Contubernios y algaradas en horas de oficina · Fotografía: Kevin Corrado
· Diario de un hombre ridículo, 48 ·
Fran Vega
Contubernios y algaradas en horas de oficina
Fotografía: Kevin Corrado

Esta mañana se ha armado en la oficina un alboroto morrocotudo que nos ha dejado a todos patidifusos y confusos. Resulta que al jefe, que es muy devoto de la Virgen de la Alameda, no le gusta que nos reunamos a la hora del almuerzo en el Negociado de Pólizas y Recargos, a pesar de que Abisinio trae a veces una empanada de atún que está muy rica, porque dice que siempre quedan muchos formularios sin ordenar y que de esos contubernios solo pueden surgir rebeliones y algaradas. Así que ha decidido que cada uno tiene que almorzar en su propio negociado, sin que tengamos oportunidad de parlotear entre nosotros sobre los episodios de la vida circundante. Esto ha colmado la paciencia de Amalio, el del Sindicato de Oficinistas, que dice que ahora va a liar una buena de verdad, porque piensa poner dos carteles reivindicativos en los escusados y otro más junto a la multicopista y que todos los miércoles pares de los meses impares permanecerá de pie en el pasillo durante un buen rato como palmaria forma de protesta. A mí me parece que nuestro jefe oficinesco está un poco turulato, pero él sabrá lo que hace, porque a jefe no llega cualquiera y él siempre ha sido un hombre de primorosa conciencia. Después comenté estos acontecimientos en el cafetín de Tadeo y Ginés, que es la monda, dijo algo sobre el derecho del obrero y la tiranía del sistema, pero Argimiro enseguida le pidió que se dejara de tanta cháchara difusa y jugara sus cartas de una vez. Seguramente se trataba de una de sus chanzas y tontunas, porque no creo que de repente se haya vuelto anarquista, aunque yo a veces no entiendo las cosas y confundo el sentir con el pensar. Voy a escuchar el boletín de la radio, por si ha ocurrido hoy algo importante.

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© Fran Vega, 2016

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