Se le avino el vizcaíno para acabar batalla

Se le avino el vizcaíno para acabar batalla · Fotografía: George G. Bain
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 79 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VIII
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,
con otros sucesos dignos de felice recordación»
Se le avino el vizcaíno para acabar batalla
Fotografía: George G. Bain

El vizcaíno, que así le vio venir, aunque quisiera apearse de la mula, que, por ser de las malas de alquiler, no había que fiar en ella, no pudo hacer otra cosa sino sacar su espada; pero avínole bien que se halló junto al coche, de donde pudo tomar una almohada, que le sirvió de escudo, y luego se fueron el uno para el otro, como si fueran dos mortales enemigos. La demás gente quisiera ponerlos en paz, mas no pudo, porque decía el vizcaíno en sus mal trabadas razones que si no le dejaban acabar su batalla, que él mismo había de matar a su ama y a toda la gente que se lo estorbase. La señora del coche, admirada y temerosa de lo que veía, hizo al cochero que se desviase de allí algún poco, y desde lejos se puso a mirar la rigurosa contienda, en el discurso de la cual dio el vizcaíno una gran cuchillada a don Quijote encima de un hombro, por encima de la rodela, que, a dársela sin defensa, le abriera hasta la cintura. Don Quijote, que sintió la pesadumbre de aquel desaforado golpe, dio una gran voz diciendo:
—¡Oh señora de mi alma, Dulcinea, flor de la fermosura, socorred a este vuestro caballero, que por satisfacer a la vuestra mucha bondad, en este riguroso trance se halla!
El decir esto, y el apretar la espada y el cubrirse bien de su rodela, y el arremeter al vizcaíno todo fue en un tiempo, llevando determinación de aventurarlo todo a la de un golpe solo.

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Si lanza arrojas y espada sacas

Si lanza arrojas y espada sacas · Fotografía: Henri Cartier-Bresson
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 78 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VIII
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo
en la espantable y jamás imaginada aventura
de los molinos de viento, con otros sucesos dignos
de felice recordación»

Si lanza arrojas y espada sacas
Fotografía: Henri Cartier-Bresson

Todo esto que don Quijote decía escuchaba un escudero de los que el coche acompañaban, que era vizcaíno, el cual, viendo que no quería dejar pasar el coche adelante, sino que decía que luego había de dar la vuelta al Toboso,1 se fue para don Quijote, y, asiéndole de la lanza, le dijo, en mala lengua castellana y peor vizcaína, de esta manera:
—Anda, caballero que mal andes;2 por el Dios que crióme, que, si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno.3
Entendióle muy bien don Quijote, y con mucho sosiego le respondió:
—Si fueras caballero, como no lo eres, ya yo hubiera castigado tu sandez y atrevimiento, cautiva criatura.
A lo cual replicó el vizcaíno:
—¿Yo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza arrojas y espada sacas, ¡el agua cuán presto verás que al gato llevas! Vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo, y mientes que mira si otra dices cosa.
—¡Ahora lo veredes, dijo Agrajes!4 —respondió don Quijote.
Y, arrojando la lanza en el suelo, sacó su espada y embrazó su rodela,5 y arremetió al vizcaíno con determinación de quitarle la vida.

1 El Toboso: población manchega, ubicada en la actual provincia de Toledo, de la que era natural Dulcinea.
2 caballero que mal andes: forma despectiva de referirse a quien pretende pasar por caballero sin serlo.
3 vizcaíno: en el lenguaje de la época, se caricaturizaba a los vizcaínos como gentes de habla convencional, con ínfulas de nobleza, facilidad para ofenderse y talante valeroso, como así los retrata Francisco de Quevedo en Libro de todas las cosas y otras muchas más (1631).
4 Agrajes: caballero del linaje de Amadís de Gaula conocido por su habilidad en el manejo de la espada y por la frase con la que respondía a las provocaciones de los adversarios, «¡Ahora lo veredes!», que se usa para dudar o negar.
5 rodela: escudo redondo y delgado que, embrazado en el brazo izquierdo, cubría el pecho al que se servía de él peleando con espada «a la romana», es decir, a pie.
 Diccionario de Don Quijote

