Buscabas callado entre las sombras ausentes

Buscabas callado entre las sombras ausentes · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 13 ·
Fran Vega
Buscabas callado entre las sombras ausentes
Fotografía: Juan Muñiz

Buscabas callado entre las sombras ausentes que nadie escuchara tus labios de viento y que nadie observara palabras de piedra que no pronunciabas.
Llegabas entonces con tus manos de plata pensando en la paz de la tarde y acunando en tus dedos de arena las nubes de calma que ya no encontrabas.
¿Qué había en tu alma para que solo quisieras sonrisas y espadas sobre el regazo de hierba que tú mismo forjabas? ¿Qué había en tus ojos para que solo miraras la luz que surgía de los muros de agua?
Descansa, chiquillo, sobre la tierra mojada. Suspira tranquilo entre los montes de lanzas. Galopa conmigo, resiste, camina y cabalga.

Crónica anterior
«Volvías cansado tras las horas de estrellas»

Inicio
Crónicas del Dniéper

© Texto: Fran Vega, 2014
© Fotografía: Juan Muñiz, 2014

Anuncios

Volvías cansado tras las horas de estrellas

Volvías cansado tras las horas de estrellas · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 12 ·
Fran Vega
Volvías cansado tras las horas de estrellas
Fotografía: Juan Muñiz

Volvías cansado tras las horas de estrellas sobre nubes de parda textura y cantabas oculto en las aguas profundas de tu pecho de arena, bajo las flores dormidas entre tus manos de seda.
¿Qué había en tu llanto para que el bosque no te arrullara, qué estaba ausente en tus ojos para que no te asustara?
Llegabas entonces con el alma descalza pensando tan solo en los lobos de plata, aquellos que aún corren y ladran mientras de día resistes y de noche cabalgas.
Camina, chiquillo, sobre las sendas calladas; navega tranquilo sobre los mares en calma.

Crónica anterior
«Llegaste una noche en que los mares ardían»
Crónica siguiente
«Buscabas callado entre las sombras ausentes»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

Llegaste una noche en que los mares ardían

Llegaste una noche en que los mares ardían · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 11 ·
Fran Vega
Llegaste una noche en que los mares ardían
Fotografía: Juan Muñiz

Llegaste una noche en que los mares ardían sin que hubiera en los bosques algo más que silencio.
No había entonces hogueras que mostraran tu alma ni fuego que cubriera lo que aún no existía, no había llamas que arrasaran la estepa y ocultaran las huellas hasta que tú despertaras.
¿Viste esa noche un jinete de plata, caballero de capa y montura dorada, para correr junto a él hasta las cimas lejanas?
Dime, chiquillo, si en ese instante preciso de tus únicas lágrimas escuchaste en voz baja lo que tanto anhelabas, ven y navega conmigo, galopa, resiste y cabalga.

Crónica anterior
«El mar estaba tan lejos que ni siquiera sabías su nombre»
Crónica siguiente
«Volvías cansado tras las horas de estrellas»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

El mar estaba tan lejos que ni siquiera sabías su nombre

El mar estaba tan lejos que ni siquiera sabías su nombre · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 10 ·
Fran Vega
El mar estaba tan lejos que ni siquiera sabías su nombre
Fotografía: Juan Muñiz

El mar estaba tan lejos que ni siquiera sabías su nombre.
¿Por qué te ausentabas entonces sobre las olas ficticias que a ninguna parte llevaban si nunca dejabas atrás las llanuras de niebla y las estepas de calma?
No había árbol que no conocieras ni río que tu alma ignorara, no había día que tú no esperaras ni noche que no te asustara.
Ven cabalgando hacia la senda buscada, ven navegando hasta los mares perpetuos por los bosques sombríos de tus huellas lejanas.

Crónica anterior
«Bajabas despacio por las laderas de sombras»
Crónica siguiente
«Llegaste una noche en que los mares ardían»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

Bajabas despacio por las laderas de sombras

Bajabas despacio por las laderas de sombras · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 9 ·
Fran Vega
Bajabas despacio por las laderas de sombras
Fotografía: Juan Muñiz

Bajabas despacio por las laderas de sombras buscando el amparo que las colinas no daban y cantabas después entre los bosques nublados baladas muy tristes que solo tú recordabas.
¿Qué había entonces sobre la hierba mojada para que solo quisieras palabras aisladas, para que tanto anhelaras quedar enredado entre las hojas calladas y esperar en perfecto silencio a que el invierno cubriera tus ojos de agua?
Respirabas tranquilo entre fresnos y tilos y soñabas contigo como el joven valiente que cabalga sin miedo entre los montes de plata y avanza rotundo entre las piedras talladas.
Resiste y descansa, chiquillo, descansa, suspira y cabalga.

