Teniendo tan principal amo en vuestra merced

Teniendo tan principal amo en vuestra merced · Fotografía: Dorothea Lange
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 68 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Teniendo tan principal amo en vuestra merced
Fotografía: Dorothea Lange

De esa manera —replicó Sancho Panza—, si yo fuese rey por algún milagro de los que vuestra merced dice, por lo menos Juana Gutiérrez,1 mi oíslo,2 vendría a ser reina, y mis hijos infantes.
—Pues ¿quién lo duda? —respondió don Quijote.
—Yo lo dudo —replicó Sancho Panza—, porque tengo para mí que, aunque lloviese Dios reinos sobre la tierra, ninguno asentaría bien sobre la cabeza de Mari Gutiérrez. Sepa, señor, que no vale dos maravedís3 para reina; condesa le caerá mejor, y aun Dios y ayuda.4
—Encomiéndalo tú a Dios, Sancho —respondió don Quijote—, que Él dará lo que más le convenga; pero no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentar con menos que con ser adelantado.5
—No haré, señor mío —respondió Sancho—, y más teniendo tan principal amo en vuestra merced, que me sabrá dar todo aquello que me esté bien y yo pueda llevar.

1 Juana Gutiérrez: nombre de la mujer de Sancho Panza, que unas líneas después es mencionada como Mari Gutiérrez y, más adelante, como Juana Panza. El autor salva estos equívocos en la segunda parte de la obra, cuando le da el nombre definitivo de Teresa Panza.
2 oíslo: persona querida y de confianza, principalmente la mujer respecto del marido.
3 maravedí: moneda antigua castellana, utilizada entre los siglos XII y XIX, empleada también como unidad de cuenta. En la época de Cervantes, 34 maravedíes equivalían a 1 real de plata y 16 reales de plata equivalían a 1 escudo de oro.
4 Dios y ayuda: expresión para encarecer la dificultad que algo entraña.
5 adelantado: antiguamente, gobernador con plenos poderes en un territorio recién conquistado o fronterizo. Si bien en el siglo XVII no era más que un título honorífico, Cervantes mantiene con el término las antiguas atribuciones descritas en los romances.
 Diccionario de Don Quijote

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Acertó a tomar la misma derrota que la vez primera

Acertó a tomar la misma derrota que la vez primera · Fotografía: Bernd Walz
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 67 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Acertó a tomar la misma derrota que la vez primera
Fotografía: Bernd Walz

Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula1 que su amo le había prometido. Acertó don Quijote a tomar la misma derrota2 y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel,3 por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo4 los rayos del sol no les fatigaban. Dijo en esto Sancho Panza a su amo:
—Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que de la ínsula me tiene prometido, que yo la sabré gobernar por grande que sea.
A lo cual le respondió don Quijote:
—Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban, y yo tengo determinado de que por mí no falte tan agradecida usanza, antes pienso aventajarme en ella; porque ellos algunas veces, y quizá las más, esperaban a que sus escuderos fuesen viejos, y ya, después de hartos de seguir y de llevar malos días y peores noches, les daban algún título de conde, o por lo mucho de marqués, de algún valle o provincia de poco más a menos; pero si tú vives y yo vivo, bien podría ser que antes de seis días ganase yo tal reino, que tuviese otros a él adherentes que viniesen de molde5 para coronarte por rey de uno de ellos. Y no lo tengas a mucho, que cosas y casos acontecen a los tales caballeros por modos tan nunca vistos ni pensados, que con facilidad te podría dar aún más de lo que te prometo.

Cartografía del Quijote · Que comprende los parages por donde anduvo Don Quixote
Cartografía del Quijote
Que comprende los parages por donde anduvo Don Quixote

1 ínsula: forma culta de «isla» que aparece en los libros de caballerías.
2 derrota: rumbo, camino, derrotero.
3 campo de Montiel: zona geográfica de la Mancha, ubicada entre las actuales provincias de Ciudad Real y Albacete, que don Quijote recorre también en su primera salida.
4 soslayo: a soslayo o de soslayo, oblicuamente, de lado.
5 venir de molde: ser adecuado.
 Diccionario de Don Quijote

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No los hallarían aunque los buscasen

No los hallarían aunque los buscasen · Fotografía: Aleksandr Smirnov
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 66 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
No los hallarían aunque los buscasen
Fotografía: Aleksandr Smirnov

Dio luego don Quijote orden en buscar dineros, y, vendiendo una cosa y empeñando otra y malbaratándolas todas, llegó una razonable cantidad. Acomodóse asimismo de una rodela1 que pidió prestada a un su amigo, y, pertrechando su rota celada2 lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho del día y la hora que pensaba ponerse en camino, para que él se acomodase de lo que viese que más le era menester. Sobre todo, le encargó que llevase alforjas. Él dijo que sí llevaría y que asimismo pensaba llevar un asno que tenía muy bueno, porque él no estaba duecho a andar mucho a pie. En lo del asno reparó un poco don Quijote, imaginando si se le acordaba si algún caballero andante había traído escudero caballero asnalmente, pero nunca le vino alguno a la memoria; mas, con todo esto, determinó que le llevase, con presupuesto de acomodarle de más honrada caballería en habiendo ocasión para ello, quitándole el caballo al primer descortés caballero que topase. Proveyóse de camisas y de las demás cosas que él pudo, conforme al consejo que el ventero3 le había dado; todo lo cual hecho y cumplido, sin despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni don Quijote de su ama y sobrina, una noche se salieron del lugar sin que persona los viese, en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen.

