Diole con su misma espada un gentil espaldarazo · Fotografía: Alfred Eisenstaedt
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 34 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo III
«Donde se cuenta la graciosa manera
que tuvo don Quijote en armarse caballero»
Diole con su misma espada un gentil espaldarazo

Fotografía: Alfred Eisenstaedt

Advertido y medroso de esto el castellano, trujo luego un libro donde asentaba la paja y cebada que daba a los arrieros, y con un cabo de vela que le traía un muchacho, y con las dos ya dichas doncellas, se vino adonde don Quijote estaba, al cual mandó hincar de rodillas; y, leyendo en su manual, como que decía alguna devota oración, en mitad de la leyenda alzó la mano y diole sobre el cuello un buen golpe, y tras él, con su misma espada, un gentil espaldarazo,1 siempre murmurando entre dientes, como que rezaba. Hecho esto, mandó a una de aquellas damas que le ciñese la espada, la cual lo hizo con mucha desenvoltura y discreción, porque no fue menester poca para no reventar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las proezas que ya habían visto del novel caballero les tenía la risa a raya. Al ceñirle la espada2 dijo la buena señora:
—Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero y le dé ventura en lides.

1 espaldarazo: parte de la ceremonia de ser armado caballero en la que el aspirante o novel recibía del monarca u otro caballero un ligero toque en el hombro izquierdo, en el derecho o en ambos con la parte plana de la espada. En algunas ocasiones el espaldarazo era sustituido por la pescozada, consistente en un ligero golpe en el cuello o la mejilla.
2 ceñir la espada: en la ceremonia para ser armado caballero, el novel se arrodillaba ante los Santos Evangelios, juraba defender a la religión, la patria, el rey y los débiles, obedecer a los superiores, ser cortés con todos, no servir a un príncipe extranjero, no faltar jamás a la palabra empeñada, no mentir, no injuriar o calumniar y defender siempre, aun con riesgo de su vida, toda causa justa. A continuación los padrinos le ceñían la cota de malla, le calzaban las espuelas doradas y le colocaban la espada al cinto.
 Diccionario de Don Quijote

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