Crónica anterior
«Llegó también una noche con sus ojos de otoño»
Crónica siguiente
«El mar estaba tan lejos que ni siquiera sabías su nombre»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

Llegó también una noche con sus ojos de otoño

Llegó también una noche con sus ojos de otoño · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 8 ·
Fran Vega
Llegó también una noche con sus ojos de otoño
Fotografía: Juan Muñiz

Llegó también una noche con sus ojos de otoño antes de que sus manos supieran a invierno, llegó también ella una tarde de lluvia a mirarme lejana para que viera sus pasos oscuros y los olvidara.
¿Estabas entonces entre los ríos de plata o ya caminabas por las estepas de agua y cantabas en los bosques sombríos mientras buscabas los brazos firmes que te cobijaran?
Llegaste más tarde con la piel destrozada y supiste enseguida dónde estaba la calma, dónde habitaban los sueños de arena y dónde pondrías tu sonrisa esperada, porque entendiste muy pronto que nunca te irías hasta el silencio de acero y que jamás saltarías hasta los lagos profundos en donde solo los ciegos transitan, sangran y matan.
¿Ocupaste tu sitio para mostrarme sin casi palabras que las olas batientes no huyen ni esperan, para escribir en mi alma aguanta conmigo, resiste, navega y cabalga?

Crónica anterior
«Llegabas en calma con tus ojos callados»
Crónica siguiente
«Bajabas despacio por las laderas de sombras»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

Llegabas en calma con tus ojos callados

Llegabas en calma con tus ojos callados · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 7 ·
Fran Vega
Llegabas en calma con tus ojos callados
Fotografía: Juan Muñiz

Llegabas en calma con tus ojos callados y pensabas que el mundo era un lago sereno con olas de plata, que la vida pasaba tranquila junto a tus pasos de escarcha y que los años serían templados entre tus manos de agua.
¿Qué había entonces en tus palabras de lluvia que ahora no escucho entre tus letras de arena? ¿Qué había en tus huellas de niebla que ahora no observo entre tus sendas de duda, entre tu espanto diario ante las torres cubiertas de mantos opacos y los recintos sellados que impiden tu paso?
Ven conmigo a cabalgar en silencio sobre los prados abiertos y a navegar sin descanso sobre los ríos eternos.
Navega conmigo despacio, resiste, susurra y cabalga.

Crónica anterior
«¿Qué había en tus ojos de nubes?»
Crónica siguiente
«Llegó también una noche con sus ojos de otoño»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

¿Qué había en tus ojos de nubes?

¿Qué había en tus ojos de nubes? · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 6 ·
Fran Vega
¿Qué había en tus ojos de nubes?
Fotografía: Juan Muñiz

¿Qué había en tus ojos de nubes cuando mirabas de cerca las tardes de otoño y sentías con calma el agua en tus manos? ¿Qué había en tus pasos pequeños que hoy no descubro en tu mirada de adulto y en las huellas que dejas en los senderos de arena?
Caminabas tan solo por los trayectos de entonces que la vida era humo y eran tinieblas los ríos de plata que no contemplabas. Buscabas refugio en lugares cercanos donde nadie observara tu alma callada y tu sonrisa de piedra ante lo contrario y adverso, mundos hostiles que siempre velaban las tormentas de nieve y tus noches de viento.
¿Quién eras cuando podías correr entre los bosques oscuros sin la sombra del miedo que ahora amenaza? ¿Qué canto entonabas cuando estabas oculto entre los campos de agosto y solo los juncos mecían tu voz?

Crónica anterior
«¿Por qué parecías cansado en los bosques antiguos?»
Crónica siguiente
«Llegabas en calma con tus ojos callados»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

¿Por qué parecías cansado en los bosques antiguos?

¿Por qué parecías cansado en los bosques antiguos? · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 5 ·
Fran Vega
¿Por qué parecías cansado en los bosques antiguos?
Fotografía: Juan Muñiz

¿Por qué parecías cansado en los bosques antiguos si solo tenías entonces los años ligeros y los pasos pequeños?
Mecías la hierba con tus ojos callados y tocabas las hojas de las ramas cercanas, rastros de vida que siempre buscabas y que nadie ponía en tus manos de plata.
¿Qué palabras usabas para que solo la lluvia entendiera tu mirada escondida, los gestos fugaces de tu alma secreta?