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Sabed que soy caballero andante y aventurero

Sabed que soy caballero andante y aventurero · Fotografía: Christopher Helin
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 77 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VIII
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,
con otros sucesos dignos de felice recordación»
Sabed que soy caballero andante y aventurero
Fotografía: Christopher Helin

Sancho Panza, que vio en el suelo al fraile, apeándose ligeramente de su asno arremetió a él y le comenzó a quitar los hábitos. Llegaron en esto dos mozos de los frailes y preguntáronle que por qué le desnudaba. Respondioles Sancho que aquello le tocaba a él legítimamente, como despojos de la batalla que su señor don Quijote había ganado. Los mozos, que no sabían de burlas, ni entendían aquello de despojos ni batallas, viendo que ya don Quijote estaba desviado de allí hablando con las que en el coche venían, arremetieron con Sancho y dieron con él en el suelo, y, sin dejarle pelo en las barbas, le molieron a coces y le dejaron tendido en el suelo, sin aliento ni sentido. Y, sin detenerse un punto, tornó a subir el fraile, todo temeroso y acobardado y sin color en el rostro; y cuando se vio a caballo, picó tras su compañero, que un buen espacio de allí le estaba aguardando y esperando en qué paraba aquel sobresalto, y, sin querer aguardar el fin de todo aquel comenzado suceso, siguieron su camino, haciéndose más cruces que si llevaran al diablo a las espaldas.
Don Quijote estaba, como se ha dicho, hablando con la señora del coche, diciéndole:
—La vuestra fermosura, señora mía, puede facer de su persona lo que más le viniere en talante, porque ya la soberbia de vuestros robadores yace por el suelo, derribada por este mi fuerte brazo; y, porque no penéis por saber el nombre de vuestro libertador, sabed que yo me llamo don Quijote de la Mancha, caballero andante y aventurero, y cautivo de la sin par y hermosa doña Dulcinea del Toboso; y, en pago del beneficio que de mí habéis recibido, no quiero otra cosa sino que volváis al Toboso,1 y que de mi parte os presentéis ante esta señora y le digáis lo que por vuestra libertad he fecho.

1 El Toboso: población manchega, ubicada en la actual provincia de Toledo, de la que era natural Dulcinea.
 Diccionario de Don Quijote

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Por justo castigo de vuestras malas obras

Por justo castigo de vuestras malas obras · Fotografía: Eugeni Forcano
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 76 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VIII
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo
en la espantable y jamás imaginada aventura
de los molinos de viento,

con otros sucesos dignos de felice recordación»
Por justo castigo de vuestras malas obras
Fotografía: Eugeni Forcano

Y diciendo esto se adelantó y se puso en la mitad del camino por donde los frailes venían, y, en llegando tan cerca que a él le pareció que le podrían oír lo que dijese, en alta voz dijo:
—¡Gente endiablada y descomunal, dejad luego al punto las altas princesas que en ese coche lleváis forzadas; si no, aparejaos a recibir presta muerte, por justo castigo de vuestras malas obras!
Detuvieron los frailes las riendas y quedaron admirados así de la figura de don Quijote como de sus razones, a las cuales respondieron:
—Señor caballero, nosotros no somos endiablados ni descomunales, sino dos religiosos de San Benito1 que vamos nuestro camino, y no sabemos si en este coche vienen o no ningunas forzadas princesas.
—Para conmigo no hay palabras blandas, que ya yo os conozco, fementida2 canalla —dijo don Quijote.
Y sin esperar más respuesta picó a Rocinante y, la lanza baja, arremetió contra el primer fraile, con tanta furia y denuedo, que si el fraile no se dejara caer de la mula él le hiciera venir al suelo mal de su grado, y aun malherido, si no cayera muerto. El segundo religioso, que vio del modo que trataban a su compañero, puso piernas al castillo de su buena mula, y comenzó a correr por aquella campaña, más ligero que el mesmo viento.

