El fenomenal funcionamiento de nuestros negociados

El fenomenal funcionamiento de nuestros negociados · Fotografía: G. Harris & M. Ewing
· Diario de un hombre ridículo, 85 ·
Fran Vega
El fenomenal funcionamiento de nuestros negociados
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

La otra mañana aproveché que mi egregio jefe oficinesco me había encomendado requerimientos y gestiones en el exterior para visitar a mi amigo Severino, que es un caballero tan docto que no sin razón desempeña con disciplina y pundonor el cargo de infraordenanza en el Registro de Entidades Superfluas. Estuvimos parloteando un rato sobre su diáfano porvenir, porque me manifestó su pretensión de pedir el traslado a la Delegación de Asuntos Insólitos, donde ya hace tiempo que Magdaleno profesa el puesto de bedel en la segunda planta, aunque la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias considera que sus apreciadas cualidades estarían mejor aprovechadas en la Delegación de Negocios Extraños o, como estrago de menor cuantía, en la Oficina de Desatinos Nacionales. Poco me duró el contento de esta notable confidencia, porque al llegar a la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas advertí que había olvidado el formulario que el Reglamento sobre Diligencias Circunspectas obliga a presentar en caso de aplazamiento del Impuesto sobre Actividades Improbables, así que tuve que regresar al Negociado de Pólizas y Recargos para cumplir con rectitud y probidad las vigentes ordenanzas de nuestra excelsa subcomarca. Y la verdad es que da mucha alegría conocer de cerca el fenomenal funcionamiento de la administración, en donde nada se deja al azar ni al albur y en donde todo está ordenadamente establecido para que las gentes de bien contribuyamos al sustento y bienestar de nuestros conterráneos y vecinos. Lo que ya sería el acabose es que nuestros lacónicos devengos de ecuánimes oficinistas fueran abonados con observancia y prontitud, pero ni siquiera eso enturbia la heroica y desprendida tarea de los negociados, pues por algo nuestro alabado jefe oficinesco suele decir los lunes impares por la mañana que todos estamos y remamos en el mismo barco, aunque yo no entiendo bien cuál es la relación entre bastimentos y estipendios. Voy a dar un paseíto.

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© Fran Vega, 2017

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Qué universo tan armónico y cordial

Qué universo tan armónico y cordial · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 64 ·
Fran Vega
Qué universo tan armónico y cordial
Fotografía: Tommy Ingberg

Ayer por la mañana tuve que acudir a las doctas oficinas de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Cosme y San Damián porque el insigne jefe oficinesco necesitaba un resguardo acreditativo de haber abonado este trimestre el Impuesto sobre Actividades Improbables, pero en la infrasucursal de la avenida de los Iscariotes me remitieron muy amablemente a la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas, sita en la Delegación de Asuntos Insólitos. Me puse muy contento porque así pude parlotear un rato con mi amigo Magdaleno, que ostenta su puesto de olímpico bedel con sencillez no exenta de eufórico entusiasmo, más aún desde que a su viceyerno le contrataron como responsable de papel de calco en la Oficina de Desatinos Nacionales, decoroso cometido que el subcuñado de Fulgencio abandonó cuando le nombraron encargado de secantes en la Delegación de Negocios Extraños, en la que se circunscriben el Infracomité de Proyectos Ficticios y la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, lo que es todo un honor para quien en su día fue aspirante a subalterno en la escribanía del Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. La verdad es que a mí me gusta mucho que el jefe me distinga con la gestión de los asuntos exteriores, porque así tengo oportunidad de conocer un poco más los mundos adyacentes y puedo contarlo después en el cafetín de Tadeo o incluso en la confitería de Cristeta, por si necesito buñuelos de viento o por si mis amistades deciden acudir a la procesión del Cristo de los Tréboles y la Virgen de los Zuecos que los domingos impares se celebra en el bulevar de los Arcángeles. Y de mañana no pasa que visite a Severino en el Registro de Entidades Superfluas, que no por nada hubiera querido ser habilitado del Impuesto sobre Actos Impropios Documentados y fue campeón de bolillos en los tiempos del difunto Estradivario, el que murió de un rayo en el sombrero. Qué universo tan armónico, grandérrimo y cordial.

