Paseos de verano entre trigos y maizales · Fotografía: Rodney Smith
· Diario de un hombre ridículo, 30 ·
Fran Vega
Paseos de verano entre trigos y maizales
Fotografía: Rodney Smith

¡Qué días más estupendos he pasado entre campos y labriegos! Como nunca había sido protagonista de rurales y resueltas aventuras, por fin puedo relatar lo que se siente cuando uno camina entre cultivos y deambula entre barbechos con bovina tranquilidad. Lo primero que hice al llegar a la alquería del subcuñado de mi primo Escolástico —sita en Valdetorreznos, provincia contigua— fue quitarme el corbatín, y no porque las altas temperaturas lo aconsejaran, sino porque me pareció que era correcto asemejarme en el atuendo a quienes tan amablemente me recibían, aunque ellos no fueran portadores de chaleco ni sombrero. Durante las primeras horas exploré el terreno con aplicada prudencia, pero después me lancé a tumba abierta entre los trigales y ya no hubo motivo ni causa para detener mis recorridos y embelesamientos, de los que disfruté tanto como cuando estoy sentado con mis amistades en el velador del cafetín. ¡Cuánta agua tienen los ríos! ¡Y qué antiguos son algunos puentes, sobre todo los romanos (o griegos, no estoy seguro), que llevan muchos años en su sitio sin que nada les inquiete! Algunos días me sorprendía encontrar a una damisela ataviada con escasas vestimentas que parecía dormitar entre las espigas, pero yo la saludaba cual turbado caballero y seguía mi paseo entre trigos y maizales pensando en las bondades que el Altérrimo nos otorga. Y una tarde conocí a un simpático lugareño que me enseñó a plantar chopos, aunque no sé ahora si voy a poder poner uno de estos arbolitos en la terraza, entre el ficus y el geranio, sobre todo porque me va a faltar tiempo para las tareas de regadío. Estoy tan contento y tengo tantas cosas que contar que voy a necesitar varios ratos para escribirlo todo en mi diario, así que ahora voy a sacar el equipaje de la maletita azul y a ponerme el pijama. El de cuadritos.

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© Fran Vega, 2016

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