Tenedlos, mas no los dejéis leer a ninguno · Fotografía: André Kertész
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 57 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo VI
«Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero
hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo»
Tenedlos, mas no los dejéis leer a ninguno

Fotografía: André Kertész

Todo lo confirmó el barbero, y lo tuvo por bien y por cosa muy acertada, por entender que era el cura tan buen cristiano y tan amigo de la verdad que no diría otra cosa por todas las del mundo. Y abriendo otro libro vio que era Palmerín de Oliva,1 y junto a él estaba otro que se llamaba Palmerín de Ingalaterra.2 Lo cual visto por el licenciado, dijo:
—Esa oliva se haga luego rajas y se queme, que aún no queden de ella las cenizas; y esa palma de Ingalaterra3 se guarde y se conserve como a cosa única, y se haga para ello otra caja como la que halló Alejandro4 en los despojos de Darío, que la diputó5 para guardar en ella las obras del poeta Homero.6 Este libro, señor compadre, tiene autoridad por dos cosas: la una, porque él por sí es muy bueno; y la otra, porque es fama que le compuso un discreto rey de Portugal. Todas las aventuras del castillo de Miraguarda7 son bonísimas y de grande artificio; las razones, cortesanas y claras, que guardan y miran el decoro del que habla, con mucha propiedad y entendimiento. Digo, pues, salvo vuestro buen parecer, señor maese Nicolás, que este y Amadís de Gaula8 queden libres del fuego, y todos los demás, sin hacer más cala y cata, perezcan.
—No, señor compadre —replicó el barbero—, que este que aquí tengo es el afamado Don Belianís.9
—Pues ese —replicó el cura—, con la segunda, tercera y cuarta parte, tienen necesidad de un poco de ruibarbo10 para purgar la demasiada cólera suya, y es menester quitarles todo aquello del castillo de la Fama11 y otras impertinencias de más importancia, para lo cual se les da término ultramarino, y como se enmendaren, así se usará con ellos de misericordia o de justicia; y en tanto, tenedlos vos, compadre, en vuestra casa, mas no los dejéis leer a ninguno.12
—Que me place —respondió el barbero.

1 Palmerín de Oliva: libro de caballerías publicado en Salamanca en 1511 con el título El libro del famoso y muy esforzado caballero Palmerín de Oliva, atribuido al salmantino Francisco Vázquez.
2 Palmerín de Ingalaterra: libro de caballerías escrito por el portugués Francisco de Moraes (h. 1500-1572) —aunque atribuido al rey Juan III de Portugal—, traducido por Luis de Hurtado y publicado en Toledo en 1547 con el títuloLibro del muy esforzado caballero Palmerín de Ingalaterra, hijo del rey don Duardos.
3 Ingalaterra: forma arcaica de Inglaterra.
4 Alejandro Magno: rey de Macedonia, que derrotó a Darío III de Persia en 331 a. C.
5 diputar: destinar, señalar o elegir a alguien o algo para algún uso o ministerio.
6 Homero: poeta griego del siglo VIII a. C., autor de la Ilíada y la Odisea.
7 castillo de Miraguarda: llamado también castillo de Almourol, es una fortaleza ubicada en la localidad portuguesa de Vila Nova da Barquinha, en donde transcurren las aventuras de Palmerín de Ingalaterra.
8 Amadís de Gaula: libro de caballerías, de autor incierto y escrito en el siglo XIV, aparecido en Zaragoza en 1508 con el título Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula y considerado el iniciador del género. El protagonista del mismo nombre es llamado el Caballero de la Ardiente Espada.
9 Don Belianís de Grecia: libro de caballerías titulado Historia del magnánimo, valiente e invencible príncipe don Belianís de Grecia, escrito por Jerónimo Fernández y publicado en Sevilla en 1545. El caballero del mismo nombre es llamado también el Caballero del Unicornio.
10 ruibarbo: planta herbácea cuya raíz se utiliza como purgante.
11 castillo de la Fama: construcción levantada en Londres para la celebración de torneos, citada en Don Belianís de Grecia.
12 no los dejéis leer a ninguno: la Iglesia podía dar permiso a determinadas personas para tener libros incluidos en el Índice de libros prohibidos, pero siempre con la condición de que no se prestasen ni se dejasen leer a nadie si no constaba el consentimiento expreso de la autoridad eclesiástica correspondiente.
→ Diccionario de Don Quijote

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