«El carro de heno», de El Bosco
· Intramuros ·
Hyeronimus Anthoniszoon van Aken, el Bosco
«El carro de heno», 1502
Óleo sobre tabla (135 × 100 cm)
Museo del Prado, Madrid

Junto con El jardín de las delicias, esta es una de las obras maestras del holandés Hyeronimus Anthoniszoon van Aken, llamado El Bosco (h. 1450-1516), cuya singular trayectoria pictórica logró servir de puente entre la tradición medieval y la innovación renacentista. El carro de heno es un tríptico que cuando permanece cerrado presenta la imagen de un peregrino que se resiste ante las tentaciones mundanas.
De las tablas laterales, la izquierda representa el Paraíso, es decir, la creación del mundo, el pecado original y la expulsión de Adán y Eva. Muestra la caída de los ángeles rebeldes, la creación de Eva a partir de una costilla de Adán, la serpiente que encarna el pecado original y, finalmente, la expulsión del Edén. El panel de la derecha reproduce el Infierno y el castigo eterno, representado como una ciudad incandescente en la que los diablos construyen una torre, probable alusión a la torre de Babel. La imagen de las llamas es habitual en el pintor, pues ya aparece en El jardín de las delicias, pintado unos diez o quince años antes.
El panel central del tríptico presenta un gran carro de heno que simboliza lo efímero de los placeres mundanos. En la parte alta del carro una pareja se besa ante tres personajes dedicados a la música y en presencia de una lechuza y un ángel que mira la figura de Cristo. Debajo, y detrás del carro, aparecen el papa, el emperador y el rey de Francia, mientras que a la derecha, conduciendo el gran cargamento, se encuentran varias figuras híbridas de animales y humanos que probablemente simbolizan los vicios terrenales. Delante del carro se produce una pelea y en el centro se comete un asesinato, mientras que a la izquierda una mujer amenaza a un hombre con un puñal.
El conjunto muestra el deseo de placer por parte de todas las clases sociales, pero si a reyes y emperadores les resulta sencillo el acceso a su parte de heno, el pueblo llano tiene que pelear y llegar a matar para poder llegar hasta el codiciado carro, todo ello basado en un antiguo dicho: «El mundo es un carro de heno del que cada uno toma lo que puede». El Bosco utiliza esta alegoría para hacer de nuevo una pintura moralizante que alerta de los peligros terrenos y de los vicios en que ha incurrido la sociedad, alejada del Paraíso y cada vez más cerca del Infierno.
Adquirida por Felipe II en 1570, la obra fue trasladada poco después al monasterio de El Escorial, de donde pasó a la colección privada del marqués de Salamanca hasta su instalación definitiva en las salas del Museo del Prado, ya en el siglo XX.

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