Premática contra locos y poetas

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Premática contra locos y poetas (fotografía: Francesc Català-Roca) / Libro II, Cap. 2d
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. II, 4. Francisco de Quevedo, 1626
«De lo que sucedió hasta llegar a Madrid, con un poeta»
Premática contra locos y poetas
Fotografía: Francesc Català-Roca

Afligíme tanto con ver que no podía nombrar cosa a que él no hubiese hecho algún disparate, que cuando vi que llegábamos a Madrid,1 no cabía de contento, entendiendo que de vergüenza callaría; pero fue al revés, porque por mostrar lo que era, alzó la voz entrando por la calle. Yo le supliqué que lo dejase, poniéndole por delante que si los niños olían poeta no quedaría troncho que no se viniese por sus pies tras nosotros, por estar declarados por locos en una premática2 que había salido contra ellos, de uno que lo fue y se recogió a buen vivir. Pidióme que se la leyese si la tenía, muy congojado. Prometí de hacerlo en la posada. Fuímonos a una, donde él se acostumbraba apear, y hallamos a la puerta más de doce ciegos. Unos le conocieron por el olor y otros por la voz. Diéronle una barahúnda de bienvenido; abrazólos a todos, y luego empezaron unos a pedirle oración para el Justo Juez3 en verso grave y sonoro, tal que provocase a gestos; otros pidieron de las ánimas; y por aquí discurrió, recibiendo ocho reales4 de señal de cada uno. Despidiólos, y díjome:
—Más me han de valer de trescientos reales los ciegos; y así, con licencia de vuestra merced, me recogeré agora un poco, para hacer algunas de ellas, y en acabando de comer oiremos la premática.
¡Oh vida miserable! Pues ninguna lo es más que la de los locos que ganan de comer con los que lo son.

1 Madrid: ciudad castellana y capital de la corte desde el siglo XVI, que en la época de Quevedo tenía unos 65 000 habitantes.
2 premática: pragmática, leyes que se promulgaban para acabar con ciertos excesos o abusos.
3 Justo Juez: oración del Justo Juez, muy recitada por los ciegos, para la protección de enemigos, males y peligros.
4 real: moneda que empezó a circular en Castilla en el siglo XIV y que tuvo diferentes valores en función de la época y su composición. Un real de vellón valía 34 maravedíes, mientras que el de plata equivalía a dos reales de vellón (68 maravedíes); un real de plata equivalía a 8,5 cuartos y 16 reales de plata valían 1 escudo de oro.
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Una comedia de muchas jornadas

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Una comedia de muchas jornadas (fotografía: Detroit Publishing Company) / Libro II, Cap. 2c
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. II, 3. Francisco de Quevedo, 1626
«De lo que sucedió hasta llegar a Madrid, con un poeta»
Una comedia de muchas jornadas
Fotografía: Detroit Publishing Company

Yo, por excusarme de oír tanto millón de octavas, le supliqué que no me dijese cosa a lo divino. Y así, me comenzó a recitar una comedia que tenía más jornadas que el camino de Jerusalén. Decíame:
—Hícela en dos días, y este es el borrador.
Y sería hasta cinco manos de papel.1 El título era El arca de Noé. Hacíase toda entre gallos y ratones, jumentos, raposas, lobos y jabalíes, como fábulas de Isopo.2 Yo le alabé la traza y la invención, a lo cual me respondió:
—Ello cosa mía es, pero no se ha hecho otra tal en el mundo y la novedad es más que todo; y si yo salgo con hacerla representar, será cosa famosa.
—¿Cómo se podrá representar —le dije yo—, si han de entrar los mismos animales y ellos no hablan?
—Esa es la dificultad, que a no haber ésa, ¿había cosa más alta? Pero yo tengo pensado de hacerla toda de papagayos, tordos y picazas, que hablan, y meter para el entremés monas.
—Por cierto, alta cosa es ésa.
—Otras más altas he hecho yo —dijo— por una mujer a quien amo. Y vea aquí novecientos y un sonetos y doce redondillas (que parecía que contaba escudos por maravedís)3 hechos a las piernas de mi dama.
Yo le dije que si se las había visto él, y díjome que no había hecho tal por las órdenes4 que tenía, pero que iban en profecía5 los conceptos. Yo confieso la verdad, que aunque me holgaba de oírle, tuve miedo a tantos versos malos, y así, comencé a echar la plática a otras cosas. Decíale que veía liebres, y él saltaba:
—Pues empezaré por uno donde la comparo a ese animal.
Y empezaba luego; y yo, por divertirle,6 decía:
—¿No ve vuestra merced aquella estrella que se ve de día?
A lo cual, dijo:
—En acabando éste, le diré el soneto treinta, en que la llamo estrella, que no parece sino que sabe los intentos de ellos.

