Si las señoras del coche no le pidieran tal merced

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Si las señoras del coche no le pidieran tal merced (fotografía: G. Harris & M. Ewing) / Cap. IX, 9h
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 88 ·
Capítulo IX. Miguel de Cervantes, 1605
«Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla
que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron»
Si las señoras del coche no le pidieran tal merced
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

Estábaselo con mucho sosiego mirando don Quijote, y, como lo vio caer, saltó de su caballo, y con mucha ligereza se llegó a él, y, poniéndole la punta de la espada en los ojos, le dijo que se rindiese; si no, que le cortaría la cabeza.1 Estaba el vizcaíno tan turbado que no podía responder palabra, y él lo pasara mal, según estaba ciego don Quijote, si las señoras del coche, que hasta entonces con gran desmayo habían mirado la pendencia, no fueran a donde estaba y le pidieran con mucho encarecimiento les hiciese tan gran merced y favor de perdonar la vida a aquel su escudero. A lo cual don Quijote respondió, con mucho entono y gravedad:
—Por cierto, fermosas señoras, yo soy muy contento de hacer lo que me pedís, mas ha de ser con una condición y concierto, y es que este caballero me ha de prometer de ir al lugar del Toboso2 y presentarse de mi parte ante la sin par doña Dulcinea, para que ella haga de él lo que más fuere de su voluntad.
Las temerosas y desconsoladas señoras, sin entrar en cuenta de lo que don Quijote pedía, y sin preguntar quién Dulcinea fuese, le prometieron que el escudero haría todo aquello que de su parte le fuese mandado.
—Pues en fe de esa palabra, yo no le haré más daño, puesto que me lo tenía bien merecido.

1 En los libros de caballerías, fórmula habitual para exigir la rendición del contrario.
2 El Toboso: población manchega, ubicada en la actual provincia de Toledo, de la que era natural Dulcinea.
 Diccionario de Don Quijote

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Comenzaba su segunda parte de esta manera

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Comenzaba su segunda parte de esta manera (fotografía: David Moore) / Parte I, Cap. 9g
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 87 ·
Capítulo IX. Miguel de Cervantes, 1605
«Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla
que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron»
Comenzaba su segunda parte de esta manera
Fotografía: David Moore

Puestas y levantadas en alto las cortadoras espadas de los dos valerosos y enojados combatientes, no parecía sino que estaban amenazando al cielo, a la tierra y al abismo: tal era el denuedo y continente que tenían. Y el primero que fue a descargar el golpe fue el colérico vizcaíno, el cual fue dado con tanta fuerza y tanta furia, que, a no volvérsele la espada en el camino, aquel solo golpe fuera bastante para dar fin a su rigurosa contienda y a todas las aventuras de nuestro caballero; mas la buena suerte, que para mayores cosas le tenía guardado, torció la espada de su contrario, de modo que, aunque le acertó en el hombro izquierdo, no le hizo otro daño que desarmarle todo aquel lado, llevándole de camino gran parte de la celada,1 con la mitad de la oreja, que todo ello con espantosa ruina vino al suelo, dejándole muy maltrecho.
¡Válame Dios,2 y quién será aquel que buenamente pueda contar ahora la rabia que entró en el corazón de nuestro manchego, viéndose parar3 de aquella manera! No se diga más sino que fue de manera que se alzó de nuevo en los estribos,4 y, apretando más la espada en las dos manos, con tal furia descargó sobre el vizcaíno, acertándole de lleno sobre la almohada y sobre la cabeza, que, sin ser parte tan buena defensa, como si cayera sobre él una montaña, comenzó a echar sangre por las narices y por la boca y por los oídos, y a dar muestras de caer de la mula abajo, de donde cayera, sin duda, si no se abrazara con el cuello; pero con todo eso, sacó los pies de los estribos, y luego soltó los brazos, y la mula, espantada del terrible golpe, dio a correr por el campo, y a pocos corcovos5 dio con su dueño en tierra.

