Y entonces fui a sus ojos como quien halla la paz

Y entonces fui a sus ojos como quien halla la paz · Fotografía: Hossein Zare
· Cantar de los Cantares, y 12 ·
Y entonces fui a sus ojos como quien halla la paz
Fotografía: Hossein Zare

Las aguas no podrán apagar el amor,
ni los ríos lo anegarán.
Si el hombre diera todos los bienes de su casa por su amor,
de cierto lo menospreciarían.

Tenemos una pequeña hermana,
que todavía no tiene pechos;
¿qué haremos por nuestra hermana
el día en que sea pedida?
Si ella es una muralla,
edificaremos sobre ella un baluarte de plata;
pero si es una puerta,
la reforzaremos con tablas de cedro.

Yo soy una muralla, y mis pechos como torres,
entonces fui a sus ojos como quien halla la paz.
Salomón tenía una viña en Baal-hamón,
confió la viña a los guardas,
y cada uno debía traer por su fruto mil siclos de plata.
Mi viña, que es mía, está a mi disposición;
los mil siclos serán tuyos, Salomón,
y doscientos para los que guardan su fruto.

Oh, tú que habitas entre los huertos,
los compañeros escuchan tu voz;
déjame que la oiga.

Apresúrate, amado mío,
y sé como una gacela o un cervatillo,
sobre los montes de los aromas.

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«Ponme como sello sobre tu corazón»
***

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Cantar de los Cantares
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Ponme como sello sobre tu corazón

Ponme como sello sobre tu corazón · Fotografía: Irene Sanfiel
· Cantar de los Cantares, 11 ·
Ponme como sello sobre tu corazón
Fotografía: Irene Sanfiel

Si tú fueras como mi hermano
amamantado a los pechos de mi madre,
si te encontrara fuera, te besaría,
y no me despreciarían.
Te llevaría y te introduciría
en la casa de mi madre;
te daría a beber vino sazonado
del zumo de mis granadas.
Que su izquierda esté debajo de mi cabeza,
y su derecha me abrace.

Quiero que juréis, hijas de Jerusalén,
que no despertaréis ni levantaréis a mi amor
hasta que quiera.

¿Quién es esta que sube del desierto,
recostada sobre su amado?

Debajo del manzano te desperté;
allí tuvo tu madre dolores de parto por ti,
allí tuvo dolores y te dio a luz.

Ponme como sello sobre tu corazón,
como sello sobre tu brazo;
porque fuerte como la muerte es el amor;
duros como el Seol los celos;
sus destellos, destellos de fuego,
la llama misma del Señor.

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Allí te daré mis amores

Allí te daré mis amores · Fotografía: Christian Richter
· Cantar de los Cantares, 10 ·
Allí te daré mis amores
Fotografía: Christian Richter

Cuán hermosos son tus pies en las sandalias,
¡oh, hija de príncipe!
Las curvas de tus caderas son como joyas,
obra de excelente maestro.
Tu ombligo, como una taza redonda
en la que no falta vino mezclado.
Tu vientre, como montón de trigo
cercado de lirios.
Tus pechos, como gemelos de gacela.
Tu cuello, como torre de marfil;
tus ojos, como los estanques de Hesbón
junto a la puerta de Bat-rabim.
Tu nariz, como la torre del Líbano,
que mira hacia Damasco.
Tu cabeza te corona como el Carmelo;
y el cabello de tu cabeza es como hilo de púrpura
suspendido entre tus trenzas.
¡Qué hermosa y qué encantadora eres,
amor mío, con todos tus encantos!
Tu estatura es semejante a la palmera,
y tus pechos a sus racimos.
Yo dije: subiré a la palmera
y tomaré sus frutos.
¡Sean tus pechos como racimos de vid,
el perfume de tu boca como de manzanas,
y tu paladar como el mejor vino!

Entra suavemente el vino en mi amado,
como fluye por los labios de quienes duermen.
Yo soy de mi amado,
y su deseo tiende hacia mí.
Ven, amado mío, salgamos al campo,
pasemos la noche en las aldeas.
Levantémonos temprano y vayamos a las viñas;
veamos si brotan las vides,
si se han abierto sus flores
y si han florecido los granados.
Allí te daré mis amores.
Las mandrágoras han dado su fragancia,
y a nuestras puertas hay toda clase de frutas escogidas,
tanto nuevas como añejas,
que he guardado, amado mío, para ti.