1 rodela: escudo redondo y delgado que, embrazado en el brazo izquierdo, cubría el pecho al que se servía de él peleando con espada «a la romana», es decir, de pie.
2 celada: pieza de la armadura destinada a proteger la cabeza; la celada de encaje tenía en la base una pieza o falda que se encajaba en la coraza.
3 ventero: el autor se refiere al encuentro entre don Quijote y el ventero narrado en el capítulo III.
 Diccionario de Don Quijote

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Hombre de bien, mas de poca sal en la mollera

Hombre de bien. mas de poca sal en la mollera · Fotografía: Einar Erici
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 65 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Hombre de bien, mas de poca sal en la mollera
Fotografía: Einar Erici

Es, pues, el caso que él estuvo quince días en casa muy sosegado, sin dar muestras de querer segundar sus primeros devaneos; en los cuales días pasó graciosísimos cuentos1 con sus dos compadres el cura y el barbero, sobre que él decía que la cosa de que más necesidad tenía en el mundo era de caballeros andantes y de que en él se resucitase la caballería andantesca. El cura algunas veces le contradecía y otras concedía, porque si no guardaba este artificio no había poder averiguarse con él.2
En este tiempo solicitó don Quijote a un labrador vecino suyo, hombre de bien —si es que este título se puede dar al que es pobre—, pero de muy poca sal en la mollera. En resolución, tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó de salirse con él y servirle de escudero.3 Decíale entre otras cosas don Quijote que se dispusiese a ir con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que ganase, en quítame allá esas pajas, alguna ínsula,4 y le dejase a él por gobernador5 de ella. Con estas promesas y otras tales, Sancho Panza,6 que así se llamaba el labrador, dejó su mujer y hijos y asentó por escudero de su vecino.

1 pasó graciosísimos cuentos: tuvo conversaciones divertidas o entretenidas.
2 averiguarse con él: hacerle entrar en razón.
3 escudero: «El hidalgo que lleva el escudo al caballero, en tanto que no pelea con él. En la paz, los escuderos sirven a los grandes señores, de acompañar delante de sus personas, asistir en la antecámara y sala; otros están en sus casas, y llevan acostamiento de los señores, acudiendo a sus obligaciones militares o cortesanas a tiempos ciertos; los que tienen alguna pasada (es decir aquellos con mayores fortunas) huelgan más de estar en sus casas que de servir, por lo poco que medran y lo mucho que les ocupan», Tesoro de la Lengua (1611).
4 ínsula: forma culta de «isla» que aparece en los libros de caballerías.
5 gobernador: delegado del rey con funciones gubernativas y militares.
6 Sancho Panza: primera aparición del escudero de don Quijote, ya mencionado al final del prólogo: «Quiero que me agradezcas el conocimiento que tendrás del famoso Sancho Panza, su escudero, en quien, a mi parecer, te doy cifradas todas las gracias escuderiles que en la caterva de los libros vanos de caballerías están esparcidas».
 Diccionario de Don Quijote

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Y vieron que se le encendía la cólera

Y vieron que se le encendía la cólera · Fotografía: Robert Doisneau
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 64 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Y vieron que se le encendía la cólera
Fotografía: Robert Doisneau

No era diablo —replicó la sobrina—, sino un encantador que vino sobre una nube una noche, después del día que vuestra merced de aquí se partió, y apeándose de una sierpe en que venía caballero, entró en el aposento, y no sé lo que se hizo dentro, que a cabo de poca pieza salió volando por el tejado y dejó la casa llena de humo; y cuando acordamos a mirar lo que dejaba hecho, no vimos libro ni aposento alguno: sólo se nos acuerda muy bien a mí y al ama que al tiempo del partirse aquel mal viejo dijo en altas voces que, por enemistad secreta que tenía al dueño de aquellos libros y aposento dejaba hecho el daño en aquella casa que después se vería. Dijo también que se llamaba «el sabio Muñatón».1
Frestón2 diría —dijo don Quijote.
—No sé —respondió el ama— si se llamaba «Frestón» o «Fritón», sólo sé que acabó en tón su nombre.
—Así es —dijo don Quijote—; que ese es un sabio encantador, grande enemigo mío, que me tiene ojeriza, porque sabe por sus artes y letras que tengo de venir, andando los tiempos, a pelear en singular batalla con un caballero a quien él favorece y le tengo de vencer sin que él lo pueda estorbar, y por esto procura hacerme todos los sinsabores que puede; y mándole yo que mal podrá él contradecir ni evitar lo que por el cielo está ordenado.
—¿Quién duda de eso? —dijo la sobrina—. Pero ¿quién le mete a vuestra merced, señor tío, en esas pendencias? ¿No será mejor estarse pacífico en su casa, y no irse por el mundo a buscar pan de trastrigo,3 sin considerar que muchos van por lana y vuelven trasquilados?
—¡Oh sobrina mía —respondió don Quijote—, y cuán mal que estás en la cuenta! Primero que a mí me trasquilen tendré peladas y quitadas las barbas a cuantos imaginaren tocarme en la punta de un solo cabello.
No quisieron las dos replicarle más, porque vieron que se le encendía la cólera.

