La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad

La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 69 ·
Fran Vega
La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad
Fotografía: Rodney Smith

Estoy en condiciones de afirmar que la otra tarde fue una de las más extraordinarias que recuerdo en compañía de todas mis amistades, pues en tan digna fecha conmemoré la colosal jornada en la que tuve el contento de ser bien recibido en este mundo y no en los colindantes o adyacentes. Carmencita y Abisinio pidieron permiso a Teodomiro para el usufructo temporal del Negociado de Reclamos, ya que organizaron un generoso ágape en el que no faltaron los refrescos, los frutos secos y las croquetas de gallina con unas briznas de panceta y que culminó con una opípara ronda de sorprendentes descafeinados. Y Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, proclamó con su propia solemnidad que de vez en cuando es bueno olvidar los infraconvenios para convertir los negociados en lugares de esparcimiento y mucha broma. Por la tarde, en el cafetín, Fulgencio, Lupicinio y Teofrasto me cedieron el mejor sitio de la mesa para la partida de guiñote, Justito sirvió unas gaseosas estupendas y Tadeo puso durante un buen rato bonitos discos de zarzuela, así que no pude sentirme más feliz y agradecido por estos prodigiosos homenajes. Y como decían con frecuencia el bisabuelo Conrado y el abuelo Conradino, en la vida hay que tener armonía, memoria, paciencia y equidad, así que aproveché la placentérrima jornada para poner en práctica estas sabias enseñanzas de tan profundo sentido y extensa aplicación y adquirí en la confitería de Cristeta unos pastelillos de ponche y dos botellas de sifón, porque no puede haber nada mejor que compartir con tantas amistades como tengo las cosas buenas de nuestra cóncava existencia. Después me acordé también de que el bisabuelo Conrado y el abuelo Conradino sostenían que las tardes glaucas de líneas pardas anuncian siempre noches garzas de luces gualdas, pero eso ya no sé qué significado puede tener ni por qué acude ahora a mi corto entendimiento. Voy a peinarme.

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© Fran Vega, 2017

Los panoramas circunflejos de nuestra cóncava existencia

Los panoramas circunflejos de nuestra cóncava existencia · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 68 ·
Fran Vega
Los panoramas circunflejos de nuestra cóncava existencia
Fotografía: Tommy Ingberg

Hoy estoy muy contento porque se celebran comicios vinculantes en los distritos suburbiales de nuestra excelsa población, que es un raro mecanismo por el que los alegres ciudadanos y simpáticos contribuyentes acudimos a saludar a intendentes y gobernantes, proclamamos nuestra perplejidad y turbación por los pensamientos incumplidos y les renovamos la autorización para que puedan ejercer su pintoresca actividad durante unos cuantos años más. Es muy bonito dedicar un día de fiesta a esta honrada diligencia, que habitualmente cometemos con gran esmero y entusiasmo, y tener después la urbana complacencia de haber contribuido al engrandecimiento y desarrollo de nuestra prospérrima y periférica metrópoli. Por si fuera poco, tengo entendido que en otras subcomarcas proceden de igual modo y que en los países extranjeros y mundos adyacentes también se practica esta digna tradición, aunque solo sea para demostrar que todos estamos de acuerdo en hacer guasas y cuchufletas de forma periódica y puntual. Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, decía ayer que hay que defender las propuestas de quienes apoyan la reducción de impuestos por merendar arenques y chistorra los jueves por la tarde, pero Abisinio se mostraba firme partidario de quienes impulsan la creación de una nueva autoridad o institución para controlar la propagación de la rana cuadriparda en nuestros parajes naturales, lo que no deja de ser una interesante ocurrencia de gran usanza y utilidad. También en el cafetín de Tadeo comentaron por la tarde que dos infraconcejales habían recibido boinazos variados en el parque de los Querubines y que incluso uno de ellos había perdido en la algarada dos botones del chaleco, luctuoso acontecimiento que ha enturbiado un poco los prolegómenos retóricos de esta histórica jornada y que me hizo pensar durante un buen rato en los panoramas circunflejos que condicionan nuestra cóncava existencia, quizá aturdido por las circunstancias antedichas o porque a veces no entiendo las cosas que afectan a los universos circundantes de compleja explicación. Voy a ver si han crecido los geranios.

