Consideradas estampas de diciembre · Fotografía: Édouard Boubat
· Diario de un hombre ridículo, 54 ·
Fran Vega
Consideradas estampas de diciembre
Fotografía: Édouard Boubat

¡Qué tarde más estupenda pasé ayer, que coincidió en jueves y en alegre tarde de asueto y vacación! Resulta que con las primeras nieves y los primeros fríos de diciembre, el parque de los Querubines y la glorieta de los Lirios se han poblado de mozalbetes y chiquillos que juegan a lanzarse bolas unos a otros y a erigir muñecos de mentira que dan mucha risa, con narizotas y bufandas y chisteras sorprendentes que provocan contento y alegría. Al observar estas simpáticas escenas recordé al bisabuelo Conrado y al abuelo Conradino, que cuando era niño me llevaban al otro lado del puente de los Serafines para que viera el reflejo del cielo sobre el agua del río y los copos de nieve sobre los arces de la ribera, ante lo que era obligado abrigarse con guantes y capucha y botas de cuero repasadas despacio por el guarnicionero de nuestra misma calle. En ocasiones era mi egregio padre quien me acompañaba de la mano a contemplar los cerros nevados que se adivinaban después de las últimas casas, aunque yo me dedicaba a mirar con disimulo y desde abajo su abrigo largo y su sombrero siempre pulcro y cepillado. Después regresábamos a casa por el bulevar de los Arcángeles y caminábamos mucho rato en silencio distraído, porque él era un hombre muy cabal y yo comenzaba a serlo también, y saludaba muy serio a los amables vecinos del barrio, en donde no faltaban cafetines y comercios de integérrimos ciudadanos que atendían a sensatos y elegantes parroquianos. Con razón decía el difunto Estradivario, que fue uno de los mejores paseantes de nuestra excelsa subcomarca, que en la vida hay que tener armonía, memoria, paciencia y equidad. Voy a prepararme una sopita de estrellas, que casi sin darme cuenta me he puesto hoy un poco melindroso y delicado.

Para A. V., que se fue también en un día de nieve.

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© Fran Vega, 2016

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