Cuántas tardes y aventuras por vivir · Fotografía: Juan Muñiz
· Luz de Verano, 3 ·
Fran Vega
Cuántas tardes y aventuras por vivir
Fotografía: Juan Muñiz

Y tras salto y vuelo, el agua, la sensación burbujeante en muslos y brazos y el cuerpo hundido por fin en el mar que siempre lograba el olvido. Qué importaban ya los exámenes pasados y quién hubiera querido recordar en ese instante fórmulas y valencias, fechas y batallas, adverbios y predicados. Cerrábamos los ojos y nos quedábamos unos segundos fuera de la tierra hasta entonces conocida, en un mundo soñado que cada verano nos estaba permitido descubrir y en el que nos sentiríamos descubiertos también, quizá transformados y hasta más altos. Y enseguida, al emerger y sacar la cabeza, la agitaríamos con un único gesto para apartar de nuestros ojos el cabello mojado, como habíamos visto hacer en el cine del colegio a quienes ya eran adultos y por ello contemplados. Después braceábamos de forma atolondrada hasta alcanzar al amigo y hacíamos pala con las manos para añadir más agua sobre el agua y sobre los cuerpos mojados y aún blanquecinos, en espera de que el sol de cada día nos regalara un bronceado que no nos preocupaba, pero que habría de gustar a la chiquilla recién llegada con vestido de topitos y sandalias con hebilla. Cuánto verano por delante, cuántas tardes y aventuras por vivir.

Crónica anterior
«Estábamos allí para soñar»
Crónica siguiente
«Caballeros de elegante cabalgar»

© Texto: Fran Vega, 2012
© Fotografía: Juan Muñiz, 2012

Anuncios

Comente si lo desea

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s