1 muñatón: nombre que designaba al profesional de la hechicería contigua a la alcahuetería.
2 Frestón: personaje que residía en la Selva de la Muerte y al que se atribuía la autoría del Belianís de Grecia, cuyo nombre ama y sobrina confunden con Muñatón, Frestón y Fritón.
3 buscar pan de trastrigo: pretender uno cosas fuera de tiempo o mezclarse en las que solo daños pueden ocasionarle.
 Diccionario de Don Quijote

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Todo se lo llevó el mismo diablo

Todo se lo llevó el mismo diablo
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 63 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Todo se lo llevó el mismo diablo

Aquella noche quemó y abrasó el ama cuantos libros había en el corral y en toda la casa, y tales debieron de arder que merecían guardarse en perpetuos archivos; mas no lo permitió su suerte y la pereza del escrutiñador, y así se cumplió el refrán en ellos de que pagan a las veces justos por pecadores.
Uno de los remedios que el cura y el barbero dieron por entonces para el mal de su amigo fue que le murasen y tapiasen el aposento de los libros, porque cuando se levantase, no los hallase —quizá quitando la causa cesaría el efecto—, y que dijesen que un encantador se los había llevado, y el aposento y todo; y así fue hecho con mucha presteza.
De allí a dos días se levantó don Quijote, y lo primero que hizo fue ir a ver sus libros, y, como no hallaba el aposento donde le había dejado, andaba de una en otra parte buscándole. Llegaba adonde solía tener la puerta, y tentábala con las manos, y volvía y revolvía los ojos por todo, sin decir palabra; pero al cabo de una buena pieza preguntó a su ama que hacia qué parte estaba el aposento de sus libros. El ama, que ya estaba bien advertida de lo que había de responder, le dijo:
—¿Qué aposento o qué nada busca vuestra merced? Ya no hay aposento ni libros en esta casa, porque todo se lo llevó el mismo diablo.

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Quédese lo del vengarme a mi cargo

Quédese lo del vengarme a mi cargo · Fotografía: Russell Lee
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 62 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VII
«De la segunda salida de nuestro buen caballero
don Quijote de la Mancha»
Quédese lo del vengarme a mi cargo
Fotografía: Russell Lee

Estando en esto, comenzó a dar voces don Quijote, diciendo:
—¡Aquí, aquí, valerosos caballeros, aquí es menester mostrar la fuerza de vuestros valerosos brazos, que los cortesanos llevan lo mejor del torneo!
Por acudir a este ruido y estruendo, no se pasó adelante con el escrutinio de los demás libros que quedaban, y así se cree que fueron al fuego, sin ser vistos ni oídos, La Carolea1 y León de España,2 con los hechos del Emperador, compuestos por don Luis de Ávila,3 que sin duda debían de estar entre los que quedaban, y quizá si el cura los viera no pasaran por tan rigurosa sentencia.
Cuando llegaron a don Quijote, ya él estaba levantado de la cama, y proseguía en sus voces y en sus desatinos, dando cuchilladas y reveses a todas partes, estando tan despierto como si nunca hubiera dormido. Abrazáronse con él y por fuerza le volvieron al lecho; y después que hubo sosegado un poco, volviéndose a hablar con el cura le dijo:
—Por cierto, señor arzobispo Turpín, que es gran mengua de los que nos llamamos Doce Pares4 dejar tan sin más ni más llevar la victoria de este torneo a los caballeros cortesanos, habiendo nosotros los aventureros ganado el prez5 en los tres días antecedentes.
—Calle vuestra merced, señor compadre —dijo el cura—, que Dios será servido que la suerte se mude y que lo que hoy se pierde se gane mañana; y atienda vuestra merced a su salud por ahora, que me parece que debe de estar demasiadamente cansado, si ya no es que está malherido.
—Ferido, no —dijo don Quijote—, pero molido y quebrantado, no hay duda en ello, porque aquel bastardo de don Roldán6 me ha molido a palos con el tronco de una encina, y todo de envidia, porque ve que yo solo soy el opuesto de sus valentías. Mas no me llamaría yo Reinaldos de Montalbán7 si, en levantándome de este lecho no me lo pagare, a pesar de todos sus encantamentos;8 y por ahora tráiganme de yantar,9 que sé que es lo que más me hará al caso, y quédese lo del vengarme a mi cargo.
Hiciéronlo así: diéronle de comer, y quedose otra vez dormido, y ellos, admirados de su locura.

1 La Carolea: poema épico de Jerónimo Sempere, aparecido en Valencia en 1560, que narra la guerra del emperador Carlos V frente a los protestantes alemanes.
2 León de España: historia del reinado de Carlos V escrita por Pedro de la Vecilla e impresa en Salamanca en 1586.
3 Luis de Ávila y Zúñiga: militar extremeño (1504-1573) que acompañó a Carlos V en varias campañas frente a los protestantes y permaneció junto a él hasta su muerte.
4 Doce Pares de Francia: caballeros feudales al servicio de la corona francesa, entre los que se encontraba el arzobispo Turpín.
5 prez: honor, estima o consideración que se adquiere o gana con una acción gloriosa y que simboliza el premio que los jueces de campo daban a los vencedores de un torneo.
6 Roldán: caballero al servicio de Carlomagno que murió en 778 durante la batalla de Roncesvalles y cuya figura protagoniza numerosos romances y cantares de la Edad Media, como el Cantar de Roldán (La Chanson de Roland), poema épico de finales del siglo XI.
7 Reinaldos de Montalbán: caballero perteneciente a los Doce Pares de Francia y uno de los preferidos de don Quijote.
8 encantamento: forma en desuso de «encantamiento».
9 yantar: arcaísmo por «comer».
 Diccionario de Don Quijote

