Embrollos y barullos en nuestra insigne institución

Embrollos y barullos en nuestra insigne institución · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 70 ·
Fran Vega
Embrollos y barullos en nuestra insigne institución
Fotografía: Tommy Ingberg

Desde hace unos días están las temáticas muy revoloteadas y agitadas en el cafetín de Tadeo. Resulta que cuando constituimos el ateneo de guiñotistas resolvimos que Argimiro sería presidente vitalicio y que Fulgencio haría las veces de secretario perpetuo, pero ahora, y sin que tengamos conocimiento de causas ni motivos, quieren intercambiar las tareas de modo que la perpetuidad de la secretaría pase a manos de Argimiro y que la infinitud de la presidencia sea competencia de Fulgencio. A mí no me parece que esto vaya a cambiar esencias ni sustancias, porque las ordenanzas que rigen el guiñote seguirán siendo las mismas y porque lo importante es pasar buenos ratos con las amistades y terminar la tarde con vivas y hurras hacia los acreditados ganadores, pero dice Teofrasto que cesantías y traspasos implican una reunión extraordinaria de todos los guiñotistas cafetinescos para que podamos competir con garantías en el próximo campeonato subcomarcal, lo que hay que reconocer que es un sapientérrimo criterio. Carioco, que no por nada es el más feo de los hermanos Hinojosa, piensa que para que todo siga igual es mejor dejar los asuntos como están, pero Ginés, que es la monda, considera que los perpetuismos no redundan en beneficios multivalentes para nuestra insigne institución y sí en disparates y torpezas de extravagante finalidad, lo que no acabo de saber qué puede significar y de qué forma nos abarca. Y yo, aunque a veces no entiendo las cosas, creo que lo adecuado sería tener en cuenta los discernimientos al respecto que cada persona tenga en el magín, incluso de quienes prefieren el asombroso juego de la petanca en vez de nuestro dilecto y tradicional guiñote. Voy a parlotear un poco con Don Helesponto, mi cabalérrimo vecino, que siempre ilumina los embrollos con su copiosa erudición.

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Diario de un hombre ridículo

© Fran Vega, 2017

Una cuchipanda de postín

Una cuchipanda de postín · Fotografía: Het Leven
· Diario de un hombre ridículo, 62 ·
Fran Vega
Una cuchipanda de postín
Fotografía: Het Leven

Estos días estoy muy contento porque se ha celebrado en nuestra excelsa subcomarca la acostumbrada fiesta de disfraces que precede a la Cuaresma, así que Tadeo organizó una francachela en el cafetín para que acudiéramos debidamente enmascarados y ataviados y para que en la taberna del Sindicato de Oficinistas supieran que nosotros también sabemos disfrazarnos. Después de varias tardes de muchos pensamientos todas las amistades decidimos asistir al festejo, si bien cada uno fue libre de elegir su ropaje y su sombrero. Fulgencio y Argimiro acordaron vestirse de naipes, pues por algo son los flamantes triunfadores del campeonato guiñotista, mientras que Imeldo se las ingenió para encasquetarse un disfraz de picaporte, sin duda en homenaje al taller de aldabas y fallebas que regentaba el difunto Honorino. Carioco, por su parte, que es el más feo de los hermanos Hinojosa, tuvo la radiante idea de aparecer vestido de tunante concejal, con muchos billetes de broma que le asomaban de los bolsillos, y a Cristóforo no se le alcanzó otra cosa que inducir al engaño con su disfraz de noticiario, con numerosas cuchufletas y bagatelas ocultas bajo alegres titulares. Pero lo mejor de la tarde estuvo cuando Ginés, que es la monda, llegó con atuendo de banquero tomador y manilargo, con su antifaz como anteojos, sus ganzúas de mentira y sus sacos de esparto cargados en los hombros. A todos nos dio mucha risa y celebramos su ocurrencia, incluso Justito, que llevaba un espléndido uniforme de croqueta de gallina. Y la verdad es que también me felicitaron a mí, que acudí a la merendola con un novísimo atavío de primordial cafetinesco, aunque sustituí mi habitual chaleco de invierno por uno de cuadritos escoceses muy elegante y oportuno. Un día es un día, como dice mi instruido y cabal vecino Don Helesponto, el del principal segunda.

