Una cosa para cada tiempo y un tiempo para cada cosa · Fotografía: Francesc Català-Roca
· Diario de un hombre ridículo, 13 ·
Fran Vega
Una cosa para cada tiempo y un tiempo para cada cosa
Fotografía: Francesc Català-Roca

Hay un asunto que me tiene preocupado y no dejo de pensar en él. Se trata de que antes la gente vestía con decoro para acudir al trabajo, pero he observado últimamente que algunos (no quiero dar nombres) van a la oficina sin corbata. Y a mí eso no puede parecerme bien. Incluso hay un joven que viste a diario pantalones insólitos, con remaches metálicos en los bolsillos delanteros y extravagantes bordados en los traseros, y calza zapatillas de ejercitarse en el deporte como las que usa Justito, el sobrino de Tadeo, para descargar del motocarro las cajas de gaseosas. Yo creo que confundir conceptos no es bueno, por la misma razón que desayuno una ensaimada los domingos y churros los días laborables, así que voy muy alegre con mi traje y mi chaleco, mi corbata entre semana y mi corbatín los días de fiesta, porque las personas cumplidoras no deben ir por esos mundos con extrañas vestimentas. Y es que Carioco, el más feo de los hermanos Hinojosa, tiene toda la razón cuando dice en el cafetín que hay una cosa para cada tiempo y un tiempo para cada cosa. Voy a tomar media copita de brandy o no dormiré bien.

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© Fran Vega, 2016

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