1 celada: pieza de la armadura destinada a proteger la cabeza; la celada de encaje tenía en la base una pieza o falda que se encajaba en la coraza.
2 ¡Válame Dios!: expresión de sorpresa, en la que «válame» se usaba por el moderno «válgame».
3 parar: maltratar.
4 estribo: pieza de metal, madera o cuero en que el jinete apoya el pie.
5 corcovo: salto que dan algunos animales encorvando el lomo.
 Diccionario de Don Quijote

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Testigo de lo pasado, aviso de lo presente y advertencia de lo por venir

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Testigo de lo pasado, aviso de lo presente y advertencia de lo por venir (fotografía: Wolfgang Suschitzky) / Parte I, Cap. 9f
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 86 ·
Capítulo IX. Miguel de Cervantes, 1605
«Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla
que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron»
Testigo de lo pasado, aviso de lo presente
y advertencia de lo por venir

Fotografía: Wolfgang Suschitzky

Si a esta se le puede poner alguna objeción cerca de su verdad, no podrá ser otra sino haber sido su autor arábigo,1 siendo muy propio de los de aquella nación ser mentirosos, aunque, por ser tan nuestros enemigos, antes se puede entender haber quedado falto en ella que demasiado. Y ansí me parece a mí, pues, cuando pudiera y debiera extender la pluma en las alabanzas de tan buen caballero, parece que de industria2 las pasa en silencio; cosa mal hecha y peor pensada, habiendo y debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y nonada3 apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición, no les hagan torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir. En esta sé que se hallará todo lo que se acertare a desear en la más apacible; y si algo bueno en ella faltare, para mí tengo que fue por culpa del galgo4 de su autor, antes que por falta del sujeto. En fin, su segunda parte, siguiendo la traducción, comenzaba de esta manera.

1 Referencia a Cide Hamete Benengeli, supuesto autor morisco a quien Cervantes atribuye la narración de las aventuras de don Quijote, como explica al principio de este mismo capítulo.
2 de industria: adrede.
3 nonada: nada.
4 galgo: galgo y perro eran insultos que recíprocamente se dedicaban cristianos y musulmanes, como también refiere Francisco de Quevedo en Historia de la vida del Buscón (1626).
 Diccionario de Don Quijote

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Puestos en la misma postura que la historia cuenta

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Puestos en la misma postura que la historia cuenta (fotografía: Einar Erici) / Parte I, Cap. 9e
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 85 ·
Capítulo IX. Miguel de Cervantes, 1605
«Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla
que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron»
Puestos en la misma postura que la historia cuenta
Fotografía: Einar Erici

Estaba en el primero cartapacio pintada muy al natural la batalla de don Quijote con el vizcaíno, puestos en la misma postura que la historia cuenta, levantadas las espadas, el uno cubierto de su rodela,1 el otro de la almohada, y la mula del vizcaíno tan al vivo, que estaba mostrando ser de alquiler a tiro de ballesta. Tenía a los pies escrito el vizcaíno un título que decía «Don Sancho de Azpeitia», que sin duda debía de ser su nombre, y a los pies de Rocinante estaba otro que decía «Don Quijote». Estaba Rocinante maravillosamente pintado, tan largo y tendido, tan atenuado y flaco, con tanto espinazo, tan hético2 confirmado, que mostraba bien al descubierto con cuánta advertencia y propiedad se le había puesto el nombre de «Rocinante». Junto a él estaba Sancho Panza, que tenía del cabestro a su asno, a los pies del cual estaba otro rétulo que decía «Sancho Zancas», y debía de ser que tenía, a lo que mostraba la pintura, la barriga grande, el talle corto y las zancas largas, y por esto se le debió de poner nombre de «Panza» y de «Zancas», que con estos dos sobrenombres le llama algunas veces la historia. Otras algunas menudencias había que advertir, pero todas son de poca importancia, y que no hacen al caso a la verdadera relación de la historia, que ninguna es mala como sea verdadera.

