar allí

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Decían que no se podía estar allí (fotografía: Carl Mydans) / Libro I, Cap. 5f
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. V, 6. Francisco de Quevedo, 1626
«De la entrada de Alcalá, patente y burlas
que le hicieron por nuevo»

Decían que no se podía estar allí
Fotografía: Carl Mydans

Acosteme y cubrime y torné a dormir, y como entre sueños me revolcase, cuando desperté halleme proveído y hecho una necesaria.1 Levantáronse todos y yo tomé por achaque2 los azotes para no vestirme. No había diablos que me moviesen de un lado. Estaba confuso, considerando si acaso, con el miedo y la turbación, sin sentirlo, había hecho aquella vileza, o si entre sueños. Al fin, yo me hallaba inocente y culpado y no sabía cómo disculparme.
Los compañeros se llegaron a mí, quejándose y muy disimulados, a preguntarme cómo estaba; yo les dije que muy malo, porque me habían dado muchos azotes. Preguntábales yo que qué podía haber sido, y ellos decían:
—A fe que no se escape, que el matemático3 nos lo dirá. Pero, dejando esto, veamos si estáis herido, que os quejábades mucho.
Y diciendo esto, fueron a levantar la ropa con deseo de afrentarme. En esto, mi amo entró diciendo:
—¿Es posible, Pablos, que no he de poder contigo? Son las ocho ¿y estaste en la cama? ¡Levántate enhoramala!
Los otros, por asegurarme, contaron a don Diego el caso todo y pidiéronle que me dejase dormir. Y decía uno:
—Y si vuestra merced no lo cree, levantad, amigo.
Y agarraba de la ropa. Yo la tenía asida con los dientes por no mostrar la caca. Y cuando ellos vieron que no había remedio por aquel camino, dijo uno:
—¡Cuerpo de Dios y cómo hiede!
Don Diego dijo lo mismo, porque era verdad, y luego, tras él, todos comenzaron a mirar si había en el aposento algún servicio.4 Decían que no se podía estar allí. Dijo uno:
—¡Pues es muy bueno esto para haber de estudiar!
Miraron las camas y quitáronlas para ver debajo, y dijeron:
—Sin duda debajo de la de Pablos hay algo; pasémosle a una de las nuestras y miremos debajo de ella.

1 necesaria: privada, letrina.
2 achaque: excusa.
3 matemático: astrónomo.
4 servicio: orinal.
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«El retor tiene la culpa en no poner remedio»
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