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Es grande amigo mío ese Cervantes

Es grande amigo mío ese Cervantes · Fotografía: Carl Mydans
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 61 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VI
«Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero
hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo»
Es grande amigo mío ese Cervantes
Fotografía: Carl Mydans

Este es —siguió el barbero— el Cancionero de López Maldonado.1
—También el autor de ese libro —replicó el cura— es grande amigo mío, y sus versos en su boca admiran a quien los oye, y tal es la suavidad de la voz con que los canta, que encanta. Algo largo es en las églogas, pero nunca lo bueno fue mucho; guárdese con los escogidos. Pero ¿qué libro es ese que está junto a él?
La Galatea,2 de Miguel de Cervantes —dijo el barbero.
—Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención; propone algo, y no concluye nada. Es menester esperar la segunda parte que promete; quizá con la enmienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y entre tanto que esto se ve, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre.
—Que me place —respondió el barbero—. Y aquí vienen tres todos juntos: La Araucana de don Alonso de Ercilla,3 La Austriada de Juan Rufo,4 jurado de Córdoba, y El Monserrate de Cristóbal de Virués,5 poeta valenciano.
—Todos esos tres libros —dijo el cura— son los mejores que en verso heroico6 en lengua castellana están escritos, y pueden competir con los más famosos de Italia; guárdense como las más ricas prendas de poesía que tiene España.
Cansose el cura de ver más libros, y así, a carga cerrada,7 quiso que todos los demás se quemasen; pero ya tenía abierto uno el barbero, que se llamaba Las Lágrimas de Angélica.8
—Lloráralas yo —dijo el cura, en oyendo el nombre— si tal libro hubiera mandado quemar, porque su autor fue uno de los famosos poetas del mundo, no sólo de España, y fue felicísimo en la traducción de algunas fábulas de Ovidio.9

1 López Maldonado, Gabriel: poeta toledano fallecido en 1615, miembro de la Academia de los Nocturnos de Valencia y autor de El Cancionero, publicado en Madrid en 1586, que recoge dos composiciones poéticas de Cervantes.
2 La Galatea: novela de Miguel de Cervantes publicada en 1585 en Alcalá de Henares con el título de Primera parte de La Galatea, dividida en seis libros. El autor habla de sí mismo al citar «la segunda parte que promete», pues Cervantes nunca llegó a escribirla.
3 Alonso de Ercilla: poeta y soldado madrileño (1533-1594), autor de La Araucana (1569-1589), poema épico que relata la primera fase de la guerra de Arauco entre conquistadores españoles y mapuches o araucanos.
4 Juan Rufo: escritor y soldado cordobés (1547-1620), autor de La Austriada (1584), obra épica sobre las hazañas de Juan de Austria y la victoria en la batalla de Lepanto, en la que participó el propio Cervantes.
5 Cristóbal de Virués: dramaturgo y poeta valenciano (1550-1614), autor de El Monserrate (1587), poema épico que narra la construcción del monasterio de Montserrat.
6 verso heroico: octava rima en endecasílabos, que era la forma habitual del poema épico culto.
7 a carga cerrada: a bulto, sin examinar.
8 Las lágrimas de Angélica: continuación del episodio de Angélica y Medoro incluido en Orlando furioso, de Ludovico Ariosto, escrita por el poeta cordobés Luis Barahona de Soto (1548-1595) y publicada en Granada en 1586 con el título Primera parte de la Angélica. Con esta mención termina la descripción de la biblioteca de don Quijote incluida en el capítulo VI, si bien al comienzo del VII se citan dos títulos más.
9 Ovidio: poeta romano (43 a. C.-17 d. C.), autor de Arte de amar, Las Metamorfosis y Medea.
 Diccionario de Don Quijote

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Que este libro se escarde y limpie

Que este libro se escarde y limpie
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 60 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VI
«Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero
hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo»
Que este libro se escarde y limpie

Este que se sigue —dijo el barbero—, es La Diana, llamada segunda, del Salmantino,1 y este, otro que tiene el mismo nombre, cuyo autor es Gil Polo.2
—Pues la del Salmantino —respondió el cura— acompañe y acreciente el número de los condenados al corral, y la de Gil Polo se guarde como si fuera del mismo Apolo;3 y pase adelante, señor compadre, y démonos prisa, que se va haciendo tarde.
—Este libro es —dijo el barbero abriendo otro— Los diez libros de Fortuna de amor, compuestos por Antonio de Lofraso,4 poeta sardo.
—Por las órdenes que recibí —dijo el cura—, que desde que Apolo fue Apolo y las musas musas, y los poetas poetas, tan gracioso ni tan disparatado libro como ese no se ha compuesto, y que, por su camino, es el mejor y el más único de cuantos de este género han salido a la luz del mundo, y el que no le ha leído puede hacer cuenta que no ha leído jamás cosa de gusto. Dádmele acá, compadre, que precio más haberle hallado que si me dieran una sotana de raja de Florencia.5
Púsole aparte con grandísimo gusto, y el barbero prosiguió diciendo:
—Estos que se siguen son: El pastor de Iberia,6 Ninfas de Henares7 y Desengaños de celos.8
—Pues no hay más que hacer —dijo el cura—, sino entregarlos al brazo seglar9 del ama, y no se me pregunte el porqué, que sería nunca acabar.
—Este que viene es El pastor de Fílida.10
—No es ese pastor —dijo el cura—, sino muy discreto cortesano; guárdese como joya preciosa.
—Este grande que aquí viene se intitula —dijo el barbero— Tesoro de varias poesías.11
—Como ellas no fueran tantas —dijo el cura—, fueran más estimadas; menester es que este libro se escarde y limpie de algunas bajezas que entre sus grandezas tiene; guárdese, porque su autor es amigo mío, y por respeto de otras más heroicas y levantadas obras que ha escrito.