1 rodela: escudo redondo y delgado que, embrazado en el brazo izquierdo, cubría el pecho al que se servía de él peleando espada «a la romana», es decir, a pie.
2 hético: muy flaco y casi en los huesos.
 Diccionario de Don Quijote

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Tradujo aquellos cartapacios como aquí se refiere

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Tradujo aquellos cartapacios como aquí se refiere (fotografía: André Kertész) / Parte II, Cap. 9d
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 84 ·
Capítulo IX. Miguel de Cervantes, 1605
«Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla
que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron»
Tradujo aquellos cartapacios como aquí se refiere
Fotografía: André Kerstéz

Cuando yo oí decir «Dulcinea del Toboso», quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación le di priesa que leyese el principio, y haciéndolo así, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: «Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo».1 Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recibí cuando llegó a mis oídos el título del libro, y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real;2 que si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese3 aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese. Contentóse con dos arrobas4 de pasas y dos fanegas5 de trigo, y prometió de traducirlos bien y fielmente y con mucha brevedad. Pero yo, por facilitar más el negocio y por no dejar de la mano tan buen hallazgo, le traje a mi casa, donde en poco más de mes y medio la tradujo toda, del mismo modo que aquí se refiere.

1 Cide Hamete Benengeli: supuesto autor morisco —cuyo nombre procede de Cide (señor), Hamete (Hamid, nombre árabe) y Benengeli (deformación arábiga del apellido Cervantes— a quien Cervantes atribuye la narración de las aventuras de don Quijote.
2 real: moneda que empezó a circular en Castilla en el siglo XIV y que tuvo diferentes valores en función de la época y su composición. Un real de vellón valía 34 maravedíes, mientras que el de plata equivalía a dos reales de vellón (68 maravedíes); un real de plata equivalía a 8,5 cuartos y 16 reales de plata valían 1 escudo de oro.
3 volviese: tradujese.
4 arroba: medida de peso equivalente a 11,5 kg en Castilla y a 12,5 kg en Aragón.
5 fanega: medida de capacidad para áridos que, según el marco de Castilla, tiene 12 celemines y equivale a 55,5 litros, pero cuyo valor varía según las diversas regiones peninsulares.
 Diccionario de Don Quijote

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Abrió el libro por medio y comenzó a reír

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Abrió el libro por medio y comenzó a reír (fotografía: André Kertész) / Parte I, Cap. 9c
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 83 ·
Capítulo IX. Miguel de Cervantes, 1605
«Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla
que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron»
Abrió el libro por medio y comenzó a reír
Fotografía: André Kerstéz

Estando yo un día en el Alcaná de Toledo,1 llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado de esta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía y vile con carácteres que conocí ser arábigos. Y puesto que aunque los conocía no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado2 que los leyese, y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua le hallara. En fin, la suerte me deparó uno, que, diciéndole mi deseo y poniéndole el libro en las manos, le abrió por medio y, leyendo un poco en él, se comenzó a reír.
Preguntéle yo que de qué se reía, y respondióme que de una cosa que tenía aquel libro escrita en el margen por anotación. Díjele que me la dijese, y él, sin dejar la risa, dijo:
—Está, como he dicho, aquí, en el margen, escrito esto: «Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha».

1 Alcaná: callejuela de la ciudad de Toledo en la que se reunían musulmanes y judíos conversos dedicados al comercio.
2 aljamiado: morisco que hablaba la lengua de los cristianos peninsulares.
 Diccionario de Don Quijote

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Es digno el caballero de memorables alabanzas

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Es digno el caballero de memorables alabanzas / Parte I, Cap. 9b
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 82 ·
Capítulo IX. Miguel de Cervantes, 1605
«Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla
que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron»
Es digno el caballero de memorables alabanzas

