Sonny Liston y Cassius Clay, 25 de febrero de 1964 · Fotografía: Neil Leifer
· Reflejos del Tártaro ·
Fran Vega
Sonny Liston y Cassius Clay, 25 de febrero de 1964
Fotografía: Neil Leifer

Esta no es una crónica deportiva, porque la competición no reviste ningún interés para mí. Casi cualquiera puede convertirse en ganador un día, pasar del anonimato a la celebridad en una tarde de éxito y suerte y convertirse en héroe público o privado aunque nunca fuera esa su intención. Sin embargo, un perdedor lleva su estigma en las venas, se percibe su condición en la mirada y deja durante toda su vida la huella de quien no tiene otro sendero ni destino. Y para eso no necesita competir con nadie, excepto contra sí mismo. Desde el primer llanto hasta el último estertor.
Entre la fotografía que está sobre estas líneas y la que se encuentra al final hay quince meses de diferencia, los que transcurrieron entre el combate por el título mundial de los pesos pesados que enfrentó al campeón Sonny Liston y el aspirante Cassius Clay, celebrado el 25 de febrero de 1964 en Miami Beach, y el que tuvo lugar en Lewiston el 25 de mayo de 1965 entre el campeón del mundo Muhammad Alí y el aspirante Sonny Liston. Se trata de los mismos protagonistas en circunstancias contrarias.
Charles L. Liston era campeón de los pesos pesados desde el 25 de septiembre de 1962, cuando noqueó a Floyd Patterson en el primer asalto del combate celebrado en Chicago. Al año siguiente Patterson quiso la revancha, pero también acabó en la lona en el primer asalto.
Sonny era un púgil temido por su corpulencia y su estilo ortodoxo. Había aprendido a boxear en la cárcel estatal de Missouri, donde cumplió condena por atraco a mano armada. Después pasó seis meses en prisión por un incidente con la policía y fue suspendido por la comisión de boxeo estadounidense, tropiezos legales que los representantes de sus rivales y las casas de apuestas utilizaron en su propio beneficio. Había alcanzado el campeonato del mundo a los 30 años, estaba dispuesto a defender el título y no se detendría ante ningún reto. Había nacido el 8 de mayo de 1932.
De modo que cuando en su trayectoria se cruzó un joven Cassius Clay, un púgil con diez años menos pero con siete centímetros más (1,91 frente a 1,84 m) que había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma, Sonny quiso demostrar que seguía siendo el dueño del cuadrilátero y que ese chico lenguaraz no podría arrebatarle el cinturón de los pesos pesados.
Habían pasado quince meses desde su victoria frente a Patterson. Y aquel 25 de febrero de 1964 Liston subió a pelear con todo a su favor, pero hay quien solo puede ganar de forma efímera y pasajera, porque su destino final es siempre la derrota. Sonny Liston era uno de ellos.
Comenzó tratando de imponerse ante un rival que se movía como una mariposa, queriendo avasallar con su rotunda pegada a un púgil que esquivaba todos los golpes. Observen la fotografía superior, en la que los dos boxeadores se miran a los ojos: Liston parece seguro y Clay adopta un gesto asustado. El fotógrafo Neil Leifer estaba allí.
El pómulo derecho de Sonny empezó a sangrar en el tercer asalto. Ya sabía entonces que iba a perder. Para cuando llegó el quinto, la agilidad de Clay, su sincronizado movimiento de brazos y piernas y su rápida recuperación física ya habían agotado a un Liston que se mostraba incapaz de comprender su propia evidencia. Y antes de que comenzara el séptimo alegó molestias en un hombro y tiró la toalla en su rincón.
Un KO técnico. Había sido derrotado y ya no era campeón del mundo. Y un hombre derrotado no solo pierde todos los sueños que tiene, sino todos aquellos que hubiera podido tener.
Clay alzó los brazos y se dirigió al público gritando I am the greatest!, I am the greatest! Al día siguiente anunció que a partir de entonces su nombre sería Muhammad Alí, «el elegido de Dios». Era un ganador puro.
Los perdedores natos necesitan la derrota total, así que Liston no se conformó con haber entregado el título en Miami Beach. Esperó a que la densa y oscura red de organizadores y managers se pusiera de acuerdo y a que Alí se recuperara de una pequeña intervención quirúrgica. Y el combate de revancha quedó programado para el 25 de mayo de 1964, quince meses después de su derrota frente a Cassius Clay. Se había arriesgado espectacularmente. Y ahora fracasaría de la misma forma.
Sonny comenzó el combate como un aspirante de su condición debía hacerlo, lanzando golpes directos al rostro de su oponente, que este esquivaba con un magistral juego de hombros y pies. Cuando solo había pasado un minuto y cuarenta y cinco segundos del primer asalto, Liston recibió un derechazo y cayó a la lona. Observen la imagen inferior, en la que Alí increpa a su rival derrotado: Get up and fight! Get up and fight! ¡Levántate y pelea!
Entre las primeras filas de espectadores se encontraban el fotógrafo John Rooney, que ese mismo año obtendría el World Press Photo por la instantánea en blanco y negro en la que Alí vocifera sobre Liston, y Neil Leifer, que estuvo igual de atento para tomar la suya en color.
Pero Sonny Liston ni siquiera tuvo intención de ponerse en pie. Necesitaba perder de forma inapelable y dejó que el árbitro contara hasta diez. Diez segundos para que Muhammad Alí renovara su título de campeón del mundo. Dos minutos y doce segundos para que él perdiera ya cualquier posibilidad de recuperarlo.
Pocos espectadores se dieron cuenta del rápido golpe que el Oso Negro había recibido, por lo que el anchor punch de Alí fue conocido desde ese día como «el golpe fantasma», aunque la grabación del combate no arroja dudas sobre el derechazo del campeón. Se dijo que las casas de apuestas forzaron el resultado e incluso que Liston había recibido amenazas por parte de grupos musulmanes relacionados con Alí.
Sonny Liston había consumado una derrota gestada desde tiempo atrás por un motivo que no podía eludir: era un perdedor, un hombre con el fracaso escrito en los ojos que solo durante un tiempo pudo asomarse a la gloria. Había sido campeón durante quince meses y había tardado otros quince en aceptar su derrota definitiva. Y para cuando aquella noche se bajó del cuadrilátero, supo que acababa de poner orden en su vida. Había perdido.
Aún combatió durante algún tiempo, venció en encuentros más o menos amañados y desfiguró las caras de algunos rivales, poca cosa para quien había poseído el cinturón de Jack Johnson, Joe Louis y Rocky Marciano. Murió el 30 de diciembre de 1970, seis años después de su última derrota frente a Muhammad Alí y en circunstancias nunca aclaradas, pero situadas entre el consumo de heroína y el ajuste de cuentas de la mafia relacionada con el boxeo. Sigue estando considerado entre los mejores pesos pesados de la historia.
La competición no tiene ningún interés para mí, pero sí el reflejo que transmite cada uno de los que participan en ella. Y el de Sonny Liston se apagó entre sus propias orillas, las mismas contra las que había combatido durante toda su vida. En la lápida sobre su tumba solo hay dos palabras: An Man. Un hombre.

Muhammad Alí y Sonny Liston, 25 de mayo de 1965 · Fotografía: Neil Leifer
Muhammad Alí y Sonny Liston, 25 de mayo de 1965
Fotografía: Neil Leifer
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© Fran Vega, 2016

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