1 Salmantino: Alonso Pérez, médico natural de Salamanca y autor de Segunda parte de la Diana, publicada en 1563.
2 Gil Polo: Gaspar Gil Polo (1530-1584), escritor valenciano autor de La Diana enamorada, publicada en 1564.
3 Apolo: en la mitología greco-romana, dios del sol y de la música, inventor de la poesía y jefe de las musas. Hijo de Zeus y Leto y hermano gemelo de Artemisa.
4 Antonio de Lofraso: poeta sardo (h. 1540-1600), autor de la obra pastoril Los diez libros de Fortuna de Amor, publicada en Barcelona en 1573.
5 raja de Florencia: paño muy costoso, de lana fina, que comenzó a usarse en Florencia en el siglo XVI.
6 El pastor de Iberia: novela pastoril del escritor español Bernardo de la Vega (1560-1625) publicada en Sevilla en 1591.
7 Ninfas y pastores del Henares: novela pastoril publicada en Alcalá en 1587 y escrita por Bernardo González de Bobadilla.
8 Desengaño de celos: novela pastoril escrita por Bartolomé López de Enciso y publicada en Madrid en 1586.
9 brazo seglar: el Tribunal de la Inquisición entregaba sus condenados a la justicia criminal —el brazo seglar de la sociedad, frente al eclesiástico— para que se ejecutase la sentencia.
10 El pastor de Fílida: novela pastoril escrita por Luis Gálvez de Montalvo (1549-1591) y publicada en Madrid en 1582.
11 Tesoro de varias poesías: recopilación poética debida a Pedro de Padilla (1540-1599) y aparecida en Madrid en 1580.
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Habiendo sanado de la enfermedad caballeresca

Habiendo sanado de la enfermedad caballeresca · Fotografía: Gilbert Garcin
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 59 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VI
«Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero
hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo»
Habiendo sanado de la enfermedad caballeresca

Fotografía: Gilbert Garcin

Así será —respondió el barbero—, pero ¿qué haremos de estos pequeños libros que quedan?
—Estos —dijo el cura—, no deben de ser de caballerías, sino de poesía.
Y, abriendo uno, vio que era La Diana de Jorge de Montemayor,1 y dijo, creyendo que todos los demás eran del mismo género:
—Estos no merecen ser quemados, como los demás, porque no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho, que son libros de entendimiento, sin perjuicio de tercero.
—¡Ay, señor! —dijo la sobrina—, bien los puede vuestra merced mandar quemar como a los demás, porque no sería mucho que, habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo estos se le antojase de hacerse pastor y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo, y, lo que sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza.
—Verdad dice esta doncella —dijo el cura—, y será bien quitarle a nuestro amigo este tropiezo y ocasión delante. Y pues comenzamos por La Diana de Montemayor, soy de parecer que no se queme, sino que se le quite todo aquello que trata de la sabia Felicia2 y de la agua encantada, y casi todos los versos mayores, y quédesele enhorabuena la prosa y la honra de ser primero en semejantes libros.

1 Jorge de Montemayor: escritor portugués en lengua castellana (h. 1520-1561), autor de Los siete libros de la Diana, considerada la primera novela pastoril.
2 Felicia: personaje de Los siete libros de la Diana, de Jorge de Montemayor.
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Llevadle a casa y leedle

Llevadle a casa y leedle · Fotografía: Richard Kalvar
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 58 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VI
«Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero
hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo»
Llevadle a casa y leedle

Fotografía: Richard Kalvar

Y sin querer cansarse más en leer libros de caballerías, mandó al ama que tomase todos los grandes1 y diese con ellos en el corral. No se dijo a tonta ni a sorda, sino a quien tenía más gana de quemallos que de echar una tela, por grande y delgada que fuera; y asiendo casi ocho de una vez, los arrojó por la ventana. Por tomar muchos juntos, se le cayó uno a los pies del barbero, que le tomó gana de ver de quién era, y vio que decía: Historia del famoso caballero Tirante el Blanco.2
—¡Válame Dios3 —dijo el cura, dando una gran voz—, que aquí está Tirante el Blanco! Dádmele acá, compadre, que hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempos. Aquí está don Quirieleisón de Montalbán, valeroso caballero, y su hermano Tomás de Montalbán, y el caballero Fonseca, con la batalla que el valiente de Tirante hizo con el alano, y las agudezas de la doncella Placerdemivida, con los amores y embustes de la viuda Reposada, y la señora Emperatriz, enamorada de Hipólito, su escudero.4 Dígoos verdad, señor compadre, que por su estilo es este el mejor libro del mundo; aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con otras cosas de que todos los demás libros de este género carecen. Con todo eso, os digo que merecía el que le compuso, pues no hizo tantas necedades de industria, que le echaran a galeras por todos los días de su vida. Llevadle a casa y leedle, y veréis que es verdad cuanto de él os he dicho.

