CRÓNICAS DE HIPARCO: LUZ DE VERANO

Comenzaba el verano · Fotografía: Juan Muñiz
· Luz de Verano, 1 ·
Fran Vega
Comenzaba el verano
Fotografía: Juan Muñiz

El verano no empezaba de verdad hasta que nos dábamos el primer chapuzón en las aguas templadas de los malecones. Hasta ese momento todo era rito y preparación, cierto alboroto en casa que mi madre apaciguaba durante el reparto anual de la indumentaria, tú estás más alto, tú también has crecido, a ti te sirve el de tu hermano, mientras mi padre hacía cálculos financieros al observar incompleto el juego de petanca o el cristal roto de unas gafas de buceo. Pasados ya los injustos apuros de final de curso y construidos por fin los planes veraniegos que jamás se cumplirían, solo quedaba inaugurar la fiesta con el mejor sol de mediodía y el ansia de lanzarse al agua con la que nos liberaríamos de todo un invierno de estufas, carpetas y maestros. Era el momento de la carrerilla, de a que no te atreves, de tírate ya, de mira lo que hago, de tomar un nuevo aire que llegaba con olor a melocotones y ciruelas y de sentirnos seguros en un festín de calma y calor que duraría hasta setiembre. Comenzaba el verano, la época del año en la que estaba permitido que nada importara, salvo nosotros mismos.

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«Estábamos allí para soñar»

© Texto: Fran Vega, 2012
© Fotografía: Juan Muñiz, 2012

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