1 manos de papel: cada mano de papel constaba de veinticinco pliegos, por lo que la obra es unas treinta veces más larga que una comedia normal.
2 Isopo: Esopo (600-564 a. C.), fabulista de la antigua Grecia cuyas obras fueron adaptadas en el siglo XVII, por Jean de La Fontaine, y en el XVIII, por Félix María Samaniego, y que se convirtieron en lecturas preceptivas en muchas universidades.
3 contaba escudos por maravedís: se refiere a la dificultad de dar una cantidad de escudos en su equivalencia en maravedíes.
4 órdenes: referencia a las órdenes que el clérigo había recibido en función de su ministerio.
5 en profecía: por revelación.
6 por divertirle: por distraerle.
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Falta entre todos un hombre de discurso

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Falta entre todos un hombre de discurso (fotografía: Inge Morath) / Libro II, Cap. 2b
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. II, 2. Francisco de Quevedo, 1626
«De lo que sucedió hasta llegar a Madrid, con un poeta»
Falta entre todos un hombre de discurso
Fotografía: Inge Morath

En estas razones y discursos iba, cuando topé un clérigo muy viejo en una mula, que iba camino de Madrid.1 Trabamos plática y luego me preguntó que de dónde venía; yo le dije que de Alcalá.2
—Maldiga Dios —dijo él— tan mala gente como hay en ese pueblo, pues falta entre todos un hombre de discurso.3
Preguntele que cómo o por qué se podía decir tal de lugar donde asistían tantos doctos varones. Y él, muy enojado dijo:
—¿Doctos? Yo le diré vuestra merced qué tan doctos, que habiendo más de catorce años que hago yo en Majalahonda,4 donde he sido sacristán, las chanzonetas al Corpus y al Nacimiento, no me premiaron en el cartel5 unos cantarcicos, y porque vea vuestra merced la sinrazón, se los he de leer, que yo sé que se holgará.
Y diciendo y haciendo, desenvainó una retahíla de coplas pestilenciales, y por la primera, que era ésta, se conocerán las demás:

Pastores, ¿no es lindo chiste,
que es hoy el señor san Corpus Criste?
Hoy es el día de las danzas
en que el Cordero sin mancilla
tanto se humilla,
que visita nuestras panzas,
y entre estas bienaventuranzas
entra en el humano buche.
Suene el lindo sacabuche,6
pues nuestro bien consiste.
Pastores, ¿no es lindo chiste?

—¿Qué pudiera decir más —me dijo— el mismo inventor de los chistes? Mire qué misterios encierra aquella palabra pastores: más me costó de un mes de estudio.
Yo no pude con esto tener la risa, que a borbollones se me salía por los ojos y narices, y dando una gran carcajada, dije:
—¡Cosa admirable! Pero sólo reparo en que llama vuestra merced señor san Corpus Criste, y Corpus Christi no es santo, sino el día de la institución del Sacramento.
—¡Qué lindo es eso! —me respondió haciendo burla—; yo le daré en el calendario, y está canonizado y apostaré a ello la cabeza.
No pude porfiar, perdido de risa de ver la suma ignorancia; antes le dije cierto que eran dignas de cualquier premio y que no había oído cosa tan graciosa en mi vida.
—¿No? —dijo al mismo punto—; pues oya vuestra merced un pedacito de un librillo que tengo hecho a las once mil vírgines7 adonde a cada una he compuesto cincuenta octavas, cosa rica.

1 Madrid: ciudad castellana y capital de la corte desde el siglo XVI, que en la época de Quevedo tenía unos 65 000 habitantes.
2 Alcalá de Henares: población situada a unos treinta kilómetros al este de Madrid, cuya universidad fue inaugurada en 1499, y ciudad natal de Miguel de Cervantes.
3 hombre de discurso: hombre sensato, cabal y razonable.
4 Majalahonda: Majadahonda, población madrileña que en origen fue tierra de cultivo y que hoy forma parte del área metropolitana de la capital.
5 cartel: pliego en el que se publicaban los premios de los certámenes poéticos.
6 sacabuche: instrumento musical de viento, antecesor del trombón de varas, que se alarga y recoge en sí mismo.
7 once míl vírgines: referencia a las once mil vírgenes que fueron martirizadas con santa Úrsula, por lo que el libro tendría unos cuatro millones y medio de versos.
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Caminé más de una legua que no topé persona

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Caminé más de una legua que no topé persona (fotografía: Axel Poignant) / Libro II, Cap. 2a
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. II, 1. Francisco de Quevedo, 1626
«De lo que sucedió hasta llegar a Madrid, con un poeta»
Caminé más de una legua que no topé persona
Fotografía: Axel Poignant

Yo tomé mi camino para Madrid1 y él se despidió de mí por ir diferente jornada.2 Y ya que estaba apartado, volvió con gran prisa, y llamándome a voces, estando en el campo donde no nos oía nadie, me dijo al oído:
—Por vida de vuestra merced, que no diga nada de todos los altísimos secretos que le he comunicado en materia de destreza, y guárdelo para sí, pues tiene buen entendimiento.
Yo le prometí de hacerlo, tornose a partir de mí, y yo empecé a reírme del secreto tan gracioso.
Con esto caminé más de una legua3 que no topé persona. Iba yo entre mí pensando en las muchas dificultades que tenía para profesar honra y virtud, pues había menester tapar primero la poca de mis padres, y luego tener tanta que me desconociesen por ella. Y parecíanme a mí tan bien estos pensamientos honrados, que yo me los agradecía a mí mismo. Decía a solas: «Más se me ha de agradecer a mí, que no he tenido de quien aprender virtud ni a quien parecer en ella, que al que la hereda de sus agüelos».