1 grandes: los libros de caballerías se imprimían en gran formato, frente a los de versos o los pastoriles, que se editaban normalmente en octavo o aun en tamaños «de faltriquera».
2 Tirante el Blanco: libro de caballerías escrito por el valenciano Joanot Martorell (1413-1468) y publicado en Valencia en 1490 con el título Tirant lo Blanch, cuya traducción al castellano apareció en Valladolid en 1511.
3 ¡válame Dios!: expresión de sorpresa, en la que «vala» se usaba por el moderno «valga».
4 Quirieleisón de Montalbán, Tomás de Montalbán, el caballero Fonseca, Placerdemivida, Reposada, Emperatriz e Hipólito: todos los personajes citados por el cura pertenecen al libro de caballerías Tirante el Blanco (1490).
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Tenedlos, mas no los dejéis leer a ninguno

Tenedlos, mas no los dejéis leer a ninguno · Fotografía: André Kertész
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 57 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VI
«Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero
hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo»
Tenedlos, mas no los dejéis leer a ninguno

Fotografía: André Kertész

Todo lo confirmó el barbero, y lo tuvo por bien y por cosa muy acertada, por entender que era el cura tan buen cristiano y tan amigo de la verdad que no diría otra cosa por todas las del mundo. Y abriendo otro libro vio que era Palmerín de Oliva,1 y junto a él estaba otro que se llamaba Palmerín de Ingalaterra.2 Lo cual visto por el licenciado, dijo:
—Esa oliva se haga luego rajas y se queme, que aún no queden de ella las cenizas; y esa palma de Ingalaterra3 se guarde y se conserve como a cosa única, y se haga para ello otra caja como la que halló Alejandro4 en los despojos de Darío, que la diputó5 para guardar en ella las obras del poeta Homero.6 Este libro, señor compadre, tiene autoridad por dos cosas: la una, porque él por sí es muy bueno; y la otra, porque es fama que le compuso un discreto rey de Portugal. Todas las aventuras del castillo de Miraguarda7 son bonísimas y de grande artificio; las razones, cortesanas y claras, que guardan y miran el decoro del que habla, con mucha propiedad y entendimiento. Digo, pues, salvo vuestro buen parecer, señor maese Nicolás, que este y Amadís de Gaula8 queden libres del fuego, y todos los demás, sin hacer más cala y cata, perezcan.
—No, señor compadre —replicó el barbero—, que este que aquí tengo es el afamado Don Belianís.9
—Pues ese —replicó el cura—, con la segunda, tercera y cuarta parte, tienen necesidad de un poco de ruibarbo10 para purgar la demasiada cólera suya, y es menester quitarles todo aquello del castillo de la Fama11 y otras impertinencias de más importancia, para lo cual se les da término ultramarino, y como se enmendaren, así se usará con ellos de misericordia o de justicia; y en tanto, tenedlos vos, compadre, en vuestra casa, mas no los dejéis leer a ninguno.12
—Que me place —respondió el barbero.

1 Palmerín de Oliva: libro de caballerías publicado en Salamanca en 1511 con el título El libro del famoso y muy esforzado caballero Palmerín de Oliva, atribuido al salmantino Francisco Vázquez.
2 Palmerín de Ingalaterra: libro de caballerías escrito por el portugués Francisco de Moraes (h. 1500-1572) —aunque atribuido al rey Juan III de Portugal—, traducido por Luis de Hurtado y publicado en Toledo en 1547 con el títuloLibro del muy esforzado caballero Palmerín de Ingalaterra, hijo del rey don Duardos.
3 Ingalaterra: forma arcaica de Inglaterra.
4 Alejandro Magno: rey de Macedonia, que derrotó a Darío III de Persia en 331 a. C.
5 diputar: destinar, señalar o elegir a alguien o algo para algún uso o ministerio.
6 Homero: poeta griego del siglo VIII a. C., autor de la Ilíada y la Odisea.
7 castillo de Miraguarda: llamado también castillo de Almourol, es una fortaleza ubicada en la localidad portuguesa de Vila Nova da Barquinha, en donde transcurren las aventuras de Palmerín de Ingalaterra.
8 Amadís de Gaula: libro de caballerías, de autor incierto y escrito en el siglo XIV, aparecido en Zaragoza en 1508 con el título Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula y considerado el iniciador del género. El protagonista del mismo nombre es llamado el Caballero de la Ardiente Espada.
9 Don Belianís de Grecia: libro de caballerías titulado Historia del magnánimo, valiente e invencible príncipe don Belianís de Grecia, escrito por Jerónimo Fernández y publicado en Sevilla en 1545. El caballero del mismo nombre es llamado también el Caballero del Unicornio.
10 ruibarbo: planta herbácea cuya raíz se utiliza como purgante.
11 castillo de la Fama: construcción levantada en Londres para la celebración de torneos, citada en Don Belianís de Grecia.
12 no los dejéis leer a ninguno: la Iglesia podía dar permiso a determinadas personas para tener libros incluidos en el Índice de libros prohibidos, pero siempre con la condición de que no se prestasen ni se dejasen leer a nadie si no constaba el consentimiento expreso de la autoridad eclesiástica correspondiente.
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Sean estos libros condenados al fuego

Sean estos libros condenados al fuego · Fotografía: Margaret Bourke-White
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 56 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VI
«Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero
hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo»
Sean estos libros condenados al fuego