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© Fran Vega, 2017

La arcana realidad de nuestros negociados

La arcana realidad de nuestros negociados · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 60 ·
Fran Vega
La arcana realidad de nuestros negociados
Fotografía: Francesc Català-Roca

Andan estos días muy revueltas todas las temáticas cabales y concretas, porque ahora nadie quiere tener en cuenta los innúmeros desvelos de nuestro egregio jefe oficinesco y todas las gentes entienden que los estrambóticos enigmas que nos conciernen pueden solventarse en un periquete. Resulta que Teodomiro insiste en trasladar el Negociado de Reclamos que con tanto fervor dirige hasta el final del subpasillo, más cerca de Contaduría y Pagaduría que del Negociado de Pólizas y Recargos que Abisinio regenta con verdadera vocación, lo que nos privaría a todos del chiribitil en el que casi a diario almorzamos ensaladas de caballa y bocadillos de mejillón en escabeche. Y según dice Ercilio, que de cualquier enredo sabe mucho, eso no puede ser. Al mismo tiempo y a la vez, el Sindicato de Oficinistas, del que Amalio es unánime representante y facundo portavoz, había prometido que para este año tendríamos lapiceros nuevos y papel de calco desechable, pero parece que la intransigencia de los mercados y la arcana realidad impedirán conjuntamente alcanzar tan honestas y antiguas aspiraciones. Yo ya sé que a veces no entiendo las cosas, pero me parece a mí que Teodomiro no se percata de que la migración e indemnidad de su negociado no impedirían el acecho y avistamiento de nuestro jefe oficinesco, más aún por las singularidades del nuevo Impuesto sobre Abstracciones Divergentes, y que Amalio tendría que acudir algunas tardes al cafetín de Tadeo para que los hermanos Hinojosa le ilustraran acerca de todas las problemáticas de los universos propios y adyacentes. Por mi parte, consultaré mañana mismo a Magdaleno, que no sin motivo es bedel en la Delegación de Asuntos Insólitos y conoce extravagantes entelequias y excepcionales certidumbres.

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Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes

Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes · Fotografía: Gilbert Garcin
· Diario de un hombre ridículo, 59 ·
Fran Vega
Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes
Fotografía: Gilbert Garcin

Esta mañana he tenido que salir a los universos exteriores con el fin de resolver unas gestiones importantes que nuestro egregio jefe oficinesco me había encomendado, de modo que he aprovechado la trascendente circunstancia para visitar a mi amigo Severino, que es un imprescindible infraordenanza en el Registro de Entidades Superfluas, aunque muy bien podría desempeñar el elevado puesto de Magdaleno, que no por nada es bedel en la segunda planta de la Delegación de Asuntos Insólitos. Hemos parloteado un rato junto a la salamandra del pasillo y me ha puesto al día de algunos acontecimientos que sin duda cambiarán la historia de nuestra excelsa subcomarca, pues parece que las beneméritas autoridades están considerando la posibilidad de camuflar el Impuesto sobre Actividades Improbables y velar ipso facto y sine die por los trámites rotatorios del Infracomité de Proyectos Ficticios y la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, de modo que resulte más conspicuo acudir a la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas en caso de incumplir o quebrantar el Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. Todo ello me ha colmado de alegría y he regresado muy contento por la avenida de los Iscariotes para dar cuenta a mi acreditado y referente jefe, quien ha tenido a bien abandonar por un instante el cálculo de las apuestas deportivo-benéficas para brincar de puro agrado mientras besaba con entusiasmo su escapulario de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto. Pero dice Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que no hay que fiarse demasiado de lo que dicen las magnas potestades, porque al final incrementarán la cuantía del Impuesto sobre Abstracciones Divergentes y todo quedará más o menos ponderado. Y yo no sé qué pensar, así que voy a ponerme el sombrero oscurito para acudir con calma y con paraguas al cafetín de Tadeo, donde todas mis amistades saben de las cosas y las describen de forma tan estilosa como estupenda.

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La ordenación del mundo relevante

La ordenación del mundo relevante · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 43 ·
Fran Vega
La ordenación del mundo relevante
Fotografía: Tommy Ingberg

Estoy haciendo numerosas y agradables amistades desde que nuestro insigne jefe oficinesco me distingue con la comisión de gestiones importantes en las estructuras exteriores. Ayer mismo tuve que trasladar de nuevo unos trascendentes documentos a la Delegación de Asuntos Insólitos y no desaproveché la nítida ocasión de saludar a Magdaleno, quien tuvo a bien presentarme a sus acólitos del bedelato de la segunda planta, unos excelentes caballeros con quienes estuve parloteando mientras aguardaba mi turno ante la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas. También me dijo que desde hace unos días está muy contento y exultante porque a su viceyerno le han contratado como responsable de papel de calco en la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, lo que añade más prestigio aún a su benemérita familia. Y esa misma mañana, cuando caminaba de regreso a mi prominente desempeño, me encontré en la avenida de los Iscariotes con Fulgencio y su ya notorio y bienquisto subcuñado, que es escribiente en el Infracomité de Proyectos Ficticios, con quien tuve oportunidad de comentar las excelencias de nuestro sistema administrativo, a pesar de que en los boletines de la radio han anunciado un nuevo Impuesto sobre Actividades Improbables para todos aquellos que tengan alguna idea en el magín. Así que cuando llegué por la tarde al cafetín de Tadeo todos me felicitaron por estas novedosas experiencias y yo estuve pensando un rato en lo bien organizado que está nuestro mundo relevante, aunque no sé si en otras subcomarcas existen negociados con tanto rudimento como los nuestros. Voy a regar el geranio, que todavía hace calorcito.

