Tiempos de querencia y dilección · Fotografía: Josep Brangulí
· Diario de un hombre ridículo, 53 ·
Fran Vega
Tiempos de querencia y dilección
Fotografía: Josep Brangulí

Ayer por la tarde estuve paseando por la avenida de los Iscariotes y tuve oportunidad de descubrir algunos acontecimientos que llamaron mucho mi atención, tal vez porque en las últimas semanas he estado muy ocupado cepillando los chalecos de invierno y poniendo en orden los sombreros oscuritos. Resulta que como ya se aproximan las celebraciones de fin de año y los subsiguientes festejos navideños, las gentes han comenzado a procurarse obsequios para sí mismos e incluso para otros, y por ello invaden y pueblan las aceras y las instituciones comerciales sin que las personas austeras y juiciosas podamos transitar en calma silbando bonitos fragmentos de zarzuela o contemplando el pacífico devenir de las horas vespertinas. Yo no comprendo por qué algo que ocurre todos los años desde tiempos antiquérrimos ha de ser vitoreado con tantos estruendos y derroches, ni vislumbro la concurrente relación entre el ocaso de un año como cualquier otro y el suministro de fragancias a un infrayerno o una viceprima, pero como ya sé que a veces no entiendo las cosas he preguntado en el cafetín de Tadeo y tanto Justito como Cristóforo me han asegurado que la navidad es una época de mucha querencia y bastante dilección. Esto me ha causado aún más perplejidad y gran confusionismo, así que mañana mismo iré a parlotear un rato con Don Helesponto, que es un hombre sapientérrimo y cabal y está acostumbrado a resolver peripatéticos enigmas. Qué extrañas son las afueras.

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© Fran Vega, 2016

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2 comentarios en “Tiempos de querencia y dilección

  1. Los adentros siempre fueron rarísimos, en ocasiones más aún que las afueras, pero no dude de que en cualquier momento los silbidos operísticos y los aromas de semicorcheas convivirán de nuevo entre las hidalgas fazañas y las crónicas reflejadas, pues no en vano las molineras siempre supieron diferenciar los trigos y alimentar las aspas.
    Y como dice este hombrecillo, los tiempos navideños son también tiempos de gran confusionismo.

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