Están las gentes como en sordina · Fotografía: Brian Brake
· Diario de un hombre ridículo, 49 ·
Fran Vega
Están las gentes como en sordina
Fotografía: Brian Brake

Hace dos días nuestro insigne jefe oficinesco me pidió que realizara unas gestiones en los mundos exteriores y acudí primero a presentar unos oficios en la Ventanilla de Reclamaciones Infundadas, donde pude comprobar el excelso funcionamiento de la gerencia subcomarcal, pues me atendieron en un periquete y un gentil infraordenanza me aseguró que todos los trámites se han agilizado una barbaridad desde que se aprobó el nuevo Reglamento sobre Diligencias Circunspectas. A continuación, y en el fiel ejercicio de mi decoroso cometido, tuve que dirigirme a la Delegación de Negocios Extraños para purgar el vencimiento trimestral del Impuesto sobre Actividades Improbables, cuyo importe me había sido conferido previamente en un anexo de la sucursal de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Cosme y San Damián, en donde el jefe tiene gran predicamento por ser muy devoto de la Virgen de la Alameda y del Cristo de los Tréboles, así como socio preventivo de la Unión Deportiva San Onofre. La verdad es que terminé la mañana un poco fatigado de tanta actividad extrínseca y conspicua, por lo que a nadie le extrañó que pasara la tarde en observante y humildérrimo silencio junto a todas mis amistades cafetinescas, y menos aún a Venerando, que ahora es subconcejal de Acequias y Cloacas y tiene mucho conocimiento de cómo están los universos propios y extranjeros. Después comentó Fulgencio que a quienes son administradores de las cosas les gusta que las gentes estén como en sordina, pero no terminé de comprender qué quiso decir con este extraño parlamento, tal vez porque me encontraba agotado y turulato después de tantas tareas prominentes. Tendré que preguntar a Ercilio, que siempre ha sido un hombre instruido de amplia memoria y fecunda evocación y por eso mismo se encarga de los legajos en la oficina. Voy a bajar las persianas, que está entrando mucha oscuridad.

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© Fran Vega, 2016

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