Y entonces fui a sus ojos como quien halla la paz · Fotografía: Hossein Zare
· Cantar de los Cantares, y 12 ·
Y entonces fui a sus ojos como quien halla la paz
Fotografía: Hossein Zare

Las aguas no podrán apagar el amor,
ni los ríos lo anegarán.
Si el hombre diera todos los bienes de su casa por su amor,
de cierto lo menospreciarían.

Tenemos una pequeña hermana,
que todavía no tiene pechos;
¿qué haremos por nuestra hermana
el día en que sea pedida?
Si ella es una muralla,
edificaremos sobre ella un baluarte de plata;
pero si es una puerta,
la reforzaremos con tablas de cedro.

Yo soy una muralla, y mis pechos como torres,
entonces fui a sus ojos como quien halla la paz.
Salomón tenía una viña en Baal-hamón,
confió la viña a los guardas,
y cada uno debía traer por su fruto mil siclos de plata.
Mi viña, que es mía, está a mi disposición;
los mil siclos serán tuyos, Salomón,
y doscientos para los que guardan su fruto.

Oh, tú que habitas entre los huertos,
los compañeros escuchan tu voz;
déjame que la oiga.

Apresúrate, amado mío,
y sé como una gacela o un cervatillo,
sobre los montes de los aromas.

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«Ponme como sello sobre tu corazón»
***

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