El Libro de Marianías
· Apuntes del Subsuelo ·
El Libro de Marianías

Yo apacentaba mis corderos y dormía la siesta bajo la higuera de la indolencia mientras los lobos aullaban y se despedazaban entre ellos sin que fueran necesarias mi acción ni mi palabra. Cuando desperté y abrí los ojos, de mis enemigos solo quedaban los pellejos, las vísceras desparramadas y algunos supervivientes que pronto ofrecerían su cuello ante el único y magnánimo vencedor: yo.
Todo estaba, por fin, en orden.

© Fran Vega, 2016

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