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Raros acontecimientos en los albores del otoño

Raros acontecimientos en los albores del otoño · Fotografía: Valentín Canadell
· Diario de un hombre ridículo, 41 ·
Fran Vega
Raros acontecimientos en los albores del otoño
Fotografía: Valentín Canadell

Ayer ocurrió un sorprendente suceso que me causó una gran inquietud. Resulta que estaba sentado en el velador del cafetín de Tadeo en compañía de Imeldo, que es reparador de calderines y solo sonríe los jueves, cuando de repente se abalanzaron sobre nuestras personas unos oscuros nubarrones de aspecto malicioso y comenzó a llover. Yo me quedé estupefacto ante semejante circunstancia acontecida a principios del otoño y Cristóforo y Tadeo salieron del cafetín con el espanto en sus facies. ¿Qué ocurre aquí?, preguntaron al unísono no sin cierto arrobamiento. Que llueve, respondí para iluminar sus atribuladas mentes. Después de unos momentos de expectante coyuntura, todos nos pusimos a ayudar a Justito para que no se mojaran los veladores y Tadeo esparció un poco de serrín en el suelo para que cuando llegara Sinforoso no se partiera las tibias al resbalar. Dijo entonces Carioco, que es el más feo de los hermanos Hinojosa, que es costumbre muy antigua que llueva en esta época del año, pero a Teofrasto le pareció un acontecimiento muy raro, seguramente porque antes era afilador y de estas cosas sabe mucho, y esta mañana ha dicho Amalio en su negociado que todo forma parte de la misma lucha de clases, tal vez porque él es vicemiembro del Sindicato de Oficinistas y se percata bien de las temáticas. Y yo no sé qué pensar, porque aunque a veces no entiendo las cosas, me da la impresión de que unos días llueve y otros no, así que mañana mismo hablaré con Magdaleno, que por algo es el bedel de la Delegación de Asuntos Insólitos. Voy a tomar un poco de ponche para el destemple.

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Un encuentro venturoso

Un encuentro venturoso · Fotografía: Alfred Eisenstaedt
· Diario de un hombre ridículo, 38 ·
Fran Vega
Un encuentro venturoso
Fotografía: Alfred Eisenstaedt

Iba yo paseando por el puente de los Serafines con mi sombrero de entretiempo, silbando unos bonitos fragmentos de zarzuela, cuando un amable caballero se dirigió a mi humildérrima persona con estas sorprendentes palabras: buenos días. Me quedé impávido y estupefacto, pues aquel hombre que tenía ante mí no trabaja en mi oficina ni es asiduo del cafetín de Tadeo, así que no podía saber qué relación motivaba su saludo. Soy Magdaleno, añadió, ¿no me reconoce? Como no llevaba sombrero, supuse que se trataba de algún miembro del Sindicato de Oficinistas, pero enseguida quiso aclarar el involuntario embrollo cometido: desempeño el puesto de bedel en la segunda planta de la Delegación de Asuntos Insólitos, en la que hace unos días usted hizo entrega de unos trascendentes documentos, dijo con firmeza no exenta de satisfacción. Qué alegría, qué encuentro tan afortunado, qué júbilo y qué agrado. Le estreché la mano como hacen las personas distinguidas y no solo estuvimos parloteando durante siete minutos o más, sino que accedió a acompañarme al cafetín, donde tuvimos a bien compartir una gaseosa mientras le presentaba a mis amistades guiñotistas. Después nos explicó que tenía que resolver algunas gestiones en los comercios adyacentes y prometió regresar una tarde para pasar un buen rato con nosotros. Este hombre extraordinario me ha producido un día de mucho contento, así que voy a tomar media copita de brandy. A la salud de mi nuevo amigo.

