Ideas, comunidades y naciones

Ideas, comunidades y naciones
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Ideas, comunidades y naciones

El nacionalismo embriaga porque promueve una sensación de comunidad, de separación, de excepcionalidad y, a menudo, también de superioridad. Las sociedades que se emborrachan con el fervor nacionalista están dispuestas a cometer sacrificios y crueldades sin parangón. Con la excepción de la religión, el nacionalismo ha sido a lo largo de la historia el mayor estímulo para entregar la propia vida en el nombre de una idea abstracta y metafísica, como es la de nación. Marx trató de persuadirnos de que la religión es el opio del pueblo, y lo mismo podría decirse del nacionalismo: altera el estado de la conciencia y permite que los individuos se entreguen a la comunidad con celo y suprema lealtad, en un gesto que en muchos casos linda con lo irracional y que, en circunstancias distintas, sería difícil comprender.

© Łukas Zkamieński
Shooting Up, 2016

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Congresos y concilios

Congresos y concilios
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Congresos y concilios

Concluidas las reuniones y dividido el territorio, los dirigentes realizaban absurdas declaraciones y abrazaban a los antiguos adversarios con la sonrisa de quien tiene en la cartera una oferta inmejorable que no se puede rechazar. Mientras tanto, asociados y secuaces de una y otra banda anotaban los testigos y esperaban en el patio a que fueran necesarios sus encargos para afianzar por otros medios las victorias conseguidas. Los congresos habían terminado.

© Fran Vega, 2017

Mortificado sea tu nombre

Mortificado sea tu nombre
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Mortificado sea tu nombre

Crecerá como el espino, extenderá su oscuro inframundo y levantará murallas de acero y granito sobre las tierras y los hombres, pero las mismas fieras que ahora le alimentan lamerán su sangre y morderán su calavera antes de que el tiempo pase. Y cuando ya no esté, su nombre será tan solo una leyenda entre la crónica de la dignidad que desde hace generaciones escriben quienes nunca pretendieron levantar murallas ni alambradas y quienes jamás quisieron tenerlas en sus vidas.

© Fran Vega, 2017

Tratado de lógica formal

Tratado de lógica formal · Fotografía: David Talley
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Tratado de lógica formal
Fotografía: David Talley

El mundo civilizado recuperaba el orden establecido a lo largo de la historia y los presidentes de los países desarrollados eran elegidos en rigurosa democracia por alegres ciudadanos de estúpida memoria y oscurísima conciencia.

© Fran Vega, 2016

El Libro de Marianías

El Libro de Marianías
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El Libro de Marianías

Yo apacentaba mis corderos y dormía la siesta bajo la higuera de la indolencia mientras los lobos aullaban y se despedazaban entre ellos sin que fueran necesarias mi acción ni mi palabra. Cuando desperté y abrí los ojos, de mis enemigos solo quedaban los pellejos, las vísceras desparramadas y algunos supervivientes que pronto ofrecerían su cuello ante el único y magnánimo vencedor: yo.
Todo estaba, por fin, en orden.

© Fran Vega, 2016

Get up and fight!

Get up and fight! · Fotografía: John Rooney
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Get up and fight!

Fotografía: John Rooney

Sonny Liston. Es el hombre que está tumbado en la lona, al que Muhammad Alí —ya nunca más sería Cassius Clay— acaba de alcanzar con un golpe de derecha y le grita: Get up and fight! Levántate y pelea. Era el 25 de mayo de 1965, estaba en juego el título de campeón del mundo de los pesos pesados y solo habían transcurrido dos minutos y doce segundos desde el inicio del combate. Una derrota heroica.
Levántate y pelea. Sonny Liston observa a su rival, que se sabe ya triunfador. Y mientras el árbitro cuenta los diez segundos decisivos, él piensa, calcula y comprende.
Uno, dos, tres… Get up and fight!… ¿Levantarme? ¿Pelear?… cuatro, cinco… Para qué levantarme y seguir luchando, vas a ganarme en este asalto o quizá en el siguiente… seis, siete… Get up and fight!… Me partirás la nariz y me abrirás las cejas, saldré sangrando de aquí y tal vez muerto o malherido… ocho, nueve… Get up and fight!… No voy a seguir, no voy a ponerme en pie ni permitir que acabes conmigo… Get up and fight!… Grita, triunfa y gana, llévate la gloria, déjame caído en la derrota y vence… Get up and fight!… ¡Diez!… Vence, triunfa y grita.
Desde que el golpe de Alí ha alcanzado su rostro, Sonny Liston sabe que ha perdido. Pero no ha necesitado diez segundos para comprender que el grito del campeón es solo la invocación de un triunfo que aún quisiera prolongar durante cuatro o cinco asaltos para hacer más meritorio el campeonato.
Sonny Liston no le da esa oportunidad. Se mantiene tumbado en la lona, escucha la sucesión de segundos y espera. Espera porque ya ha perdido y porque levantarse sería perder aún más. Espera porque entiende que hay un instante perfecto en la vida en el que ya no hay que seguir luchando. Y esperará después a que todo forme parte del olvido.
Get up and fight! No. Ya he peleado bastante. Ya he sido campeón del mundo. Ya ha sido suficiente. Te dejo en pie sobre la lona y nunca más me vencerás. I am the greatest! No. De los dos, yo soy ahora el más grande, porque tengo el valor y la constancia que las grandes derrotas requieren y exigen.
Y esa es la poderosa y exacta razón por la que no voy a levantarme.