1 Orden de San Benito: Ordo Sancti Benedicti (OSB), orden religiosa dedicada a la contemplación fundada por Benito de Nursia en el siglo VI.
2 fementida: dicho de una persona, falta de fe y palabra.
 Diccionario de Don Quijote

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Asomaron por el camino dos frailes con antojos

Asomaron por el camino dos frailes con antojos · Fotografía: Francesc Català-Roca
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 75 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VIII
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,
con otros sucesos dignos de felice recordación»
Asomaron por el camino dos frailes con antojos
Fotografía: Francesc Català-Roca

Estando en estas razones, asomaron por el camino dos frailes de la orden de San Benito,1 caballeros sobre dos dromedarios, que no eran más pequeñas dos mulas en que venían. Traían sus antojos2 de camino y sus quitasoles. Detrás de ellos venía un coche, con cuatro o cinco de a caballo que le acompañaban, y dos mozos de mulas a pie. Venía en el coche, como después se supo, una señora vizcaína que iba a Sevilla,3 donde estaba su marido, que pasaba a las Indias4 con un muy honroso cargo. No venían los frailes con ella, aunque iban el mismo camino; mas apenas los divisó don Quijote, cuando dijo a su escudero:
—O yo me engaño, o esta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto, porque aquellos bultos negros que allí parecen deben de ser y son sin duda algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto5 a todo mi poderío.6
—Peor será esto que los molinos de viento —dijo Sancho—. Mire, señor, que aquellos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera. Mire que digo que mire bien lo que hace, no sea el diablo que le engañe.
—Ya te he dicho, Sancho —respondió don Quijote—, que sabes poco de achaque7 de aventuras; lo que yo digo es verdad, y ahora lo verás.

1 Orden de San Benito: Ordo Sancti Benedicti (OSB), orden religiosa dedicada a la contemplación fundada por Benito de Nursia en el siglo VI.
2 antojos: anteojos de cristal de roca acoplados a un tafetán que tapaba el rostro para protegerlo durante los viajes.
3 Sevilla: ciudad situada en Andalucía occidental, que en época de Cervantes tenía unos 130 000 habitantes y era el centro económico y administrativo de las posesiones españolas, de donde dos veces al año salía la flota hacia el Nuevo Mundo.
4 Indias: término utilizado entre los siglos XVI y XIX para hacer referencia al Nuevo Mundo, denominado también Indias Occidentales por contraposición a las Orientales, es decir, al continente asiático.
5 tuerto o entuerto: injuria, injusticia o agravio que se hace a alguien.
6 a todo mi poderío: con toda mi autoridad.
7 achaque: ocasión, asunto o materia.
 Diccionario de Don Quijote

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No has de ayudarme si fueren caballeros

No has de ayudarme si fueren caballeros · Fotografía: Cornell Capa
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 74 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VIII
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,
con otros sucesos dignos de felice recordación»
No has de ayudarme si fueren caballeros
Fotografía: Cornell Capa

Aquí —dijo en viéndole don Quijote— podemos, hermano Sancho Panza, meter las manos hasta los codos en esto que llaman aventuras. Mas advierte que, aunque me veas en los mayores peligros del mundo, no has de poner mano a tu espada para defenderme,1 si ya no vieres que los que me ofenden es canalla y gente baja, que en tal caso bien puedes ayudarme; pero, si fueren caballeros, en ninguna manera te es lícito ni concedido por las leyes de caballería que me ayudes, hasta que seas armado caballero.
—Por cierto, señor —respondió Sancho—, que vuestra merced será muy bien obedecido en esto, y más, que yo de mío2 me soy pacífico y enemigo de meterme en ruidos ni pendencias. Bien es verdad que en lo que tocare a defender mi persona no tendré mucha cuenta con esas leyes, pues las divinas y humanas permiten que cada uno se defienda de quien quisiere agraviarle.
—No digo yo menos —respondió don Quijote—, pero en esto de ayudarme contra caballeros has de tener a raya tus naturales ímpetus.
—Digo que así lo haré —respondió Sancho—, y que guardaré ese precepto tan bien como el día del domingo.

