«Historia de dos ciudades», de Charles Dickens

«A Tale of Two Cities / Historia de dos ciudades» (1859), de Charles Dickens (fotografía: Puente de la Libertad, Bucarest)
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Charles Dickens
«A Tale of Two Cities / Historia de dos ciudades», 1859
Alba Editorial, Barcelona, 2012
Fotografía: Szabadság híd (Puente de la Libertad), Budapest

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la estupidez, era la época de la creencia, era la época de la incredulidad, era la estación de la Luz, era la estación de la Oscuridad, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperanza, lo teníamos todo ante nosotros, no teníamos nada ante nosotros, todos íbamos a ir directamente al cielo, todos íbamos a ir directamente en la otra dirección; en resumen, el período era tan distinto al período actual que algunas de sus autoridades más ruidosas insistían en que se recibiera, para lo bueno y para lo malo, solo en el grado superlativo de comparación.

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«En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust»
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«En busca del tiempo perdido», de Marcel Proust

«En busca del tiempo perdido», de Marcel Proust (fotografía: Andy Pulmer)
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Marcel Proust
«À la recherche du temps perdu / En busca del tiempo perdido», 1913-1922
Traducción: Mauro Armiño
Editorial Valdemar. Madrid, 2000
Fotografía: Andy Pulmer

Sabía yo que la hija de Swann iba a menudo a Laon a pasar unos días, y aunque Laon se hallaba a bastantes leguas, como la distancia estaba compensada por la falta de obstáculos, cuando en aquellas cálidas tardes veía venir un soplo de viento del extremo horizonte inclinando los trigales más distantes, propagándose como una ola por aquella vasta extensión, y yendo a morir a mis pies, tibio y murmurante, entre los tréboles y los pipirigallos, aquella llanura que a los dos nos era común  parecía como que nos acercaba y nos unía, y yo me figuraba que aquel soplo de viento la había rozado; que el murmullo de la brisa que yo no podía entender, era un mensaje suyo, y besaba el aire al pasar.

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«Semper dolens, de Ramón Andrés»
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«Historia de dos ciudades, de Charles Dickens»

Sebastian Flyte

Reflejos del Tártaro: Sebastian Flyte (Anthony Andrews) y Charles Ryder (Jeremy Irons) en «Brideshead Revisited» (1981)
· Reflejos del Tártaro ·
Fran Vega
Anthony Andrews y Jeremy Irons en «Brideshead Revisited» (1981)

Convertirse en Sebastian Flyte durante unas horas o una tarde estaba entonces al alcance de la imaginación, porque este hombre que vivía entre Oxford y Castle Howard, en el condado de Yorkshire, reunía en sí mismo todas las decepciones y casi todos los anhelos.
Llegó a nuestras vidas a principios de los años ochenta, cuando las series de televisión apenas triunfaban y cuando lo hacían era por razones que no nos interesaban. Pero cuando apareció en las pantallas el primer capítulo de Brideshead Revisited (Retorno a Brideshead) nos sumergimos en un universo que perduraría durante mucho tiempo.
Evelyn Waugh publicó en 1945 la más interesante de sus novelas y treinta y cinco años después los directores Charles Sturridge y Michael Lindsay-Hogg la convirtieron en una serie producida por Granada Television. Con guion de John Mortimer, el reparto de sus once capítulos despertó la codicia de cualquier productor, porque pudo sumar a Jeremy Irons como el capitán Charles Ryder, a Diana Quick como Julia Flyte, a Claire Bloom como lady Marchmain, a John Gielgud como Edward Ryder y a Laurence Olivier como lord Marchmain. Y junto a todos ellos, Anthony Andrews como Sebastian Flyte.
Frágil, conmovedor, solitario. Así era el Sebastian Flyte brillantemente interpretado por Anthony Andrews, un actor de discreta carrera que ni antes ni después de Brideshead Revisited alcanzaría el reconocimiento que sí obtuvieron sus compañeros de reparto. Pero pese a todas las excelencias interpretativas de Irons, Gielgud y Olivier, ninguno de ellos nos regalaría momentos como los protagonizados por Andrews mientras esperaba la bandeja de los cócteles, porque Sebastian era dueño de una idea que también nos pertenecía. Era un hombre contra mundum.