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«La serena algarabía y los raros argumentos»
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Los sombreritos de marzo y los chalecos de abril

Los sombreritos de marzo y los chalecos de abril · Fotografía: Howard W. Davidson
· Diario de un hombre ridículo, 65 ·
Fran Vega
Los sombreritos de marzo y los chalecos de abril
Fotografía: Howard W. Davidson

Esto de la primavera es un invento fabuloso. En cuanto gira el calendario y asoman unos cuantos rayos de sol por la glorieta de los Lirios, la vida cambia en un momento y las gentes parecen más contentas y dichosas, con sus sombreritos de marzo y sus chalecos de abril. Carmencita, la de Contaduría, ha hecho unas declaraciones esta misma mañana con las que ha confirmado su irrevocable disposición de abrir las ventanas de los negociados para que llegue aire fresco a los anaqueles de los formularios, acontecimiento que no se producía desde finales de septiembre. Y el propio Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, ha dicho que no se opondrá a semejante providencia porque no la considera vinculante a la pertinaz lucha de clases. Esto es todo contento y alegría. Por la tarde comenté lo sucedido en el cafetín de Tadeo antes de que llegara Bernardino, porque una tarde de mayo se rompió una clavícula jugando a la petanca y la primavera le trae malos recuerdos, y después de que Imeldo se marchara, porque solo sonríe los jueves y los martes se le pone como una dolencia en la región occipital. Todas mis amistades han coincidido al afirmar que el buen tiempo es inminente y que hay que empezar a poner alcanfor en los bolsillos de los chalecos oscuritos, no vaya a ser que Tadeo instale el velador un día de estos y nos sorprenda sin los atuendos necesarios, lo que sería un infortunio de embarazosa solución. Por mi parte, he decidido dejar a mano los paraguas importantes porque nunca se sabe qué piensan en los cielos en estas tardes prominentes. Qué alborozo, cuánto alboroto.

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La arcana realidad de nuestros negociados

La arcana realidad de nuestros negociados · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 60 ·
Fran Vega
La arcana realidad de nuestros negociados
Fotografía: Francesc Català-Roca

Andan estos días muy revueltas todas las temáticas cabales y concretas, porque ahora nadie quiere tener en cuenta los innúmeros desvelos de nuestro egregio jefe oficinesco y todas las gentes entienden que los estrambóticos enigmas que nos conciernen pueden solventarse en un periquete. Resulta que Teodomiro insiste en trasladar el Negociado de Reclamos que con tanto fervor dirige hasta el final del subpasillo, más cerca de Contaduría y Pagaduría que del Negociado de Pólizas y Recargos que Abisinio regenta con verdadera vocación, lo que nos privaría a todos del chiribitil en el que casi a diario almorzamos ensaladas de caballa y bocadillos de calamares encebollados. Y según dice Ercilio, que de cualquier asunto sabe mucho, eso no puede ser. Y, al mismo tiempo, el Sindicato de Oficinistas, del que Amalio es unánime representante y facundo portavoz, había prometido que para este año tendríamos lapiceros nuevos y papel de calco desechable, pero parece que la intransigencia de los mercados y la arcana realidad impedirán conjuntamente alcanzar tan honestas y antiguas aspiraciones. Yo ya sé que a veces no entiendo las cosas, pero me parece a mí que Teodomiro no se percata de que la migración de su negociado no impediría el acecho y avistamiento de nuestro jefe oficinesco, más aún cuando acaba de entrar en vigor el nuevo Impuesto sobre Actos Impropios Documentados, y que Amalio tendría que acudir algunas tardes al cafetín de Tadeo para que los hermanos Hinojosa le ilustraran acerca de todas las problemáticas de los universos propios y adyacentes. Por mi parte, consultaré mañana mismo a Magdaleno, que no sin motivo es bedel en la Delegación de Asuntos Insólitos y conoce extravagantes entelequias y extrañérrimas certidumbres.