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Gestiones exteriores en los universos colindantes

Gestiones exteriores en los universos colindantes · Fotografía: Brian Day
· Diario de un hombre ridículo, 37 ·
Fran Vega
Gestiones exteriores en los universos colindantes
Fotografía: Brian Day

Ayer fue un día muy importante en mi prospérrimo y absurdo porvenir, porque el insigne jefe oficinesco me encomendó unas delicadas gestiones que él no podía resolver debido a que aún tenía páginas de la prensa deportiva sin subrayar ni comentar. Tuve que salir al mundo exterior a media mañana, así que apenas me dio tiempo a almorzar el bocadillo de calamares encebollados que a veces me preparan en el cafetín de Tadeo, pero lo hice todo con mucha diligencia y eficacia, que es lo que se espera de un esmerado oficinista como yo. En primer lugar acudí a la Delegación de Asuntos Insólitos que se encuentra en la avenida de los Iscariotes, donde hice entrega de confidenciales y trascendentes documentos al bedel de la segunda planta, y a continuación me dirigí a las oficinas de la Caja de Ahorros de San Cosme y San Damián para recoger un bonito calendario con fotografías de nuestra excelsa subcomarca que la amable entidad tiene a bien regalar a sus clientes mediante las merecidas comisiones que a todos nos infligen con licencia y pundonor. La verdad es que acabé agotado por la tensión y la responsabilidad que tan noblemente recayó sobre mis hombros, pero todos me felicitaron después por las operaciones realizadas y Cristóforo afirmó que sin lugar a dudas soy merecedor de ascenso o ascensión, no recuerdo bien ahora, pero que no hay que discurrir en esas cosas porque los jefes son muy suyos y nunca se sabe qué ideas pueden tener en la cabeza. Y yo no sé qué pensar, porque estoy tan cansado que voy a ponerme in situ mismo las zapatillas estampadas de estar por casa. Las de ositos.

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Cuánta paz hay en mi universo sin par

Cuánta paz hay en mi universo sin par · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 33 ·
Fran Vega
Cuánta paz hay en mi universo sin par
Fotografía: Tommy Ingberg

Ayer por fin regresé a mi negociado y lo primero que hice fue saludar con gran entusiasmo a todos mis compañeros, pues a todos sin excepción he echado de menos durante este verano de urbanas y rurales aventuras. A continuación presenté mis respetos a nuestro ponderado jefe oficinesco, aunque me pareció que su mente estaba embargada por la prensa deportiva, pues por algo es un hombre culto y delicado, y después me senté en mi puesto como cualquier otra mañana normal de mi humildérrima existencia. ¡Qué estupendo es encontrarse de nuevo con los plumines y los formularios! Abisinio y Teodomiro mostraron mucho interés en mis andanzas estivales, pero apenas tuve tiempo de explicarles los detalles de mis lances agrarios, porque consideré más importante ponerme al día con las nuevas ordenanzas del Impuesto sobre Actividades Improbables emitidas por la Delegación de Asuntos Insólitos, así que tuve que aplazar el ameno relato de mi periplo hasta mejor y más apropiada ocasión. Y después pasé la tarde en compañía de mis amistades en el cafetín de Tadeo, parloteando todo el rato en el velador con Argimiro y Felixín hasta que llegaron Lupicinio y Teofrasto y pudimos empezar la partida de guiñote, aunque Ginés no dejaba de hacer bromas mientras tomaba una gaseosa y hablaba del campeonato subcomarcal de carreras de sacos. Pero lo más importante de todo es que ya estoy otra vez en mi universo sin par, en mi oficina y en mi cafetín, disfrutando de mi sombrero y de mi primorosa normalidad. Cuánta paz hay aquí.

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© Fran Vega, 2016

El astrágalo del pie izquierdo

El astrágalo del pie izquierdo · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 21 ·
Fran Vega
El astrágalo del pie izquierdo

Fotografía: Francesc Català-Roca

Ayer por la tarde coincidí con Don Helesponto en la tintorería, y como es el vecino del principal, nos pusimos a parlotear un rato sobre las cosas de la vida. Estuvo hablándome de cuando era jefe de negociado en la Delegación de Asuntos Insólitos, en la que trabajó hasta que le regalaron una distinguida estilográfica en agradecimiento a sus cuarenta y siete años de servicio, lo que fue sin duda un halago para alguien tan íntegro y honrado como él. Luego me acompañó hasta la avenida de los Iscariotes, porque yo tenía que comprar dos fusibles, y quise compartir con él una gaseosa como muestra de mi aprecio, pero dijo que prefería tomar un descafeinado en casa junto a su señora y nos despedimos con un bonito apretón de manos. Después comentó Sinforoso en el cafetín de Tadeo que Don Helesponto es un hombre extraño, y no porque sea cliente de su prospérrimo taller de embudos y coladores, sino porque hace tiempo se rompió el astrágalo del pie izquierdo jugando al dominó. Y aunque yo a veces no entiendo las cosas, sé que me gusta hablar con señores respetables de los que siempre puedo aprender asuntos convenientes. Voy a hervir un poco de leche, que hoy he traído unas galletitas muy ricas para acompañarla.

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© Fran Vega, 2016