Todo se lo creyó don Quijote · Fotografía: David Seymour (Chim)
· El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 33 ·
Miguel de Cervantes, 1605
Primera parte, Capítulo III
«Donde se cuenta la graciosa manera
que tuvo don Quijote en armarse caballero»
Todo se lo creyó don Quijote

Fotografía: David Seymour (Chim)

No le parecieron bien al ventero las burlas de su huésped, y determinó abreviar y darle la negra orden de caballería luego, antes que otra desgracia sucediese. Y así, llegándose a él, se disculpó de la insolencia que aquella gente baja con él había usado, sin que él supiese cosa alguna, pero que bien castigados quedaban de su atrevimiento. Díjole como ya le había dicho que en aquel castillo no había capilla, y para lo que restaba de hacer tampoco era necesaria, que todo el toque de quedar armado caballero consistía en la pescozada y en el espaldarazo,1 según él tenía noticia del ceremonial de la orden, y que aquello en mitad de un campo se podía hacer, y que ya había cumplido con lo que tocaba al velar de las armas,2 que con solas dos horas de vela se cumplía, cuanto más que él había estado más de cuatro. Todo se lo creyó don Quijote, que él estaba allí pronto para obedecerle y que concluyese con la mayor brevedad que pudiese, porque, si fuese otra vez acometido y se viese armado caballero, no pensaba dejar persona viva en el castillo, excepto aquellas que él le mandase, a quien por su respeto dejaría.

1 espaldarazo: parte de la ceremonia de ser armado caballero en la que el aspirante o novel recibía del monarca u otro caballero un ligero toque en el hombro izquierdo, en el derecho o en ambos con la parte plana de la espada. En algunas ocasiones el espaldarazo era sustituido por la pescozada, consistente en un ligero golpe en el cuello o la mejilla.
2 velar las armas: parte de la ceremonia de la caballería en la que el aspirante o novel pasaba la noche en vela completamente armado antes de recibir, al día siguiente, el espaldarazo por parte del monarca o de otro caballero.
 Diccionario de Don Quijote

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«Diole con su misma espada un gentil espaldarazo»

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