Fotografía: Margaret Bourke-White

Abrióse otro libro, y vieron que tenía por título El Caballero de la Cruz.1
—Por nombre tan santo como este libro tiene, se podía perdonar su ignorancia; mas también se suele decir «tras la cruz está el diablo». Vaya al fuego.
Tomando el barbero otro libro dijo:
—Este es Espejo de caballerías.2
—Ya conozco a su merced —dijo el cura—; ahí anda el señor Reinaldos de Montalbán3 con sus amigos y compañeros, más ladrones que Caco,4 y los Doce Pares,5 con el verdadero historiador Turpín,6 y en verdad que estoy por condenarlos no más que a destierro perpetuo, siquiera porque tienen parte de la invención del famoso Mateo Boyardo,7 de donde también tejió su tela el cristiano poeta Ludovico Ariosto,8 al cual, si aquí le hallo, y que habla en otra lengua que la suya, no le guardaré respeto alguno; pero, si habla en su idioma, le pondré sobre mi cabeza.9
—Pues yo le tengo en italiano —dijo el barbero—, mas no le entiendo.
—Ni aun fuera bien que vos le entendiérades —respondió el cura—; y aquí le perdonáramos al señor capitán que no le hubiera traído a España y hecho castellano, que le quitó mucho de su natural valor, y lo mismo harán todos aquellos que los libros de verso quisieren volver en otra lengua, que, por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento. Digo, en efecto, que este libro y todos los que se hallaren que tratan de estas cosas de Francia, se echen y depositen en un pozo seco, hasta que con más acuerdo se vea lo que se ha de hacer de ellos, exceptuando a un Bernardo del Carpio10 que anda por ahí, y a otro llamado Roncesvalles;11 que estos, en llegando a mis manos, han de estar en las del ama y de ellas en las del fuego, sin remisión alguna.

1 El Caballero de la Cruz: libro de caballerías cuya primera parte apareció en Valencia en 1521 con el título Crónica de Lepolemo, llamado el Caballero de la Cruz, hijo del emperador de Alemania, compuesta en arábigo por Xarton y trasladada en castellano por Alonso de Salazar; la segunda parte se publicó en Toledo en 1563 con el título Leandro el Bel.
2 Espejo de caballerías: serie de libros de caballerías de la primera mitad del siglo XVI que consta de tres partes. Las dos primeras, aparecidas en Toledo entre 1525 y 1527, fueron escritas por Pedro López de Santa Catalina a partir de una traducción libre de Orlando enamorado, de Mateo Boyardo, y de materiales procedentes de obras épicas italianas. La tercera parte, publicada en Toledo en 1547, es original de Pedro de Reinosa.
3 Reinaldos de Montalbán: caballero perteneciente a los Doce Pares de Francia y uno de los preferidos de don Quijote.
4 Caco: en la mitología griega, Caco, hijo de Hefesto, era un gigante mitad hombre y mitad sátiro que vomitaba torbellinos de llamas y humo. En el Siglo de Oro el personaje se convirtió en ladrón mitológico, de donde procede el término como sinónimo de «ladrón».
5 Doce Pares de Francia: caballeros feudales al servicio de la corona francesa citados en el poema épico La Chanson de Roland, escrito a finales del siglo XI.
6 Turpín: consejero de Carlomagno y arzobispo de Reims que murió con Roldán en Roncesvalles y a quien se le atribuyó la Historia Caroli Magni et Rotholandi, en la que se contaba la institución de los Doce Pares y las hazañas de algunos de ellos.
7 Mateo Boyardo: escritor italiano (1441-1494), autor de Orlando enamorado, poema épico que sería continuado por el también italiano Ludovico Ariosto en Orlando furioso.
8 Ludovico Ariosto: escritor italiano (1474-1533), autor de Orlando furioso, continuación del poema inacabado Orlando enamorado, de Mateo Boyardo.
9 poner sobre la cabeza: expresión metafórica que procede del acto de colocar sobre la cabeza, como prueba de acatamiento y vasallaje, las órdenes reales y las bulas del papa.
10 Bernardo del Carpio: personaje legendario que derrotó a Roldán en la batalla de Roncesvalles (778), lo que le convirtió en protagonista de diversos romances y libros de caballerías, como Historia de las hazañas y hechos del invencible caballero Bernardo del Carpio, poema escrito por Agustín Alonso y publicado en Toledo en 1585.
11 Roncesvalles: vía de paso entre Francia y Navarra en la que en 778 tuvo lugar la batalla entre las tropas vasconas y las de Carlomagno, dirigidas por Roldán, sobre la que en la Edad Media se escribieron varios poemas épicos y libros de caballerías.
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Por disparatado y arrogante

Por disparatado y arrogante
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 55 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VI
«Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero
hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo»
Por disparatado y arrogante

