Estas tardes fresquitas de noviembre

Estas tardes fresquitas de noviembre · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 86 ·
Fran Vega
Estas tardes fresquitas de noviembre
Fotografía: Tommy Ingberg

Hace ya días que el otoño se instaló en nuestra excelsa subcomarca y comienzo a pensar si esto del tiempo no será cosa de mucha magia o hechiceros talentosos, porque aún no había acabado de guardar en el armarito del pasillo los aperos de pesca que me regaló mi viceprimo Arandillo y ya he tenido que sacar de la cómoda los chalecos de lana y los calcetines de doble vuelta que me recomendó el difunto Estradivario. Hasta Tadeo ha recogido el velador del cafetín y en la confitería de Cristeta ya encienden los jueves por la tarde la estufa catalítica, lo que supone un clementérrimo aliciente para quienes acuden a merendar alfajores, mantecadas, rosquillas y buñuelos. En la oficina, Carmencita y Abisinio no se desprenden ni un momento de sus bufandas de cuadritos, porque dicen que estos días acrecientan los catarros y producen severas afecciones en los bronquiolos secundarios, aunque yo no sé qué es eso ni si tiene seria trascendencia, y en la taberna del Sindicato de Oficinistas han colgado en el perchero algunas gorras de paño para que puedan usarse de forma rotatoria, porque no es cuestión ahora de invertir en gastos superfluos y es sabido que las capillas y monteras del establecimiento son propiedad de todos los compañeros. Y a mí me parece que lo más importante es aprovechar estas tardes fresquitas de noviembre para tomar media copita de ponche junto a mis amistades, que al fin y al cabo es lo que más abriga cuando llueve sin parar en la glorieta de los Lirios. Voy a revisar la bolsa de agua caliente, no vaya a ser que se haya malogrado su ingenioso mecanismo.

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Diario de un hombre ridículo

© Fran Vega, 2017

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Ante mi gaveta y mi recado de escribir

Ante mi gaveta y mi recado de escribir · Fotografía: G. Harris & M. Ewing
· Diario de un hombre ridículo, 84 ·
Fran Vega
Ante mi gaveta y mi recado de escribir

Fotografía: G. Harris & M. Ewing

Iba yo la otra mañana por el bulevar de los Arcángeles, silbando unos bonitos fragmentos de zarzuela, cuando de repente me hallé ante la puerta que anuncia la entrada a la oficina, a la que había llegado sin apenas proponérmelo y guiado únicamente por la noble intención que es propia de las gentes de bien. ¡Qué alegría al constatar que nada ha cambiado durante mi prolongada ausencia veraniega y que todo se mantiene de forma unánime y cabal! ¡Qué ambiente tan entrañable se respira en los negociados! ¡Y cuántos impresos y formularios hay en todas las mesas! La verdad es que estuve en los confines de la emoción cuando el mismérrimo jefe en persona vino a saludarme con su medallita de la Virgen de la Alameda colgada bajo el gaznate y cuando Carmencita, la de Contaduría, me recibió con una beatífica sonrisa que no había visto desde que le regalamos por su cumpleaños un juego completo de espumadera y cucharón. Después dí unos buenos apretones de manos a Teodomiro y Abisinio y hasta Ercilio me propinó unas sonoras palmaditas en los omóplatos, lo que es muy meritorio en alguien que nunca ha jugado al guiñote. Y por fin, después de tanto anhelo y tantos días, pude sentarme ante mi gaveta y mi recado de escribir, afilar mis lapiceros de distinta intensidad, ordenar mis sacapuntas de diferentes calibres, revisar mi carpetilla de papel de calco, limpiar con esmero mis plumines, comprobar el óptimo nivel de mis tinteros y comenzar la jornada oficinesca como si el verano no hubiera transcurrido y los mundos exteriores estuvieran todavía de holganza y vacación. Voy a sentarme un ratito en el mirador, donde nada importante puede acontecerme.