Por otra parte, me parecía que, pues entre sus libros se habían hallado tan modernos como Desengaño de celos1 y Ninfas y pastores de Henares,2 que también su historia debía de ser moderna,3 y que, ya que no estuviese escrita, estaría en la memoria de la gente de su aldea y de las a ella circunvecinas. Esta imaginación me traía confuso y deseoso de saber real y verdaderamente toda la vida y milagros de nuestro famoso español don Quijote de la Mancha, luz y espejo de la caballería manchega, y el primero que en nuestra edad y en estos tan calamitosos tiempos se puso al trabajo y ejercicio de las andantes armas, y al de desfacer agravios, socorrer viudas, amparar doncellas, de aquellas que andaban con sus azotes4 y palafrenes5 y con toda su virginidad a cuestas, de monte en monte y de valle en valle; que, si no era que algún follón o algún villano de hacha y capellina6 o algún descomunal gigante las forzaba, doncella hubo en los pasados tiempos que, al cabo de ochenta años que en todos ellos no durmió un día debajo de tejado, y se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había parido. Digo, pues, que, por estos y otros muchos respetos, es digno nuestro gallardo Quijote de continuas y memorables alabanzas, y aun a mí no se me deben negar, por el trabajo y diligencia que puse en buscar el fin de esta agradable historia; aunque bien sé que, si el cielo, el caso y la fortuna no me ayudan, el mundo quedara falto y sin el pasatiempo y gusto que bien casi dos horas podrá tener el que con atención la leyere. Pasó, pues, el hallarla en esta manera.

1 Desengaño de celos: novela pastoril escrita por Bartolomé López de Enciso y publicada en Madrid en 1586.
2 Ninfas y pastores del Henares: novela pastoril publicada en Alcalá en 1587 y escrita por Bernardo González de Bobadilla.
3 El autor olvida que en la biblioteca de don Quijote se encontraba un libro más moderno que los dos citados, El pastor de Iberia, que data de 1591, como se narra en el capítulo VI.
4 azote: fusta, correa corta y ancha que se emplea como látigo.
5 palafrén: caballo manso en que solían montar las damas y muchas veces los reyes y príncipes para hacer sus entradas.
6 capellina: pieza de la armadura que cubría la parte superior de la cabeza y que formaba parte, junto con el hacha, de las armas que podían utilizar las gentes de baja condición.
 Diccionario de Don Quijote

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Lo mucho que faltaba de tan sabroso cuento

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Lo mucho que faltaba de tan sabroso cuento (fotografía: Edward Canby) / Parte I, Cap. 9a
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 81 ·
Capítulo IX. Miguel de Cervantes, 1605
«Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla
que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron»
Lo mucho que faltaba de tan sabroso cuento
Fotografía: Edward Canby

Dejamos en la primera parte desta historia al valeroso vizcaíno y al famoso don Quijote con las espadas altas y desnudas, en guisa de descargar dos furibundos fendientes1 tales, que, si en lleno se acertaban, por lo menos se dividirían y fenderían de arriba abajo y abrirían como una granada; y que en aquel punto tan dudoso paró y quedó destroncada tan sabrosa historia, sin que nos diese noticia su autor dónde se podría hallar lo que della faltaba.
Causóme esto mucha pesadumbre, porque el gusto de haber leído tan poco se volvía en disgusto de pensar el mal camino que se ofrecía para hallar lo mucho que a mi parecer faltaba de tan sabroso cuento. Parecióme cosa imposible y fuera de toda buena costumbre que a tan buen caballero le hubiese faltado algún sabio que tomara a cargo el escrebir sus nunca vistas hazañas, cosa que no faltó a ninguno de los caballeros andantes de los que dicen las gentes que van a sus aventuras, porque cada uno dellos tenía uno o dos sabios como de molde, que no solamente escribían sus hechos, sino que pintaban sus más mínimos pensamientos y niñerías, por más escondidas que fuesen; y no había de ser tan desdichado tan buen caballero, que le faltase a él lo que sobró a Platir2 y a otros semejantes. Y, así, no podía inclinarme a creer que tan gallarda historia hubiese quedado manca y estropeada, y echaba la culpa a la malignidad del tiempo, devorador y consumidor de todas las cosas, el cual, o la tenía oculta, o consumida.