Crónica anterior
«Te acercabas fingido por los caminos serenos»
Crónica siguiente
«¿Qué había en tus ojos de nubes?»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

Te acercabas fingido por los caminos serenos

Te acercabas fingido por los caminos serenos · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 4 ·
Fran Vega
Te acercabas fingido por los caminos serenos
Fotografía: Juan Muñiz

Te acercabas fingido por los caminos serenos y observabas los bosques nevados bajo las noches de invierno, el cielo de estrellas que no conocías y los ríos de plata que aún te esperaban.
¿Dónde estaban entonces tus sueños callados, los ojos verdosos de los trayectos nuevos?
Dejabas miradas sobre las piedras ocultas que nadie atendía y cantabas canciones que nadie escuchaba.
¿Dónde estaban entonces quienes no te asistían, las almas ausentes que no te buscaban, las manos lejanas y siempre habitadas?

Crónica anterior
«Llegabas hablando en voz baja»
Crónica siguiente
«¿Por qué parecías cansado en los bosques antiguos?»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

Llegabas hablando en voz baja

Llegabas hablando en voz baja · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 3 ·
Fran Vega
Llegabas hablando en voz baja
Fotografía: Juan Muñiz

Llegabas hablando en voz baja por los campos de tilos y decías palabras al viento que nadie entendía. ¿Dónde estaban entonces tus manos pequeñas, los ojos silentes de tu mirada clara?
No había páramo que no conocieras, ni árbol ni río cuyo nombre olvidaras. ¿Dónde estaban entonces las voces borrosas que ahora te ocultan y nos desgarran?
Eras el jinete perfecto bajo los arces de otoño y el caballero admirado entre el olor de manzanos.
Corre, muchacho, corre ahora hacia los montes de huertos, corre hasta donde tu alma lejana no sea ya un bosque sombrío.

Crónica anterior
«¿Qué había entonces en tus ojos pequeños?»
Crónica siguiente
«Te acercabas fingido por los caminos serenos»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

¿Qué había entonces en tus ojos pequeños?

¿Qué había entonces en tus ojos pequeños? · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 2 ·
Fran Vega
¿Qué había entonces en tus ojos pequeños?
Fotografía: Juan Muñiz

¿Qué había entonces en tus ojos pequeños si todo lo hacías ausente y callado? ¿Qué había entonces en tus pasos ligeros si eras la nieve caída sobre caminos de invierno?
Mirabas de lejos los ríos helados y soñabas con tundras azules de luces abstractas y mirlos cantores que abrigaran tu cuerpo hasta que durmieras cansado sobre la hierba calmada. Volabas despacio sobre los lagos de piedra y andabas sin sombra por senderos de flores que llevaran tu nombre hasta las casas remotas.
¿Qué había entonces en tus manos de agua si todo lo hacías con los labios ocultos y todo era tuyo bajo las nubes perfectas?
Camina de nuevo sobre tus pasos perdidos, galopa y cabalga sobre el caballo de plata hasta que lleguen las olas a tu mirada, sobre los bosques nevados y las llanuras cubiertas galopa, aguanta, camina y cabalga.

Crónica anterior
«Sobre los bosques opacos»
Crónica siguiente
«Llegabas hablando en voz baja»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

Sobre los bosques opacos

CRÓNICAS DEL DNIÉPER

Sobre los bosques opacos · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 1 ·
Fran Vega
Sobre los bosques opacos
Fotografía: Juan Muñiz

Sobre los bosques opacos que la naturaleza encarga dejaste las huellas tranquilas de tus pasos cortos, las manos heladas junto a los pies descalzos y la sonrisa callada frente a las noches más largas. Fuiste el jinete valiente que sobre la nieve espera y el guerrero asustado que observa la tarde y aguarda en silencio los gestos de afecto y los brazos abiertos para mecerte en el aire y mirarte a los ojos entre la lluvia pausada y los caprichos del viento.
Camina conmigo sobre los pasos ya dados y no temas más los cielos oscuros, las voces extrañas y los lobos que ladran tras los muros de piedra.
Y cabalga, chiquillo, sobre las estepas profundas resiste y cabalga.

Crónica siguiente
«¿Qué había entonces en tus ojos pequeños?»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013