1 Don Quijote olvida en ocasiones que Sancho, como villano, no es portador de espada ni puede serlo.
2 de mío: por carácter, de manera natural.
 Diccionario de Don Quijote

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Tornaron a su comenzado camino del Puerto Lápice

Tornaron a su comenzado camino del Puerto Lápice · Fotografía: David Plowden
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 73 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VIII
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,
con otros sucesos dignos de felice recordación»
Tornaron a su comenzado camino del Puerto Lápice
Fotografía: David Plowen

En resolución, aquella noche la pasaron entre unos árboles, y del uno de ellos desgajó don Quijote un ramo seco que casi le podía servir de lanza, y puso en él el hierro que quitó de la que se le había quebrado. Toda aquella noche no durmió don Quijote, pensando en su señora Dulcinea, por acomodarse a lo que había leído en sus libros cuando los caballeros pasaban sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados entretenidos con las memorias de sus señoras. No la pasó así Sancho Panza, que, como tenía el estómago lleno, y no de agua de chicoria, de un sueño se la llevó toda, y no fueran parte para despertarle, si su amo no lo llamara, los rayos del sol que le daban en el rostro, ni el canto de las aves que muchas y muy regocijadamente la venida del nuevo día saludaban. Al levantarse dio un tiento a la bota y hallola algo más flaca que la noche antes, y afligiósele el corazón, por parecerle que no llevaban camino de remediar tan presto su falta. No quiso desayunarse don Quijote, porque, como está dicho, dio en sustentarse de sabrosas memorias. Tornaron a su comenzado camino del Puerto Lápice,1 y a obra de las tres del día2 le descubrieron.

1 Puerto Lápice: población de la actual provincia de Ciudad Real situada en el camino real de la Mancha a Andalucía.
2 a obra de las tres del día: a eso de las tres de la tarde.
 Diccionario de Don Quijote

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Menudeando tragos y buscando las aventuras

Menudeando tragos y buscando las aventuras · Fotografía: Willy Ronis
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 72 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VIII
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la
espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación»

Menudeando tragos y buscando las aventuras
Fotografía: Willy Ronis

A la mano de Dios1 —dijo Sancho—; yo lo creo todo así como vuestra merced lo dice; pero enderécese un poco, que parece que va de medio lado, y debe de ser del molimiento de la caída.
—Así es la verdad —respondió don Quijote—, y si no me quejo del dolor, es porque no es dado a los caballeros andantes quejarse de herida alguna, aunque se le salgan las tripas por ella.
—Si eso es así, no tengo yo que replicar —respondió Sancho—; pero sabe Dios si yo me holgara que vuestra merced se quejara cuando alguna cosa le doliera. De mí sé decir que me he de quejar del más pequeño dolor que tenga, si ya no se entiende también con los escuderos de los caballeros andantes eso del no quejarse.
No se dejó de reír don Quijote de la simplicidad de su escudero, y así, le declaró que podía muy bien quejarse como y cuando quisiese, sin gana o con ella, que hasta entonces no había leído cosa en contrario en la orden de caballería. Díjole Sancho que mirase que era hora de comer. Respondiole su amo que por entonces no le hacía menester, que comiese él cuando se le antojase. Con esta licencia, se acomodó Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento y, sacando de las alforjas lo que en ellas había puesto, iba caminando y comiendo detrás de su amo muy de su espacio,2 y de cuando en cuando empinaba la bota, con tanto gusto, que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga.3 Y en tanto que él iba de aquella manera menudeando tragos, no se le acordaba de ninguna promesa que su amo le hubiese hecho, ni tenía por ningún trabajo, sino por mucho descanso, andar buscando las aventuras, por peligrosas que fuesen.