1 fendiente: golpe dado de arriba abajo con el filo de la espada.
2 Platir: protagonista del libro de caballerías probablemente escrito por Francisco de Enciso Zárate e impreso en Valladolid en 1533 con el título La crónica del muy valiente y esforzado caballero Platir, hijo del invencible emperador Primaleón.
 Diccionario de Don Quijote

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Temerosos de tan grande peligro en que se hallaban

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Temerosos de tan grande peligro en que se hallaban (fotografía: David Seymour, Chim) / Parte I, Cap. 8l
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 80 ·
Capítulo VIII. Miguel de Cervantes, 1605
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,
con otros sucesos dignos de felice recordación»
Temerosos de tan grande peligro en que se hallaban
Fotografía: David Seymour (Chim)

El vizcaíno, que así le vio venir contra él, bien entendió por su denuedo su coraje, y determinó de hacer lo mismo que don Quijote; y así, le aguardó bien cubierto de su almohada, sin poder rodear la mula a una ni a otra parte, que ya, de puro cansada y no hecha a semejantes niñerías, no podía dar un paso.
Venía, pues, como se ha dicho, don Quijote contra el cauto vizcaíno con la espada en alto, con determinación de abrirle por medio, y el vizcaíno le aguardaba asimismo levantada la espada y aforrado, y todos los circunstantes estaban temerosos y colgados de lo que había de suceder de aquellos tamaños golpes con que se amenazaban; y la señora del coche y las demás criadas suyas estaban haciendo mil votos y ofrecimientos a todas las imágenes y casas de devoción1 de España,2 porque Dios librase a su escudero y a ellas de aquel tan grande peligro en que se hallaban.
Pero está el daño de todo esto que, en este punto y término, deja pendiente el autor de esta historia esta batalla, disculpándose que no halló más escrito de estas hazañas de don Quijote de las que deja referidas. Bien es verdad que el segundo autor de esta obra no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a las leyes del olvido, ni que hubiesen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha,3 que no tuviesen en sus archivos o en sus escritorios algunos papeles que de este famoso caballero tratasen; y así, con esta imaginación, no se desesperó de hallar el fin de esta apacible historia, el cual, siéndole el cielo favorable, le halló del modo que se contará en la segunda parte.

1 casas de devoción: santuarios, ermitas.
2 España: primera ocasión en la que aparece citada en la obra, si bien más como concepto geográfico que político o administrativo.
3 la Mancha: zona geográfica de la península ibérica que se extiende sobre las actuales provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo.
 Diccionario de Don Quijote

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Se le avino el vizcaíno para acabar batalla

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Se le avino el vizcaíno para acabar batalla (fotografía: George G. Bain) / Parte I, Cap. 8k
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 79 ·
Capítulo VIII. Miguel de Cervantes, 1605
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,
con otros sucesos dignos de felice recordación»
Se le avino el vizcaíno para acabar batalla
Fotografía: George G. Bain

El vizcaíno, que así le vio venir, aunque quisiera apearse de la mula, que, por ser de las malas de alquiler, no había que fiar en ella, no pudo hacer otra cosa sino sacar su espada; pero avínole bien que se halló junto al coche, de donde pudo tomar una almohada, que le sirvió de escudo, y luego se fueron el uno para el otro, como si fueran dos mortales enemigos. La demás gente quisiera ponerlos en paz, mas no pudo, porque decía el vizcaíno en sus mal trabadas razones que si no le dejaban acabar su batalla, que él mismo había de matar a su ama y a toda la gente que se lo estorbase. La señora del coche, admirada y temerosa de lo que veía, hizo al cochero que se desviase de allí algún poco, y desde lejos se puso a mirar la rigurosa contienda, en el discurso de la cual dio el vizcaíno una gran cuchillada a don Quijote encima de un hombro, por encima de la rodela, que, a dársela sin defensa, le abriera hasta la cintura. Don Quijote, que sintió la pesadumbre de aquel desaforado golpe, dio una gran voz diciendo:
—¡Oh señora de mi alma, Dulcinea, flor de la fermosura, socorred a este vuestro caballero, que por satisfacer a la vuestra mucha bondad, en este riguroso trance se halla!
El decir esto, y el apretar la espada y el cubrirse bien de su rodela, y el arremeter al vizcaíno todo fue en un tiempo, llevando determinación de aventurarlo todo a la de un golpe solo.