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Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes

Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes · Fotografía: Gilbert Garcin
· Diario de un hombre ridículo, 59 ·
Fran Vega
Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes
Fotografía: Gilbert Garcin

Esta mañana he tenido que salir a los universos exteriores con el fin de resolver unas gestiones importantes que nuestro egregio jefe oficinesco me había encomendado, de modo que he aprovechado la trascendente circunstancia para visitar a mi amigo Severino, que es un imprescindible infraordenanza en el Registro de Entidades Superfluas, aunque muy bien podría desempeñar el elevado puesto de Magdaleno, que no por nada es bedel en la segunda planta de la Delegación de Asuntos Insólitos. Hemos parloteado un rato junto a la salamandra del pasillo y me ha puesto al día de algunos acontecimientos que sin duda cambiarán la historia de nuestra excelsa subcomarca, pues parece que las beneméritas autoridades están considerando la posibilidad de camuflar el Impuesto sobre Actividades Improbables y velar ipso facto y sine die por los trámites rotatorios del Infracomité de Proyectos Ficticios y la Subcomisión de Planificaciones Ilusorias, de modo que resulte más conspicuo acudir a la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas en caso de incumplir o quebrantar el Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. Todo ello me ha colmado de alegría y he regresado muy contento por la avenida de los Iscariotes para dar cuenta a mi acreditado y referente jefe, quien ha tenido a bien abandonar por un instante el cálculo de las apuestas deportivo-benéficas para brincar de puro agrado mientras besaba con entusiasmo su escapulario de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto. Pero dice Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que no hay que fiarse demasiado de lo que dicen las magnas potestades, porque al final incrementarán la cuantía del Impuesto sobre Abstracciones Divergentes y todo quedará más o menos ponderado. Y yo no sé qué pensar, así que voy a ponerme el sombrero oscurito para acudir con calma y con paraguas al cafetín de Tadeo, donde todas mis amistades saben de las cosas y las describen de forma tan estilosa como estupenda.

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«Omnifalibles murmullos del magín»
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Contubernios y algaradas en horas de oficina

Contubernios y algaradas en horas de oficina · Fotografía: Kevin Corrado
· Diario de un hombre ridículo, 48 ·
Fran Vega
Contubernios y algaradas en horas de oficina
Fotografía: Kevin Corrado

Esta mañana se ha armado en la oficina un alboroto morrocotudo que nos ha dejado a todos patidifusos y confusos. Resulta que al jefe, que es muy devoto de la Virgen de la Alameda, no le gusta que nos reunamos a la hora del almuerzo en el Negociado de Pólizas y Recargos, a pesar de que Abisinio trae a veces una empanada de atún que está muy rica, porque dice que siempre quedan muchos formularios sin ordenar y que de esos contubernios solo pueden surgir rebeliones y algaradas. Así que ha decidido que cada uno tiene que almorzar en su propio negociado, sin que tengamos oportunidad de parlotear entre nosotros sobre los episodios de la vida circundante. Esto ha colmado la paciencia de Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que dice que ahora va a liar una buena de verdad, porque piensa poner dos carteles reivindicativos en los escusados y otro más junto a la multicopista y que todos los miércoles pares de los meses impares permanecerá de pie en el pasillo durante un buen rato como palmaria forma de protesta. A mí me parece que nuestro jefe oficinesco está un poco turulato, pero él sabrá lo que hace, porque a jefe no llega cualquiera y él siempre ha sido un hombre de primorosa conciencia. Después comenté estos acontecimientos en el cafetín de Tadeo y Ginés, que es la monda, dijo algo sobre el derecho del obrero y la tiranía del sistema, pero Argimiro enseguida le pidió que se dejara de tanta cháchara difusa y jugara sus cartas de una vez. Seguramente se trataba de una de sus chanzas y tontunas, porque no creo que de repente se haya vuelto anarquista, aunque yo a veces no entiendo las cosas y confundo el sentir con el pensar. Voy a escuchar el boletín de la radio, por si ha ocurrido hoy algo importante.

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«Están las gentes como en sordina»

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Cabales remedios para las ocurrencias

Cabales remedios para las ocurrencias · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 44 ·
Fran Vega
Cabales remedios para las ocurrencias
Fotografía: Tommy Ingberg