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© Fran Vega, 2017

Espléndidos veranos de ideas y artilugios

Espléndidos veranos de ideas y artilugios · Fotografía: G. Harris & M. Ewing
· Diario de un hombre ridículo, 73 ·
Fran Vega
Espléndidos veranos de ideas y artilugios
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

Con la llegada de los mirlos y las alegres buganvillas, he considerado con mucha seriedad en las últimas jornadas la original idea de adquirir una herramienta de transporte que facilite mis trayectos hasta la oficina y el cafetín de Tadeo. Cierto es que en esta época del año resulta muy agradable caminar por el bulevar de los Arcángeles hasta la glorieta de los Lirios e incluso bastante más lejos, hasta los confines del parque de los Querubines tras cruzar el puente de los Serafines, pero no es menos verdad que en estos tiempos tan modernos resulta conveniente disponer de un instrumento que agilice los itinerarios y proporcione tardes de asueto para disfrutarlas junto a todas mis amistades. Dice Abisinio, que por algo está al frente del Negociado de Pólizas y Recargos, que con el abono de los próximos trienios podría aspirar a un semoviente utilitario de cuatro ruedas, pero a mí me parece que eso es para caballeros importantes y yo solo soy un humildérrimo oficinista que a veces no entiende las cosas. Por el contrario, Cristóforo y Fulgencio aseguraban hace dos jueves que un velocípedo sería lo más adecuado para mi persona, pues me permitiría grandes excursiones hasta el distrito de las Afueras sin necesidad de consumir raros combustibles procedentes de países muy extraños. Y creo que no les falta conocimiento ni razón, pero no sé si aprenderé a manejar con cautela su complejo mecanismo y, sobre todo, desconozco cómo podré saludar con un toque de sombrero a las amables damiselas que transitan por las calles si en todo momento he de prestar atención a los dispositivos de semejante maquinaria. Lo mejor será que consulte con Don Helesponto, que no por nada es un hombre instruido y noticioso y entiende mucho de insólitos artilugios. Voy a pasear un ratito hasta la hora de la merienda.

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© Fran Vega, 2017

La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad

La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 69 ·
Fran Vega
La memoria, la armonía, la paciencia y la equidad
Fotografía: Rodney Smith

Estoy en condiciones de afirmar que la otra tarde fue una de las más extraordinarias que recuerdo en compañía de todas mis amistades, pues en tan digna fecha conmemoré la colosal jornada en la que tuve el contento de ser bien recibido en este mundo y no en los colindantes o adyacentes. Carmencita y Abisinio pidieron permiso a Teodomiro para el usufructo temporal del Negociado de Reclamos, ya que organizaron un generoso ágape en el que no faltaron los refrescos, los frutos secos y las croquetas de gallina con unas briznas de panceta y que culminó con una opípara ronda de sorprendentes descafeinados. Y Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, proclamó con su propia solemnidad que de vez en cuando es bueno olvidar los infraconvenios para convertir los negociados en lugares de esparcimiento y mucha broma. Por la tarde, en el cafetín, Fulgencio, Lupicinio y Teofrasto me cedieron el mejor sitio de la mesa para la partida de guiñote, Justito sirvió unas gaseosas estupendas y Tadeo puso durante un buen rato bonitos discos de zarzuela, así que no pude sentirme más feliz y agradecido por estos prodigiosos homenajes. Y como decían con frecuencia el bisabuelo Conrado y el abuelo Conradino, en la vida hay que tener armonía, memoria, paciencia y equidad, así que aproveché la placentérrima jornada para poner en práctica estas sabias enseñanzas de tan profundo sentido y extensa aplicación y adquirí en la confitería de Cristeta unos pastelillos de ponche y dos botellas de sifón, porque no puede haber nada mejor que compartir con tantas amistades como tengo las cosas buenas de nuestra cóncava existencia. Después me acordé también de que el bisabuelo Conrado y el abuelo Conradino sostenían que las tardes glaucas de líneas pardas anuncian siempre noches garzas de luces gualdas, pero eso ya no sé qué significado puede tener ni por qué acude ahora a mi corto entendimiento. Voy a peinarme.

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© Fran Vega, 2017

Los panoramas circunflejos de nuestra cóncava existencia

Los panoramas circunflejos de nuestra cóncava existencia · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 68 ·
Fran Vega
Los panoramas circunflejos de nuestra cóncava existencia
Fotografía: Tommy Ingberg

