Encapuchados, embozados y la extravagante sinrazón · Fotografía: Leszek Bujnowski
· Diario de un hombre ridículo, 66 ·
Fran Vega
Encapuchados, embozados y la extravagante sinrazón
Fotografía: Leszek Bujnowski

Estos días estoy teniendo la oportunidad de contemplar algunos espectáculos tan insólitos como inhóspitos que están siendo causa de raras preocupaciones. Resulta que iba yo la otra tarde por el parque de los Querubines silbando unos bonitos fragmentos de zarzuela cuando al girar hacia el puente de los Serafines pude observar el atrevido avance de un grupo de encapuchados que portaban estatuas y moblaje y marcaban el paso como subtenientes con ambición. Animado por una súbita curiosidad no exenta de cabalérrima zozobra, me acerqué a ellos con tanta prudencia como bravura para comprobar que la imaginería de la que hacían gala estos embozados representaba suplicios y sacrificios que ni en los peores lustros de mi negociado hubiera sido capaz de conjeturar, así que interpelé a uno de estos enmascarados sobre el motivo de tan aciaga demostración y si era esta el resultado de un atraco o sustracción de nuestros egregios bienes y usufructos. Somos arrepentidos penitentes, me dijo sin quitarse el antifaz y señalando con una trompeta de inesperadas dimensiones a otra levantisca comparsa de encubiertos que prosperaba desde la glorieta de los Lirios con un sinfín de bártulos y artefactos, sin duda producto de nuevos saqueos y pillajes a costa de la honrada población. Me quedé atónito y turulato, porque a mí no puede parecerme bien que pícaros y manilargos se paseen por nuestras calles exhibiendo el desenlace de sus fechorías y que lo hagan además bajo la protección de capas y estrambóticos disfraces, pero mis amistades me aclararon después en el cafetín de Tadeo que en estas tardes de primavera no es extraño que haya gentes paseando con esfinges y alboroto y que no se trata de un delictivo acontecer, aunque sí tan molesto como cuando la Unión Deportiva San Onofre celebra la consecución del campeonato intercomarcal de carreras de sacos. Y yo ya sé que a veces no entiendo las cosas, pero hay ocasiones en que hasta en nuestras propias avenidas concurren desatinos y desafueros, cuando no despropósitos de extravagante sinrazón. Voy a prepararme una sopita de mollejas, que a mí me gustan mucho.

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© Fran Vega, 2017

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