Clint Eastwood en «Unforgiven» (1992), dirigida y protagonizada por él mismo
· Reflejosdel Tártaro ·
Fran Vega
Clint Eastwood en «Unforgiven» (1992), dirigida y protagonizada por él mismo

Y a quién no le hubiera gustado ser alguna vez como William Munny, el pistolero retirado que en Sin perdón va en busca del último encargo y se encuentra frente a frente con el despiadado Gene Hackman, un tipo capaz de dar una paliza al mismísimo Richard Harris. Quién no ha querido entrar alguna vez en su trabajo apuntando con el rifle y con barba de tres días para decir sin mover una ceja: «Todo el que quiera seguir respirando, que se largue».
Ya habíamos visto a Clint Eastwood con sombrero y pistoleras, pero quizá entonces nos llamaba menos la atención porque eran tiempos de otras cosas. Y hasta su papel de Harry el Sucio, que ahora miramos con simpatía, nos parecía entonces un poco macarra y fuera de nuestra órbita intelectual.
Pero apareció Munny en Unforgiven y todo cambió, porque para eso fue rodada, del mismo modo que unos años después Frankie Dunn fue capaz de dejar huella en Million Dollar Baby junto a Morgan Freeman. Hay que ser muy bueno para ser Frankie Dunn.
Y luego, claro, también nos hubiera gustado heredar el Gran Torino de Walt Kowalski, ese infalible gruñón de una sola pieza. Para entonces ya hubiéramos dado media vida por dirigir un solo cuarto de hora de Bird o de Mystic River. Incluso un par de minutos. Pero para eso hay que ser William Munny.

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© Fran Vega, 2016

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2 comentarios en “William Munny

  1. Permítaseme añadir, a este segundo reflejo, unas líneas caóticas que antaño le dediqué a este imperecedero western en La Aldea de los Molinos de Agua:

    “Enciende una hoguera y escucha su crepitar, los aullidos del coyote te han de despertar. Anillos de humo blanco en la colina has de avistar; mantén cerca tu rifle Spencer por lo que pueda avecinar. Allá en el lejano oeste un pálido jinete sigue sin perdonar; la violencia es su vil decálogo, enemigo difícil de olvidar. Entre porcinos y caballos duros de domar, ni los animales de su granja le respetan ya. Decálogo de la violencia en desvelo se quedará y el espíritu de la conciencia su luz al regresar…

    Con Peckinpah, la violencia a cámara lenta, ¡no he visto nada igual!Con Ford, ‘Monument Valley’ ya puede despertar; aquí llega el ‘Duke’ Wayne con su silla de montar. ¿Algo más que objetar? Con Eastwood, mejor no desenfundar, pues este infierno de cobardes-no dispuestos a perdonar -es donde William Munny se nos viene a presentar…

    Nada de tecnicismos cinematográficos para Unforgiven, nada de whisky para beber; respetar a los difuntos nos consuela; heridas abiertas, lágrimas correr…La amistad imperecedera es su fiel aliado, la ceguera de la juventud, un sentir hastiado. Hay fríos que no se los lleva ni el viento, ni nubes que oculten el desaliento; marcas que no se borran, quedan los que no se perdonan…Ni el caza-recompensas británico, feroz crítico del salvaje americano, le puede ya vencer: “Nunca dispares a un hombre desarmado”, le dicen los que son como él. El escritor continúa, él ya está vencido, su historia ha convencido; marcas que no se borran, quedan los que no se perdonan…

    Lo sombrío del relato llegó a su final. La mezquindad y la miseria moral desvanecen en un atardecer crepuscular; su ambigüedad moral hay que destacar… ¿Es la redención el final? A su amigo Ned Logan, un duelo a su dignidad. El talión es su justicia, aunque él insistirá: “ya no soy el mismo” y el jinete seguirá…¿Cómo su vida ahora cambiará? Eso ya nunca se sabrá…”

    Un saludo.
    Silveria

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  2. El carácter crepuscular de William Munny lleva a otros personajes de un perfil similar que, al cabo, pueblan lugares extraños de nuestra memoria. Seguirá sin duda cabalgando el jinete una vez concluido el duelo frente a su propia dignidad. Y tal vez, pensándolo, hay algo de cervantino en Munny, si bien ignoro si hay algo de final en la redención o si esta necesariamente es la última etapa del camino.
    Gracias por la densidad, tan bienvenida en tiempos tan líquidos.
    Y saludos también
    Fran

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