Se están produciendo en nuestra excelsa subcomarca algunos cambios sorprendentes en los que no dejo de pensar un ratito cada tarde. Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, ha resuelto acudir al trabajo sin corbata, lo que me resulta incomprensible en un hombre con un predicamento como el suyo. Cuando dejó de usar sombrero me pareció una extravagancia que solo podía ser resultado de un alboroto transitorio, pero abandonar la corbata en el armario y acudir a la oficina luciendo la medallita de la Virgen de la Tregua resulta todo un despropósito en alguien que camina por las calles con la testa en evidencia. Tadeo, por su parte, ha decidido que los domingos en el cafetín no solo servirá ponche por las tardes, sino naranjada y limonada en vaso alto y con pajita, que por algo la semana pasada invirtió sus alcancías en un artilugio manual adquirido con este fin, y ha colocado un pizarrón en la entrada con este ingenioso y sugerente anuncio: «Hay naranjada. Hay limonada». Ginés, que es la monda, dijo que tenía que escribirlo también en germánico y londinense, pero ni siquiera Carioco supo traducirlo, y eso que es el más feo de los hermanos Hinojosa, así que Justito dibujó unas naranjas muy graciosas junto a unos cubitos de hielo y se olvidó de los limones. También quiere sustituir las croquetas de gallina por unas modernas empanadillas de chicharrones y que los frutos secos de la barra precedan en importancia a las torrijas, porque dice que así su balanza de pagos tendrá espléndidas mejoras. Yo no sé bien qué significan estas cosas, porque a mí me parece que lo más importante es que todas las amistades estemos contentas mientras jugamos al guiñote o parloteamos de los relevantes episodios que nos acontecen a diario, pero por hoy ya he cavilado bastante, así que voy a tomar de inmediato media copita de brandy, porque dice Don Helesponto que es muy bueno para las ocurrencias.

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«La ordenación del mundo relevante»
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«Las cosas que yo no puedo comprender»

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Raros acontecimientos en los albores del otoño

Raros acontecimientos en los albores del otoño · Fotografía: Valentín Canadell
· Diario de un hombre ridículo, 41 ·
Fran Vega
Raros acontecimientos en los albores del otoño
Fotografía: Valentín Canadell

Ayer ocurrió un sorprendente suceso que me causó una gran inquietud. Resulta que estaba sentado en el velador del cafetín de Tadeo en compañía de Imeldo, que es reparador de calderines y solo sonríe los jueves, cuando de repente se abalanzaron sobre nuestras personas unos oscuros nubarrones de aspecto malicioso y comenzó a llover. Yo me quedé estupefacto ante semejante circunstancia acontecida a principios del otoño y Cristóforo y Tadeo salieron del cafetín con el espanto en sus facies. ¿Qué ocurre aquí?, preguntaron al unísono no sin cierto arrobamiento. Que llueve, respondí para iluminar sus atribuladas mentes. Después de unos momentos de expectante coyuntura, todos nos pusimos a ayudar a Justito para que no se mojaran los veladores y Tadeo esparció un poco de serrín en el suelo para que cuando llegara Sinforoso no se partiera las tibias al resbalar. Dijo entonces Carioco, que es el más feo de los hermanos Hinojosa, que es costumbre muy antigua que llueva en esta época del año, pero a Teofrasto le pareció un acontecimiento muy raro, seguramente porque antes era afilador y de estas cosas sabe mucho, y esta mañana ha dicho Amalio en su negociado que todo forma parte de la misma lucha de clases, tal vez porque él es vicemiembro del Sindicato de Oficinistas y se percata bien de las temáticas. Y yo no sé qué pensar, porque aunque a veces no entiendo las cosas, me da la impresión de que unos días llueve y otros no, así que mañana mismo hablaré con Magdaleno, que por algo es el bedel de la Delegación de Asuntos Insólitos. Voy a tomar un poco de ponche para el destemple.

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«Cuánto aprendo en los debates cafetinescos»

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© Fran Vega, 2016

Negociados y lapiceros

Negociados y lapiceros · Fotografía: Carl Mydans
· Diario de un hombre ridículo, 25 ·
Fran Vega
Negociados y lapiceros
Fotografía: Carl Mydans