Retorno a Brideshead plantea con maestría los dilemas que la religión genera en los creyentes, en particular los que enfrenta a protestantes y católicos, y los conflictos que anidan en todas las familias a través de la relación entre Charles y Sebastian en un dulce momento de la Inglaterra de los años veinte, al tiempo que el primero debe luchar contra sus propios fantasmas encarnados por su padre (John Gielgud) y la hermana de su amigo (Diana Quick), mientras que el segundo es consciente de que también Charles y sus propios padres (Claire Bloom y Laurence Olivier) constituyen su verdadera zona de riesgo. Y saberlo es precisamente la arquitectura de su fragilidad, de su desesperación frente al mundo y de su rotunda e implacable soledad.
Sebastian Flyte fue, en un instante en el que comenzábamos a situarnos también contra mundum, el auténtico reflejo que mostró en la pantalla todo aquello que ya no nos abandonaría, como tampoco lo harían Lawrence de Arabia, Eddie Felson o William Munny. Reflejos de arquitecturas, colosales estructuras de una vida contra mundum.

Reflejos del Tártaro: Sebastian Flyte (Castle Howard, Yorkshire, Inglaterra)
Castle Howard (Yorkshire, Inglaterra), donde fue rodada parte de la serie
«Brideshead Revisited»
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«Lawrence de Arabia»

© Fran Vega, 2017

El Proceso

Apuntes del Subsuelo: «Der Prozess», de Franz Kafka
· Apuntes del Subsuelo ·
El Proceso

Convocados en un discreto hotelito de un cantón suizo, representantes de las organizaciones económicas mundiales y de las federaciones políticas internacionales se reunieron para evaluar el resultado de las crisis de subsistencia organizadas unos años antes. Comprobaron que nada sustancial había cambiado excepto la mejora de sus balances y ganancias, pues la gente seguía animando a sus equipos y votando alegremente en los comicios, por lo que tramaron un nuevo experimento destinado a constatar la resistencia ante la demolición de las estructuras y sistemas que amparan el derecho y la razón.
Eligieron para ello una zona occidental donde el tiempo fuera cálido, porque la gente no se manifiesta donde llueve y hace frío, y donde tampoco fueran deficitarios o muy pobres, porque los pobres prestan más atención a la despensa, y pusieron en marcha un plan de desestabilización atomizada basado en la disgregación de los asuntos y en la revolución de las banderas que condujera a la absoluta aniquilación de los derechos otorgados.
Lo llamaron Análisis de Involución en las Sociedades Avanzadas, pero como era un nombre muy largo lo abreviaron y anotaron como el Proceso. A partir de entonces se sentaron a esperar el resultado de sus actos, del mismo modo que un tiempo atrás habían aguardado las consecuencias de la crisis entre los pueblos rescatados. De momento, se dijeron, no se estaban produciendo grandes alborotos en los territorios elegidos.

© Fran Vega, 2017

El naufragio de la izquierda

Apuntes del Subsuelo: El naufragio de la izquierda
· Apuntes del Subsuelo ·
El naufragio de la izquierda

Cuando las fuerzas conservadoras se enfrentaron al poder y salieron a las calles, la izquierda fue consciente de que algo no estaba haciendo bien, pues resultaba insólito que la derecha nacionalista se enfrentara a la gubernamental y que la derecha nacional acosara a la independentista.
Después supo también que un país en el que la derecha hace la revolución no puede esperar la mejora de las condiciones económicas y sociales de sus ciudadanos, porque cuando los conservadores se encargan de alterar lo establecido el resultado es siempre empobrecimiento y retroceso.
Pero ya era tarde, porque las filas conservadoras peleaban entre ellas en una batalla que había comenzado, como era de esperar, por la renta, el territorio, la tradición y las banderas.
Para cuando la izquierda quiso darse cuenta, la revolución ya estaba en marcha. Algunos dijeron después, cuando se produjeron los abrazos y todos pactaron de nuevo el reparto del poder, que había sido una nueva guerra carlista.