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Si lanza arrojas y espada sacas

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Si lanza arrojas y espada sacas (fotografía: Henri Cartier-Bresson) / Parte I, Cap. 8j
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 78 ·
Capítulo VIII. Miguel de Cervantes, 1605
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo
en la espantable y jamás imaginada aventura
de los molinos de viento, con otros sucesos dignos
de felice recordación»

Si lanza arrojas y espada sacas
Fotografía: Henri Cartier-Bresson

Todo esto que don Quijote decía escuchaba un escudero de los que el coche acompañaban, que era vizcaíno, el cual, viendo que no quería dejar pasar el coche adelante, sino que decía que luego había de dar la vuelta al Toboso,1 se fue para don Quijote, y, asiéndole de la lanza, le dijo, en mala lengua castellana y peor vizcaína, de esta manera:
—Anda, caballero que mal andes;2 por el Dios que crióme, que, si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno.3
Entendióle muy bien don Quijote, y con mucho sosiego le respondió:
—Si fueras caballero, como no lo eres, ya yo hubiera castigado tu sandez y atrevimiento, cautiva criatura.
A lo cual replicó el vizcaíno:
—¿Yo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza arrojas y espada sacas, ¡el agua cuán presto verás que al gato llevas! Vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo, y mientes que mira si otra dices cosa.
—¡Ahora lo veredes, dijo Agrajes!4 —respondió don Quijote.
Y, arrojando la lanza en el suelo, sacó su espada y embrazó su rodela,5 y arremetió al vizcaíno con determinación de quitarle la vida.

1 El Toboso: población manchega, ubicada en la actual provincia de Toledo, de la que era natural Dulcinea.
2 caballero que mal andes: forma despectiva de referirse a quien pretende pasar por caballero sin serlo.
3 vizcaíno: en el lenguaje de la época, se caricaturizaba a los vizcaínos como gentes de habla convencional, con ínfulas de nobleza, facilidad para ofenderse y talante valeroso, como así los retrata Francisco de Quevedo en Libro de todas las cosas y otras muchas más (1631).
4 Agrajes: caballero del linaje de Amadís de Gaula conocido por su habilidad en el manejo de la espada y por la frase con la que respondía a las provocaciones de los adversarios, «¡Ahora lo veredes!», que se usa para dudar o negar.
5 rodela: escudo redondo y delgado que, embrazado en el brazo izquierdo, cubría el pecho al que se servía de él peleando con espada «a la romana», es decir, a pie.
 Diccionario de Don Quijote

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Sabed que soy caballero andante y aventurero

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Sabed que soy caballero andante y aventurero (fotografía: Christopher Helin) / Parte I, Cap. 8i
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 77 ·
Capítulo VIII. Miguel de Cervantes, 1605
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,
con otros sucesos dignos de felice recordación»
Sabed que soy caballero andante y aventurero
Fotografía: Christopher Helin