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© Fran Vega, 2017

Cabales remedios para las ocurrencias

Cabales remedios para las ocurrencias · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 44 ·
Fran Vega
Cabales remedios para las ocurrencias
Fotografía: Tommy Ingberg

Se están produciendo en nuestra excelsa subcomarca algunos cambios sorprendentes en los que no dejo de pensar un ratito cada tarde. Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, ha resuelto acudir al trabajo sin corbata, lo que me resulta incomprensible en un hombre con un predicamento como el suyo. Cuando dejó de usar sombrero me pareció una extravagancia que solo podía ser resultado de un alboroto transitorio, pero abandonar la corbata en el armario y acudir a la oficina luciendo la medallita de la Virgen de la Tregua resulta todo un despropósito en alguien que camina por las calles con la testa en evidencia. Tadeo, por su parte, ha decidido que los domingos en el cafetín no solo servirá ponche por las tardes, sino naranjada y limonada en vaso alto y con pajita, que por algo la semana pasada invirtió sus alcancías en un artilugio manual adquirido con este fin, y ha colocado un pizarrón en la entrada con este ingenioso y sugerente anuncio: «Hay naranjada. Hay limonada». Ginés, que es la monda, dijo que tenía que escribirlo también en germánico y londinense, pero ni siquiera Carioco supo traducirlo, y eso que es el más feo de los hermanos Hinojosa, así que Justito dibujó unas naranjas muy graciosas junto a unos cubitos de hielo y se olvidó de los limones. También quiere sustituir las croquetas de gallina por unas modernas empanadillas de chicharrones y que los frutos secos de la barra precedan en importancia a las torrijas, porque dice que así su balanza de pagos tendrá espléndidas mejoras. Yo no sé bien qué significan estas cosas, porque a mí me parece que lo más importante es que todas las amistades estemos contentas mientras jugamos al guiñote o parloteamos de los relevantes episodios que nos acontecen a diario, pero por hoy ya he cavilado bastante, así que voy a tomar de inmediato media copita de brandy, porque dice Don Helesponto que es muy bueno para las ocurrencias.

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Raros acontecimientos en los albores del otoño

Raros acontecimientos en los albores del otoño · Fotografía: Valentín Canadell
· Diario de un hombre ridículo, 41 ·
Fran Vega
Raros acontecimientos en los albores del otoño
Fotografía: Valentín Canadell

Ayer ocurrió un sorprendente suceso que me causó una gran inquietud. Resulta que estaba sentado en el velador del cafetín de Tadeo en compañía de Imeldo, que es reparador de calderines y solo sonríe los jueves, cuando de repente se abalanzaron sobre nuestras personas unos oscuros nubarrones de aspecto malicioso y comenzó a llover. Yo me quedé estupefacto ante semejante circunstancia acontecida a principios del otoño y Cristóforo y Tadeo salieron del cafetín con el espanto en sus facies. ¿Qué ocurre aquí?, preguntaron al unísono no sin cierto arrobamiento. Que llueve, respondí para iluminar sus atribuladas mentes. Después de unos momentos de expectante coyuntura, todos nos pusimos a ayudar a Justito para que no se mojaran los veladores y Tadeo esparció un poco de serrín en el suelo para que cuando llegara Sinforoso no se partiera las tibias al resbalar. Dijo entonces Carioco, que es el más feo de los hermanos Hinojosa, que es costumbre muy antigua que llueva en esta época del año, pero a Teofrasto le pareció un acontecimiento muy raro, seguramente porque antes era afilador y de estas cosas sabe mucho, y esta mañana ha dicho Amalio en su negociado que todo forma parte de la misma lucha de clases, tal vez porque él es vicemiembro del Sindicato de Oficinistas y se percata bien de las temáticas. Y yo no sé qué pensar, porque aunque a veces no entiendo las cosas, me da la impresión de que unos días llueve y otros no, así que mañana mismo hablaré con Magdaleno, que por algo es el bedel de la Delegación de Asuntos Insólitos. Voy a tomar un poco de ponche para el destemple.