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Yo soy de mi amado y mi amado es mío

Yo soy de mi amado y mi amado es mío · Fotografía: Szilágyi Lenke
· Cantar de los Cantares, 9 ·
Yo soy de mi amado y mi amado es mío
Fotografía: Szilágyi Lenke

¿A dónde se ha ido tu amado,
oh, la más hermosa de todas las mujeres,
a dónde se ha dirigido tu amado,
para que lo busquemos contigo?
Mi amado ha descendido a su huerto,
a las eras de las especias,
para apacentar su rebaño entre los huertos
y recoger los lirios.
Yo soy de mi amado y mi amado es mío;
él apacienta entre los lirios.

Eres hermosa como Tirsa, amada mía;
encantadora como Jerusalén;
imponente como ejércitos con estandartes.
Aparta de mí tus ojos,
porque ellos me han convencido.
Tu cabello es como rebaño de cabras
que descienden de Galaad.
Tus dientes son como rebaños de ovejas
que suben del lavadero,
todas con crías gemelas,
y estéril no hay entre ellas.
Tus mejillas son como mitades de granadas
detrás de tu velo.
Sesenta son las reinas y ochenta las concubinas,
y las doncellas, sin número;
pero una es mi paloma, mi perfecta;
es la hija única de su madre,
la escogida de la que la dio a luz.
Las doncellas la vieron y la llamaron bienaventurada,
también las reinas y las concubinas, y la alabaron diciendo:
¿Quién es esta que se asoma como el alba,
hermosa como la luna llena,
refulgente como el sol,
imponente como ejércitos abanderados?
Al huerto de los nogales descendí
a ver los frutos del valle,
y para ver si brotaban las vides,
si florecían los granados.
Y antes de que me diera cuenta,
mi alma me colocó
sobre los carros de mi noble pueblo.

Regresa, regresa, oh, sulamita;
regresa, regresa para que te contemplemos.

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Este es mi amado

Este es mi amado · Fotografía: Hengki Koentjoro
· Cantar de los Cantares, 8 ·
Este es mi amado
Fotografía: Hengki Koentjoro

¿Qué clase de amado es tu amado,
oh, la más hermosa de todas las mujeres,
qué clase de amado es tu amado
para que así nos conjures?

Mi amado es resplandeciente y sonrosado,
distinguido entre diez mil.
Su cabeza es como oro, como oro puro;
sus cabellos, como racimos de dátiles,
negros como el cuervo.
Sus ojos son como palomas
junto a corrientes de agua,
bañados en leche
y a la perfección colocados.
Sus mejillas, como eras de bálsamo,
como riberas de hierbas aromáticas;
sus labios son lirios
que destilan mirra fragante.
Sus manos, como anillos de oro
engastados de jacintos;
su vientre, marfil tallado
recubierto de zafiros.
Sus piernas, columnas de alabastro
asentadas sobre basas de oro puro;
su aspecto, como el Líbano,
gallardo como los cedros.
Su paladar, dulcísimo,
y todo él deseable.
Este es mi amado, este es mi amigo,
hijas de Jerusalén.

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Mis manos destilaron mirra

Mis manos destilaron mirra · Fotografía: Mercuro B. Cotto
· Cantar de los Cantares, 7 ·
Mis manos destilaron mirra
Fotografía: Mercuro B. Cotto

He entrado en mi huerto, hermana, esposa mía;
he recogido mi mirra con mi bálsamo.
He comido mi panal y mi miel,
he bebido mi vino y mi leche.
Comed, amigos;
bebed en abundancia, oh, amados.

Yo dormía, pero mi corazón velaba.
¡Una voz! ¡Mi amado llama a la puerta!
Ábreme, hermana mía, amada mía,
paloma mía, perfecta mía,
porque mi cabeza está llena de rocío,
mis cabellos mojados de la humedad de la noche.
Me he quitado mi ropa,
¿cómo he de vestirme de nuevo?
He lavado mis pies,
¿cómo los volveré a ensuciar?
Mi amado metió su mano por la ventana,
y se estremecieron por él mis entrañas.
Yo me levanté para abrir a mi amado,
y mis manos destilaron mirra,
y mis dedos mirra líquida
sobre el pestillo de la cerradura.
Abrí yo a mi amado,
pero mi amado se había retirado, se había ido.
Tras su hablar salió mi alma.
Lo busqué, y no lo hallé;
lo llamé, y no me respondió.
Me hallaron los guardas que rondan la ciudad;
me golpearon y me hirieron;
me quitaron mi manto los guardas de las murallas.
Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalén,
si encontráis a mi amado,
¿qué le habéis de decir?
que estoy enferma de amor.