1 Madrid: ciudad castellana y capital de la corte desde el siglo XVI, que en la época de Quevedo tenía unos 65 000 habitantes.
2 jornada: camino.
3 legua: medida itineraria, variable según los países o regiones, definida por el camino que regularmente se anda en una hora, y que en el antiguo sistema castellano equivalía a 5572,7 metros.
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Diciendo mil disparates en lengua matemática

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Diciendo mil disparates en lengua matemática (fotografía: Esther Bubley) / Libro II, Cap. 1g
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 7. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Diciendo mil disparates en lengua matemática
Fotografía: Esther Bubley

Metieron al buen hombre en su aposento, y a mí con él; cenamos, y acostámonos todos los de la casa. Y, a las dos de la mañana, levántase en camisa y empieza a andar a oscuras por el aposento, dando saltos y diciendo en lengua matemática mil disparates. Despertome a mí, y no contento con esto, bajó el güésped para que le diese luz, diciendo que había hallado objeto fijo a la estocada sagital por la cuerda. El güésped se daba a los diablos de que lo despertase, y tanto le molestó que le llamó loco. Y con esto se subió y me dijo que si me quería levantar vería la treta tan famosa que había hallado contra el turco y sus alfanjes. Y decía que luego se la quería ir a enseñar al rey, por ser en favor de los católicos.
En esto amaneció, vestímonos todos, pagamos la posada, hicímoslos amigos a él y al maestro, el cual se apartó diciendo que el libro que alegaba mi compañero era bueno, pero que hacía más locos que diestros, porque los más no le entendían.

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Con barba de ganchos y bigotes de guardamanos

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Con barba de ganchos y bigotes de guardamanos (fotografía: Ben Shahn) / Libro II, Cap. 1f
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 6. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Con barba de ganchos y bigotes de guardamanos
Fotografía: Ben Shahn

No lo había acabado de decir, cuando de un aposento salió un mulatazo1 mostrando las presas,2 con un sombrero enjerto en guardasol3 y un coleto4 de ante debajo de una ropilla5 suelta y llena de cintas, zambo de piernas a lo águila imperial,6 la cara con un per signum crucis de inimicis suis,7 la barba de ganchos,8 con unos bigotes de guardamano9 y una daga con más rejas que un locutorio de monjas. Y, mirando al suelo, dijo:
—Yo soy examinado y traigo la carta, y por el sol que calienta los panes,10 que haga pedazos a quien tratare mal a tanto buen hijo como profesa la destreza.
Yo que vi la ocasión, metíme en medio y dije que no hablaba con él, y que así no tenía por qué picarse.
—Meta mano a la blanca11 si la trae y apuremos12 cuál es verdadera destreza, y déjese de cucharones.
El pobre de mi compañero abrió el libro, y dijo en altas voces:
—Este libro lo dice, y está impreso con licencia del rey, y yo sustentaré que es verdad lo que dice, con el cucharón y sin el cucharón, aquí y en otra parte, y, si no, midámoslo.
Y sacó el compás, y empezó a decir:
—Este ángulo es obtuso.
Y entonces, el maestro sacó la daga, y dijo:
—Y no sé quién es Ángulo ni Obtuso, ni en mi vida oí decir tales hombres, pero con esta en la mano le haré yo pedazos.
Acometió al pobre diablo, el cual empezó a huir, dando saltos por la casa, diciendo:
—No me puede dar, que le he ganado los grados del perfil.
Metímoslos en paz el güésped y yo y otra gente que había, aunque de risa no me podía mover.

1 mulatazo: alusión a la figura del mulato valiente, habitual en la literatura del Siglo de Oro.
2 presas: colmillos.
3 guardasol: sombrilla.
4 coleto: especie de casaca de piel.
5 ropilla: chaleco fino que se ponía sobre el jubón.
6 zambo de piernas a lo águila imperial: con las piernas torcidas, como las águilas de los escudos.
7 per signum crucis de inimicis suis: en lenguaje de germanía, señal de una cuchillada.
8 barba de ganchos: barba grande.
9 bigotes de guardamano: grandes bigotes, terminados en forma de guardamano de una espada.
10 panes: campos de trigo.
11 blanca: espada con filo y punta, capaz de herir, frente a la negra, que no tenía punta y era utilizada en los ejercicios de esgrima.
12 apuremos: averigüemos.
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Tretas de bellacos maestros de esgrima

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Tretas de bellacos maestros de esgrima (fotografía: G. Harris & M. Ewing) / Libro II, Cap. 1e
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 5. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Tretas de bellacos maestros de esgrima
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

En estas pláticas llegamos a Rejas.1 Apeámonos en una posada y al apearnos me advirtió con grandes voces que hiciese un ángulo obtuso con las piernas, y que reduciéndolas a líneas paralelas me pusiese perpendicular en el suelo. El güésped, que me vio reír y le vio, preguntome que si era indio aquel caballero, que hablaba de aquella suerte. Pensé con esto perder el juicio. Llegose luego al güésped, y díjole:
—Señor, déme dos asadores para dos o tres ángulos, que al momento se los volveré.
—¡Jesús! —dijo el güésped—, déme vuestra merced acá los ángulos, que mi mujer los asará; aunque aves son que no las he oído nombrar.
—¡Que no son aves! —dijo volviéndose a mí—. Mire vuestra merced lo que es no saber. Déme los asadores, que no los quiero sino para esgrimir; que quizá le valdrá más lo que me viere hacer hoy que todo lo que ha ganado en su vida.
En fin, los asadores estaban ocupados y hubimos de tomar dos cucharones. No se ha visto cosa tan digna de risa en el mundo. Daba un salto y decía:
—Con este compás alcanzo más y gano los grados del perfil. Ahora me aprovecho del movimiento remiso para matar el natural. Ésta había de ser cuchillada y éste tajo.
No llegaba a mí desde una legua y andaba alrededor con el cucharón, y como yo me estaba quedo, parecían tretas contra olla2 que se sale. Díjome al fin:
—Esto es lo bueno y no las borracherías que enseñan estos bellacos maestros de esgrima, que no saben sino beber.