Sancho Panza, que vio en el suelo al fraile, apeándose ligeramente de su asno arremetió a él y le comenzó a quitar los hábitos. Llegaron en esto dos mozos de los frailes y preguntáronle que por qué le desnudaba. Respondioles Sancho que aquello le tocaba a él legítimamente, como despojos de la batalla que su señor don Quijote había ganado. Los mozos, que no sabían de burlas, ni entendían aquello de despojos ni batallas, viendo que ya don Quijote estaba desviado de allí hablando con las que en el coche venían, arremetieron con Sancho y dieron con él en el suelo, y, sin dejarle pelo en las barbas, le molieron a coces y le dejaron tendido en el suelo, sin aliento ni sentido. Y, sin detenerse un punto, tornó a subir el fraile, todo temeroso y acobardado y sin color en el rostro; y cuando se vio a caballo, picó tras su compañero, que un buen espacio de allí le estaba aguardando y esperando en qué paraba aquel sobresalto, y, sin querer aguardar el fin de todo aquel comenzado suceso, siguieron su camino, haciéndose más cruces que si llevaran al diablo a las espaldas.
Don Quijote estaba, como se ha dicho, hablando con la señora del coche, diciéndole:
—La vuestra fermosura, señora mía, puede facer de su persona lo que más le viniere en talante, porque ya la soberbia de vuestros robadores yace por el suelo, derribada por este mi fuerte brazo; y, porque no penéis por saber el nombre de vuestro libertador, sabed que yo me llamo don Quijote de la Mancha, caballero andante y aventurero, y cautivo de la sin par y hermosa doña Dulcinea del Toboso; y, en pago del beneficio que de mí habéis recibido, no quiero otra cosa sino que volváis al Toboso,1 y que de mi parte os presentéis ante esta señora y le digáis lo que por vuestra libertad he fecho.

1 El Toboso: población manchega, ubicada en la actual provincia de Toledo, de la que era natural Dulcinea.
 Diccionario de Don Quijote

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Por justo castigo de vuestras malas obras

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Por justo castigo de vuestras malas obras (fotografía: Eugeni Forcano) / Parte I, Cap. 8h
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 76 ·
Capítulo VIII. Miguel de Cervantes, 1605
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo
en la espantable y jamás imaginada aventura
de los molinos de viento,

con otros sucesos dignos de felice recordación»
Por justo castigo de vuestras malas obras
Fotografía: Eugeni Forcano

Y diciendo esto se adelantó y se puso en la mitad del camino por donde los frailes venían, y, en llegando tan cerca que a él le pareció que le podrían oír lo que dijese, en alta voz dijo:
—¡Gente endiablada y descomunal, dejad luego al punto las altas princesas que en ese coche lleváis forzadas; si no, aparejaos a recibir presta muerte, por justo castigo de vuestras malas obras!
Detuvieron los frailes las riendas y quedaron admirados así de la figura de don Quijote como de sus razones, a las cuales respondieron:
—Señor caballero, nosotros no somos endiablados ni descomunales, sino dos religiosos de San Benito1 que vamos nuestro camino, y no sabemos si en este coche vienen o no ningunas forzadas princesas.
—Para conmigo no hay palabras blandas, que ya yo os conozco, fementida2 canalla —dijo don Quijote.
Y sin esperar más respuesta picó a Rocinante y, la lanza baja, arremetió contra el primer fraile, con tanta furia y denuedo, que si el fraile no se dejara caer de la mula él le hiciera venir al suelo mal de su grado, y aun malherido, si no cayera muerto. El segundo religioso, que vio del modo que trataban a su compañero, puso piernas al castillo de su buena mula, y comenzó a correr por aquella campaña, más ligero que el mesmo viento.

1 Orden de San Benito: Ordo Sancti Benedicti (OSB), orden religiosa dedicada a la contemplación fundada por Benito de Nursia en el siglo VI.
2 fementida: dicho de una persona, falta de fe y palabra.
 Diccionario de Don Quijote

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Asomaron por el camino dos frailes con antojos

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: Asomaron por el camino dos frailes con antojos (fotografía: Francesc Català-Roca) / Parte I, Cap. 8g
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 75 ·
Capítulo VIII. Miguel de Cervantes, 1605
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,
con otros sucesos dignos de felice recordación»
Asomaron por el camino dos frailes con antojos
Fotografía: Francesc Català-Roca