© Fran Vega, 2017

La fuerza de la lógica

Apuntes del Subsuelo: La fuerza de la lógica
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La fuerza de la lógica

Solo las sociedades políticamente incultas, económicamente injustas, jurídicamente atrasadas y socialmente indignas resuelven sus diferencias políticas, económicas, jurídicas y sociales mediante la aplicación de la fuerza y la violencia, pues acostumbran a tener gobernantes incultos, injustos, indignos y atrasados. Y solo cuando estas mismas sociedades sean capaces de elegir a políticos desprovistos de ignorancia y sinrazón serán capaces también de superar cualquier conflicto y controversia mediante el pacto y el acuerdo.
Mientras tanto, es necesario aceptar que las abandone quien así lo quiera, aunque sea hacia el abismo o lo desconocido, pues siempre fue preferible lo recóndito a lo oscuro, lo mezquino, lo ruin y lo estridente.

© Fran Vega, 2017

Tiempos sin excusa

Apuntes del Subsuelo: Tiempos sin excusa (fotografía: Martín Santos Yubero)
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Tiempos sin excusa
Fotografía: Martín Santos Yubero

Animados y exaltados por quienes también entonces soñaban con nuevos tiempos repletos de futuro y esplendor, los niños caminaban envueltos en consignas y banderas que ni siquiera comprendían, pero con las que emulaban la actitud de los adultos que habían sustituido en sus cabecitas y en sus vidas los juegos infantiles por los objetivos alcanzables.
Algunos perdieron la inocencia entre antorchas y uniformes, otros todavía yacen hoy en las cunetas. Nadie se responsabilizó nunca de aquel desastre sin excusa, todos fueron olvidados por quienes ganaron y perdieron y ninguno pudo recobrar la infancia utilizada y estafada en favor de las miserias y torpezas que sus padres generaron.
La historia, esa implacable compañera, siempre regresa y se la espera cuando los hombres y los tiempos se turban y enloquecen.

© Fran Vega, 2017

«Semper dolens», de Ramón Andrés

«Semper dolens (Historia del suicidio en Occidente)» (2015), de Ramón Andrés (fotografía: Harry Gruyaert)
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Ramón Andrés
«Semper dolens (Historia del suicidio en Occidente)»
El Acantilado, Barcelona, 2015
Fotografía: Harry Gruyaert

Poner fin al dolor, bien sea moral o físico, acabar con el aislamiento, dar por concluido un camino dominado por la precariedad y lo adverso, no soportar el abandono, la injusticia, la vergüenza, el acoso, sucumbir al miedo atenazador de una guerra o de una epidemia, la confirmación de un diagnóstico temido, la incapacidad de asumir una pérdida familiar, haber sido violado, no tolerar la indiferencia ajena, el honor ofendido, sentirse excluido del mundo, verse cercado por el tedio, morir por venganza, decidir sin saber en el fondo la razón por la que se desea desaparecer, el inmotivado adiós, son situaciones, entre otras, que conducen a conjeturar la existencia.

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«Pensar y no caer, de Ramón Andrés»
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«En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust»

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«Johann Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros, de Ramón Andrés»
«Diario de un hombre decepcionado, de W. N. P. Barbellion»
«Confesión, de Lev Tolstoi»

Ideas, comunidades y naciones

Apuntes del Subsuelo: Ideas, comunidades y naciones
· Apuntes del Subsuelo ·
Ideas, comunidades y naciones

El nacionalismo embriaga porque promueve una sensación de comunidad, de separación, de excepcionalidad y, a menudo, también de superioridad. Las sociedades que se emborrachan con el fervor nacionalista están dispuestas a cometer sacrificios y crueldades sin parangón. Con la excepción de la religión, el nacionalismo ha sido a lo largo de la historia el mayor estímulo para entregar la propia vida en el nombre de una idea abstracta y metafísica, como es la de nación. Marx trató de persuadirnos de que la religión es el opio del pueblo, y lo mismo podría decirse del nacionalismo: altera el estado de la conciencia y permite que los individuos se entreguen a la comunidad con celo y suprema lealtad, en un gesto que en muchos casos linda con lo irracional y que, en circunstancias distintas, sería difícil comprender.

