Las sinuosas sendas de nuestra historia · Fotografía: Juan Muñiz
· Luz de Verano, 20 ·
Fran Vega
Las sinuosas sendas de nuestra historia
Fotografía: Juan Muñiz

Comenzaba en casa el movimiento de maletas y el despliegue de los mapas y a nosotros nos invadía una melancolía anticipada ante lo que estábamos a punto de perder, como si ya nunca más fuéramos a regresar a nuestra playa o como si aquel rincón de nuestra primera adolescencia fuera a desaparecer para siempre de nuestra particular cartografía. Nos escapábamos para el último chapuzón y escogíamos el trayecto largo para pasar por delante de las casitas bajas, donde descubríamos con pena que las persianas tapaban los cristales y que no había ya nada que mirar entre los setos, así que por un rato regresábamos a la infancia y hacíamos la última bola de barro y la última carrera ante la orilla, conscientes como éramos de que en unas horas todo aquel mundo de fantasías y aventuras sería clausurado durante once meses de bolis y carpetas y trescientos días de apuntes y uniformes. Hasta que en un instante recorríamos todo con nuestros ojos, convertidos en obturadores y diafragmas, y cada ola y cada huella quedaban registradas en nuestra memoria para que no olvidáramos nunca quiénes habíamos sido y quiénes seríamos en un futuro muy cercano, aquel que aparecía ya por las sinuosas sendas de nuestra historia.

Crónica anterior
«Los bravos abismos del alma»
Crónica siguiente
«La última aventura del verano»

© Texto: Fran Vega, 2012
© Fotografía: Juan Muñiz, 2012

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2 comentarios en “Las sinuosas sendas de nuestra historia

  1. En realidad, sí hay color en estas orillas helespónticas, pues el lector recrea y revive en su memoria lo que lee y deja de ser lo que yo escribo para convertirse en lo que él ve, tintado y matizado con sus propias sombras y tonalidades y contrastado en función de sus propios recuerdos, pues no otro es el cometido de estas luces veraniegas.
    No has de esperar, por tanto, a que llegue el otoño para recorrer los largos y sinuosos caminos cubiertos de colores, pues se divisan ya en el valle de nuestra historia tendidos y trazados.
    Y si no fuere así, que se dibujen y se tracen.

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