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Miel virgen destilan tus labios

Miel virgen destilan tus labios
· Cantar de los Cantares, 6 ·
Miel virgen destilan tus labios

Ven conmigo desde el Líbano, esposa mía,
ven conmigo desde el Líbano.
Baja desde la cumbre del Amaná,
desde la cumbre del Senir y del Hermón,
desde las guaridas de los leones,
desde los montes de los leopardos.
Has cautivado mi corazón, hermana mía, esposa mía;
tus ojos han cautivado mi corazón,
con una sola hebra de tu cuello.
¡Cuán hermosos son tus amores, hermana mía, esposa mía!
¡Cuánto mejores tus amores que el vino,
y fragancia de tus ungüentos
que todos los bálsamos!
Miel virgen destilan tus labios, esposa mía;
miel y leche hay debajo de tu lengua;
y la fragancia de tus vestidos es como la fragancia del Líbano.
Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía;
fuente cerrada, fuente sellada.
Tus renuevos son paraíso de granados,
con frutas escogidas, alheña y nardos;
nardo y azafrán, cálamo aromático y canela,
con todos los árboles de incienso,
mirra y áloes, con todos los mejores bálsamos.
Tú eres fuente de huertos,
pozo de aguas vivas
y corrientes que fluyen del Líbano.

Despierta, viento del norte,
y ven, viento del sur,
haced que mi huerto exhale fragancia
y que se expandan sus aromas.
Venga mi amado a su huerto
y coma de su dulce fruta.

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Toda tú eres hermosa, amada mía

Toda tú eres hermosa, amada mía · Fotografía: George Hoyningen-Huene
· Cantar de los Cantares, 5 ·
Toda tú eres hermosa, amada mía
Fotografía: George Hoyningen-Huene

Cuán hermosa eres, amada mía,
cuán hermosa eres.
Tus ojos son como palomas detrás de tu velo;
tus cabellos, como rebaño de cabras
que descienden del monte Galaad.
Tus dientes son como rebaños de ovejas trasquiladas
que suben del lavadero,
todas con crías gemelas,
y ninguna entre ellas estéril.
Tus labios son como hilos de escarlata,
y tu boca, encantadora.
Tus mejillas, como mitades de granada
detrás de tu velo.
Tu cuello, como la torre de David,
edificada con hileras de piedras;
miles de escudos cuelgan de ella,
todos escudos de valientes.
Tus pechos, como crías de gacela
que apacientan entre los lirios.
Hasta que apunte el día y huyan las sombras,
me iré al monte de la mirra,
y al collado del incienso.
Toda tú eres hermosa, amada mía,
toda tú eres hermosa.

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«¿Quién es esta que sube del desierto?»
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«Miel virgen destilan tus labios»

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¿Quién es esta que sube del desierto?

¿Quién es esta que sube del desierto? · Fotografía: Hengki Koentjoro
· Cantar de los Cantares, 4 ·
¿Quién es esta que sube del desierto?
Fotografía: Hengki Koentjoro

¿Quién es esta que sube del desierto
como columna de humo,
con aroma de mirra y de incienso
y de todos los perfumes exóticos?
He aquí, es la litera de Salomón;
sesenta valientes la rodean,
de los valientes de Israel.
Todos ellos tienen espadas,
son diestros en la guerra;
cada uno tiene la espada a su lado,
por los peligros de la noche.
El rey Salomón se hizo una carroza
de madera del Líbano.
Hizo sus columnas de plata,
su respaldo de oro,
su asiento de púrpura,
su interior tapizado con amor
por las hijas de Jerusalén.
Salid, hijas de Sión,
y ved al rey Salomón
con la corona con que le coronó su madre
en el día de su desposorio
y del gozo de su corazón.

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«Toda tú eres hermosa, amada mía»

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Cantar de los Cantares

Buscaré al que ama mi alma

Buscaré al que ama mi alma · Fotografía: Édouard Boubat
· Cantar de los Cantares, 3 ·
Buscaré al que ama mi alma
Fotografía: Édouard Boubat

En mi lecho, por las noches, he buscado
al que ama mi alma;
lo busqué, mas no lo hallé.
Me levantaré y vagaré por la ciudad;
por las calles y por las plazas
buscaré al que ama mi alma;
lo busqué, mas no lo hallé.
Me hallaron los guardas que rondan la ciudad,
y les dije: ¿habéis visto al que ama mi alma?
Y apenas los hube dejado atrás,
hallé al que ama mi alma;
Lo así, y no quise soltarlo,
hasta que lo introduje en la casa de mi madre,
y en la alcoba en la que me concibió.