Estando en estas razones, asomaron por el camino dos frailes de la orden de San Benito,1 caballeros sobre dos dromedarios, que no eran más pequeñas dos mulas en que venían. Traían sus antojos2 de camino y sus quitasoles. Detrás de ellos venía un coche, con cuatro o cinco de a caballo que le acompañaban, y dos mozos de mulas a pie. Venía en el coche, como después se supo, una señora vizcaína que iba a Sevilla,3 donde estaba su marido, que pasaba a las Indias4 con un muy honroso cargo. No venían los frailes con ella, aunque iban el mismo camino; mas apenas los divisó don Quijote, cuando dijo a su escudero:
—O yo me engaño, o esta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto, porque aquellos bultos negros que allí parecen deben de ser y son sin duda algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto5 a todo mi poderío.6
—Peor será esto que los molinos de viento —dijo Sancho—. Mire, señor, que aquellos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera. Mire que digo que mire bien lo que hace, no sea el diablo que le engañe.
—Ya te he dicho, Sancho —respondió don Quijote—, que sabes poco de achaque7 de aventuras; lo que yo digo es verdad, y ahora lo verás.

1 Orden de San Benito: Ordo Sancti Benedicti (OSB), orden religiosa dedicada a la contemplación fundada por Benito de Nursia en el siglo VI.
2 antojos: anteojos de cristal de roca acoplados a un tafetán que tapaba el rostro para protegerlo durante los viajes.
3 Sevilla: ciudad situada en Andalucía occidental, que en época de Cervantes tenía unos 130 000 habitantes y era el centro económico y administrativo de las posesiones españolas, de donde dos veces al año salía la flota hacia el Nuevo Mundo.
4 Indias: término utilizado entre los siglos XVI y XIX para hacer referencia al Nuevo Mundo, denominado también Indias Occidentales por contraposición a las Orientales, es decir, al continente asiático.
5 tuerto o entuerto: injuria, injusticia o agravio que se hace a alguien.
6 a todo mi poderío: con toda mi autoridad.
7 achaque: ocasión, asunto o materia.
 Diccionario de Don Quijote

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No has de ayudarme si fueren caballeros

«Don Quijote de la Mancha» (1605), de Miguel de Cervantes: No has de ayudarme si fueren caballeros (fotografía: Cornell Capa) / Parte I, Cap. 8f
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 74 ·
Capítulo VIII. Miguel de Cervantes, 1605
«Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento,
con otros sucesos dignos de felice recordación»
No has de ayudarme si fueren caballeros
Fotografía: Cornell Capa

Aquí —dijo en viéndole don Quijote— podemos, hermano Sancho Panza, meter las manos hasta los codos en esto que llaman aventuras. Mas advierte que, aunque me veas en los mayores peligros del mundo, no has de poner mano a tu espada para defenderme,1 si ya no vieres que los que me ofenden es canalla y gente baja, que en tal caso bien puedes ayudarme; pero, si fueren caballeros, en ninguna manera te es lícito ni concedido por las leyes de caballería que me ayudes, hasta que seas armado caballero.
—Por cierto, señor —respondió Sancho—, que vuestra merced será muy bien obedecido en esto, y más, que yo de mío2 me soy pacífico y enemigo de meterme en ruidos ni pendencias. Bien es verdad que en lo que tocare a defender mi persona no tendré mucha cuenta con esas leyes, pues las divinas y humanas permiten que cada uno se defienda de quien quisiere agraviarle.
—No digo yo menos —respondió don Quijote—, pero en esto de ayudarme contra caballeros has de tener a raya tus naturales ímpetus.
—Digo que así lo haré —respondió Sancho—, y que guardaré ese precepto tan bien como el día del domingo.

1 Don Quijote olvida en ocasiones que Sancho, como villano, no es portador de espada ni puede serlo.
2 de mío: por carácter, de manera natural.
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