1 Rejas: población situada al este de Madrid y al norte de San Fernando de Henares.
2 tretas contra olla: movimientos de esgrima no contra un rival, sino contra una olla.
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Era diestro y sabio verdadero

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Era diestro y sabio verdadero (fotografía: G. Harris & M. Ewing) / Libro II, Cap. 1d
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 4. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Era diestro y sabio verdadero
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

Y empezó a meter una parola1 tan grande que me forzó a preguntarle qué materia profesaba. Díjome que él era diestro2 verdadero y que lo haría bueno en cualquiera parte. Yo, movido a risa, le dije:
—Pues, en verdad, que por lo que yo vi hacer a vuestra merced en el campo denantes, que más le tenía por encantador, viendo los círculos.3
—Eso —me dijo— era que se me ofreció una treta por el cuarto círculo con el compás mayor,4 continuando la espada para matar sin confesión al contrario, porque no diga quién lo hizo y estaba poniéndolo en términos de matemática.
—¿Es posible —le dije yo—que hay matemática en eso?
—No solamente matemática —dijo—, mas teología, filosofía, música y medicina.
—Esa postrera no lo dudo, pues se trata de matar en esa arte.
—No os burléis —me dijo—, que agora aprendo yo la limpiadera5 contra la espada, haciendo los tajos mayores que comprehenden en sí las aspirales de la espada.
—No entiendo cosa de cuantas me decís, chica ni grande.
—Pues este libro las dice —me respondió—, que se llama Grandezas de la espada,6 y es muy bueno y dice milagros; y para que lo creáis, en Rejas7 que dormiremos esta noche, con dos asadores me veréis hacer maravillas. Y no dudéis que cualquiera que leyere en este libro matará a todos los que quisiere.
—U ese libro enseña a ser pestes a los hombres u le compuso algún doctor.
—¿Cómo doctor? Bien lo entiende —me dijo—: es un gran sabio y aun estoy por decir más.

1 parola: conversación larga e insustancial.
2 diestro: maestro de esgrima.
3 círculos: referencia a los círculos que los brujos hacían en el suelo para hacer sus conjuros en ellos.
4 cuarto círculo con el compás mayor: en esgrima, movimiento en el que la espada describe un cuarto de círculo.
5 limpiadera: cepillo.
6 Grandezas de la espada: tratado sobre esgrima, titulado Libro de las grandezas de la espada en que se declaran muchos secretos del que compuso el comendador Jerónimo de Carranza, publicado en 1600 por Luis Pacheco de Narváez.
7 Rejas: población situada al este de Madrid y al norte de San Fernando de Henares.
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Preguntó si iba a Madrid por línea recta o circunfleja

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Preguntó si iba a Madrid por línea recta o circunfleja / Libro II, Cap. 1c
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 3. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Preguntó si iba a Madrid por línea recta o circunfleja

Yo pasé adelante pereciéndome de risa de los arbitrios en que ocupaba el tiempo, cuando, Dios y enhorabuena, desde lejos vi una mula suelta y un hombre junto a ella a pie, que mirando a un libro hacía unas rayas que medía con un compás. Daba vueltas y saltos a un lado y a otro, y de rato en rato, poniendo un dedo encima de otro, hacía con ellos mil cosas saltando. Yo confieso que entendí por gran rato (que me paré desde lejos a verlo) que era encantador, y casi no me determinaba a pasar. Al fin me determiné, y llegando cerca, sintióme, cerró el libro, y al poner el pie en el estribo, resbalósele y cayó. Levantéle, y díjome:
—No tomé bien el medio de proporción1 para hacer la circunferencia al subir.
Yo no le entendí lo que me dijo y luego temí lo que era, porque más desatinado hombre no ha nacido de las mujeres. Preguntóme si iba a Madrid2 por línea recta o si iba por camino circunflejo. Yo, aunque no lo entendí, le dije que circunflejo. Preguntóme cúya era la espada que llevaba al lado. Respondíle que mía, y mirándola, dijo:
—Esos gavilanes3 habían de ser más largos, para reparar los tajos4 que se forman sobre el centro de las estocadas.

1 medio de proporción: en esgrima, distancia que se toma para formar la herida.
2 Madrid: ciudad castellana y capital de la corte desde el siglo XVI, que en la época de Quevedo tenía unos 65 000 habitantes.
3 gavilanes: hierros que salen de la guarnición de la espada.
4 reparar los tajos: en esgrima, defenderse de los tajos.
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Hundir la mar en doce estados

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Hundir la mar en doce estados (fotografía: G. Harris & M. Ewing) / Libro II, Cap. 1b
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Libro II, Cap. I, 2. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Hundir la mar en doce estados
Fotografía: G. Harris & M. Ewing