(Sonny Liston, que había sido campeón del mundo en 1962 tras noquear también en el primer asalto a Floyd Patterson, se levantó después de doce segundos. Algunos dijeron que el árbitro había contado demasiado rápido; otros, que había recibido en su rostro el golpe perfecto. Murió cinco años después en extrañas circunstancias. Algunos dijeron que la mafia le había ajustado las cuentas tras haberse negado a un tongo en su último combate contra Chuck Wepner, al que Liston destrozó la cara. Tenía 38 años. Y se había permitido el lujo de dejar que Alí siguiera gritando sobre el cuadrilátero: Get up and fight!, Get up and fight!).

© Fran Vega, 2016

Arrastrados

Arrastrados
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Arrastrados

Arañad en nuestros monederos y nuestros platos, quitadnos lo que aún no nos habéis quitado a cambio de lo que tanto os dimos, pedidnos más todavía para aumentar vuestros salarios y complementos y colmad vuestros paraísos y caudales con lo que ya ni siquiera tenemos, que un día sabotearemos vuestras tumbas aunque tengamos que llegar hasta ellas empobrecidos y arrastrados.

© Fran Vega, 2016

Nadie asciende al poder soberano salvo el virtuoso

Damasco
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Nadie asciende al poder soberano salvo el virtuoso

Siria es un lugar que produce telas a prueba de fuego, inciensos que devuelven la vida, perlas lunares brillantes y gemas que resplandecen en la noche. Los bandidos y los ladrones son desconocidos allí y la gente goza de paz y felicidad. Nada prevalece salvo las leyes ilustres; nadie asciende al poder soberano salvo el virtuoso.

Crónica de un viajero chino del siglo VII
Citado por Peter Frankopan en The Silk Roads (2015)

Al sol que más calienta

Al sol que más calienta · Fotografía: Ramón Masats
· Apuntes del Subsuelo ·
Al sol que más calienta
Fotografía: Ramón Masats

Como todas las sociedades felices se parecen, pero las desdichadas lo son cada una a su manera, dejemos que la islandesa se indigne porque un primer ministro les ha engañado y que la francesa se eche a la calle por una injusta reforma laboral, que en la nuestra hay buen fútbol, paella, cervecita, sol y gobiernos de ocasión. ¿Qué ocurre, entonces, si lo tenemos todo para ser la locomotora de Europa?

Apuntes del Subsuelo, 9
© Fran Vega, 2016

Por treinta monedas de plata

Por treinta monedas de plata · Fotografía: Daniel Mihailescu
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Por treinta monedas de plata
Fotografía: Daniel Mihailescu

Procesiones en Idomeni hacia la Europa cristiana y defensora de los derechos humanos que en los días de Semana Santa condena la traición por treinta monedas de plata.
Dos mil años nos separan de lo que ahora se celebra. Dos mil kilómetros separan Idomeni de Bruselas.

© Fran Vega, 2016

El drama intrascendente

El drama intrascendente (entre Grecia y Macedonia) · Fotografía: Vadim Ghirda
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El drama intrascendente (entre Grecia y Macedonia)
Fotografía: Vadim Ghirda

Aguanta, hijo mío, aguanta hasta Europa, soporta el frío, el hambre y la lluvia conmigo, huyamos juntos de una guerra que otros inventaron. Te llevaré en brazos durante el camino y daré la vida si hace falta para que puedas crecer, estudiar y trabajar en un país libre sin bombas ni tiranos.
Cuando por fin cruzaron la frontera, los guardias les obligaron a volver en un tren de mercancías porque los gobiernos de la Europa democrática así lo habían acordado.

© Fran Vega, 2016

Mármoles y espinos

Mármoles y espinos · Fotografía: Vivian Maier
· Apuntes del Subsuelo ·
Mármoles y espinos
Fotografía: Vivian Maier

Que nos agoten con sus pactos mientras el invierno pasa, que nos aburran con sus acuerdos figurados y que nos irriten hasta el límite con sus discursos trasnochados de equidistancia y unidad, que nosotros hace tiempo que aprendimos que tumbados en la playa hasta los próximos comicios nada malo puede sucedernos, excepto que tengamos ocasión de quejarnos otra vez del gobierno que nos dieron y no supimos contener. Que nos muestren panes y alhelíes donde existen mármoles y espinos.

© Fran Vega, 2016

En defensa propia

En defensa propia · Fotografía: Armineh Johannes
· Apuntes del Subsuelo ·
En defensa propia
Fotografía: Armineh Johannes

Vinieron primero a por lo nuestro, a por nuestro nombre y nuestra tierra. Después vinieron a por los nuestros, a por nuestros hijos, a por sus tierras y los nombres de sus hijos. Y después vinieron a por nuestra dignidad y nuestra memoria. Pero no volvieron.

© Fran Vega, 2016

El perseguidor

El perseguidor · Fotografía: Tony Catani
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El perseguidor
Fotografía: Tony Catani

Cruza la línea. Y dejaré atrás lo mío y a los míos, abandonaré mi casa y mi ciudad, recorreré todos los caminos y senderos, buscaré en los valles y en los bosques y no permitiré que mi alma se detenga hasta dormir en calma sobre tu fría calavera. Cruza la línea.

© Fran Vega, 2016