Mis manos destilaron mirra · Fotografía: Mercuro B. Cotto
· Cantar de los Cantares, 7 ·
Mis manos destilaron mirra
Fotografía: Mercuro B. Cotto

He entrado en mi huerto, hermana, esposa mía;
he recogido mi mirra con mi bálsamo.
He comido mi panal y mi miel,
he bebido mi vino y mi leche.
Comed, amigos;
bebed en abundancia, oh, amados.

Yo dormía, pero mi corazón velaba.
¡Una voz! ¡Mi amado llama a la puerta!
Ábreme, hermana mía, amada mía,
paloma mía, perfecta mía,
porque mi cabeza está llena de rocío,
mis cabellos mojados de la humedad de la noche.
Me he quitado mi ropa,
¿cómo he de vestirme de nuevo?
He lavado mis pies,
¿cómo los volveré a ensuciar?
Mi amado metió su mano por la ventana,
y se estremecieron por él mis entrañas.
Yo me levanté para abrir a mi amado,
y mis manos destilaron mirra,
y mis dedos mirra líquida
sobre el pestillo de la cerradura.
Abrí yo a mi amado,
pero mi amado se había retirado, se había ido.
Tras su hablar salió mi alma.
Lo busqué, y no lo hallé;
lo llamé, y no me respondió.
Me hallaron los guardas que rondan la ciudad;
me golpearon y me hirieron;
me quitaron mi manto los guardas de las murallas.
Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalén,
si encontráis a mi amado,
¿qué le habéis de decir?
que estoy enferma de amor.

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