1 a la mano de Dios: que sea lo que Dios quiera.
2 de su espacio: a sus anchas, con toda comodidad.
3 Málaga: capital de la provincia andaluza del mismo nombre, cuyos vinos eran muy celebrados.
 Diccionario de Don Quijote

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El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Pienso hacer tales hazañas que apenas serán creídas

Pienso hacer tales hazañas que apenas serán creídas · Fotografía: Henri Cartier-Bresson
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 71 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VIII
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,

con otros sucesos dignos de felice recordación»
Pienso hacer tales hazañas que apenas serán creídas
Fotografía: Henri Cartier-Bresson

Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo el correr de su asno, y, cuando llegó, halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio con él Rocinante.
¡Válame Dios!1 —dijo Sancho—. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?
—Calla, amigo Sancho —respondió don Quijote—, que las cosas de la guerra más que otras están sujetas a continua mudanza; cuanto más que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón2 que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos, por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas, al cabo al cabo,3 han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.
—Dios lo haga como puede —respondió Sancho Panza.
Y, ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba; y hablando en la pasada aventura, siguieron el camino del Puerto Lápice,4 porque allí decía don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero,5 sino que iba muy pesaroso por haberle faltado la lanza; y diciéndoselo a su escudero, le dijo:
—Yo me acuerdo haber leído que un caballero español llamado Diego Pérez de Vargas,6 habiéndosele en una batalla roto la espada, desgajó de una encina un pesado ramo o tronco, y con él hizo tales cosas aquel día, y machacó tantos moros, que le quedó por sobrenombre Machuca, y así, él como sus descendientes se llamaron desde aquel día en adelante Vargas y Machuca. Hete dicho esto porque de la primera encina o roble que se me depare pienso desgajar otro tronco, tal y tan bueno como aquel que me imagino; y pienso hacer con él tales hazañas, que tú te tengas por bien afortunado de haber merecido venir a vellas y a ser testigo de cosas que apenas podrán ser creídas.

1 ¡válame Dios!: expresión de sorpresa, en la que «válame» se usaba por el moderno «válgame».
2 Frestón: personaje que residía en la Selva de la Muerte, a quien se atribuía la autoría de Don Belianís de Grecia y al que don Quijote culpa de la desaparición de su biblioteca en el capítulo VII, cuando ama y sobrina equivocan su nombre con Muñatón y Fritón.
3 al cabo al cabo: al fin de todo, al fin y al cabo.
4 Puerto Lápice: población de la actual provincia de Ciudad Real, situada en el camino real de la Mancha a Andalucía, que el autor ya menciona en el capítulo II a propósito de la primera salida de don Quijote.
5 lugar muy pasajero: sitio muy transitado.
6 Diego Pérez de Vargas: caballero castellano al servicio del rey Fernando III el Santo (1199-1252), cuyo sobrenombre, Machuca, procede de su acción frente a los musulmanes durante el cerco de Jerez (1223).
 Diccionario de Don Quijote

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Un solo caballero es el que os acomete

Un solo caballero es el que os acomete · Fotografía: Fernando Herráez
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 70 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VIII
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,

con otros sucesos dignos de felice recordación»
Un solo caballero es el que os acomete
Fotografía: Fernando Herráez

Y , diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran, antes iba diciendo en voces altas:
—Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.
Levantose en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo:
—Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo,1 me lo habéis de pagar.
Y, en diciendo esto y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela,2 con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante, y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.

