«La batalla de Issos», de Altdorfer
· Intramuros ·
Albrecht Altdorfer
«La batalla de Issos», 1529
Temple y óleo sobre madera (158,4 × 120,3 cm)
Alte Pinakothek, Múnich

El artista alemán Albrecht Altdorfer (h. 1480-1537) ofrece en este cuadro una visión espectacular de un hecho histórico, y como en muchas de sus obras, la precisión formal que la envuelve es una de las características más relevantes. La tabla forma parte de una serie de cuadros históricos y religiosos comisionados en 1528 por el duque de Baviera, Guillermo IV de Wittelsbach, y su esposa, Jacobea de Baden.
Altdorfer representa la batalla de Issos, acontecida en el año 333 a. C. en el golfo del mismo nombre, en la actual Turquía, en la que el ejército de Alejandro Magno, compuesto por unos cuarenta mil hombres, derrotó al del rey persa Darío III, muy superior en fuerza, con más de cien mil soldados. El momento escogido por el artista es el de la retirada y huida del propio Darío.
En la zona superior de la tabla hay una inscripción latina, originariamente en alemán, que dice lo siguiente: «Alejandro Magno derrota al último Darío, tras haber matado a cien mil infantes y más de diez mil jinetes del ejército persa. Darío huye con un millar de caballeros, mientras su madre, su esposa y sus hijos caen prisioneros».
En el centro de la composición, ligeramente situado hacia la izquierda, se observa el carruaje dorado del rey persa, perseguido por un Alejandro enfurecido a lomos de su caballo Bucéfalo, ambos identificados por escudos dorados con su nombre. Alrededor de la escena principal se alza una masa ingente de soldados que con sus armaduras inician un movimiento circular.
Llama la atención cómo la precisión formal en la representación de los hechos se pierde a la hora de pintar a los soldados. Sus vestimentas son contemporáneas al artista: las tropas persas llevan turbantes a la manera turca, mientras que los macedonios portan pesadas armaduras medievales. La explicación a este anacronismo puede encontrarse en que, en el momento en que pintó el cuadro, Europa se encontraba en pleno cisma religioso y en que las tropas turcas estaban a las puertas de Viena, lo que aportaba una actualidad evidente a la obra.
En cuanto a la precisión del relato, está reforzada por el paisaje del Mediterráneo oriental, en el que se pueden identificar la isla de Chipre y el istmo del mar Rojo y, a la derecha, Egipto y el delta del Nilo con sus siete brazos, entre otros elementos.

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