© Łukas Zkamieński. Shooting Up, 2016

«Pensar y no caer», de Ramón Andrés

«Pensar y no caer» (2016), de Ramón Andrés (fotografía: Gyula Halász, Brassai)
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Ramón Andrés
«Pensar y no caer»
El Acantilado. Barcelona, 2016
Fotografía: Gyula Halász (Brassai)

Todos, alguna vez, hemos sido calumniados. Es tan común, tanta su costumbre, que no sabríamos desenvolvernos sin ella. La difamación parece tener la potestad de construir una realidad de perversos equívocos. La pasión de juzgar al próximo subyuga. Causa disgusto que los demás vivan despreocupados, sin dar cuenta de sus actos a nadie. Se envidian demasiado las casas solitarias, las que están en la colina.

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«Invictus, de William Ernest Henley»
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«Semper dolens, de Ramón Andrés»

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«Johann Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros, de Ramón Andrés»

«Invictus», de William Ernest Henley

«Invictus» (1875), de William Ernest Henley (fotografía: Franz Schumacher)
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William Ernest Henley
«Invictus», 1875
Fotografía: Franz Schumacher

Más allá de este lugar de ira y de lágrimas
es inminente el horror de la sombra.
Y, sin embargo, la amenaza de los años
me encuentra y me encontrará sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

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«Tu rostro mañana, de Javier Marías»
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«Pensar y no caer, de Ramón Andrés»

«Tu rostro mañana», de Javier Marías

«Tu rostro mañana (Veneno y sombra y adiós)» (2007), de Javier Marías (fotografía: Francesco Romoli)
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Javier Marías
«Tu rostro mañana (Veneno y sombra y adiós)»
Alfaguara Ediciones. Madrid, 2007
Fotografía: Francesco Romoli

Para qué hizo esto, dirán de ti, para qué tanta zozobra y la aceleración de su pulso, para qué aquel movimiento, y aquel vuelco; y de mí dirán: por qué habló o calló y guardó tantas ausencias, para qué aquel vértigo, tantas las dudas y tal tormento, para qué dio aquellos y tantos pasos. Y de los dos dirán: por qué se enfrentaron y para qué tanto esfuerzo, para qué guerrearon en lugar de mirar y de quedarse quietos, por qué no supieron verse o seguirse viendo, y a qué tanto sueño y aquel rasguño, mi dolor, mi palabra, tu fiebre, nuestro veneno y la sombra, y tantas las dudas, y tal tormento.

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«Berlin Alexanderplatz, de Alfred Döblin»
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«Invictus, de William Ernest Henley»

«Berlin Alexanderplatz», de Alfred Döblin

«Berlin Alexanderplatz» (1930), de Alfred Döblin (fotografía: Philip McKay)
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Alfred Döblin
«Berlin Alexanderplatz», 1930
Traducción: Miguel Sáenz
Ediciones Cátedra. Madrid, 2002
Fotografía: Philip McKay

Había jurado al mundo entero y se había jurado a sí mismo ser honrado. Y mientras tuvo dinero fue honrado. Luego, sin embargo, se le acabó el dinero, momento que había estado esperando para demostrar de una vez a todos qué es un hombre.

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«Viaje de invierno: Buenas noches, de Wilhelm Müller»
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«Tu rostro mañana, de Javier Marías»

Congresos y concilios

Apuntes del Subsuelo: Congresos y concilios
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Congresos y concilios

Concluidas las reuniones y dividido el territorio, los dirigentes realizaban absurdas declaraciones y abrazaban a los antiguos adversarios con la sonrisa de quien tiene en la cartera una oferta inmejorable que no se puede rechazar. Mientras tanto, asociados y secuaces de una y otra banda anotaban los testigos y esperaban en el patio a que fueran necesarios sus encargos para afianzar por otros medios las victorias conseguidas. Los congresos habían terminado.

© Fran Vega, 2017

Mortificado sea tu nombre

Apuntes del Subsuelo: Mortificado sea tu nombre
· Apuntes del Subsuelo ·
Mortificado sea tu nombre

Crecerá como el espino, extenderá su oscuro inframundo y levantará murallas de acero y granito sobre las tierras y los hombres, pero las mismas fieras que ahora le alimentan lamerán su sangre y morderán su calavera antes de que el tiempo pase. Y cuando ya no esté, su nombre será tan solo una leyenda entre la crónica de la dignidad que desde hace generaciones escriben quienes nunca pretendieron levantar murallas ni alambradas y quienes jamás quisieron tenerlas en sus vidas.

© Fran Vega, 2017