1 Briareo: en la mitología griega, gigante de cien brazos y cincuenta cabezas que luchó junto a Zeus.
2 rodela: escudo redondo y delgado que, embrazado en el brazo izquierdo, cubría el pecho al que se servía de él peleando con espada «a la romana», es decir, de pie.
 Diccionario de Don Quijote

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El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Desaforados gigantes de los brazos largos

Desaforados gigantes de los brazos largos
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 69 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VIII
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,

con otros sucesos dignos de felice recordación»
Desaforados gigantes de los brazos largos

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento1 que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
—La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que esta es buena guerra,2 y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
—¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza.
—Aquellos que allí ves —respondió su amo—, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
—Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
—Bien parece —respondió don Quijote— que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

1 molino de viento: aunque el molino de viento más antiguo del que se tiene constancia en la península data de finales del siglo XV, es probable que fuera entonces una novedad en el paisaje castellano, en donde habrían comenzado a instalarse en la segunda mitad del XVI, es decir, unas décadas antes de la segunda salida de don Quijote por los campos de Montiel.
2 buena guerra: guerra justa, en la que era lícito apropiarse del botín.
 Diccionario de Don Quijote

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Teniendo tan principal amo en vuestra merced

Teniendo tan principal amo en vuestra merced · Fotografía: Dorothea Lange
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 68 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Teniendo tan principal amo en vuestra merced
Fotografía: Dorothea Lange

De esa manera —replicó Sancho Panza—, si yo fuese rey por algún milagro de los que vuestra merced dice, por lo menos Juana Gutiérrez,1 mi oíslo,2 vendría a ser reina, y mis hijos infantes.
—Pues ¿quién lo duda? —respondió don Quijote.
—Yo lo dudo —replicó Sancho Panza—, porque tengo para mí que, aunque lloviese Dios reinos sobre la tierra, ninguno asentaría bien sobre la cabeza de Mari Gutiérrez. Sepa, señor, que no vale dos maravedís3 para reina; condesa le caerá mejor, y aun Dios y ayuda.4
—Encomiéndalo tú a Dios, Sancho —respondió don Quijote—, que Él dará lo que más le convenga; pero no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentar con menos que con ser adelantado.5
—No haré, señor mío —respondió Sancho—, y más teniendo tan principal amo en vuestra merced, que me sabrá dar todo aquello que me esté bien y yo pueda llevar.

1 Juana Gutiérrez: nombre de la mujer de Sancho Panza, que unas líneas después es mencionada como Mari Gutiérrez y, más adelante, como Juana Panza. El autor salva estos equívocos en la segunda parte de la obra, cuando le da el nombre definitivo de Teresa Panza.
2 oíslo: persona querida y de confianza, principalmente la mujer respecto del marido.
3 maravedí: moneda antigua castellana, utilizada entre los siglos XII y XIX, empleada también como unidad de cuenta. En la época de Cervantes, 34 maravedíes equivalían a 1 real de plata y 16 reales de plata equivalían a 1 escudo de oro.
4 Dios y ayuda: expresión para encarecer la dificultad que algo entraña.
5 adelantado: antiguamente, gobernador con plenos poderes en un territorio recién conquistado o fronterizo. Si bien en el siglo XVII no era más que un título honorífico, Cervantes mantiene con el término las antiguas atribuciones descritas en los romances.
 Diccionario de Don Quijote

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Que me dijese si era hijo de mi padre

Que me dijese si era hijo de mi padre · Fotografía: Luciano D'Alessandro
· Historia de la vida del Buscón, 8 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo II
«De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió»
Que me dijese si era hijo de mi padre
Fotografía: Luciano D’Alessandro

Cuando yo oí esto, como siempre tuve altos pensamientos, volvime a ella y roguela me declarase si le podía desmentir con verdad u que me dijese si me había concebido a escote entre muchos u si era hijo de mi padre. Riose y dijo:
—¡Ah, noramaza!,1 ¿eso sabes decir? No serás bobo: gracia tienes. Muy bien hiciste en quebrarle la cabeza, que esas cosas, aunque sean verdad, no se han de decir.
Yo con esto quedé como muerto, y dime por novillo de legítimo matrimonio, determinado de coger lo que pudiese en breves días y salirme de en casa de mi padre: tanto pudo conmigo la vergüenza. Disimulé; fue mi padre, curó al muchacho, apaciguolo y volviome a la escuela, adonde el maestro me recibió con ira, hasta que oyendo la causa de la riña se le aplacó el enojo, considerando la razón que había tenido.