Este que viene —dijo el barbero—, es Amadís de Grecia,1 y aun todos los de este lado, a lo que creo, son del mismo linaje de Amadís.
—Pues vayan todos al corral —dijo el cura—; que a trueco de quemar a la reina Pintiquiniestra y al pastor Darinel,2 y a sus églogas, y a las endiabladas y revueltas razones de su autor, quemaré con ellos al padre que me engendró, si anduviera en figura de caballero andante.
—De ese parecer soy yo —dijo el barbero.
—Y aun yo —añadió la sobrina.
—Pues así es —dijo el ama—, vengan, y al corral con ellos.
Diéronselos, que eran muchos, y ella ahorró la escalera, y dio con ellos por la ventana abajo.
—¿Quién es ese tonel? —dijo el cura.
—Este es —respondió el barbero— Don Olivante de Laura.3
—El autor de ese libro —dijo el cura— fue el mismo que compuso a Jardín de flores,4 y en verdad que no sepa determinar cuál de los dos libros es más verdadero, o, por decir mejor, menos mentiroso; solo sé decir que este irá al corral, por disparatado y arrogante.
—Este que se sigue es Florismarte de Hircania5 —dijo el barbero.
—¿Ahí está el señor Florismarte? —replicó el cura—. Pues a fe que ha de parar presto en el corral, a pesar de su extraño nacimiento y sonadas aventuras, que no da lugar a otra cosa la dureza y sequedad de su estilo. Al corral con él, y con esotro, señora ama.
—Que me place, señor mío —respondía ella; y con mucha alegría ejecutaba lo que le era mandado.
—Este es El caballero Platir6 —dijo el barbero.
—Antiguo libro es ese —dijo el cura—, y no hallo en él cosa que merezca venia. Acompañe a los demás sin réplica.
Y así fue hecho.

1 Amadís de Grecia: libro de caballerías atribuido a Feliciano de Silva (h. 1485-1554) y publicado en Cuenca en 1530 con el título Nono libro de Amadís de Gaula, que es la crónica del muy valiente y esforzado príncipe y Caballero de la Ardiente Espada Amadís de Grecia, hijo de Lisuarte de Grecia, emperador de Constantinopla y de Trapisonda y rey de Rodas, que trata de sus grandes hechos en armas y extraños amores. El protagonista del mismo nombre es llamado en ocasiones el Caballero de la Muerte.
2 Pintiquiniestra y Darinel: personajes del Amadís de Grecia.
3 Don Olivante de Laura: libro de caballerías escrito por Antonio de Torquemada (1507-1569) y publicado en Barcelona en 1564 con el título Historia del invencible caballero Don Olivante de Laura, Príncipe de Macedonia, que por sus admirables hazañas vino a ser Emperador de Constantinopla.
4 Jardín de flores: obra de Antonio de Torquemada (1507-1569) publicada en Salamanca en 1570 con el título Jardín de flores curiosas, en que se tratan algunas materias de humanidad, philosophia, theologia y geographia, con otras curiosas y apacibles.
5 Florismarte de Hircania: libro de caballerías escrito por Melchor Ortega (h. 1520-1556) y publicado en Valladolid en 1556 con el título Primera parte de la grande historia del muy animoso y esforzado príncipe Felixmarte de Hircania, y de su estraño nascimiento. Hircania era una región del Asia Menor cuyos habitantes y animales se caracterizaban por su crueldad. A lo largo de la obra el nombre del protagonista pasa de Felixmarte a Florismarte, por lo que es citado de las dos maneras.
6 El caballero Platir: libro de caballerías probablemente escrito por Francisco de Enciso Zárate (h. 1510-1570) e impreso en Valladolid en 1533 con el título La crónica del muy valiente y esforzado caballero Platir, hijo del invencible emperador Primaleón.
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Dé principio al montón de la hoguera

Dé principio al montón de la hoguera · Fotografía: Stanley Kubrick
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 54 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VI
«Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero
hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo»
Dé principio al montón de la hoguera

Fotografía: Stanley Kubrick

Lo mismo dijo el ama: tal era la gana que las dos tenían de la muerte de aquellos inocentes; mas el cura no vino en ello sin primero leer siquiera los títulos. Y el primero que maese Nicolás le dio en las manos fue Los cuatro de Amadís de Gaula,1 y dijo el cura:
—Parece cosa de misterio esta, porque, según he oído decir, este libro fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen de este; y, así, me parece que, como a dogmatizador de una secta tan mala, le debemos sin excusa alguna condenar al fuego.
—No, señor —dijo el barbero—, que también he oído decir que es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto; y así, como a único en su arte, se debe perdonar.
—Así es verdad —dijo el cura—, y por esa razón se le otorga la vida por ahora. Veamos esotro que está junto a él.
—Es —dijo el barbero— Las sergas de Esplandián,2 hijo legítimo de Amadís de Gaula.
—Pues en verdad —dijo el cura— que no le ha de valer al hijo la bondad del padre. Tomad, señora ama, abrid esa ventana y echadle al corral, y dé principio al montón de la hoguera que se ha de hacer.
Hízolo así el ama con mucho contento, y el bueno de Esplandián fue volando al corral, esperando con toda paciencia el fuego que le amenazaba.

1 Los cuatro de Amadís de Gaula: libro de caballerías de autor incierto y escrito en el siglo XIV. Apareció en Zaragoza en 1508 con el título Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula y está considerado el iniciador del género. El protagonista del mismo nombre es llamado el Caballero de la Ardiente Espada.
2 Las sergas de Esplandián: libro de caballerías de Garci Ordóñez de Montalvo (h. 1450-1505), publicado en Sevilla en 1510 con el título El ramo que de los cuatro libros de Amadís de Gaula sale, llamado de las sergas del muy esforzado caballero Esplandián, hijo del excelente rey Amadís de Gaula, que narra las aventuras de Esplandián, hijo de Amadís de Gaula y Oriana, por lo que se le considera  la continuación del Amadís de Gaula. Montalvo utiliza el término «sergas» con el significado de «proezas».
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