Insólitos recintos de la sapiencia · Fotografía: Dariusz Klimczak
· Diario de un hombre ridículo, 47 ·
Fran Vega
Insólitos recintos de la sapiencia
Fotografía: Dariusz Klimczak

Iba yo caminando la otra tarde por la glorieta de los Lirios hacia el parque de los Querubines cuando reparé en un distinguido edificio del que hasta entonces no tenía constancia. Qué extraño, pensé, que hasta hoy no me haya fijado en la existencia de tan ilustre monumento, pero como siempre me he tenido por un hombre adecuado que afronta las peripecias de la vida con valentía y determinación, me adentré más allá de la puerta principal y pude comprobar en su interior que numerosas damiselas y no pocos caballeros leían voluminosos ejemplares que trataban de insólitos asuntos, lo que me animó a preguntar a un amable subconserje qué extravagantes actividades se daban cita en aquella estancia pintoresca. Está usted en una biblioteca, me dijo, palabra que procede del antiguo latino y a su mismérrima vez del vetusto griego, a lo que añadió con un gesto que delató su bonhomía sin ningún indicio de fluctuación: lea. Y me entregó un libro inconcebible titulado Diccionario en el que están recogidas todas las palabras que los seres humanos de una misma subcomarca podemos discernir y utilizar. Salí de allí a puro ritmo de castañuelas por el contento que tenía en el propio entendimiento y llegué en un santiamén al cafetín de Tadeo con la intención de comunicar a mis amistades estas extraordinarias referencias, que todos recibieron con fruición y algarabía al tiempo que me felicitaban por tan revolucionario descubrimiento. Después dijo Lupicinio que un libro tan importante como el que había tenido en mis manos debía explicar qué es una biblioteca y a quién se le ocurrió semejante rudimento, así que tendré que consultar con Don Helesponto los históricos antecedentes de este fenomenal recinto de la sapiencia, que por algo en su juventud fue escritor de solapas y ladillos y es un hombre sapientérrimo y cabal. Voy a prepararme unos guisantitos con cecina, que ya es temporada.

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© Fran Vega, 2016

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