«La bella jardinera», de Rafael
· Intramuros ·
Rafael Sanzio
«La Virgen y el Niño con el pequeño San Juan Bautista»
o «La bella jardinera», 1507
Óleo sobre madera (122 × 80 cm)
Museo del Louvre, París

Este es el nombre con el que es conocida la tabla La Virgen y el Niño con el pequeño San Juan Bautista, título debido a la belleza de la Virgen y al entorno florido que rodea a los tres personajes. Rafael (1483-1520) mantuvo en esta tabla una de las tradiciones de la pintura italiana al representar a la Virgen como un canon de belleza que hacía resaltar aún más su condición de madre de Cristo. Para ello, quiso también continuar la tradición florentina de enmarcarla en un óvalo y ubicarla en un escenario natural muy característico de la pintura de principios del siglo XVI.
La Virgen está sentada sobre un peñasco y contempla al Niño al mismo tiempo que le abraza con la mano derecha. Jesús le devuelve la mirada y el gesto, pues su mano izquierda se apoya en la de la Virgen y adopta una actitud muy humanizada. Ante ellos, el pequeño san Juan observa al Niño y se apoya en el bastón crucífero sin tocar a la Virgen, mientras que el Niño permanece sobre el pie derecho y descalzo de su madre.
Los tres personajes están colocados en un escenario natural, abierto y luminoso, que transmite sensación de quietud y en el que se observan una pequeña ciudad a la derecha, con un campanario gótico, y unos pequeños arbustos en primer plano reproducidos con el rigor propio del Renacimiento acompañados de violetas, símbolo de la humildad de la Virgen, y aguileñas, símbolo de la Pasión de Cristo.
Las tres figuras forman un conjunto piramidal y dinámico perfectamente encajado en el marco ovalado, forma muy utilizada en la pintura italiana de los siglos XVI y XVII para otorgar a los cuadros un dinamismo sereno que denota claras influencias pictóricas. De Perugino recogió el intercambio de miradas entre la Virgen y el Niño. De Leonardo da Vinci, los tonos azulados del paisaje del fondo y los efectos lumínicos que forman el moldeado de los niños. Y de Miguel Ángel, la plasticidad de las figuras y la pose de Jesús.
En esta misma etapa florentina, Rafael realizó otras dos pinturas en las que representó a la Virgen con Jesús y san Juan, ambas en el mismo tono bucólico y natural que La bella jardinera, como La Virgen del Prado (1506), en el Kunsthistorisches de Viena, y La Virgen del jilguero (1507), en la Galería de los Uffizi de Florencia.

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