Proseguimos en la conversación (propia de pícaros), y venimos a dar de una cosa en otra, en Flandes.1 Aquí fue ello, que empezó a suspirar y a decir:
—Más me cuestan a mí esos estados que al rey, porque ha catorce años que ando con un arbitrio que, si como es imposible no lo fuera, ya estuviera todo sosegado.
—¿Qué cosa puede ser —le dije yo— que, conviniendo tanto, sea imposible y no se pueda hacer?
—¿Quién le dice a vuestra merced —dijo luego— que no se pueda hacer? Hacerse puede, que ser imposible es otra cosa. Y si no fuera por dar pesadumbre, le contara a vuestra merced lo que es; pero allá se verá, que agora lo pienso imprimir con otros trabajillos, entre los cuales le doy al rey modo de ganar a Ostende2 por dos caminos.
Roguele que me los dijese, y al punto, sacando de las faldriqueras3 un gran papel, me mostró pintado el fuerte del enemigo y el nuestro, y dijo:
—Bien ve vuestra merced que la dificultad de todo está en este pedazo de mar; pues yo doy orden de chuparle todo con esponjas y quitarle de allí.
Di yo con este desatino una gran risada, y él entonces mirándome a la cara, me dijo:
—A nadie se lo he dicho que no haya hecho otro tanto, que a todos les da gran contento.
—Ese tengo yo, por cierto —le dije—, de oír cosa tan nueva y tan bien fundada, pero advierta vuestra merced que ya que chupe el agua que hubiere entonces, tornará luego la mar a echar más.
—No hará la mar tal cosa que lo tengo yo eso muy apurado —me respondió—, y no hay que tratar; fuera de que yo tengo pensada una invención para hundir la mar por aquella parte doce estados.4
No lo osé replicar de miedo que me dijese que tenía arbitrio para tirar el cielo acá abajo. No vi en mi vida tan gran orate.5 Decíame que Joanelo6 no había hecho nada, que él trazaba agora de subir toda el agua de Tajo7 a Toledo8 de otra manera más fácil. Y sabido lo que era, dijo que por ensalmo. ¡Mire vuestra merced quién tal oyó en el mundo! Y al cabo, me dijo:
—Y no lo pienso poner en ejecución si primero el rey no me da una encomienda,9 que la puedo tener muy bien, y tengo una ejecutoria10 muy honrada.
Con estas pláticas y desconciertos llegamos a Torrejón,11 donde se quedó, que venía a ver una parienta suya.

1 Flandes: zona geográfica que hoy comprende parte de Bélgica, Francia y los Países Bajos y que entre los siglos XV y XVIII perteneció a la casa de Habsburgo.
2 Ostende: ciudad de Flandes, hoy en Bélgica, que entre 1601 y 1604 fue asediada por los tercios españoles durante la guerra de Flandes o de los Ochenta Años (1568-1648).
3 faldriquera: faltriquera, bolsillo de las prendas de vestir o bolsa de tela que se ata a la cintura.
4 estado: medida aproximada de la altura de un hombre.
5 orate: persona de escaso o ningún juicio.
6 Joanelo: Juanelo Turriano (Janello Torriani, 1500-1585), ingeniero italiano que inventó una maquinaria para subir el agua del Tajo a Toledo.
7 Tajo: río que cruza la península ibérica desde la sierra de Albarracín (Teruel) hasta Lisboa, con un recorrido de 1007 kilómetros.
8 Toledo: ciudad castellana situada al sur de Madrid, a orillas del Tajo, en donde se encontraba la cárcel del Tribunal de la Inquisición.
9 encomienda: dignidad de las órdenes militares que llevaba aneja una renta.
10 ejecutoria: documento que certificaba la hidalguía.
11 Torrejón: población situada a unos veinte kilómetros al este de Madrid, en el valle del Henares.
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Bien decían que era un trampista

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Bien decían que era un trampista (fotografía: Lutz Dille) / Libro II, Cap. 1a
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro II, Cap. I, 1. Francisco de Quevedo, 1626
«Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que sucedió en él
hasta Rejas, en donde durmió aquella noche»
Bien decían que era un trampista
Fotografía: Lutz Dille

Llegó el día de apartarme de la mejor vida que hallo haber pasado. Dios sabe lo que sentí el dejar tantos amigos y apasionados, que eran sin número. Vendí lo poco que tenía de secreto, para el camino, y con ayuda de unos embustes hice hasta seiscientos reales.1 Alquilé una mula y salime de la posada, adonde ya no tenía que sacar más de mi sombra. ¿Quién contará las angustias del zapatero por lo fiado, las solicitudes del ama por el salario, las voces del huésped de la casa por el arrendamiento? Uno decía: «¡Siempre me lo dijo el corazón!»; otro: «¡Bien me decían a mí que este era un trampista!».2 Al fin, yo salí tan bienquisto3 del pueblo que dejé con mi ausencia a la mitad de él llorando y a la otra mitad riéndose de los que lloraban.
Yo me iba entreteniendo por el camino considerando en estas cosas, cuando pasado Torote,4 encontré con un hombre en un macho de albarda, el cual iba hablando entre sí con muy gran prisa y tan embebecido,5 que aun estando a su lado no me veía. Saludele y saludome; preguntele dónde iba, y después que nos pagamos las respuestas, comenzamos luego a tratar de si bajaba el turco6 y de las fuerzas del rey.7 Comenzó a decir de qué manera se podía conquistar la Tierra Santa y cómo se ganaría Argel, en los cuales discursos eché de ver que era loco repúblico8 y de gobierno.

