El informe Chilcot y la inteligencia
Lo que más sorprende del Irak Inquiry o informe Chilcot conocido hace unos días no es lo que cualquier ser inteligente y bien nacido sabía desde hace años, esto es, que la invasión de Irak fue una guerra prefabricada y que quienes la organizaron mintieron y estafaron a todo el planeta, sino que haya sido necesaria más de una década para que la comisión investigadora presidida por John Chilcot haya llegado a esa misma conclusión.
Sorprende también que periodistas, analistas y medios de comunicación se lleven ahora las manos a la cabeza por lo que desde el primer momento era una obviedad. ¿Acaso podía esperarse otra cosa de los tipos reunidos en las Azores en la primavera de 2003? Allí estaban Tony Blair, ese político desdichado sin un solo gramo de criterio en su cabeza; George W. Bush, el peor presidente que Estados Unidos podía haber tenido en uno de los peores momentos de su historia, y José María Aznar, a quien es difícil calificar sin infringir el Código Penal. Los tres acogidos y bien recibidos por Durão Barroso, quien obtuvo a cambio la presidencia de la Comisión Europea y quien acaba de incorporarse a la de Goldman Sachs para terminar de destruir lo poco que dejó en pie en el continente.
No había entonces ninguna duda de que todos mentían, nadie que no fuera un ingenuo pudo creer aquellos discursos argumentales y nadie que no tuviera sangre y muerte en su cabeza pudo pensar que aquellos tipos decían la verdad. Nos metieron en una guerra y la jugada nos salió muy cara. Y ahora hay grandes titulares que dicen: ¡Oh! ¡Nos mintió! Como si no hubiera mentido antes y después, cuando nos devolvieron la carnicería en vagones y apeaderos.
Dice también el informe Chilcot, en un insólito alarde de perspicacia, que la invasión de Irak propició la actividad del ISIS y extendió la guerra a conflictos como el sirio, cuyas consecuencias son evidentes y de sobra conocidas. A esa conclusión han llegado los servicios de inteligencia tras años de análisis y financiación, la misma a la que cualquiera con un mínimo de información y perspectiva ha podido llegar por su cuenta durante todo este tiempo. Reconozcamos que con servicios de inteligencia de este nivel, no necesitamos ningún estúpido al que investigar.
El informe Chilcot no solo es insultante para las víctimas de cualquier bando y cualquier país en donde aquella guerra sigue dejando huella, sino para los millones de personas que en su momento nos manifestamos en todo el mundo en contra de una operación demencial urdida por aquellos enfermos que nos gobernaron.
Trece años después, Aznar, cuyo vicepresidente de entonces gobierna y gobernará, aúlla todavía como una hiena con la boca ensangrentada por la carroña que devora: ¡créanme!, dice.
Tal vez sabe que en los cementerios sirios e iraquíes aún hay tumbas que no debieran estar vacías, pues no es posible que no exista el infierno también para ellos.

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© Fran Vega, 11 de julio de 2016

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