Hoy hemos tenido en la oficina una valiosa conversación con el jefe, que es devoto de la Virgen de la Alameda y toma media copita de anís los domingos por la tarde. Resulta que hasta el año pasado nos daban tres lápices al mes y una goma de borrar al trimestre, porque todos somos muy cumplidores y rara vez nos equivocamos, pero como ahora todo está más crítico y difícil quieren quitarnos un lápiz mensual. A mí eso no puede parecerme bien, porque lapiceros y plumines forman parte de mi caja de herramientas y sin ellos no puedo desempeñar mi humildérrima labor como se espera de un hombre cabal. Ercilio le ha dicho que no debe someterse a la tiranía del mercado, pero no sé qué ha querido decir con eso, y Amalio ha añadido que la lucha de clases aún se mantiene en pie, aunque creo que es algo que dicen siempre los del Sindicato de Oficinistas cuando se reúnen en el bar de la glorieta. Imeldo ha comentado después en el cafetín de Tadeo que la solución está en hacer la letra más pequeña para gastar menos lápices, y yo no sé qué pensar, porque a veces no entiendo las cosas y me desorientan estas trifulcas abracadabrantes que a nada conducen y todo provocan. Voy a regar el geranio.

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«Todos formamos un todo»

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Ocurrencias de personas majaretas

Ocurrencias de personas majaretas · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 24 ·
Fran Vega
Ocurrencias de personas majaretas
Fotografía: Rodney Smith

Dice mi primo Escolástico, que es representante de estufas catalíticas y está muy bien informado de lo que pasa en este mundo y en otros colindantes, que ahora tenemos que llevar las cuentas de lo que ganamos y perdemos jugando al guiñote bajo pena de escarmiento, multa y punición por parte de las autoridades dinerarias. Yo no puedo entender eso, porque lo poco que obtengo en un día se quebranta al siguiente, y a Fulgencio, Argimiro y Lupicinio les ocurre lo mismo o muy semejante, así que parece una decisión tomada por personas majaretas y no por honradas gentes de bien. Incluso Amalio se ha sorprendido al enterarse, porque como es miembro del Sindicato de Oficinistas siempre lee el boletín del gobierno subcomarcal para no perderse nada importante, pero cuando esta tarde lo he contado en el cafetín de Tadeo a Teofrasto se le ha ocurrido una idea estupenda, no otra que unirnos épicamente en un ateneo de guiñotistas y anotar en un cuaderno de rayas azules los debes y los haberes para deducir con corrección gravámenes y diezmos, no vaya a ser que un día aparezca un inspector destornillado y turulato con aspecto abuitrado y la mirada un poco extraña. Voy a merendar requesón con picatostes.

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Como para morir de un rayo en el sombrero

Como para morir de un rayo en el sombrero · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 19 ·
Fran Vega
Como para morir de un rayo en el sombrero

Fotografía: Rodney Smith

El doctor Islallana, que es mi callista de cabecera, ha estado hablándome esta mañana de unos avances científicos que son formidables y que consisten en unas cámaras que averiguan si tienes juanetes o colitis, no he terminado de enterarme bien. Y también que hay numerosas enfermedades que pueden curarse si te sobreponen unos rayos misteriosos, sin necesidad de ungüentos ni jarabes. Si lo que cuenta el doctor es verdad, estoy en condiciones de afirmar que la humanidad ya está completamente a salvo de todo mal, pero Teofrasto decía esta tarde en el cafetín de Tadeo que eso es un embuste que el médico habrá oído en la radio, porque él antes era afilador y es un entendido en inventos, además de que su primo Estradivario murió de un rayo en el sombrero. Y yo no sé qué pensar, porque creo que a veces se hablan de asuntos que no son veraces, aunque el doctor Islallana parece un hombre bueno y cumplidor, con la bata blanca siempre limpia y la consulta muy ordenada. Lo mejor será que mañana le pregunte a Amalio, que sabe mucho de las cosas y por eso es miembro del Sindicato de Oficinistas. Voy a escuchar el boletín que ya es casi la hora de cenar.

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A veces me pongo a discurrir

A veces me pongo a discurrir · Fotografía: André Kertész
· Diario de un hombre ridículo, 14 ·
Fran Vega
A veces me pongo a discurrir
Fotografía: André Kertész

Como hoy estoy muy contento, he pensado un buen rato en los asuntos misteriosos de la vida. No es que yo los discuta, porque para eso están los jardineros, los boticarios y el sumo pontífice, pero he estado parloteando un rato en los negociados de la oficina sobre la luz eléctrica, la limonada y los semáforos, pues todas mis amistades saben que a veces me gusta ponerme a discurrir. Y dice Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que todos hemos progresado mucho desde que cada uno tiene su retrete (con perdón) particular y su transistor, porque ahora por fin todos podemos sentirnos libres y propietarios. Pero la otra tarde en el cafetín de Tadeo comentaba Cristóforo, que era inventor de vitolas para puros y ahora es infrapresidente de la comunidad de vecinos, que no hay que profundizar demasiado en estos asuntos, que eso es trabajo de los concejales, aunque en ocasiones me asomo al balcón y me quedo maravillado con los prodigios que contemplo. Voy a prepararme la bolsa de agua caliente, que no quiero estar resfriado mañana.

