HISTORIA DE LA VIDA DEL BUSCÓN

Yo, señor, soy de Segovia · Fotografía: Josep Branguli
· Historia de la vida del Buscón, 1 ·
Francisco de Quevedo, 1626
Libro Primero, Capítulo I
«En que cuenta quién es el Buscón»
Yo, señor, soy de Segovia
Fotografía: Josep Brangulí

Yo, señor, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero,1 aunque eran tan altos sus pensamientos que se corría2 de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor3 de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa,4 y según él bebía es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal.5 Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja,6 aun viéndola con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus pasados, quiso esforzar que era descendiente de la gloria. Tuvo muy buen parecer para letrado; mujer de amigas y cuadrilla, y de pocos enemigos, porque hasta los tres del alma7 no los tuvo por tales; persona de valor y conocida por quien era. Padeció grandes trabajos recién casada, y aun después, porque malas lenguas daban en decir que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros.8

1 barbero: en la época de El Buscón los barberos realizaban también pequeñas curas médicas y solían ejercer de sacamuelas.
2 correrse: ofenderse por alguna cosa, pero también avergonzarse por otra.
3 tundir: cortar o igualar con tijera el pelo de los paños.
4 ser de buena cepa: de calidad u origen reconocidos por buenos.
5 San Pedro, San Juan, San Cristóbal: se trata de apellidos propios de conversos.
cristianos viejos: los cristianos viejos eran descendientes de cristianos y habían sido bautizados como tales, sin mezcla de musulmán o judío, frente a los cristianos nuevos, generalmente conversos que habían sido bautizados en la edad adulta y peor considerados que los primeros.
tres enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne.
meter el dos de bastos para sacar el as de oros: meter la mano en bolsillo ajeno para sustraer una moneda, aunque la expresión tiene también un significado sexual.
Diccionario del Buscón

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