Charo López en «Los gozos y las sombras» (1982), serie de televisión dirigida por Rafael Moreno Alba
· Reflejos del Tártaro ·
Fran Vega
Charo López en «Los gozos y las sombras» (1982), serie de televisión dirigida por Rafael Moreno Alba

Nos hubiera gustado ser como Clara Aldán. Cómo no querer serlo, si durante los trece capítulos de Los gozos y las sombras que Televisión Española emitió en 1982 nos mantuvo como atentos aliados frente a las bravuconadas de Cayetano Salgado (Carlos Larrañaga), la educada prudencia de Carlos Deza (Eusebio Poncela) y las artimañas de Mariana Sarmiento (Amparo Rivelles). Cómo no querer serlo si se enfrentó a los que gobernaban y decidían y no cedió a pesar del alto precio que debía pagar por ello. Y cómo no querer serlo si entre gozos y sombras protagonizó una de las escenas más sutiles y mejor rodadas de la historia de la televisión.
El éxito le llegó a Charo López a punto de cumplir 40 años, que era la edad a la que antes llegaban los éxitos, para consagrarse como una de las más rotundas actrices de aquella España aún oscura y transitoria. La Ava Gardner nacional, se decía de ella en la época. Había trabajado antes en series como El pícaro y Fortunata y Jacinta y en largometrajes de escasa repercusión, a pesar de que Luis Buñuel y Gonzalo Suárez hubieran contado con ella para diferentes proyectos.
Hasta que Rafael Moreno Alba decidió que ella era la mejor Clara Aldán, la actriz ideal para meterse en el papel de aquella mujer firme y reservada, entregada y rotunda, frágil y aparente. Y a Gonzalo Torrente Ballester, que había escrito la novela veinticinco años antes, le pareció bien. Y a nosotros, que entonces éramos jovenzuelos sin experiencia en series ni en nada, nos pareció muy bien.
La fuerza de Clara Aldán estaba en su sola presencia, en cómo hacía dudar y titubear a Carlos Deza y en cómo enervaba a Cayetano Salgado hasta provocar entre ellos un enfrentamiento metafórico, pues la acción se desarrolla en los años finales de la república. Y entre los dos poderes que ambos representan se erige la libertad y la dignidad que emanan del personaje de Clara.
Cómo no querer ser Clara Aldán, si derrota a quien le hiere, vence a quien le ofende y conquista a quien la quiere. Desde entonces se quedó entre nosotros una idea que aún pervive y que con los años se convertiría en una actitud de imposible abdicación y renuncia: seguir siendo como Clara Aldán, derrotando a quien nos hiere y conquistando a quien nos quiere.

Charo López y Eusebio Poncela en «Los gozos y las sombras»
Charo López y Eusebio Poncela en «Los gozos y las sombras»
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© Fran Vega, 2016

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2 comentarios en “Clara Aldán

  1. Es un personaje que representa, como bien dices, la vida misma: la dignidad y la libertad, la lucha y la resistencia, la rebeldía y la victoria. Llegué de verdad a él mucho después de que me llegara en la pantalla, cuando una rara curiosidad me hizo leer la novela y buscar después la serie que había visto tantos años antes. Y me hizo comprender de qué modo mis ojos habían cambiado, porque la Clara Aldán que descubrí después de los 40 era muy diferente de la que había conocido recién cumplidos los 20. Me gustó más la segunda, por supuesto, como me ha gustado ahora que volviera por caminos imprevistos. La vida misma, también.

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