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© Fran Vega, 2016

A mí lo que más me gusta es la normalidad

A mí lo que más me gusta es la normalidad · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 12 ·
Fran Vega
A mí lo que más me gusta es la normalidad
Fotografía: Tommy Ingberg

Hoy he vuelto a la oficina después de las vacaciones y como ya es primavera he deseado a todos un prospérrimo trimestre, que es lo que corresponde hacer entre gentes de bien. Amalio y Ercilio han estado hablando de que todo está muy difícil y complicado, pero no sé de dónde habrán sacado eso, porque el domingo de Resurrección estuve comiendo en casa de mi primo Escolástico, que es representante de estufas catalíticas, y nadie dijo nada. Menos mal que les ha interrumpido Carmencita, la de Contaduría, que quería saber cómo lo pasé en la fiesta de Pascua que Tadeo organizó en el cafetín. Y he empezado a contar y casi no termino, porque fue un convite extraordinario, con gorritos y cuchufletas, además de frutos secos y una copita de ponche para cada uno, así que regresé a casa muy contento. Pero la verdad es que me ha alegrado regresar a mi negociado y sentarme de nuevo en mi escritorio, con mis lápices, mis plumines y mis formularios. Y es que a mí lo que más me gusta es la normalidad.

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El ritmo de los tiempos

El ritmo de los tiempos
· Diario de un hombre ridículo, 11 ·
Fran Vega
El ritmo de los tiempos

He estado pensando un par de ratos en que tengo que modernizarme. Para empezar, voy a comprar un televisor de los que tienen muchos canales en idiomas que desconozco. Claro está que he de adquirirlo a plazos, pero supongo que en el comercio en el que trabaja Bernardino, el que se partió una clavícula jugando a la petanca, les parecerá de perlas y me girarán unas letras. La verdad es que yo creo que la televisión produce fiebres y en el cafetín de Tadeo siempre hacen broma con esta temática, así que he decidido dar un paso adelante para no perder el ritmo de los tiempos, como dice ahora Ercilio en la oficina. También me convendría comprar un sombrero nuevo, porque el que tengo está ya muy desgastado y se nota mucho que es de cuando no existían televisores. Sostiene Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que ya nadie usa sombrero, pero yo creo que no sabe nada de usanza ni elegancia porque está muy ocupado con la negociación de los trienios. Voy a ver si arreglo el molinillo de café.

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«Asuntos muy extraños»
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© Fran Vega, 2016

Y es que yo a veces no entiendo las cosas

DIARIO DE UN HOMBRE RIDÍCULO

Y es que yo a veces no entiendo las cosas
· Diario de un hombre ridículo, 1 ·
Fran Vega
Y es que yo a veces no entiendo las cosas

Ayer hicimos holganza en la oficina, lo que significa que tuvimos una jornada de huelga causada por la tardía renovación de formularios y lapiceros. Dice Carmencita, la de Contaduría, que el jefe fue a trabajar sin corbata, porque era un día reivindicativo, y que por el cuello desabrochado de la camisa se le veía la medallita de la Virgen de la Alameda, de la que él es muy devoto. Por la tarde lo comenté con mis amistades del cafetín de Tadeo y a todos nos hizo mucha gracia, sobre todo a Ginés, que es la monda. En el parte de la radio dijeron que había habido muchos huelguistas y algunos mamporros en las calles, pero no estoy seguro de los motivos. Y esta mañana el jefe ha venido, con corbata, a decirnos que ya veremos qué ocurre con la paga extraordinaria del año pasado, que andan mal las cosas y que todos tenemos que remar en la misma dirección. O algo así. No he comprendido bien la relación entre remar y no cobrar, aunque dice Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que todo forma parte de la misma lucha de clases. Y es que yo a veces no entiendo las cosas.

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«La gente presta demasiada atención a los asuntos»

© Fran Vega, 2016