Asuntos muy extraños
· Diario de un hombre ridículo, 10 ·
Fran Vega
Asuntos muy extraños

Ayer llevaba un buen rato sentado en mi sillón favorito cuando de pronto sonó el timbre de la puerta. Pensé que sería uno de esos señores trajeados que venden libros de ficciones y poesías, pero se trataba de Don Helesponto, mi vecino del principal, que venía a comunicarme con mucha aflicción el fallecimiento de la concuñada de su viceprimo. Le ofrecí unas galletitas y un descafeinado, para consolarle, y estuvimos parloteando un rato sobre el desarrollo cerealístico en las submesetas colindantes, porque él es un hombre muy sabio. Así que esta tarde he acudido al funeral, que es un acto bastante serio en el que las gentes suelen estar muy tristes y hablan de asuntos muy extraños, y me he dado cuenta de que casi ningún miembro de nuestro instruido vecindario vestía de negro y ni siquiera de oscuro. En el cafetín de Tadeo han comentado después que eso era muy raro, aunque Teofrasto ha añadido que él tampoco se puso de luto cuando expiró el añorado y difunto Estradivario, a pesar de que eran buenos compañeros de guiñote. Y yo no he dicho nada, porque algunas veces no entiendo las cosas.

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© Fran Vega, 2016

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