1 real: moneda que empezó a circular en Castilla en el siglo XIV y que tuvo diferentes valores en función de la época y su composición. Un real de vellón valía 34 maravedíes, mientras que el de plata equivalía a dos reales de vellón (68 maravedíes); un real de plata equivalía a 8,5 cuartos y 16 reales de plata valían 1 escudo de oro.
2 trampista: embustero, petardista que, con ardides y engaños, anda continuamente sacando dinero prestado, o géneros fiados, sin ánimo de pagar.
3 bienquisto: de buena fama y generalmente estimado.
4 Torote: río que nace en la provincia de Guadalajara y desemboca en el Henares.
5 embebecerse: entretenerse, divertirse, pero aquí con el sentido de estar embelesado o pasmado.
6 turco: las ofensivas de los turcos eran tema habitual en las conversaciones de la época.
7 rey: reinaba en la época Felipe IV de Habsburgo (1605-1665), quien en 1621 había heredado el trono de su padre, Felipe III, y a quien sucedería su hijo Carlos II.
8 repúblico: alusión a los arbitristas, quienes proponían arbitrios y soluciones para los problemas del reino.
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Conocer mis parientes para huir de ellos

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Conocer mis parientes para huir de ellos (fotografía: August Sander) / Libro I, Cap. 7b
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VII, 2. Francisco de Quevedo, 1626
«De la ida de don Diego, y nuevas de la muerte de su padre y madre,
y la resolución que tomó en sus cosas para adelante»
Conocer mis parientes para huir de ellos
Fotografía: August Sander

Fuime corriendo a don Diego, que estaba leyendo la carta de su padre, en que le mandaba que se fuese y que no me llevase en su compañía, movido de las travesuras mías que había oído decir. Díjome que se determinaba ir y todo lo que le mandaba su padre, que a él le pesaba de dejarme y a mí más; díjome que me acomodaría con otro caballero amigo suyo para que le sirviese. Yo, en esto, riéndome, le dije:
—Señor, ya soy otro, y otros mis pensamientos; más alto pico y más autoridad me importa tener. Porque si hasta agora tenía como cada cual mi piedra en el rollo,1 agora tengo mi padre.
Declarele cómo había muerto tan honradamente como el más estirado, cómo le trincharon y le hicieron moneda,2 cómo me había escrito mi señor tío, el verdugo, de esto y de la prisioncilla de mama, que a él, como a quien sabía quién yo soy, me pude descubrir sin vergüenza. Lastimose mucho y preguntome que qué pensaba hacer. Dile cuenta de mis determinaciones; y con tanto, al otro día, él se fue a Segovia3 harto triste, y yo me quedé en la casa disimulando mi desventura.
Quemé la carta porque, perdiéndoseme acaso, no la leyese alguien, y comencé a disponer mi partida para Segovia, con fin de cobrar mi hacienda y conocer mis parientes para huir de ellos.

1 tener la piedra en el rollo: expresión que significa ser honrado y reconocido, porque era costumbre que los vecinos se sentaran a conversar en la grada del rollo y los hombres respetados tenían en él su puesto fijo.
2 hacer moneda: descuartizar, por el juego de palabras con los cuartos de la moneda.
3 Segovia: ciudad castellana de la que el protagonista, en el capítulo I, dice ser natural.
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Hícele cuartos y dile por sepultura los caminos

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Hícele cuartos y dile por sepultura los caminos (Robert Doisneau) / Libro I, Cap. 7a
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VII, 1. Francisco de Quevedo, 1626
«De la ida de don Diego, y nuevas de la muerte de su padre y madre,
y la resolución que tomó en sus cosas para adelante»
Hícele cuartos y dile por sepultura los caminos
Fotografía: Robert Doisneau

En este tiempo vino a don Diego1 una carta de su padre, en cuyo pliego venía otra de un tío mío llamado Alonso Ramplón, hombre allegado a toda virtud y muy conocido en Segovia2 por lo que era allegado a la justicia, pues cuantas allí se habían hecho de cuarenta años a esta parte, han pasado por sus manos. Verdugo era, si va a decir la verdad, pero una águila en el oficio; vérsele hacer daba gana a uno de dejarse ahorcar. Este, pues, me escribió una carta a Alcalá,3 desde Segovia, en esta forma:

«Hijo Pablos (que por el mucho amor que me tenía me llamaba así), las ocupaciones grandes de esta plaza en que me tiene ocupado Su Majestad no me han dado lugar a hacer esto, que si algo tiene malo el servir al Rey es el trabajo, aunque se desquita con esta negra honrilla de ser sus criados.
»Pésame de daros nuevas de poco gusto. Vuestro padre murió ocho días ha con el mayor valor que ha muerto hombre en el mundo; dígolo como quien lo guindó.4 Subió en el asno sin poner pie en el estribo; veníale el sayo vaquero5 que parecía haberse hecho para él, y como tenía aquella presencia, nadie le veía con los Cristos delante6 que no le juzgase por ahorcado. Iba con gran desenfado mirando a las ventanas y haciendo cortesías a los que dejaban sus oficios por mirarle; hízose dos veces los bigotes; mandaba descansar a los confesores y íbales alabando lo que decían bueno.
»Llegó a la N de palo,7 puso el un pie en la escalera, no subió a gatas ni despacio y viendo un escalón hendido, volviose a la justicia y dijo que mandase aderezar aquel para otro, que no todos tenían su hígado. No os sabré encarecer cuán bien pareció a todos.
»Sentose arriba, tiró las arrugas de la ropa atrás, tomó la soga y púsola en la nuez. Y viendo que el teatino8 le quería predicar, vuelto a él, le dijo: “Padre, yo lo doy por predicado; vaya un poco de Credo, y acabemos presto, que no querría parecer prolijo”. Hízose así; encomendome que le pusiese la caperuza de lado y que le limpiase las barbas. Yo lo hice así. Cayó sin encoger las piernas ni hacer gesto; quedó con una gravedad que no había más que pedir. Hícele cuartos9 y dile por sepultura los caminos. Dios sabe lo que a mí me pesa de verle en ellos haciendo mesa franca a los grajos, pero yo entiendo que los pasteleros de esta tierra nos consolarán, acomodándole en los de a cuatro.10
»De vuestra madre, aunque está viva agora, casi os puedo decir lo mismo, porque está presa en la Inquisición de Toledo,11 porque desenterraba los muertos sin ser murmuradora.12 Halláronla en su casa más piernas, brazos y cabezas que en una capilla de milagros.13 Y lo menos que hacía era sobrevirgos y contrahacer doncellas. Dicen que representará en un auto14 el día de la Trinidad, con cuatrocientos de muerte.15 Pésame que nos deshonra a todos, y a mí principalmente, que al fin soy ministro del Rey y me están mal estos parentescos.
»Hijo, aquí ha quedado no sé qué hacienda escondida de vuestros padres; será en todo hasta cuatrocientos ducados. Vuestro tío soy, y lo que tengo ha de ser para vos. Vista ésta, os podéis venir aquí, que con lo que vos sabéis de latín y retórica, seréis singular en el arte de verdugo. Respondedme luego, y entre tanto, Dios os guarde».

No puedo negar que sentí mucho la nueva afrenta, pero holgueme en parte (tanto pueden los vicios en los padres, que consuela de sus desgracias, por grandes que sean, a los hijos).

1 Diego de Zúñiga: compañero de escuela y pupilaje del protagonista e hijo de Alonso Coronel de Zúñiga.
2 Segovia: ciudad castellana de la que el protagonista, en el cap. I, dice ser natural: «Yo, señor, soy de Segovia».
3 Alcalá de Henares: población situada a unos treinta kilómetros al este de Madrid, cuya universidad fue inaugurada en 1499, y ciudad natal de Miguel de Cervantes.
4 guindar: colgar, ahorcar.
5 sayo vaquero: tipo de ropaje o vestido.
6 con los Cristos delante: la comitiva de los condenados la abrían los crucifijos.
7 N de palo: alusión a la horca, formada por dos palos verticales unidos por uno horizontal.
8 teatino: miembro de la Orden de Clérigos Regulares, fundada en Roma en 1524.
9 cuartos: a los ahorcados se les descuartizaba en pedazos que después se desperdigaban por los caminos para que sirvieran de escarmiento.
10 a cuatro: alusión a los pasteles, que costaban cuatro maravedís, con lo que sugiere que los pasteleros usaban la carne de los ajusticiados para hacer la masa de sus pasteles.
11 Toledo: ciudad castellana situada al sur de Madrid, en donde se encontraba la cárcel del Tribunal de la Inquisición.
12 murmuradora: se refiere a que su madre desenterraba a los muertos para sus prácticas de hechicería, pues a ello se dedicaba según refiere en el cap. I.
13 milagro: exvoto u ofrenda que se expone en las capillas como agradecimiento de una curación y que solía representar el miembro curado.
14 auto: juego con los significados de auto de fe y auto sacramental.
15 cuatrocientos de muerte: cuatrocientos azotes que provocarán su muerte.
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Me dijo un responso y fue desesperado

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Me dijo un responso y fue desesperado (fotografía: Escher Károly) / Libro I, Cap. 6g
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VI, 7. Francisco de Quevedo, 1626
«De las crueldades de la ama y travesuras que hizo»
Me dijo un responso y fue desesperado
Fotografía: Escher Károly

Cuadrole al corregidor1 la traza, con la codicia de la prisión. En esto llegamos cerca, y el corregidor, advertido, mandó que debajo de unas yerbas pusiesen todos las espadas escondidas en un campo que está enfrente casi de la casa; pusiéronlas y caminaron. Yo, que había avisado al otro que ellos dejarlas y él tomarlas y pescarse a casa fuese todo uno, hízolo así; y al entrar todos quedeme atrás el postrero, y en entrando ellos mezclados con otra gente que entraba, di cantonada2 y emboqueme por una callejuela que va a dar a la Vitoria, que no me alcanzara un galgo.
Ellos que entraron y no vieron nada, porque no había sino estudiantes y pícaros (que es todo uno), comenzaron a buscarme, y no hallándome, sospecharon lo que fue, y yendo a buscar sus espadas, no hallaron media. ¿Quién contara las diligencias que hizo con el retor el corregidor? Aquella noche anduvieron todos los patios reconociendo las caras y mirando las armas. Llegaron a casa, y yo, porque no me conociesen, estaba echado en la cama con un tocador3 y con una vela en la mano y un Cristo en la otra y un compañero clérigo ayudándome a morir, y los demás rezando las letanías. Llegó el retor y la justicia, y viendo el espectáculo, se salieron, no persuadiéndose que allí pudiera haber habido lugar para cosa. No miraron nada, antes el retor me dijo un responso; preguntó si estaba ya sin habla, y dijéronle que sí; y con tanto, se fueron desesperados de hallar rastro, jurando el retor de remitirle4 si le topasen, y el corregidor de ahorcarle fuese quien fuese. Levantéme de la cama, y hasta hoy no se ha acabado de solemnizar la burla en Alcalá.5
Y por no ser largo, dejo de contar cómo hacía monte la plaza del pueblo, pues de cajones de tundidores y plateros y mesas de fruteras (que nunca se me olvidará la afrenta de cuando fui rey de gallos)6 sustentaba la chimenea de casa todo el año. Callo las pinsiones7 que tenía sobre los habares, viñas y huertos, en todo aquello de alrededor. Con estas y otras cosas, comencé a cobrar fama de travieso y agudo entre todos. Favorecíanme los caballeros y apenas me dejaban servir a don Diego, a quien siempre tuve el respeto que era razón por el mucho amor que me tenía.