1 noramaza: en hora maza, es decir, en mala hora. Cervantes, en el capítulo V de El Quijote, utiliza la misma expresión con la forma «en hora maza».
→ Diccionario del Buscón

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Acertó a tomar la misma derrota que la vez primera

Acertó a tomar la misma derrota que la vez primera · Fotografía: Bernd Walz
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 67 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Acertó a tomar la misma derrota que la vez primera
Fotografía: Bernd Walz

Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula1 que su amo le había prometido. Acertó don Quijote a tomar la misma derrota2 y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel,3 por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo4 los rayos del sol no les fatigaban. Dijo en esto Sancho Panza a su amo:
—Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que de la ínsula me tiene prometido, que yo la sabré gobernar por grande que sea.
A lo cual le respondió don Quijote:
—Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban, y yo tengo determinado de que por mí no falte tan agradecida usanza, antes pienso aventajarme en ella; porque ellos algunas veces, y quizá las más, esperaban a que sus escuderos fuesen viejos, y ya, después de hartos de seguir y de llevar malos días y peores noches, les daban algún título de conde, o por lo mucho de marqués, de algún valle o provincia de poco más a menos; pero si tú vives y yo vivo, bien podría ser que antes de seis días ganase yo tal reino, que tuviese otros a él adherentes que viniesen de molde5 para coronarte por rey de uno de ellos. Y no lo tengas a mucho, que cosas y casos acontecen a los tales caballeros por modos tan nunca vistos ni pensados, que con facilidad te podría dar aún más de lo que te prometo.

Cartografía del Quijote · Que comprende los parages por donde anduvo Don Quixote
Cartografía del Quijote
Que comprende los parages por donde anduvo Don Quixote

1 ínsula: forma culta de «isla» que aparece en los libros de caballerías.
2 derrota: rumbo, camino, derrotero.
3 campo de Montiel: zona geográfica de la Mancha, ubicada entre las actuales provincias de Ciudad Real y Albacete, que don Quijote recorre también en su primera salida.
4 soslayo: a soslayo o de soslayo, oblicuamente, de lado.
5 venir de molde: ser adecuado.
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No los hallarían aunque los buscasen

No los hallarían aunque los buscasen · Fotografía: Aleksandr Smirnov
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 66 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
No los hallarían aunque los buscasen
Fotografía: Aleksandr Smirnov

Dio luego don Quijote orden en buscar dineros, y, vendiendo una cosa y empeñando otra y malbaratándolas todas, llegó una razonable cantidad. Acomodóse asimismo de una rodela1 que pidió prestada a un su amigo, y, pertrechando su rota celada2 lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho del día y la hora que pensaba ponerse en camino, para que él se acomodase de lo que viese que más le era menester. Sobre todo, le encargó que llevase alforjas. Él dijo que sí llevaría y que asimismo pensaba llevar un asno que tenía muy bueno, porque él no estaba duecho a andar mucho a pie. En lo del asno reparó un poco don Quijote, imaginando si se le acordaba si algún caballero andante había traído escudero caballero asnalmente, pero nunca le vino alguno a la memoria; mas, con todo esto, determinó que le llevase, con presupuesto de acomodarle de más honrada caballería en habiendo ocasión para ello, quitándole el caballo al primer descortés caballero que topase. Proveyóse de camisas y de las demás cosas que él pudo, conforme al consejo que el ventero3 le había dado; todo lo cual hecho y cumplido, sin despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni don Quijote de su ama y sobrina, una noche se salieron del lugar sin que persona los viese, en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen.

1 rodela: escudo redondo y delgado que, embrazado en el brazo izquierdo, cubría el pecho al que se servía de él peleando con espada «a la romana», es decir, de pie.
2 celada: pieza de la armadura destinada a proteger la cabeza; la celada de encaje tenía en la base una pieza o falda que se encajaba en la coraza.
3 ventero: el autor se refiere al encuentro entre don Quijote y el ventero narrado en el capítulo III.
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