Hoy estoy muy contento porque se celebran comicios vinculantes en los distritos suburbiales de nuestra excelsa población, que es un raro mecanismo por el que los alegres ciudadanos y simpáticos contribuyentes acudimos a saludar a intendentes y gobernantes, proclamamos nuestra perplejidad y turbación por los pensamientos incumplidos y les renovamos la autorización para que puedan ejercer su pintoresca actividad durante unos cuantos años más. Es muy bonito dedicar un día de fiesta a esta honrada diligencia, que habitualmente cometemos con gran esmero y entusiasmo, y tener después la urbana complacencia de haber contribuido al engrandecimiento y desarrollo de nuestra prospérrima y periférica metrópoli. Por si fuera poco, tengo entendido que en otras subcomarcas proceden de igual modo y que en los países extranjeros y mundos adyacentes también se practica esta digna tradición, aunque solo sea para demostrar que todos estamos de acuerdo en hacer guasas y cuchufletas de forma periódica y puntual. Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, decía ayer que hay que defender las propuestas de quienes apoyan la reducción de impuestos por merendar arenques y chistorra los jueves por la tarde, pero Abisinio se mostraba firme partidario de quienes impulsan la creación de una nueva autoridad o institución para controlar la propagación de la rana cuadriparda en nuestros parajes naturales, lo que no deja de ser una interesante ocurrencia de gran usanza y utilidad. También en el cafetín de Tadeo comentaron por la tarde que dos infraconcejales habían recibido boinazos variados en el parque de los Querubines y que incluso uno de ellos había perdido en la algarada dos botones del chaleco, luctuoso acontecimiento que ha enturbiado un poco los prolegómenos retóricos de esta histórica jornada y que me hizo pensar durante un buen rato en los panoramas circunflejos que condicionan nuestra cóncava existencia, quizá aturdido por las circunstancias antedichas o porque a veces no entiendo las cosas que afectan a los universos circundantes de compleja explicación. Voy a ver si han crecido los geranios.

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Homéricos avances de las ciencias

Homéricos avances de las ciencias
· Diario de un hombre ridículo, 61 ·
Fran Vega
Homéricos avances de las ciencias
Fotografía: Howard W. Davidson

Ayer fue un día memorable porque al fin se ha producido en la oficina la revolución que todos estábamos esperando desde la infinitérrima noche de los tiempos, ya que un versado conjunto de científicos politécnicos ha logrado instalar un moderno sistema de telefonía que sin duda supondrá un homérico avance en las tareas de nuestros negociados. A partir de ahora todo va a funcionar como el Altérrimo dispone y no solo Teodomiro y Abisinio podrán glosar las noticias deportivas sin abandonar sus desusados pupitres, sino que incluso nos llamarán desde cualquier otra institución de nuestra excelsa subcomarca cuando algún competente subalterno necesite privilegiada información sobre pólizas y formularios. Qué alegría. Y hay que reconocer que nuestro egregio jefe oficinesco ha estado muy oportuno con este inapelable impulso tecnológico, aunque nos disgusta un poco que durante los próximos quinquenios tenga que reducirnos el estipendio mensual para sufragar así los gastos ocasionados. Con razón suele decir Severino, que por algo es infraordenanza en el Registro de Entidades Superfluas y entiende mucho de ingenios y artificios, que la ciencia es muy buena cosa para todas las gentes, pero que cada vez que inauguran una farola en la glorieta de los Lirios nos vemos obligados a mitigar el consumo de croquetas de gallina. Voy ahora mismo a dar la buena nueva a todas mis amistades cafetinescas, por si alguna de ellas tiene conocimiento de un invento similar o parecido.

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«Una cuchipanda de postín»

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© Fran Vega, 2017

La arcana realidad de nuestros negociados

La arcana realidad de nuestros negociados · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 60 ·
Fran Vega
La arcana realidad de nuestros negociados
Fotografía: Francesc Català-Roca

Andan estos días muy revueltas todas las temáticas cabales y concretas, porque ahora nadie quiere tener en cuenta los innúmeros desvelos de nuestro egregio jefe oficinesco y todas las gentes entienden que los estrambóticos enigmas que nos conciernen pueden solventarse en un periquete. Resulta que Teodomiro insiste en trasladar el Negociado de Reclamos que con tanto fervor dirige hasta el final del subpasillo, más cerca de Contaduría y Pagaduría que del Negociado de Pólizas y Recargos que Abisinio regenta con verdadera vocación, lo que nos privaría a todos del chiribitil en el que casi a diario almorzamos ensaladas de caballa y bocadillos de mejillón en escabeche. Y según dice Ercilio, que de cualquier enredo sabe mucho, eso no puede ser. Al mismo tiempo y a la vez, el Sindicato de Oficinistas, del que Amalio es unánime representante y facundo portavoz, había prometido que para este año tendríamos lapiceros nuevos y papel de calco desechable, pero parece que la intransigencia de los mercados y la arcana realidad impedirán conjuntamente alcanzar tan honestas y antiguas aspiraciones. Yo ya sé que a veces no entiendo las cosas, pero me parece a mí que Teodomiro no se percata de que la migración e indemnidad de su negociado no impedirían el acecho y avistamiento de nuestro jefe oficinesco, más aún por las singularidades del nuevo Impuesto sobre Abstracciones Divergentes, y que Amalio tendría que acudir algunas tardes al cafetín de Tadeo para que los hermanos Hinojosa le ilustraran acerca de todas las problemáticas de los universos propios y adyacentes. Por mi parte, consultaré mañana mismo a Magdaleno, que no sin motivo es bedel en la Delegación de Asuntos Insólitos y conoce extravagantes entelequias y excepcionales certidumbres.