Yo os conjuro, hijas de Jerusalén,
por las gacelas y las ciervas del campo,
que no levantéis ni despertéis a mi amor,
hasta que quiera.

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Así es mi amado entre los jóvenes

Así es mi amado entre los jóvenes · Fotografía: Uwe Langmann
· Cantar de los Cantares, 2 ·
Así es mi amado entre los jóvenes
Fotografía: Uwe Langmann

Yo soy la rosa de Sarón,
y el lirio de los valles.

Como el lirio entre los espinos,
así es mi amada entre las doncellas.

Como el manzano entre los árboles del bosque,
así es mi amado entre los jóvenes.
Bajo la sombra del deseado me senté,
y su fruto fue dulce a mi paladar.
Me llevó a la sala del banquete,
y su estandarte fue amor sobre mí.
¡Sustentadme con pasas,
confortadme con manzanas,
porque estoy enferma de amor!
Que esté su izquierda bajo mi cabeza,
y su derecha me abrace.

Yo os conjuro, hijas de Jerusalén,
por las gacelas y por las ciervas del campo,
que no levantéis ni despertéis a mi amor
hasta que quiera.

¡La voz de mi amado!
He aquí que él viene
saltando por los montes,
brincando por los collados.
Mi amado es semejante al corzo,
o al cervatillo.
Y he aquí que está tras la pared,
mirando por las ventanas,
atisbando por las celosías.
Mi amado habló, y me dijo:

Levántate, amada mía, hermosa mía,
y ven conmigo. 

Porque ya ha pasado el invierno,
se ha mudado y la lluvia se fue;
han aparecido las flores en la tierra,
ha llegado el tiempo de la poda,
y se oye la voz de la tórtola en nuestra tierra.
La higuera ha madurado sus higos,
y las vides en flor han esparcido su fragancia.
Levántate, amada mía, hermosa mía,
y ven conmigo.
Paloma mía, que estás entre las peñas,
en lo secreto de la senda escarpada,
déjame ver tu semblante,
déjame oír tu voz,
porque dulce es tu voz
y hermoso tu semblante.

Cazadnos las zorras,
las zorras pequeñas que arruinan las viñas;
porque nuestras viñas están en flor.

Mi amado es mío, y yo suya;
él apacienta su rebaño entre los lirios.
Hasta que apunte el día y huyan las sombras,
vuelve, amado mío, y sé semejante a una gacela,
o a un cervatillo sobre los montes de Beter.

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¡Que me bese con los besos de su boca!

CANTAR DE LOS CANTARES

¡Que me bese con los besos de su boca! · Fotografía: Vladimir Lagrange
· Cantar de los Cantares, 1 ·
¡Que me bese con los besos de su boca!
Fotografía: Vladimir Lagrange

¡Que me bese con los besos de su boca!
Porque mejores son tus amores que el vino;
tus ungüentos tienen olor agradable
y tu nombre es como ungüento derramado;
por eso te aman las doncellas.
¡Llévame en pos de ti y corramos juntos!
El rey me ha conducido a sus cámaras.

Gozaremos y nos alegraremos en ti,
exaltaremos tu amor más que el vino.
¡Con razón eres amado!

Soy morena pero hermosa,
hijas de Jerusalén;
como las tiendas de Cedar,
como las cortinas de Salomón.
No reparéis en que soy morena,
porque me ha quemado el sol.
Los hijos de mi madre, airados contra mí,
me pusieron a guardar viñas;
y mi propia viña no guardé.
Dime tú, amado de mi alma,
¿dónde apacientas tu rebaño?,
¿dónde descansas al mediodía?,
¿por qué he de estar vagando
tras los rebaños de tus compañeros?

Si tú no lo sabes,
¡oh, la más hermosa de las mujeres!,
sigue las huellas del rebaño
y apacienta tus cabritas
junto a las cabañas de los pastores.

A mi yegua, entre los carros del faraón,
te comparo, amada mía.
Hermosas son tus mejillas entre los adornos,
tu cuello entre los collares.

Zarcillos de oro te haremos,
con cuentas de plata.

Mientras el rey estaba en su mesa,
mi nardo esparció su fragancia.
Mi amado es para mí un manojito de mirra
que reposa toda la noche entre mis pechos.
Racimo de flores de alheña es mi amado para mí
en las viñas de Engadí.

He aquí que tú eres hermosa, amada mía;
he aquí que eres bella;
tus ojos son como palomas.

He aquí que tú eres hermoso, amado mío,
y tan placentero.
Nuestro lecho es de flores,
las vigas de nuestra casa son de cedro
y los artesonados de ciprés.

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