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«Cuánto aprendo en los debates cafetinescos»

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© Fran Vega, 2016

Los poetas de la glorieta de los Lirios

Los poetas de la glorieta de los Lirios · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 35 ·
Fran Vega
Los poetas de la glorieta de los Lirios
Fotografía: Rodney Smith

Ayer tuve ocasión de asistir a un acontecimiento cultural de primerísima magnitud. Resulta que con motivo del aniversario del pavimentado de la glorieta de los Lirios, los vecinos organizaron un certamen de estribillos que fue la mar de simpático. La entrada era gratuita, pero casi todos dimos un exiguo y voluntario donativo para que puedan seguir celebrándose festejos de tanta importancia. Lo mejor de la tarde fue cuando los hermanos Hinojosa subieron al entarimado a recitar un estribillo de su invención que nos llenó a todos de mucho orgullo y que a petición popular repitieron después en la misma glorieta y en el cafetín de Tadeo, donde Justito nos esperaba ya con las gaseosas sobre la mesa. Empezaba así: «Cuán felicérrimos somos los humanos cuando por la glorieta paseamos…». Ya no me acuerdo de más, porque yo casi nunca recuerdo las cosas, pero cualquiera puede advertir en estos amigos míos a verdaderos ases del verso, comparables a los mejores juglares que ha tenido nuestra insigne población, de modo que pasamos una tarde estupenda en el cafetín repitiendo todos juntos el estribillo de los hermanos Hinojosa, sobre todo Carioco, que es el más feo de los dos. ¡Cuán felicérrimos somos en el cafetín, con tantos compañeros de postín!

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«Gloriosos episodios de nuestra insigne población»
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«Un hombre instruido y noticioso»

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© Fran Vega, 2016

Todos hemos estado la mar de contentos

Todos hemos estado la mar de contentos · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 22 ·
Fran Vega
Todos hemos estado la mar de contentos
Fotografía: Francesc Català-Roca

Resulta que hoy ha sido el cumpleaños de Carmencita, la de Contaduría, y el jefe ha sido muy generoso al concedernos quince minutos recuperables para que la felicitáramos como se merece y le entregáramos el obsequio que hemos comprado entre todos los oficinistas: un juego completo de espumadera y cucharón. Yo creo que se ha emocionado durante un buen rato, pero Ercilio y Teodomiro han inflado unos globos en el Negociado de Reclamos y se le ha pasado el impacto de la pura alegría, así que todos hemos estado la mar de contentos. Con razón decía Ginés esta tarde en el cafetín de Tadeo que le hubiera gustado mucho estar en la fiesta, porque él es la monda y para estas cosas se las pinta solo, pero ya le ha recordado Carioco que para eso tendría que trabajar en nuestra oficina y no en la fructífera fábrica de travesaños en la que lleva toda la vida. Lo más importante es que ha sido un día formidable y que estoy muy alegre por tener tantos y tan buenos amigos. Voy a prepararme una sopita de estrellas para cenar.