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«Turbaciones sorprendentes en los mundos adyacentes»
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© Fran Vega, 2017

Insólitos hallazgos que alteran los sosiegos

Insólitos hallazgos que alteran los sosiegos · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 55 ·
Fran Vega
Insólitos hallazgos que alteran los sosiegos
Fotografía: Tommy Ingberg

Hoy he podido saber por el boletín subcomarcal que se ha producido un descubrimiento científico de primera magnitud que sin duda afecta a nuestra oficina y al cafetín de Tadeo. Dicen ahora los que son expertos en numerosas temáticas que todos los universos se formaron gracias a una morrocotuda explosión que tuvo lugar hace muchos años, no recuerdo ahora cuántos ni en qué momento fue. Incluso afirman que los luceros que algunas noches iluminan la glorieta de los Lirios son una especie de arenilla cósmica, lo que a mí me resulta un tratamiento un poco pánfilo para un asunto de tanta importancia. Yo no sé si todo esto es verdad o mendaz, pero si fuera cierto estaría en condiciones de afirmar que el mundo relevante en que vivimos es el resultado de un tropiezo fortuito entre cachivaches de un bazar pomposo y adventicio, como cuando Abisinio sale del Negociado de Pólizas y Recargos y se da de bruces con Teodomiro en la puerta del escusado con el diario deportivo bajo el brazo. Tampoco sé bien a dónde pueden conducirnos estas averiguaciones, porque Ercilio ha dicho esta misma mañana que él piensa seguir tocando el bombardino los martes por la tarde y Lupicinio ha declarado después que no dejará de jugar al guiñote por muchos enredos celestes que se desembuchen, lo que me ha llevado a pensar en la seriedad de estas gentes que investigan y sorprenden con estos insólitos hallazgos que alteran los sosiegos. Después de todo, no atisbo el interés en saber cuándo empezaron estas cosas de la infinitud si en el bulevar de los Arcángeles aún no florecen los magnolios y si el invierno solo acaba de empezar en nuestra excelsa población. Voy a hacer recuento de peladillas y guirlaches, que ya se acerca el aniversario del Altérrimo.

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«Que las buenas gentes tengan un prospérrimo año nuevo»

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Relaciones sociales en el mundo relevante

Relaciones sociales en el mundo relevante · Fotografía: Paul Wolff
· Diario de un hombre ridículo, 40 ·
Fran Vega
Relaciones sociales en el mundo relevante
Fotografía: Paul Wolff

Desde que ha regresado el otoño con sus tardes agradables disfruto de unos ratos de mucho entretenimiento contemplando a las muchedumbres y saludando con cortesía a las elegantes damiselas que caminan por las calles, porque aunque no sepa sus nombres son admiradas ciudadanas de esta insigne población. Y hasta tal punto he tomado afecto a esta noble actividad que el otro día estuve parloteando con unas señoritas muy atentas que preguntaban por la confitería de Cristeta y después con unos aseados caballeros que se sentaron en el cafetín para tratar unos asuntos de difícil entendimiento, al menos para lo que resulta ser mi modestérrima persona. Dicen Felixín y Teofrasto que un día tendríamos que ir a pasear entre las gentes, pero yo no termino de entender ese interés en recorrer los universos colindantes, sobre todo ahora que nos da el airecito de la tarde en la glorieta de los Lirios. Además, paso bastante tiempo en la oficina con Teodomiro y Abisinio, porque sus negociados están junto al mío, y en ocasiones intercambio comentarios con Don Helesponto en el portal, así que no tengo más que buenos motivos para sentirme muy bien relacionado y socialmente satisfecho. Voy a ver si ya ha hervido la leche.