1 corregidor: gobernador o regidor del pueblo o ciudad por delegación real.
2 dar cantonada: dar esquinazo, desaparecer al girar una esquina o cantón.
3 tocador: gorro de dormir.
4 remitirle: entregarlo al juez.
5 Alcalá de Henares: población situada a unos treinta kilómetros al este de Madrid, cuya universidad fue inaugurada en 1499, y ciudad natal de Miguel de Cervantes.
6 rey de gallos: el protagonista se refiere al episodio de Carnestolendas narrado en el capítulo II.
7 pinsiones: rentas.
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Ya ponían los alguaciles mano a las varitas

«Historia de la vida del Buscón» (1626), de Francisco de Quevedo: Ya ponían los alguaciles mano a las varitas (fotografía: Francesc Català-Roca) / Libro I, Cap. 6f
· Historia de la vida del Buscón ·
Libro I, Cap. VI, 6. Francisco de Quevedo, 1626
«De las crueldades de la ama y travesuras que hizo»
Ya ponían los alguaciles mano a las varitas
Fotografía: Francesc Català-Roca

Decían los compañeros que yo solo podía sustentar la casa con lo que corría, que es lo mismo que hurtar, en nombre revesado.1 Yo, como era muchacho y oía que me alababan el ingenio con que salía de estas travesuras, animábame para hacer muchas más. Cada día traía la pretina2 llena de jarras de monjas, que les pedía para beber y me venía con ellas; introduje que no diesen nada sin prenda primero.
Y, así, prometí a don Diego3 y a todos los compañeros, de quitar una noche las espadas a la mesma ronda.4 Señalose cuál había de ser, y fuimos juntos, yo delante, y en columbrando5 la justicia, llegueme con otro de los criados de casa, muy alborotado, y dije:
—¿Justicia?
Respondieron:
—Sí.
—¿Es el corregidor?6
Dijeron que sí. Hinquéme de rodillas y dije:
—Señor, en sus manos de vuestra merced está mi remedio y mi venganza y mucho provecho de la república; mande vuestra merced oírme dos palabras a solas, si quiere una gran prisión.
Apartose; ya los corchetes7 estaban empuñando las espadas y los alguaciles poniendo mano a las varitas.8 Yo le dije:
—Señor, yo he venido desde Sevilla9 siguiendo seis hombres los más facinorosos del mundo, todos ladrones y matadores de hombres, y entre ellos viene uno que mató a mi madre y a un hermano mío por saltearlos, y le está probado esto; y vienen acompañando, según los he oído decir, a una espía10 francesa; y aun sospecho, por lo que les he oído, que es… (y bajando más la voz dije) Antonio Pérez.11 Con esto, el corregidor dio un salto hacia arriba, y dijo:
—¿Y dónde están?
—Señor, en la casa pública; no se detenga vuestra merced, que las ánimas de mi madre y hermano se lo pagarán en oraciones, y el rey acá.
—¡Jesús! —dijo—, no nos detengamos. ¡Hola, seguidme todos! Dadme una rodela.12
Yo entonces le dije, tornándole a apartar:
—Señor, perderse ha vuestra merced si hace eso, porque antes importa que todas vuestras mercedes entren sin espadas, y uno a uno, que ellos están en los aposentos y traen pistoletes,13 y en viendo entrar con espadas, como saben que no la puede traer sino la justicia, dispararán. Con dagas es mejor, y cogerlos por detrás los brazos, que demasiados vamos.

1 en nombre revesado: en jerga de estudiantes.
2 pretina: cinturón.
3 Diego de Zúñiga: compañero de escuela y pupilaje del protagonista e hijo de Alonso Coronel de Zúñiga.
4 ronda: cuadrilla de alguaciles que vigilaba de noche.
5 columbrar: ver de lejos, deducir.
6 corregidor: gobernador o regidor del pueblo o ciudad por delegación real.
7 corchete: ayudante del alguacil que prende a los delincuentes.
8 varita: vara que los alguaciles llevaban como signo de autoridad.
9 Sevilla: ciudad situada en Andalucía occidental, que en época de Quevedo tenía unos 130 000 habitantes y era el centro económico y administrativo de las posesiones españolas.
10 espía: palabra que era de género femenino.
11 Antonio Pérez: secretario del rey Felipe II (1558-1598), que huyó a Francia tras ser acusado de ser cómplice de asesinato.
12 rodela: escudo redondo y delgado que, embrazado en el brazo izquierdo, cubría el pecho al que se servía de él.
13 pistolete: arma de fuego más corta que la pistola.
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