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© Fran Vega, 2016

Un hombre helespóntico y cabal

Un hombre helespóntico y cabal · Fotografía: Lutz Dille
· Diario de un hombre ridículo, 16 ·
Fran Vega
Un hombre helespóntico y cabal
Fotografía: Lutz Dille

Como el otro día coincidió en domingo, pasé una tarde estupenda en el cafetín de Tadeo jugando al guiñote y parloteando sobre temas de actualidad con todas mis amistades. La partida con Carioco, Fulgencio y Lupicinio estuvo sembrada de risotadas debido a las bromas de Ginés, que no dejaba de decir cosas la mar de graciosas. Después llegaron Argimiro y Teofrasto, que venían de pasear un rato en la glorieta de los Lirios, y un poco más tarde apareció Sinforoso, al que le va muy bien en su taller de embudos y coladores, hasta el punto de que nos convidó a limonada con sifón, menos a Cristóforo, porque le produce gases. Felixín contó que había visto en televisión un documental sobre cigüeñales incandescentes, que no sabemos lo que son, pero todos estuvimos de acuerdo en que se trata de un gran avance del que pronto tendremos interesantes novedades. Y casi al atardecer llegó al cafetín Don Helesponto, que como su nombre indica es un hombre heroico, helespóntico y cabal con quien me une una estrecha vecindad, pues no en vano compartimos escalera y en no pocas ocasiones animadas conversaciones sobre distópicos asuntos. Así que estoy en condiciones de afirmar que hoy me encuentro contentérrimo y jovial.

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«No sin mi sombrero»
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«Un obsequio conveniente»

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© Fran Vega, 2016

Una cosa para cada tiempo y un tiempo para cada cosa

Una cosa para cada tiempo y un tiempo para cada cosa · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 13 ·
Fran Vega
Una cosa para cada tiempo y un tiempo para cada cosa
Fotografía: Francesc Català-Roca

Hay un asunto que me tiene preocupado y no dejo de pensar en él. Se trata de que antes la gente vestía con decoro para acudir al trabajo, pero he observado últimamente que algunos (no quiero dar nombres) van a la oficina sin corbata. Y a mí eso no puede parecerme bien. Incluso hay un joven que viste a diario pantalones insólitos, con remaches metálicos en los bolsillos delanteros y extravagantes bordados en los traseros, y calza zapatillas de ejercitarse en el deporte como las que usa Justito, el sobrino de Tadeo, para descargar del motocarro las cajas de gaseosas. Yo creo que confundir conceptos no es bueno, por la misma razón que desayuno una ensaimada los domingos y churros los días laborables, así que voy muy alegre con mi traje y mi chaleco, mi corbata entre semana y mi corbatín los días de fiesta, porque las personas cumplidoras no deben ir por esos mundos con extrañas vestimentas. Y es que Carioco, el más feo de los hermanos Hinojosa, tiene toda la razón cuando dice en el cafetín que hay una cosa para cada tiempo y un tiempo para cada cosa. Voy a tomar media copita de brandy o no dormiré bien.

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«A veces me pongo a discurrir»

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© Fran Vega, 2016

La gente presta demasiada atención a los asuntos

La gente presta demasiada atención a los asuntos · Fotografía: Jürgen Schadeberg
· Diario de un hombre ridículo, 2 ·
Fran Vega
La gente presta demasiada atención a los asuntos
Fotografía: Jürgen Schadeberg

Hoy me he llevado un susto morrocotudo. Estaba en el cafetín de Tadeo cuando de repente ha llegado Teofrasto, que antes era afilador y ahora es técnico en metales de doble uso, diciendo que a lo mejor tenemos que trabajar los sábados. Al muy lelo a poco le sacan a palos los hermanos Hinojosa, sobre todo el más feo, al que le dicen Carioco, porque han pensado que se estaba riendo de ellos y han querido darle una tunda en la glorieta de los Lirios. Después se ha calmado la temática porque en el boletín de la radio han dicho que de momento es una ordenanza para los griegos, que por lo visto andan fatal. Yo no creo que lo vayan a hacer en nuestra excelsa subcomarca y me parece que la gente presta demasiada atención a estos asuntos. Voy a hacer un poco de sopa.

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«Y es que yo a veces no entiendo las cosas»
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© Fran Vega, 2016