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© Fran Vega, 2016

Cuánta paz hay en mi universo sin par

Cuánta paz hay en mi universo sin par · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 33 ·
Fran Vega
Cuánta paz hay en mi universo sin par
Fotografía: Tommy Ingberg

Ayer por fin regresé a mi negociado y lo primero que hice fue saludar con gran entusiasmo a todos mis compañeros, pues a todos sin excepción he echado de menos durante este verano de urbanas y rurales aventuras. A continuación presenté mis respetos a nuestro ponderado jefe oficinesco, aunque me pareció que su mente estaba embargada por la prensa deportiva, pues por algo es un hombre culto y delicado, y después me senté en mi puesto como cualquier otra mañana normal de mi humildérrima existencia. ¡Qué estupendo es encontrarse de nuevo con los plumines y los formularios! Abisinio y Teodomiro mostraron mucho interés en mis andanzas estivales, pero apenas tuve tiempo de explicarles los detalles de mis lances agrarios, porque consideré más importante ponerme al día con las nuevas ordenanzas del Impuesto sobre Actividades Improbables emitidas por la Delegación de Asuntos Insólitos, así que tuve que aplazar el ameno relato de mi periplo hasta mejor y más apropiada ocasión. Y después pasé la tarde en compañía de mis amistades en el cafetín de Tadeo, parloteando todo el rato en el velador con Argimiro y Felixín hasta que llegaron Lupicinio y Teofrasto y pudimos empezar la partida de guiñote, aunque Ginés no dejaba de hacer bromas mientras tomaba una gaseosa y hablaba del campeonato subcomarcal de carreras de sacos. Pero lo más importante de todo es que ya estoy otra vez en mi universo sin par, en mi oficina y en mi cafetín, disfrutando de mi sombrero y de mi primorosa normalidad. Cuánta paz hay aquí.

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El airecito razonable de la tarde

El airecito razonable de la tarde · Fotografía: Arthur H. Fellig (Weegee)
· Diario de un hombre ridículo, 28 ·
Fran Vega
El airecito razonable de la tarde
Fotografía: Arthur H. Fellig (Weegee)

Como anteayer fue el primer martes de agosto y el jefe es muy devoto de la Virgen de la Alameda, se celebró en la oficina el sorteo de las vacaciones para que nuestras dignas dependencias no queden del todo abandonadas por sus meritorios empleados, más dedicados a la tediosa holganza que a la reconfortante ocupación. Abisinio fue descartado desde el principio porque todos dijeron que es un hombre necesario, cabal y de primera, y tan contento quedó con esta alegre facundia que todos le felicitamos de inmediato. Y como resulta improcedente que el Negociado de Reclamos que tan sabiamente atiende Teodomiro quede como inhóspito desierto, el jefe le dirigió unas simpáticas alabanzas para que suspendiera su proyectado viaje a la provincia más próxima, decisión que tomó no solo in situ e ipso facto, sino también in extremis, según afirmó Lupicinio por la tarde. De modo que la semana de asueto que tan generosamente es concedida por nuestro jefe oficinesco será para Carmencita, ya que en Contaduría se puede prescindir de su egregia aportación dado que los cobros y los pagos también tienen su agostidad. En el cafetín de Tadeo me preguntaron después por qué no había participado en la rifa y expliqué con mucho agrado que a mí lo que más me gusta del verano es sentarme en el velador a disfrutar del airecito de la tarde junto a todas mis amistades, porque yo no puedo entender que las personas razonables quieran pasar los días con individuos desconocidos, tumbadas en el suelo y sin chaleco. Lo que sí haré es guardar en la cómoda el pijama de franela con un poquito de alcanfor, que no quiero que nada me sorprenda cuando el tiempo mude en septiembre.

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Novedades que sobrecogen el magín

Novedades que sobrecogen el magín · Fotografía: Tommy Ingberg
· Diario de un hombre ridículo, 27 ·
Fran Vega
Novedades que sobrecogen el magín
Fotografía: Tommy Ingberg

Llevo unos días un poco preocupado debido a insólitos acontecimientos que ocurren en los universos colindantes. Resulta que Abisinio, que regenta el Negociado de Pólizas y Recargos, ha comenzado a asistir a la oficina sin chaleco, lo que es incomprensible para cualquiera que tenga en buena consideración su digna ocupación y a sus compañeros de mayor entendimiento. No sé qué tendrá que decir al respecto el Sindicato de Oficinistas, pero a mí me parece que no es la conducta que se espera de quienes deben desempeñar su trabajo con diligencia y pundonor. Por otra parte, pero no por ello menos cardinal, Tadeo ha culminado su oferta de desayunos en el cafetín con unos ilustres pestiños, de modo que ahora me veo obligado a decidir cada día entre uno de estos notabilérrimos dulces o los churritos de siempre, lo que me supone verdaderos trastornos y requiebros tormentosos en el magín. Y como yo no puedo asimilar tantas novedades en tan poco tiempo, espero que a Imeldo no se le ocurra ahora sonreír los martes en vez de los jueves y que Teofrasto no decida sustituir la pajarita por el corbatín. Voy a desenredar los cordones de los zapatos, que a veces se retuercen solos sin motivo.

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© Fran Vega, 2016