«El músico», de Cornelis Troost
· Intramuros ·
Cornelis Troost
«El músico», 1736
Óleo sobre lienzo (72 × 57 cm)
Rijksmuseum, Amsterdam

Actor de teatro y pintor, Troost es una de las figuras más importantes de la pintura holandesa del siglo XVIII, si bien su obra carece de uniformidad estilística y es deudora de los maestros ingleses de la generación anterior. Hijo de orfebre, Cornelis Troost (1696-1750) se dedicó al teatro hasta que cumplió 30 años de edad, momento en el que abandonó las tablas para dedicarse por completo a la pintura, sin que se conozcan los motivos de este radical cambio de orientación profesional.
Lo cierto es que a partir de 1725, aproximadamente, el artista se encontraba ya en la localidad de neerlandesa de Zwolle, donde contrajo matrimonio. Tuvo ocho hijos, de los que dos niñas, Sara y Elisabeth, se convirtieron muy pronto en sus discípulas junto a Jacobo Buys, incorporado también a su taller. Sus retratos y escenas de tono galante y burgués pronto consiguieron el beneplácito del público, siempre benévolo con aquellos artistas que lograban reproducir el «espíritu de clase». Algunos de sus cuadros recuerdan las escenas de género del siglo anterior, si bien Troost aportó siempre elementos de modernidad que le ubicaron entre las líneas estilísticas del rococó continental.
Estas características pictóricas pueden apreciarse tanto en el retrato de este músico, titulado también Retrato de un miembro de la familia Van der Mersch, como en otro cuadro fechado en el mismo año, Jeronimus Tonneman y su hijo (National Gallery of Ireland, Dublín), obras situadas entre algunas de las mejores de su género.
En la de la pinacoteca de Ámsterdam, el músico se encuentra sentado, mirando al espectador. Con la mano izquierda sostiene un documento y tiene la derecha apoyada en la cadera. La elegante casaca que viste, característica de la época, denota que se trata de un hombre de posición acomodada, si bien ningún otro elemento del cuadro lo manifiesta. Delante de él se encuentra un violonchelo apoyado en una silla. Enfrente del instrumento, y a la izquierda del espectador, una bola del mundo completa una escueta decoración en la que destaca la alfombra roja de la estancia. El rostro del personaje esboza una pequeña sonrisa bajo una mirada penetrante y rotunda. Aunque en principio se puede suponer que el personaje sostiene con la mano izquierda una partitura, en realidad es un dibujo, quizá un boceto del propio artista sobre el retratado, cuyas partituras descansan en un atril sobre la mesa.
Se da la circunstancia de que en la misma época en que Troost pintó este retrato Johann Sebastian Bach se encontraba componiendo sus suites para violonchelo, cuyas partituras no fueron halladas hasta principios del siglo xx, por lo que aunque hacerlo resulte tentador, no puede establecerse ninguna relación entre el autor del retrato y el maestro de Leipzig.

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